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La Iglesia en Tanzania: fe, pobreza y esperanza en el corazón de África

Un seminarista tanzano y una religiosa peruana, misionera en el país, explican la situación de la Iglesia y su trabajo allí.

Javier García Herrería·22 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 10 minutos

La Iglesia católica en Tanzania es, como explica Godfrey Mgusi Makoro, seminarista tanzano que actualmente termina su formación en el Seminario Internacional Bidasoa de Pamplona, «una Iglesia joven que tiene al menos un siglo desde su evangelización, la segunda evangelización, que fue a finales del siglo XIX, en los años 1860». Fueron los Padres Blancos, los Padres del Espíritu Santo y los Misioneros de África quienes sembraron aquella fe que hoy, gracias a «sus esfuerzos y entrega profundamente arraigada en el amor de Dios, a Cristo con su evangelio y a la Iglesia», se ha convertido en una realidad de millones de fieles.

Hoy día al menos el 35% de la población tanzana es católica, y se encuentra repartida en 37 diócesis, de las cuales 7 son archidiócesis. Una Iglesia numerosa, viva, pero que —como toda Iglesia joven— convive con luces y sombras.

La labor esencial: llevar las almas a Dios

Para Makoro, la misión de la Iglesia en Tanzania no se agota en sus obras sociales, por importantes que sean. «La Iglesia como pueblo de Dios tiene como labor principal llevar las almas a Dios», escribe. Pero advierte de una tentación que considera central: «Hay una profunda crisis en lo que es la identidad cristiana de los cristianos. Y digo profunda porque está en la raíz misma de ser cristiano». Esa crisis consiste, en sus palabras, en confundir la fe con un intercambio: «Ante todo lo que se busca en la Iglesia no son unos ‘favores de Dios’ a cambio de nuestras acciones piadosas, sino la Santidad, vida divina, vivir con Dios».

Sor Lizmendy, religiosa peruana de la congregación Celadoras del Reinado del Corazón de Jesús que lleva poco más de un año en la diócesis de Bunda, en la isla de Ukerewe, coincide en que la tarea primera de la Iglesia es «mantener viva la fe y la formación». Reconoce que «hay un fuerte compromiso pastoral por parte de los misioneros y sacerdotes», aunque las condiciones no siempre lo facilitan: «Hay pocos misioneros, pocos sacerdotes, las distancias son bastante considerables, la población numerosa y aún a pesar de ello se trata de estar, de acompañar continuamente». Y añade una imagen que resume bien el espíritu misionero: «Hay que hacer viajes un poco largos en algunas ocasiones, pero aún así se está, porque lo importante para cada comunidad es ver y sentir la presencia de sacerdotes, de religiosas que están con ellos».

Educación y sanidad: el legado de los misioneros

Desde los primeros tiempos de la evangelización, la Iglesia en Tanzania ha entendido que anunciar el Evangelio pasa también por cuidar el cuerpo y la mente. Makoro lo resume con una fórmula que se repitió en cada misión: «Desde el tiempo de los misioneros la iglesia en Tanzania se ha centrado en los dos aspectos, donde los misioneros vivían, ahí había una parroquia, una escuela y un hospital». Él mismo lo comprueba en su propia parroquia, la de Nuestra Señora de Buena Esperanza de Kagunguli, que cuenta ya con 132 años de historia y que, cuando el país se independizó, vio cómo el gobierno se hacía cargo de buena parte de sus escuelas y centros sanitarios, aunque no de todos: «actualmente son propiedad del gobierno excepto la escuela secundaria que fue devuelto a la iglesia».

A pesar de esas cesiones, la red educativa católica sigue siendo enorme. Según los datos de Makoro, la Iglesia cuenta hoy con «casi dos mil escuelas, ambas primaria y secundaria», cinco universidades católicas —entre ellas la Saint Augustine University of Tanzania (SAUT), la Catholic University of Health and Allied Sciences (CUHAS) de Bugando-Mwanza, la Ruaha Catholic University (RUCU), la Mwenge Catholic University (MWECAU) y la Jordan University College— y cerca de un centenar de centros de formación de nivel diploma en áreas como salud y educación. «Esto muestra que desde la independencia, la mayoría de la gente se educó en las escuelas católicas», concluye el seminarista.

En el terreno sanitario, la presencia católica es igualmente extensa. «Al menos cada diócesis en Tanzania tiene un hospital, y algunos cuentan con más de cinco», explica Makoro, quien cita el Bugando Hospital como referencia nacional. En conjunto, la Iglesia dispone de «94 centros de Salud y 338 Dispensarios», además de numerosos orfanatos y centros para los más marginados, cuidados en su mayoría por religiosas.

Sor Lizmendy confirma esta vocación asistencial desde su experiencia concreta en Bunda: «Esta parte de Tanzania, esta diócesis atiende a muchos colegios, dispensarios y obras sociales gracias a la presencia de los misioneros». Y añade un detalle que revela hasta qué punto la escuela suple carencias familiares básicas: «En los colegios se brinda desayuno y comida a los niños, lo cual facilita un mayor aprendizaje y desarrollo nutricional». También destaca la atención específica a un colectivo singularmente vulnerable en la región: «Hay casas de acogida, sobre todo para esta comunidad albina que en esta zona es numerosa también».

La pobreza, el reto que sostiene a todos los demás

Si hay un hilo conductor entre ambos testimonios, es la pobreza. Makoro la señala como raíz de muchos otros males: «Actualmente el mayor parte de los ciudadanos viven en la pobreza, ya que su causa principal son el egoísmo y la corrupción». También apunta al desempleo juvenil con una estadística contundente: «Diez de los que se gradúan en las universidades, tres de ellos están empleados, uno puede tener un empleo personal, pues, los seis quedan sin empleo».

Sor Lizmendy, desde el terreno, aporta un testimonio aún más crudo de la pobreza cotidiana en la isla de Ukerewe: «Existe un altísimo índice de pobreza en las familias que no cuentan con lo básico necesario para subsistir en el día a día. Por poner un ejemplo, muchas de ellas ni siquiera tienen un euro diario, lo que conlleva a que la alimentación sea una o dos veces al día». Esta precariedad, explica, tiene efectos en cadena: «Esto también conlleva temas de desnutrición y aprendizaje en los niños». Y en la educación, la escasez de recursos empuja a muchas familias a interrumpir los estudios de sus hijos apenas terminada la primaria, lo que «lleva a que muchas niñas específicamente tengan familias a temprana edad, tengan niños a temprana edad».

Sobre su propia forma de vida como misionera, la religiosa confiesa con sencillez: «Vivimos con lo necesario, porque si bien no nos falta de nada, tampoco nos sobra nada. Y así aprendes a vivir en medio de ellos con esa fe tan bonita, tan creciente y tan alegre».

Un pueblo pacífico en tiempos de tensión social

Makoro insiste en un rasgo de la identidad tanzana que quiere subrayar frente a los estereotipos sobre África: la convivencia pacífica entre sus más de 120 tribus. «Gracias a Dios, en Tanzania tenemos más de 120 tribus, pero no tenemos tribalismo, en Tanzania cualquier persona puede vivir donde quiera sin ningún problema». Y añade, con acento personal: «Hablando sinceramente, no tengo recuerdo de violencia en Tanzania entre los ciudadanos. Yo crecí en Tanzania pero nunca he escuchado ni guerra entre nosotros los ciudadanos. Los tanzanos son gente pacífica hasta el punto que se ha convertido en nuestra identidad».

Las tensiones que sí reconoce son de otro tipo: protestas ciudadanas contra el poder político. «La violencia que hemos experimentado recientemente es de los ciudadanos contra el gobierno, especialmente cuando se levanta contra la corrupción, la injusticia, y los distintos problemas que la gente están enfrentando», explica, y lo enmarca en una clave espiritual: «es una manifestación por la sed de justicia y cambios, como ha dicho el Papa León XIV en su reciente visita apostólica en algunos países de África».

Las vocaciones: fruto de la familia, la comunidad y la liturgia

Uno de los rasgos más llamativos de la Iglesia tanzana, a ojos de un europeo, es su abundancia de vocaciones sacerdotales y religiosas. Makoro ofrece tres claves para entenderlo. La primera es la fe vivida en comunidad: «las vocaciones nacen en una comunidad cristiana y son para ella». La segunda es la familia, «como la iglesia en casa», que transmite el valor de la vocación desde la infancia. El propio seminarista comparte un recuerdo entrañable de su madre: «recuerdo cuando era niño mi madre me pegaba si no estaba en la oración en casa, especialmente la oración de la tarde y noche, y me obligaba a rezar la oración para las vocaciones, aunque la rezaba llorando, pero hoy soy seminarista terminando mi formación en el seminario internacional Bidasoa en Pamplona. Que mi madre descanse en paz». La tercera clave, que atribuye a un profesor suyo, es una liturgia bien cuidada, «porque la vocación requiere que los llamados se encuentren con el que llama».

Sor Lizmendy ofrece una lectura complementaria, más centrada en la fe vivida «a flor de piel»: «Yo creo que muchos jóvenes optan por la vida religiosa y el sacerdocio debido a la fe que es palpable en cada una de sus familias». Y añade una motivación casi misionera en los propios candidatos: «voy a llevar un poco más a Dios, a mi familia, a mi comunidad, voy a hacer de transmisor, voy a ser sacerdote o religiosa porque quiero seguir manteniendo viva la fe en estas familias, en esta comunidad».

Pequeñas comunidades cristianas y grupos de fe

Makoro describe con detalle un elemento característico del catolicismo tanzano: las pequeñas comunidades cristianas, agrupaciones de entre cinco y diez familias organizadas en torno a un santo patrón, que se reúnen semanalmente para leer la Palabra y compartir la vida de fe. A su juicio, esta estructura «puede ser una buena curación al individualismo que sigue siendo una amenaza en Europa».

Junto a ellas, existen comunidades de devoción popular —el Rosario Vivo, el Sagrado Corazón de Jesús, Santa Rita de Casia, Regnum Christi— con exigencias de piedad muy concretas, como el rezo diario del rosario o las vigilias mensuales de adoración. Makoro, que creció en la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús, sostiene que este tipo de experiencia religiosa intensa desde la infancia facilita el discernimiento vocacional: «Imagínate un joven de quince años pasando toda la noche desde cuando tenía 10 años hasta los 20, es fácil para él discernir la vocación sacerdotal o religiosa para las chicas».

A esto se suman los grandes movimientos apostólicos organizados por edad y sexo, con estructura nacional, uniforme y constitución propia: la Unión de Hombres Católicos de Tanzania (UWAKA), la Unión de Mujeres Católicas de Tanzania (WAWATA), los Jóvenes Trabajadores Católicos (VIWAWA), los estudiantes católicos de secundaria (TYCS) y universitarios (TMCS), y la Congregación de los Santos Niños de Jesús para los más pequeños.

La familia, primer lugar de la fe, y sus amenazas

Tanto el seminarista como la religiosa coinciden en que la familia sigue siendo el espacio primero de transmisión de la fe. Makoro describe una escena cotidiana: «Comen juntos en casa y por la noche es muy común la oración antes de dormir. Es ahí donde los niños aprenden a hablar con Dios, rezando con sus padres en casa». La asistencia dominical a misa es prácticamente obligatoria en muchas familias, hasta el punto de que «el que falte a la misa, después tiene que responder».

Sor Lizmendy matiza que se trata de una fe más vivida que doctrinal: «Si bien no se transmite una fe muy doctrinal, se transmite una fe de testimonio, una fe del día a día». Pone como ejemplo la escala de las celebraciones sacramentales: «En Tanzania se confirman 250 jóvenes o hacen la comunión 300 niños en una sola ceremonia».

Pero Makoro no oculta que la institución familiar atraviesa una crisis creciente: «La familia en Tanzania ahora mismo está en peligro. De momento ya ha empezado a ser común el hecho de tener un hijo que no conoce al padre o madre o que no vive con los padres». Señala también un cambio de mentalidad entre las mujeres jóvenes, que «piensan como liberación no casarse», y menciona la homosexualidad como una realidad que «socialmente sigue siendo un mal» en el país.

Mujeres: pobreza, maternidad temprana y falta de oportunidades

La situación de la mujer aparece en ambos testimonios como una de las heridas más profundas de la sociedad tanzana. Makoro enumera varios frentes: la pobreza material agravada por el cambio climático y la falta de trabajo; la responsabilidad casi exclusiva del cuidado de los hijos, especialmente cuando el marido fallece o abandona el hogar; los matrimonios y embarazos adolescentes, que truncan los proyectos de vida de muchas jóvenes; el riesgo, aunque no habitual, de abusos sexuales; y la tentación de acudir a otras religiones o a la superstición «con idea de buscar milagros y solucionar sus problemas».

Sor Lizmendy lo confirma desde su experiencia directa en Bunda: «En cuanto a las mujeres y niñas realmente cuentan con muy pocas oportunidades académicas y laborales. Muchas de ellas, debido a la falta de recursos, dejan el colegio a muy temprana edad, para dedicarse al hogar o al campo, donde enfrentan una vida muy sacrificada». La Iglesia intenta responder con formación y acompañamiento, aunque la religiosa es honesta sobre sus límites: «Desde la Iglesia tratamos de dar algunos talleres y acompañamiento para mejorar su situación, pero las necesidades son enormes y nuestros recursos muy pequeños».

Makoro añade un dato que matiza este panorama: pese a las dificultades, «si uno llega a Tanzania, descubrirá que en muchas instituciones de la iglesia, el mayor de los empleos son mujeres que hombres».

Convivencia interreligiosa y aportación social de la Iglesia

Sobre la relación con el islam, Makoro describe un clima de «convivencia bastante pacífica» entre musulmanes y cristianos, aunque reconoce cierta complejidad institucional por la ausencia de una autoridad musulmana unificada: «de tal manera que entre ellos mismos algunos están de acuerdo con algunas cosas que la Iglesia afirma y otros no. Pero en la vida diaria entre la gente hay mucha paz».

Como balance general, el seminarista resume así la aportación de la Iglesia a su país: «Como ciudadano, puedo decir que la iglesia en Tanzania es la voz de los que no tienen voz. La iglesia es una de las pocas instituciones que ha contribuido y está contribuyendo al desarrollo del país a través de la educación desde cuando se fundó el país».

La mirada de una misionera extranjera: del miedo inicial a la alegría contagiosa

El testimonio de sor Lizmendy aporta la perspectiva de quien llega de fuera y debe aprender, casi desde cero, a habitar una cultura distinta. Confiesa sin rodeos el desconcierto de sus primeros días: «el hecho de no hablar el idioma hacía que quisiese salir corriendo. ‘Yo qué hago aquí si no puedo hablar, si no puedo llegar a la gente, si no entiendo ni me entienden’.» Reconoce que «se sentía un poco inútil en Tanzania».

La superación de ese momento llegó, dice, a través de la oración, la lectura espiritual y el acompañamiento, y de una frase del nuncio apostólico que se convirtió en brújula: «La evangelización no se hace sólo a través de palabras, sino a través del amor». Hoy, más de un año después, su balance es gozoso: «Muy feliz, aunque entiendo muy poco el suajili… eso no me impide ver la alegría en las caras de los que me rodean». Y añade una reflexión que ilumina el sentido último de su presencia allí: «Estar en Tanzania para mí es algo, un regalo, es algo grande, es un don de Dios que me ha permitido vivir y compartir».

Preguntada por la diferencia entre la fe tanzana y la europea, ofrece una de las claves más luminosas de todo el reportaje: «Un tanzano te expresa lo que siente, te transmite alegría, emoción, comunica lo que lleva dentro. Esa fe tan grande, ese amor a Dios te lo contagia. Creo que en Europa eso se vive un poquito más hacia adentro». Y concluye con una invitación: «Quizá se podría aprender de la actitud de los tanzanos a la hora de expresar y vivenciar la fe: muestran que son católicos y lo llevan con alegría, a pesar de todas las dificultades y carencias que tienen».

Del cruce de estos dos testimonios —el de un joven tanzano que se forma para el sacerdocio y el de una misionera peruana que ha hecho de Tanzania su casa— emerge el retrato de una Iglesia joven, vigorosa en sus vocaciones y en su fe, pero que camina junto a un pueblo golpeado por la pobreza, el desempleo juvenil y las desigualdades que sufren especialmente las mujeres. Una Iglesia que, como resume Makoro, sigue entendiendo que su misión no separa el anuncio del Evangelio del cuidado de la escuela, el hospital y el hogar; y que, como testimonia sor Lizmendy, encuentra en la alegría sencilla de sus fieles una de las lecciones más hondas que Tanzania puede ofrecer a una Europa más silenciosa en su manera de vivir la fe.

Estados Unidos

Religiosas demandan al Estado de Nueva York por una ley que las obligaría a colaborar en el suicidio de pacientes

Cuatro órdenes religiosas dedicadas a la asistencia sanitaria han interpuesto una demanda contra el estado de Nueva York por una ley sobre el suicidio asistido.

Agencia OSV News·22 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

– OSV News / Kate Scanlon

Cuatro órdenes religiosas y organizaciones católicas dedicadas a la asistencia sanitaria interpusieron una demanda contra el estado de Nueva York el 17 de julio por una nueva ley que permite a los médicos ayudar a los adultos con enfermedades terminales a morir mediante el suicidio.

En una demanda presentada por Becket, un bufete de abogados especializado en libertad religiosa, las Hermanas Carmelitas para los Ancianos y Enfermos, las Hermanas Dominicas de Hawthorne, las Hermanas Misioneras de San Benito y las Hermanitas de los Pobres alegaron que la ley les obligaría a facilitar tales muertes, lo que supondría una violación de su fe.

La madre Mary Rose Heery, priora general de las Hermanas Carmelitas para Ancianos y Enfermos, declaró el 20 de julio: “En nuestros centros, llevamos el amor infinito de Cristo a los neoyorquinos mayores de todos los orígenes y condiciones sociales”.

“Nos esforzamos por llevar Su compasión a quienes están a nuestro cuidado, asegurándonos de que ningún residente tenga que morir solo”, afirmó. “Esta ley atenta contra la esencia misma de esa vocación”.

La oficina de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Los defensores del suicidio asistido por un médico sostienen que esta práctica protege la autonomía de las personas que sufren en sus últimos días, pero sus detractores argumentan que atenta contra la dignidad de la vida humana y deja a las personas enfermas o moribundas expuestas a la coacción, entre otras preocupaciones.

El Catecismo de la Iglesia Católica condena explícitamente la práctica de la eutanasia y el suicidio asistido por un médico por considerarlos “moralmente inaceptables” y una violación del quinto mandamiento: “No matarás”.

La gobernadora Kathy Hochul, demócrata por Nueva York, firmó la ley en febrero, alegando que había “establecido” medidas de protección durante el proceso legislativo que garantizaban la “integridad de la decisión del paciente y la preparación de las instituciones médicas”. Los obispos católicos del estado se encontraban entre quienes se opusieron a la ley.

“Eso es a la vez inaceptable e inconstitucional”

Sin embargo, Mark Rienzi, presidente de Becket y abogado principal de las organizaciones de asistencia sanitaria, afirmó en un comunicado del 20 de julio: “Nueva York está obligando a las personas enfermas y moribundas a plantearse el suicidio en su momento más difícil, independientemente de si lo solicitan o no”.

“Y lo que es peor, está reclutando a las monjas que los cuidan para su secta suicida bajo amenaza de multas exorbitantes y la ruina profesional”, afirmó Rienzi. “Eso es a la vez inaceptable e inconstitucional. Estamos seguros de que los tribunales federales pondrán fin a esta situación”.

Becket, que representa a las órdenes religiosas y al obispo John O. Barres, de Rockville Centre (Nueva York), ha declarado que las instituciones religiosas tienen previsto solicitar una medida cautelar contra la ley en los próximos días.

En un comunicado, el obispo Barres añadió: “Nunca nos someteremos a la cultura de la muerte de Nueva York”.

“El suicidio asistido es un grave fallo moral que expone a las personas mayores, a las personas con discapacidad y a quienes padecen enfermedades mentales y emocionales al riesgo de sufrir abusos y manipulaciones”, afirmó el obispo, cuya diócesis también figura como parte demandante. “Cristo, el Médico Divino, nos llama a acompañar a los enfermos y a los moribundos con compasión, no a abandonarlos a la muerte. El tribunal debería proteger esa misión milenaria”.

Esta demanda es una más de una serie de acciones judiciales interpuestas por monjas católicas contra leyes recientes del Estado de Nueva York. A principios de este año, las Hermanas Dominicas de Hawthorne, que gestionan un programa de cuidados paliativos con 42 camas para personas sin recursos en fase terminal, impugnaron una ley que establecía requisitos sobre las adaptaciones relacionadas con la identidad de género para los residentes de residencias de ancianos.

Nueva York es uno de los 13 estados, además del Distrito de Columbia, que han legalizado el suicidio asistido.


Este artículo se publicó originalmente en inglés en OSV News. Lo reproducimos aquí con permiso. Puede leer el artículo original AQUÍ.

El autorAgencia OSV News

Educación

El poder de las palabras: literatura para una vida mejor

La literatura otorga plenitud y sentido a la existencia humana al conectar la palabra con el misterio y la trascendencia divina. A través de ella, el ser humano explora desde el vacío del absurdo hasta la salvación por el amor.

María del Pilar Saiz-Cerreda·22 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Son muchos los autores que han tratado de dar una respuesta a la eterna pregunta sobre qué es la literatura, y entre ellos, es muy sugerente y reveladora la del francés Charles du Bos, en su libro Aproximaciones: “[la literatura] no es más que la vida misma, cuando […] a ella se le une la plenitud de expresión”. Quiere dejar clara, ante todo, la unión íntima e indisociable entre vida y literatura, de tal manera que “sin la vida, la literatura estaría sin contenido; pero, sin literatura, la vida no sería nada más que una cascada, una cascada ininterrumpida en la que cada uno de nosotros estaríamos sumergidos, una cascada carente de sentido”. 

Du Bos continúa explicando que “si la literatura debe a la vida su contenido, la vida debe a la literatura su supervivencia, le debe esa inmortalidad que solo se detiene en el umbral de lo eterno, esa inmortalidad más allá de la cual comienza la vida eterna”. Es decir, en la literatura vamos a encontrar las esencias de la vida, nos vamos a topar siempre con los grandes temas de la existencia humana, con los interrogantes profundos que se han planteado los hombres de todas las épocas, desde la Antigüedad hasta nuestros días, y que Italo Calvino enumera así: “la forma de mirar al prójimo y a sí mismo, […] de atribuir valor a cosas grandes y a cosas pequeñas, […] de encontrar las proporciones de la vida, el lugar que en ella ocupa el amor, así como su fuerza y su ritmo, y el lugar que corresponde a la muerte, la forma de pensar en ella o de no pensar en ella […], la duración, la piedad, la tristeza, la ironía, el humor”. Ahora bien, entre todas las manifestaciones artísticas, la literatura se caracteriza por la palabra. Ahí radica su poder, su fuerza, y una función y una misión insustituibles, porque, como dice Calvino, la palabra “une la huella visible con la cosa invisible”. 

El poder misterioso de la palabra

La palabra nos permite acceder al misterio de la vida, al misterio del ser. Es la clave de todo. Las palabras contienen esas “vibraciones de lo originario”, de las que hablaba Steiner y nos hacen entrar en lo desconocido, nos llevan hasta “más allá de la línea de sombras”, huyendo del vacío y el sinsentido, añorando un paraíso en el que el hombre se relacionaba con Dios, o una etapa mitológica en la que dioses y hombres, mejor o peor, convivían e interactuaban. Las palabras en las obras literarias no son aleatorias ni están escritas al azar; por el contrario, son transformadoras, exploran posibilidades ilimitadas buscando una verdad, aquella verdad que, en lo más hondo, trata de dar plenitud a la vida, transportándola a un orden metafísico y, por qué no, religioso. 

La huella dactilar de Dios

Pero, asociado a la palabra, no podemos olvidar algo fundamental, que actúa como motor y potencia que hace elevar la literatura hasta las más altas cimas. Me refiero al siguiente versículo del primer capítulo del Evangelio de san Juan: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Esto revoluciona la forma de relacionarnos con las palabras. El Verbo, la Palabra se hace carne, se hace hombre: Dios se encarna, Dios asume la naturaleza humana hasta las últimas consecuencias. 

Nada humano es ajeno a Dios. De ahora en adelante, las palabras se convierten, con mayor razón, en esos vestigios de lo divino, que buscan el sentido profundo de la vida. Ya no se puede concebir ninguna manifestación literaria que prescinda de esta realidad. Es lógico afirmar, con bella expresión de Nicolas Gómez Dávila, que se ha impreso la “huella dactilar de Dios en la arcilla humana”. Y, a pesar de los innumerables intentos por borrar esa huella, todos ellos están condenados al fracaso.

El callejón sin salida del absurdo

En efecto, cuando Samuel Beckett, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, con su estela de destrucción, muerte y deshumanización, escribe Esperando a Godot, se plantea la gran pregunta del sentido de la vida. Responderá mostrando el absurdo de la existencia humana, plasmando y reflejando el fracaso de la Salvación, el cuestionamiento de la bondad y misericordia de Dios, y la angustia existencial derivada de todo ello. Ante la ausencia radical de Dios, Beckett plantea pensar el mundo sin Él. Y en esa puesta en escena a través de unos personajes reducidos a su mínima expresión, que no reúnen los atributos necesarios para ser considerados como tales, ni siquiera tienen nombres que los humanicen, muestra el callejón sin salida en el que está inmersa una humanidad que ha sustituido la esperanza por la angustiosa espera que se despliega en un tiempo cíclico e inmutable. 

A través de una extraordinaria perfección técnica rompe con todo lo establecido. Lo inacabado, la repetición, el hartazgo existencial, producidos por el efecto machacante de la estructura y el ritmo binarios, se convierten en características de este nuevo hombre al que no le queda más alternativa que la espera vacua o el suicidio. Las palabras reflejan el vacío de la existencia; el orden gramatical abandona su función para transparentar el fracaso del lenguaje, que ya no sirve para comunicar, sino para llenar con sonido un silencio atronador. Por tanto, cada secuencia gramatical, cada palabra, se convierten en un motivo temático, donde predominan las alusiones a la Crucifixión y su sentido, al igual que a la imagen de Dios que se va alejando de la misericordia para convertirse en cruel y violento, hasta la más absoluta indiferencia. 

El reencuentro con los vínculos vitales

Por el contrario, muy avanzada ya la Segunda Guerra Mundial, Antoine de Saint-Exupéry publica El Principito, donde también se plantea la misma pregunta sobre el sentido de la existencia. Sin embargo, la respuesta es radicalmente distinta, pues habla de ascensión tras la caída, de relación, de amor; de encuentro y de restablecimiento de los vínculos con quienes forman parte de nuestro núcleo vital primario. Solo así se supera la soledad y solo así es posible el amor. Recuperar la unidad perdida se convierte en la misión de su vida. Con un marcado estilo poético, por medio de símbolos, va sugiriendo el sentido de trascendencia y la necesidad de un amor, fuente de luz y agua que calma la sed, de evidentes resonancias evangélicas. 

En definitiva, la literatura nos adentra en los misterios de la vida y del ser, y haciendo esto, procura ir desvelando y alumbrando una verdad sobre el hombre. Las palabras despliegan significados sugerentes que remiten a algo que está más allá, la Palabra, una Palabra que es Verdad y Vida. La vida es, pues, infinitamente más rica con la literatura y sin lugar a dudas, como afirma Tzvetan Todorov, “permite que todos respondamos mejor a nuestra vocación de seres humanos”.

El autorMaría del Pilar Saiz-Cerreda

Profesora del Master de Cristianismo y Cultura Contemporánea de la Universidad de Navarra.

España

José Gabriel Vera: “La mejor comunicación de la Iglesia es la de la santidad de vida”

El hasta ahora director de Comunicación de los obispos españoles repasa , en esta entrevista, el trabajo de más de diez años y los retos de futuro de la comunicación de la Iglesia

Maria José Atienza·21 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

El pasado 24 de junio, en la rueda de prensa de fin de la 273º reunión de la Comisión Permanente de obispos españoles, José Gabriel Vera, –Josetxo- anunciaba que dejaba su cargo como Director de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española.

Han sido doce años los que este sacerdote de la archidiócesis de Navarra – Tudela, doctor en Ciencias de la Información y licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad de Navarra ha liderado la comunicación de los obispos españoles.

En este tiempo, Vera ha vivido momentos difíciles, como la gestión de la comunicación de los casos de abusos en entornos eclesiales o el cuestionamiento del modelo de financiación de la Iglesia, pero también momentos de alegría y “éxito”, si de puede llamar así: la creación de las Galas de la Memoria Anual de la Iglesia, la elección del Papa León XIV, y la visita papal a España, con la que cerraba sus más de dos lustros en esta tarea. 

En esta entrevista con Omnes, José Gabriel Vera desgrana los retos a los que se han tenido que hacer frente en estos años desde la comunicación de una institución tan compleja como la Conferencia Episcopal Española y destaca, sobre todo, la importanci de un compromiso de vida cristaiano real para ser transmisores del mensaje de Cristo en la sociedad actual. 

Usted ha estado 12 años al frente de la comunicación de la CEE en un periodo en que el cambio social, eclesial y sobre todo, comunicativo – en medios y lenguajes – ha sido gigante ¿Cómo ha tenido que adaptarse la institución a estos cambios?

–Todas las instituciones estamos haciendo un esfuerzo de adaptación a un nuevo terreno de juego que nos ha crecido en estos últimos años, en parte por la aparición de las redes sociales que han hecho que todas las personas se conviertan en un medio de comunicación con una potencia superior incluso a la de los medios tradicionales.

Las instituciones nos tenemos que adaptar a esta realidad. Cada persona se ha convertido en un medio de comunicación. También los miembros de la propia institución. 

Y, al convertirse en un medio de comunicación, todos piensan que tienen la capacidad suficiente para comunicar. Eso hace que sea más difícil de gestionar o que obligue a las instituciones a gestionar de un modo nuevo. Hemos vivido la revolución que ha sido Internet, ya hace más años, pero en este periodo prácticamente en el que he estado yo en la oficina de información, la revolución de las redes sociales, la aparición de los smartphones y al mismo tiempo y más recientemente, la revolución de la inteligencia artificial. 

Todo eso es un grandísimo cambio, que todas las instituciones estamos llamados a afrontar para servir mejor. 

En el fondo, la comunicación busca servir a la institución, servir a los medios de comunicación y servir de punto de encuentro: hacer que las personas de la institución y las personas de los medios puedan encontrarse. 

Me parece que la Iglesia está en un periodo de adaptación que yo creo que no va a dejar de existir siempre. 

Siempre vamos a tener que adaptarnos a nuevos medios, nuevas formas, nuevos formatos. 

Todos los miembros de la Iglesia tienen que darse cuenta de su responsabilidad a la hora de comunicar qué es la Iglesia, qué hace, cuál es su misión

José Gabriel Vera

¿Qué queda por mejorar dentro de la comunicación de la Iglesia española?

–Creo que un elemento muy importante es -en esta línea de que cada persona de la distinción es un medio de comunicación- es que todos los miembros de la Iglesia tienen que darse cuenta de su responsabilidad a la hora de comunicar qué es la Iglesia, qué hace, cuál es su misión. 

Todos tenemos que darnos cuenta de que somos responsables de la imagen que tiene la Iglesia. No sólo una declaración o una entrevista o un titular de un periódico, sino que cada uno podemos pensar “yo qué estoy haciendo personalmente con mis amigos, con mi familia, con mis compañeros de trabajo para que tengan una imagen más perfecta, más adecuada de la identidad y de la misión de la Iglesia”. 

Creo que la comunicación de la Iglesia es responsabilidad de todos sus miembros y que cada uno tiene que dar cuenta de qué es, qué hace, qué vive, qué siente como miembro de la Iglesia en España. 

Me parece que ahí hay un margen de mejora muy importante. 

Tomar conciencia de pertenencia y hacer pública esa pertenencia cada uno en su entorno, en su ambiente. 

 ¿Cuál es su balance en esta tarea, tras más de dos lustros, muy diferentes entre sí? 

–No puedo decir si es positivo o negativo. Me parece que ese balance se tiene que hacer desde fuera. Desde dentro, hemos hecho cosas bien y cosas mal. Creo que hemos acertado en la obra de abordar algunos temas y considero que hay temas en los que todavía tenemos que mejorar y hacerlo mejor. 

Nos hemos incorporado al mundo de las redes sociales, no sin dificultades. 

Hemos hecho más visible la vida y la misión de la Iglesia. Hemos atendido a todos los medios de comunicación que lo han solicitado. Hemos hecho el trabajo propio de una oficina de información, con puntos positivos, negativos y neutrales. 

Por su puesto, ha lidiado con temas controvertidos: abusos dentro de la Iglesia, titularidad de edificios, diálogo interreligioso, financiación de la Iglesia, relaciones con los gobiernos…, algunos de los cuales aún siguen siendo una constante en los medios. ¿Ha sabido la Iglesia transmitir su posicionamiento en estos asuntos? 

–En esto se me vienen a la cabeza dos ideas que ya he mencionado. Por un lado, la convicción de que la Iglesia somos todos y que la responsabilidad de la comunicación de la Iglesia recae en cada uno.

Cada persona tiene que poder hablar de cómo es la financiación de la Iglesia, del diálogo interreligioso, de las inmatriculaciones o de los abusos. Pero, evidentemente, para eso hay que conocer bien qué es la Iglesia y formar parte de ella, con el corazón y con la cabeza. 

No tiene sentido dar cuenta de lo que es la Iglesia si uno no lo vive en primera persona, con profundidad, si no lo vive con la radicalidad de su ser, si no lo vive con amor. Con alegría por pertenecer a este pueblo de Dios y con conocimiento de sus virtudes y de sus defectos, de los de cada uno de nosotros.

Si cada uno conociéramos bien la Iglesia y la transmitiéramos mejor, estaría bien. 

El segundo punto de estas dificultades es cuánto conocemos de la verdad de la Iglesia. ¿Cuántas son las personas que conocen la vida de la Iglesia en profundidad? Y también, qué alineamiento tenemos cada uno de nosotros en relación a la Iglesia. En el fondo, es pensar qué está por encima, si mi opinión política o lo que dice la Iglesia; mi posicionamiento en torno a esos temas controvertidos o lo que enseña la Iglesia. 

Habrá gente que tiene por encima una forma de ver las cosas legítima, una forma de entender el mundo, un posicionamiento político que le harán posicionarse ante el planteamiento de la Iglesia con más o menos cercanía.

En estos años, algunos documentos y comunicados de la CEE o de alguna de sus comisiones han causado reacciones negativas, dentro de los propios fieles, dando lugar a interpretaciones quizás, alejadas de su intención. ¿Cree que no se ha transmitido, de manera clara, la clave de estos documentos o no se ha medido justamente la reacción a estos documentos en el momento en que se publicaron?

–Este momento de la comunicación tiene que tener en cuenta, en todas las instituciones, tres elementos que se han incorporado recientemente y que no se pueden obviar. 

En primer lugar, el elemento de las redes sociales, que en muchas ocasiones amplifica, ridiculiza, disminuye, o cambia el sentido de lo que está comunicando la Iglesia. 

En el fondo, las redes sociales tratan problemas complejos, o ideas complejas, de una manera muy sencilla, muy simple y a veces muy simplificada. Eso no cabe duda de que suscita muchos errores de incomprensión. 

Tirando de redes sociales, se puede dar a entender que la Iglesia dice lo contrario de lo que dice. Una fotografía en un momento concreto, una pequeña manipulación por inteligencia artificial, un tweet que intenta resumir una conferencia de dos horas, evidentemente no son los elementos adecuados para conocer lo que dice la institución, sea esta cual sea. 

El segundo elemento en juego, que a la Iglesia le afecta de manera especial, es la mezcla de estilos, de contenidos, de formatos, diríamos así. Es decir, una conferencia no es lo mismo que una homilía, que no es lo mismo que una tertulia, que no es lo mismo que una charla con amigos, que no es lo mismo que una ponencia en clase.

Sin embargo, fruto de las redes sociales y por el hecho mismo de que todo está siendo grabado prácticamente en directo y es difundido a través de Internet por todo el mundo, muchas veces se pierde el contexto. Lo que era una homilía, predicada para católicos que van a misa los domingos, bien seccionada o bien fragmentada y escuchada por un político, que es ateo y hace 25 años que no va a misa, es difícil que la comprenda bien. 

O lo que se dice en un contexto académico, divulgado a través de un vídeo en TikTok, es difícil que se entienda bien. 

En ese sentido, la Iglesia y todas las instituciones tienen que darse cuenta de que ahora la comunicación es global, que todo el rato se está comunicando. Estás llegando, no a los públicos que tienes delante, y prácticamente ni siquiera en primer lugar a los públicos que tienes delante, sino que estás llegando a todo el mundo. Eso implica que tienes que hablar con una mayor prudencia o implica que tienes que tener un contexto mucho más amplio de lo que vas a ver. 

El tercer elemento que entra en juego es la variable política. En un tiempo en el que, digamos, el posicionamiento político, entendido en sentido amplio, está por encima de cualquier pertenencia y de cualquier identidad.

La política ha conseguido situarse como el eje de interpretación válido de cualquier institución. Por tanto, una persona que se siente parte de una ideología política determinada interpreta todo a partir de esa ideología política.

Esto es un poco extraño para la vida cristiana, porque nosotros pensamos que la vida cristiana es la que da sentido a todo lo que conocemos; el punto de vista adecuado o la óptica adecuada para enfocar la realidad es desde nuestra identidad cristiana. Pero la realidad es que hoy una persona identifica la realidad desde su óptica partidista de un lado, o de otro. A partir de esa mirada interpreta lo que se dice. 

Si la política se ha convertido en el marco de interpretación de la realidad, creo que es una forma de entender las cosas un poco reductiva y equivocada. 

La visita del Papa León XIV a España ha sido un magnífico final para su etapa en la CEE. ¿Cómo valora la gestión comunicativa de esta visita? 

–De la visita del Papa, yo he sido simplemente una pequeña herramienta y una pequeña pieza de un puzzle muy complejo, muy amplio, con muchísimas piezas. en las que cada uno ha dado todo lo que tenía. Y de alguna forma, el resultado está casi por encima de la aportación de cada una de las piezas que hemos trabajado en el engranaje de ese viaje del Papa.

Quiero decir que el viaje, visto desde fuera, ha sido un éxito total. Ha habido muchísima gente implicada, muchísima gente que lo hecho bien. Ha habido muchísimos profesionales que han trabajado como voluntarios. con toda su sabiduría, todo su conocimiento, lo han puesto en manos de la organización como voluntarios. Al mismo tiempo, ha habido muchos voluntarios que han trabajado como profesionales, que han echado las horas de un profesional, el empeño de un profesional y la dedicación de un profesional.

Entre los voluntarios que han trabajado como profesionales y los profesionales que han trabajado como voluntarios, se aprende un modo de estar en la Iglesia que el Papa León lo reconocía con mucha fuerza. como el valor de la gratuidad, el estar en un sitio no para recibir sino para dar. Es una forma muy concreta del servicio en la Iglesia y me parece que es una de las claves de la gestión, no sólo comunicativa, sino de todos los aspectos de esta visita del Papa. 

La comunicación ha tenido su complejidad pero, al mismo tiempo, la calidad de los equipos de comunicación de cada una de las diócesis implicadas ha hecho que el conjunto fuera un éxito. 

Me parece que el conjunto es muy, muy positivo. 

 ¿Con qué se queda de esta visita? 

-–Sin duda, con los mensajes del Papa León. Me parece que habrá que estudiar, durante mucho tiempo, porque han puesto de manifiesto que la Iglesia tiene una palabra para todos, y para cada uno tiene la suya concreta. 

La Iglesia es la única institución que puede hablar con todo el mundo. Puede hablar con el mundo del arte, con el mundo de la danza, de los sindicatos, de los políticos, de los obispos, de los fieles laicos, de los jóvenes, de los empobrecidos, de los migrantes, las personas atendidas en Cáritas.

Puede hablar con todas las personas, y para cada una de ellas tiene un mensaje, un mensaje comprometido. Eso es lo que me quedo de esta visita del Papa, además de las infinitas horas de trabajo que he visto como que la gente a mi alrededor metía para que esto saliera bien. 

En los últimos años, vemos cómo comunicaciones “no institucionales” impactan más que aquellas las corporativas ¿Estamos ante un nuevo paradigma de comunicación en la Iglesia? ¿Qué puede aprender una institución de este nuevo lenguaje? 

–Más que un nuevo paradigma de comunicación en la Iglesia, nos encontramos en un terreno radicalmente nuevo donde lo normal es el cambio. Un terreno en el que, constantemente, vamos a hacer frente a nuevas redes de comunicación, a nuevos estilos de comunicación, donde se va a ir mezclando constantemente todo, donde se acaba de asomar la Inteligencia Artificial y esto lo va a volver a cambiar todo en muy poquitos años. 

Realmente, es un tiempo nuevo en la vida de la Iglesia, en la comunicación, no solo nuestra, sino de todas las instituciones. 

Para este tiempo me parece que hay que hacer fuerte los mensajes dirigidos que manifiesten que hagan visible la identidad de la Iglesia. Que hagan visible que nosotros procuramos ser el pueblo de Dios, que somos un pueblo de salvados, que somos personas a las que el Señor ha redimido, ha salvado.

Creo que esa es la mayor fuerza de atracción que tiene hoy la Iglesia: Hacer visible que la muerte ha sido vencida, que el pecado no tiene la última palabra y que por tanto eso lo tenemos que incorporar a nuestro modo de ser y a nuestro modo de hacer. Eso va a ser la mejor comunicación de la Iglesia. 

La mejor comunicación de la Iglesia es la de la santidad de vida. Eso que está siempre en el telar del crecimiento de la Iglesia y además es lo que está siempre al alcance de todos los cristianos. Siempre es posible ser santos, y el mejor servicio que se puede hacer a la comunicación de la Iglesia es la santidad de vida. 

Así que es una misión que está al alcance de todos. Por muchas tecnologías, muchas dificultades, muchos problemas, los santos seguirán siendo los que acaban llenando las Iglesias de fieles. Es algo que está en nuestras manos, pero es algo que tenemos que manifestar a los demás con la ejemplaridad de nuestras vidas.

«Everything Hallelujah»: Cuando el mayor espectáculo del fútbol se convirtió en un himno de fe

Se cierra el Mundial de Fútbol 2026. Un mundial con mucha fe demostrada de modos diversos pero sin respetos humanos, dejándonos en el recuerdo mucho más que los goles.

21 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Mundial de Fútbol 2026 ha estado lleno de temas mediáticos: racismo, polémicas arbitrales, leyendas que se retiran y fe, mucha fe. Fe no solo en que la mejor selección se alzara con la copa, sino también fe en Dios, declarada de forma más o menos directa por distintas personas.

Luis de la Fuente, por ejemplo, no ha tenido problema alguno en reafirmar su compromiso con su vida cristiana. Ferrán Torres, nuevo héroe del fútbol español, también quiso declarar ante el mundo entero que sus fuerzas vienen de Dios. Pero en el espectáculo de medio tiempo celebrado en la final (al más puro estilo estadounidense) Justin Bieber salió al escenario para cantar un tema de elección curiosa.

Dar las gracias

El repertorio del artista canadiense es amplio. Cuenta con canciones conocidas en el mundo entero, algunas con mucho ritmo, muy adecuadas para animar el descanso de la final de un evento deportivo. Pero Justin Bieber se decantó por uno de sus temas más íntimos: “Everything Hallelujah”.

La canción no es otra cosa que un agradecimiento a Dios por todo, desde el nuevo día hasta su mujer y su hijo. Alguien que mire por encima la letra podría pensar que es un poco “simplona”, sin embargo, Justin Bieber no es un hombre que dé las gracias por nada. Su vida, desarrollada mayoritariamente bajo los focos, no ha sido fácil. Ha atravesado crisis, rupturas y momentos bajos frente a la mirada del mundo entero, que no es un juez compasivo.

Años después de atravesar esos caminos, Justin Bieber aparece con «Everything Hallelujah», una canción que demuestra un cambio de mentalidad: todo en la vida es motivo de agradecimiento, pues los dones de Dios se reparten en todos los ámbitos. Hasta lavarse los dientes, como nos recuerda la canción, es momento de dar gracias.

Un mundial de fe

Y allí salió Justin Bieber, en medio de Nueva York durante uno de los eventos deportivos más seguidos del año, cantando para dar gracias a Dios. Con una guitarra y en directo, al más puro estilo de sus inicios.

Se cierra así el Mundial de Fútbol 2026. Un mundial con mucha fe demostrada de modos diversos pero sin respetos humanos, dejándonos en el recuerdo mucho más que los goles.

El autorPaloma López Campos

Redactora jefe de Omnes

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Evangelización

J. Carlos Martín de la Hoz: «Tomás y Paquita sabían que el camino para amarse cada día más era amar a Dios»

Este mes de julio se ha entregado la "Positio" de la causa de canonización del matrimonio Alvira, comenzando así el estudio del Vaticano.

Javier García Herrería·20 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

El proceso de beatificación y canonización del matrimonio formado por Tomás Alvira (1906–1992) y Paquita Domínguez (1912–1994), tuvo lugar en la archidiócesis  de Madrid  y obtuvo el decreto de validez en el Dicasterio en el 2016. Se trata de una de las causas de canonización más extendidas en su devoción en el mundo entero. Ambos buscaron la santidad en la vida cotidiana y el amor conyugal y familiar dentro de la Iglesia católica contemporánea. Ambos, aragoneses de origen, dedicaron su vida a la docencia y a su numerosa familia (tuvieron nueve hijos), siendo además de los primeros supernumerarios del Opus Dei, Tomás se incorporó en 1947 y Paquita en 1952.

Recientemente (en julio de 2026), se ha entregado en el Vaticano la Positio de su causa de canonización, lo que los sitúa un paso más cerca de ser declarados venerables. José Carlos Martín de la Hoz fue el postulador diocesano de la Causa, actualmente en su fase romana, conoce de cerca la vida del matrimonio y nos da algunas claves de su vida.

Con la reciente entrega de la Positio en Roma, ¿cuáles son los siguientes pasos jurídicos y teológicos en el Dicasterio de las Causas de los Santos para que puedan ser declarados beatos?

–La noticia de la entrega de la Positio en el Dicasterio, es decir, la elaboración de la síntesis de la vida, virtudes y fama de santidad y de favores de cada uno de los dos (la santidad es personal) para su estudio por los consultores historiadores, teólogos, canonistas y obispos y cardenales, significa que la voz del pueblo de Dios que es el proceso diocesano, va a ser estudiada por el Dicasterio y llegará, cuando Dios quiera. La voz de la Iglesia que, si es positiva, señalará a este matrimonio como modelos e intercesores del pueblo de Dios y se les denominará Venerables Siervos de Dios.

Para que haya una beatificación se requiere un milagro atribuido a su intercesión. ¿Qué tipo de favores o gracias suelen pedir y reportar las personas que se encomiendan hoy en día al matrimonio Alvira?

–Efectivamente, en una Causa de beatificación y canonización hace falta escuchar la voz del Pueblo de Dios; tanto la recogida de sus escritos y los documentos, como las aportaciones de los testigos que conocieron y trataron a los Siervos de Dios. El estudio de esa documentación por parte del Dicasterio expresaría de manera patente la voz de la Iglesia con el nombramiento de Venerables Siervos de Dios. Pero aún faltaría la última voz: la voz de Dios.

El milagro es la voz de Dios, que señalaría que esa persona podría ser beatificada y daría comienzo al culto público restringido a una diócesis o una familia eclesial, un ambiente, etc. Un segundo milagro indicaría la canonización y extensión mundial del culto público.

Lógicamente, la aparición de un milagro sería la culminación de años de extensión de la devoción privada, en este caso, a un matrimonio cristiano, que estarían obteniendo favores de Dios como intercesores para el pueblo cristiano y, a la vez, estarían siendo modelos y amigos de muchos cristianos del mundo entero que confiaron en ellos como amigos de Dios e intercesores.

¿Qué anécdota del matrimonio Alvira le parece que ilustra bien su santidad?

–El hecho de que los dos, marido y mujer, estén en proceso de beatificación y canonización implica que estamos ante una causa de matrimonio, es decir, que los dos presumiblemente han llegado a vivir, con la ayuda del Espíritu Santo la plenitud de la vida cristiana y han practicado las virtudes en grado heroico a través del amor entre los esposos. Por tanto, pueden ser propuestos como modelos al Pueblo de Dios

Esta sería la gran anécdota que vivieron estos esposos: enamorarse cada día más y más, de modo que ese inmenso amor que se tenían se iba contagiando a los hijos, familiares, amigos y compañeros de trabajo. De ese modo, como decía el Papa Francisco en “Fratelli Tutti”, contribuyeron a la revolución de amor que es el cristianismo.

San Josemaría Escrivá solía decir que debían hacer de su casa un «hogar luminoso y alegre». En la práctica diaria, con las estrecheces económicas que vivieron al principio, ¿cómo lograban mantener ese ambiente positivo en casa?

–Tomás y Paquita eran conscientes de que el único camino para amarse cada día más era sencillamente buscar amar a Dios sobre todas las cosas. De ese modo cimentando sus vidas en el amor a Dios supieron amarse entre ellos y trascender ese amor, por contagio a quienes les rodeaban.

Los hijos les veían rezar muchas veces a lo largo del día, acudir a la Santa Misa, rezar el rosario en familia, mirar a una imagen de la Virgen que estaba colgada en la pared o rezar al levantarse y al irse a descansar. Siempre les veían sonrientes y confiados en el amor de Dios que sustenta todos los amores de la tierra y, sobre todo, les veían mirarse enamoradamente y mirarles a ellos con infinita ternura.

Uno de los pilares de la educación de los Alvira era el respeto a la libertad de sus hijos. ¿Cómo equilibrar la disciplina y la transmisión de valores cristianos con el fomento de la autonomía personal de cada hijo?

–El secreto de la educación de los hijos estaba en el inmenso cariño y confianza con que les trataban. Iban dándoles poco a poco más libertad hasta confiar plenamente más en su palabra que si cien notarios afirmaran lo contrario.

Ciertamente, debían corregirles como todos los padres deben hacerlo, pero ellos siempre sabían esperar a corregir a estar desenfadados, de modo que corregían las cosas una a una, dando siempre aliento y esperanza pues aquel asunto era claro que lo iban a superar con la gracia de Dios y el amor y la confianza con la que se lo estaban proponiendo.

Tomás Alvira no fue un profesor convencional; introdujo conceptos revolucionarios para su época en el Instituto Ramiro de Maeztu y en el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil. ¿En qué consistía su método de «Aula viva» y por qué se le considera un pionero de la pedagogía activa?

–Recuerdo que Tomás Alvira fue mi profesor de Ciencias Naturales en 5º de bachillerato en el Instituto Ramiro de Maeztu. Era muy amigo de mi padre y me trataba con mucho cariño como si fuera hijo suyo. Un día me dijo mientras observaba en un microscopio una roca de olivino: “Si hemos de alabar a Dios por la belleza macroscópica de la Naturaleza, aún más hemos de alabar a Dios por la belleza microscópica”.  Un día caí en la cuenta de que lo mismo hacía con los demás alumnos: el secreto de la pedagogía de Tomás y de Paquita era querer a las almas y abrirles horizontes en la vida.

Mientras Tomás destacaba en ámbitos académicos públicos, Paquita realizaba una labor social y formativa enorme, especialmente con empleadas del hogar y mujeres de su entorno. ¿Cómo era este apostolado y qué impacto tuvo en esas mujeres?

–Paquita había sido maestra en unos pueblos de Huesca antes de casarse y dedicarse por entero a sacar adelante una familia numerosa, prácticamente sin ayuda durante muchos años de su vida. De la misma manera que puso amor y dedicación a aquellos niños y niñas y sus familias en Bureau, lo ponía con las empleadas del hogar o con las personas más jóvenes que tenía a su lado. Con Paquita se aprende una realidad muy sencilla: una maestra no deja de serlo nunca.

Al final de sus vidas, ambos pasaron por procesos patológicos muy duros (Tomás un cáncer y Paquita una enfermedad cerebral). ¿Cómo vivieron esta última etapa de dolor físico y qué testimonios dejaron a quienes los cuidaban.

–Cuando se ama mucho y se crea una familia tan bonita y unida como ellos lograron, entonces, esa escuela de amor sirve para aprender todas las lecciones de la vida: las aparentemente agradables, como las aparentemente desagradables: los golpes de la vida, lo que hacen es hacernos madurar en el amor.

La escuela del dolor, de la santificación de las limitaciones físicas, la fatiga, la sordera, el no valernos por nosotros mismos, nos hacen más humildes, obedientes y sencillos: la santidad es un don de Dios que se expresa en el regalo de las virtudes donde Dios se vuelca con el poco esfuerzo que ponemos que es la libertad.

¿Qué singularidad teológica y pastoral aporta el hecho de que la Iglesia estudie la santidad de Tomás y Paquita de manera conjunta, como matrimonio, en lugar de individualmente?

–Dios desea enseñarnos que el fin del matrimonio es esencialmente el amor entre los esposos. Un amor de tal categoría que cuando llega el día de la boda y se recibe el sacramento del matrimonio ese amor natural se convierte, con la gracia de Dios, en amor sobrenatural que dura eternamente.

La santidad es un don de Dios como lo es el amor que Dios alcanza en cada uno de nosotros y en los esposos cristianos. Descubrir la fecundidad de ese amor es la clave de la felicidad. El santo Padre Benedicto XVI lo expresó muy bien en su primera Encíclica “Deus caritas est”.

Vaticano

Monseñor Pennacchio: “La diplomacia de la Santa Sede no representa intereses, sino personas”

En 2026, la Academia Pontificia Eclesiástica celebra el 325.º aniversario de su fundación. Su presidente, el arzobispo Salvatore Pennacchio, repasa el significado de una tradición que, tras siglos, sigue siendo un auténtico signo de la misión de la Iglesia.

Giovanni Tridente·20 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

Tres siglos y cuarto de historia, pero con la mirada puesta en el futuro. La Academia Pontificia Eclesiástica celebra este año el 325.º aniversario de su fundación, en una época marcada por la renovación iniciada por el Papa Francisco y por la reciente visita del Papa León XIV.

Para el arzobispo Salvatore Pennacchio, presidente de la institución, y diplomático de la Santa Sede durante más de cuarenta años, el jubileo no es una simple conmemoración, sino la ocasión para transmitir a las nuevas generaciones un legado vivo: el de una diplomacia que es a la vez pastoral y profética. 

Recuerda, además, que la misión de los representantes pontificios no es defender intereses nacionales, sino servir a la paz, la justicia y la dignidad de la persona, en un mundo atravesado por conflictos, migraciones y nuevas fracturas culturales. Desde este punto de vista, el futuro nuncio deberá ser ante todo un sacerdote capaz de escuchar, de estar cerca y de discernir, fiel a aquella tarea que el Papa León XIV recordó a la Academia al visitarla personalmente hace poco: ser hombres de comunión, constructores de confianza y auténticos mensajeros de la paz de Cristo.

Excelencia, la Academia Pontificia Eclesiástica cumple 325 años. ¿Qué significa hoy custodiar una tradición tan larga sin convertirla en un simple recuerdo conmemorativo?

—La historia de la“Alma Mater”de los diplomáticos pontificios sigue sustentando la labor incansable de tantos que, ayer como hoy, desempeñan con valentía y esmero la misión de representar al Santo Padre ante las naciones y las Iglesias locales. El jubileo que nuestra institución celebra este año no es, por tanto, la celebración servil de años memorables pasados, sino la ocasión de recoger el testigo de lo que ha sido, para entregarlo en manos de quienes vendrán. Es una verdadera traditio que se inscribe en el contexto más amplio de esa Tradición viva que, como enseña el Concilio Vaticano II, expresa la vida de la Iglesia: caminar por los caminos del tiempo anunciando siempre el Evangelio de la salvación. 

El Papa León XIV visitó recientemente la Academia, al igual que lo había hecho el Papa Francisco. ¿Qué continuidad ve entre estos gestos de atención? 

—En virtud del servicio peculiar que desempeña la Academia Eclesiástica, desde su fundación los Pontífices siempre le han demostrado y reservado un cuidado especial para la salvaguardia de su misión. Las reformas estructurales y educativas que la afectaron, sobre todo a partir del pontificado de Pío IX, hasta llegar a las del Papa Pío XII, gracias a quien adquirió su configuración prácticamente inalterada, le han permitido constantemente estar al día y ofrecer una preparación más adecuada a las exigencias del presente. La consideración reservada a la institución, sin embargo, ha sido siempre la atención a la persona, es decir, a las generaciones de representantes pontificios que se han formado aquí. Interpreto desde esta perspectiva los gestos de los Pontífices hacia esta casa sacerdotal. En el período más cercano a nosotros, esto se aplica, de manera especial, al Papa León XIV, que ya de cardenal visitó la Academia, y también al Papa Francisco, de venerada memoria, que en su seno constituyó un Institutum ad instar facultatis, como centro de alta formación para las ciencias diplomáticas. La continuidad a lo largo de los diversos momentos históricos, de la que la reciente reforma es expresión, se inscribe, por tanto, en la línea de la misión originaria de la Institución y de la que esta sigue siendo hoy fiel intérprete: servir a la causa de Cristo y de la Iglesia. 

¿Qué idea de diplomacia eclesial intentáis transmitir a los alumnos desde los primeros años? 

—El servicio diplomático de la Santa Sede es un compromiso que brota directamente del Evangelio: no vive si no está arraigado en esta raíz y animado por la fuerza divina. Es, ante todo, una responsabilidad que el representante pontificio madura espiritualmente en una relación sincera y cotidiana con el Señor. El Papa Francisco, en un discurso que nos dirigió hace unos años, explicó bien esta dinámica, exhortándonos a ser pastores dotados de capacidad interior, para poder dar testimonio del Señor Jesús antes que nadie. Sin una dimensión humana y espiritual sólida no es posible ser pastores ni, mucho menos, diplomáticos. El núcleo concreto de nuestra misión es seguir siendo pastores a imagen del Buen Pastor, con la ayuda que nos llega de la Eucaristía, de la oración y de la escucha de la Palabra de Dios. La formación en la Academia que se asienta, por tanto, en dos pilares fundamentales, el humano y el espiritual, tiene como objetivo que el referente de cada uno siga siendo siempre el Buen Pastor, que enseña a acompañar, sostener y devolver la esperanza. 

“La diplomacia pontificia opera en un doble ámbito, el pastoral y el político diplomático”.

Monseñor PennacchioPresidente de la Academia Pontificia Eclesiástica

¿En qué se diferencia la misión del nuncio apostólico de la de un representante diplomático de un Estado?

—La diplomacia pontificia opera en un doble ámbito, el pastoral y el político-diplomático, que no tiene equivalente en las diplomacias de los Estados. Mis colegas nuncios no representan intereses nacionales ni lógicas de poder: son sacerdotes, expresión del ministerio petrino, al servicio de la paz, la justicia y la dignidad humana. Me gusta recordar la fórmula de Fabio Chigi —futuro Papa Alejandro VII— quien, en las negociaciones de Münster de 1648, describió la tarea del diplomático con palabras sobrias y profundas: “hacer mucho, decir poco”. Lo que la Santa Sede ofrece a la comunidad internacional no es solo una solución técnica a los conflictos, como suele ocurrir, sino también una visión de la paz basada en la dignidad de cada persona, en la justicia y en la fraternidad. Nuestros diplomáticos se hacen la voz de los pobres, de los migrantes, de las víctimas de las guerras, allí donde a menudo ninguna otra diplomacia está llamada a estar.

En esta línea, ¿cómo se prepara un futuro representante pontificio para escuchar realidades eclesiales, culturales y sociales muy diferentes entre sí?

—El encuentro con entornos tan diversos, como aquellos con los que el representante pontificio está llamado a confrontarse durante su servicio, revela la belleza de una realidad rica y multiforme. Y esto se constata cada vez que el nuncio, durante su misión, visita las distintas iglesias locales, escucha a los obispos, acoge a los sacerdotes y confirma en el anuncio a los fieles que siempre esperan sentir cercana la presencia del Papa. Es una tarea ciertamente delicada, que requiere capacidad humana y sensibilidad espiritual. Prepararse para una tarea así exige ante todo una formación que no sea solo académica, sino profundamente humana, espiritual y pastoral; por eso decía antes que se trata de pilares fundamentales para todo presbítero, antes que para un diplomático. Solo así se logra madurar una profundidad y una sutileza de mirada capaces de leer e interpretar la complejidad de la historia sin perder de vista lo esencial. 

El Papa Francisco quiso que en el itinerario formativo se incluyera también un año de experiencia misionera. ¿Qué ha aportado esta decisión a la vida de la Academia? 

—Con esta propuesta, el Papa pretendía, en primer lugar, enriquecer el plan de estudiospropuesto por la “Alma Mater”, pero sobre todo ofrecer a quienes colaborarán con los representantes pontificios una experiencia misionera de actividad evangelizadora. La elección es significativa porque ayuda al futuro diplomático a no alejarse de la realidad concreta de la vida ministerial y del encuentro real con las personas, especialmente con aquellas más castigadas y heridas por la vida. La invitación que el Papa Francisco ha dirigido, en repetidas ocasiones, de llegar a las periferias humanas y existenciales, vale también para aquellos jóvenes que se preparan para servir al Papa en las Nunciaturas y las Organizaciones Internacionales. No hay duda de que esta experiencia ha aportado a la Academia un estilo de mayor cercanía, de escucha y de servicio, a menudo en situaciones de pobreza, fragilidad y minoría eclesial. 

Ante la inestable situación internacional, ¿qué contribución efectiva puede aportar la diplomacia de la Santa Sede?

—En este contexto, la misión de la Iglesia, y por tanto de los representantes pontificios, no se limita a la mediación diplomática en sentido estricto o a la búsqueda de acuerdos inmediatos, sino que se nutre de una labor más profunda, orientada a superar desconfianzas y barreras culturales, políticas y religiosas, creando las condiciones para un diálogo auténtico y duradero. Lo que la Santa Sede puede ofrecer, de hecho, a la comunidad internacional es una perspectiva que no se guía por intereses económicos o geopolíticos, sino por la centralidad de la persona humana, la defensa de la dignidad de toda vida y la promoción de la fraternidad entre los pueblos. Y un ámbito privilegiado es precisamente el sector multilateral, lugar en el que se pueden traducir en acciones concretas de paz, de tutela de los derechos fundamentales y de cooperación. 

“Lo que la Santa Sede puede ofrecer a la comunidad internacional es la centralidad de la persona humana”.

Monseñor PennacchioPresidente de la Academia Pontificia Eclesiástica

¿Se puede ser profético a pesar de un trabajo que exige discreción, prudencia y continuidad?

—Estoy convencido de que no hay diplomacia sin visión. El papel de los representantes pontificios exige, hoy más que ayer, una capacidad que no puede limitarse a la dialéctica formal, sino que requiere un esfuerzo impulsor tendente a imaginar y construir un futuro más sostenible desde el punto de vista humano y espiritual. La profecía, como don del Espíritu Santo, es la inteligencia del creyente que, con ingenio y pericia, sabe mantener viva una mirada moral y espiritual sobre la historia. No es una actitud ideológica, ni se realiza a través de tomas de posición sensacionalistas, sino con la capacidad de recordar constantemente la centralidad de la dignidad humana, de la paz, de la justicia y del bien común, incluso cuando esto parezca ir a contracorriente. Esto requiere, por nuestra parte, la fuerza de hablar con un lenguaje respetuoso y prudente, pero que, al mismo tiempo, llame claramente la atención sobre cuestiones decisivas como la paz, el rechazo del fundamentalismo, la acogida de los migrantes, la tutela de la dignidad de cada persona, la abolición de la pena de muerte y la responsabilidad hacia los más pobres.

Usted ha prestado su servicio en países y contextos muy diversos. ¿Qué experiencia le parece más útil hoy para acompañar la formación de los jóvenes sacerdotes de la Academia? 

—He estado viajando por el mundo, ininterrumpidamente, durante cuarenta y cuatro años, primero como colaborador y luego como nuncio apostólico. En los diversos contextos sociales y políticos en los que he sido llamado a desempeñar mi misión, siempre he experimentado la riqueza de experiencias internacionales muy diferentes. En Panamá, mi primera misión, conocí el compromiso de la Iglesia latinoamericana de los años ochenta con los múltiples desafíos sociales. En Etiopía conocí el compromiso humanitario en favor de cientos de miles de personas afectadas por la hambruna y la falta de agua. En Australia tuve la gran oportunidad de formar parte de la comitiva de la visita pastoral del Papa Juan Pablo II. En Turquía, en cambio, tuve la oportunidad de colaborar con el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Estaba en Egipto durante la primera Guerra del Golfo, en el contexto de la intervención contra el régimen iraquí de Sadam Hussein. En Belgrado fui testigo de los albores de la desintegración de los países de la antigua Yugoslavia. La lista de países es realmente larga: Irlanda, Ruanda, Tailandia, Delhi, Polonia… Ha sido una experiencia indescriptible y hoy, desde Roma, contemplo con gratitud un camino rico y fecundo. 

¿Qué cualidad humana y sacerdotal considera necesaria para que un futuro nuncio pueda afrontar los retos de los próximos años? 

—Creo que la cualidad más necesaria es la capacidad de conjugar la profundidad espiritual con una auténtica cercanía humana; de hecho, es en esta perspectiva en la que se está renovando la formación en la Academia. Me parece útil, a este respecto, recordar el discurso que el Papa León nos dirigió en el reciente encuentro celebrado en nuestra Institución. Nos recordó que la reforma más importante consiste en un ejercicio constante de conversión, orientado a cultivar la cercanía, la escucha atenta, el testimonio, el enfoque fraterno y el diálogo, vividos con humildad y mansedumbre. Son virtudes imprescindibles para el diplomático pontificio, que estará llamado a actuar en contextos culturales, eclesiales y políticos diversos, en los que será fundamental poseer un estilo capaz de generar confianza, mantener abiertos los canales de comunicación y favorecer los caminos de reconciliación. El Papa nos ha exhortado a mantener vivo en nosotros el don pascual, para ser verdaderos mensajeros del Resucitado, capaces de llevar al mundo la paz de Cristo, de convertirnos en puente de diálogo entre personas, Iglesias y pueblos. Esto significa habitar el mundo sin dejarse absorber por sus lógicas de confrontación, sino conservando siempre una mirada evangélica sobre el hombre y la historia.

Cultura

La Encarnación Gil de Siloé, Retablo de Miraflores

La escena de la Anunciación, en el retablo mayor de la Cartuja de Miraflores, combina arte, simbolismo y catequesis visual. Obra de Gil de Siloé y Diego de la Cruz, es una de las cumbres de la escultura policromada hispano-flamenca del siglo XV.

Eva Sierra y Antonio de la Torre·20 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

COMENTARIO ARTÍSTICO

Situada en el cuerpo inferior del retablo mayor de la iglesia de la Cartuja de Miraflores (Burgos) encontramos una de las escenas más representadas en el arte religioso: la Anunciación.

Las figuras se disponen en un espacio semicircular cerrado por la presencia de cuatro ángeles. En la parte superior derecha aparece una estrella de seis puntas, aludiendo a la luz que más tarde guiaría a los pastores y a los Reyes Magos. La Virgen María se representa en una estancia imaginaria, reclinada ante un libro abierto, símbolo de la meditación en las Escrituras. A sus pies, un jarrón con flores blancas alude a su pureza.

Aunque los evangelios no mencionan que María estuviera en oración en el momento de la Anunciación, la tradición cristiana y muchos autores espirituales han interpretado su actitud como recogimiento y apertura a la voluntad de Dios, coherente con la expresión “llena de gracia”. El ángel Gabriel, mensajero divino, se presenta acompañado por otros dos ángeles y comunica a María el misterio de la Encarnación. Tras el “fiat”, el “hágase en mí según tu palabra”, el Espíritu Santo desciende sobre la Virgen mientras del Padre salen rayos en los que viaja el Niño camino del oído de su Madre; una forma plástica y profundamente simbólica de representar la Encarnación del Verbo.

El retablo como Biblia visual 

Hay que recordar que este retablo fue realizado en el siglo XV, en una época en que gran parte de los fieles eran analfabetos. La Misa se celebraba en latín, lengua que muchos no entendían. El retablo, por tanto, cumplía una función catequética esencial: era la “Biblia de los pobres”, un medio visual para contemplar y comprender los misterios de la fe. La escena de la Anunciación, además, servía como recordatorio del inicio de la Redención, vinculando el nacimiento de Cristo con la entrega eucarística representada en la escena central.

Podemos apreciar la riqueza de las vestimentas de la Virgen y de los ángeles, así como la profusión en el uso del oro. Este lenguaje pictórico buscaba acercar al fiel al ámbito celestial mediante los materiales más valiosos. La manera de representar los sucesos divinos era incluir los pigmentos y materiales más caros, como el uso del lapislázuli, importado de Afganistán,  para el color azul (normalmente el manto de Virgen aparece en este azul intenso) o el oro, como una evocación de la luz celestial. Las figuras aparecen con ropajes contemporáneos a la época de ejecución, recurso habitual para acercar las escenas sagradas al espectador de finales del medievo. Los fieles no solo contemplaban un episodio bíblico, sino también un modelo de virtud y devoción, presentado con el máximo realismo posible.

Una obra del gótico hispano-flamenco

El retablo es una monumental estructura de madera situada en el presbiterio, organizada en calles con escenas representando la historia de la salvación. La escena central exalta la Eucaristía a través de la figura de Cristo crucificado, rodeado de episodios de la Pasión, el Nacimiento y otros momentos clave, así como representaciones de santos, evangelistas y personajes relevantes.

La talla y el diseño de este original retablo corrieron a cargo del maestro Gil de Siloé y su taller. Una obra de semejante envergadura requirió la colaboración de numerosos artesanos bajo la supervisión del maestro, lo que explica las diferencias de estilo en la ejecución de algunas escenas. Una vez finalizada la talla, el pintor Diego de la Cruz se encargó de la policromía y el embellecimiento, aplicando técnicas complejas y costosas.

Entre ellas destacan el estofado, que consiste en aplicar pan de oro sobre la madera y cubrirlo con pintura al temple para luego raspar y dejar ver el oro formando dibujos que imitan brocados, bordados o telas ricas; y el pastillaje, que consiste en añadir relieves en pasta para simular aureolas, bordes de vestiduras, joyas, flores y otros adornos que luego se doraban y policromaban. Los artistas hispanos del gótico tardío fueron auténticos maestros en el dominio de estas técnicas, que conferían lujo y espiritualidad a las esculturas.

El retablo mayor de la Cartuja de Miraflores fue realizado entre 1496 y 1499 como encargo de los Reyes Católicos, impulsado especialmente por Isabel la Católica. Es considerado una de las cumbres de la escultura policromada hispano-flamenca y un ejemplo excepcional de la unión entre arte, teología y catequesis visual en la España del siglo XV.

COMENTARIO CATEQUÉTICO

En el centro del retablo de la Cartuja de Miraflores se sitúa también lo que constituye el centro de la fe cristiana: la Encarnación del Hijo de Dios en la humanidad de Jesús de Nazaret para entregarse por la redención y salvación de la humanidad. Este hecho admirable, decisión existente en la eternidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (las tres personas divinas que marcan el eje horizontal del retablo) es ejecutada en el tiempo de la Anunciación cuando el Verbo se encarna en el seno virginal de María para entregarse al plan salvador de Dios (la Cruz y la exaltación, situadas en el eje vertical). 

Desde los inicios, la Encarnación ha sido el eje central de la fe cristiana, el gran misterio de la piedad: Dios se ha hecho carne. De ahí que, para honrar adecuadamente este misterio, cuya compleja profundidad se expresa en la gran catequesis del retablo de Miraflores, la reina Isabel recurriera no sólo al mejor taller artístico sino a los mejores materiales, técnicas y pigmentos. En definitiva, la Encarnación es el misterio de fe que está en el mismo centro del Credo: “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del Cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen”.

La finalidad de la Encarnación

Comprender la finalidad de este decreto eterno de la Santísima Trinidad es, por tanto, comprender en su raíz el sentido y la finalidad de toda la revelación cristiana. La finalidad no es única, sino que podemos contemplarla en un desarrollo amplio de tres pasos, en los que vamos viendo la inmensa riqueza de este misterio central de la fe.

El primer paso que busca conseguir Dios es la salvación de la humanidad. Para dar la salvación, en primer lugar, realiza la liberación del pecado, reconciliando consigo a la humanidad. En segundo lugar, también para salvarnos, nos da a conocer la inmensidad del amor que nos tiene (1Jn 4, 9-14). Ambas cosas, reconciliación del pecado y testimonio del amor divino, es lo que resplandece en la Cruz, primera parada de esta obra salvadora y protagonista principal del retablo de Miraflores. 

El segundo paso es instruir a la humanidad, ya que Cristo resucitado se nos ofrece como camino y modelo de la humanidad perfecta y de la santidad. No en vano, el círculo central del retablo, que encierra los misterios divinos, está rodeado por los cuatro tondos de los doctores de la Iglesia, encargados de instruir a la Iglesia en la enseñanza del Verbo encarnado. De hecho, Cristo se presenta en los Evangelios como Maestro de quien aprender (Mt 11, 29), Camino que seguir (Jn 14, 6), Voz divina que se ha de escuchar (Mc 9, 7) y Modelo supremo de Amor (15, 12), que se expresa en la entrega de sí mismo.

El tercer paso es conducir a la humanidad, redimida del pecado e instruida por el Verbo, a compartir la naturaleza divina. La Encarnación es la vía de acceso abierta a la humanidad para compartir la naturaleza divina del Verbo (2 Pedro 1, 4). Todo ser humano que entra en comunión con el Hijo encarnado llega a ser hijo de Dios, recibiendo del Padre la adopción filial y entrando en la vía de la divinización por el don del Espíritu Santo. Todo el retablo es un resumen de lo que Dios ofrece a la humanidad a través de la Encarnación de su Hijo.

La fe en el Verbo Encarnado

En definitiva, la fe en la Encarnación acepta que el Hijo de Dios ha asumido una naturaleza humana para realizar por ella el plan determinado por la Trinidad para nuestra salvación. También acepta la verdadera realidad del Verbo Encarnado, sin reducirlo a una suma de partes (parte divina y humana) o una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. El Verbo Encarnado es verdadero Dios y verdadero hombre, pero la dificultad de aceptar racionalmente esta fe dio lugar desde el principio a numerosas herejías, que alteraban la fe en el Verbo Encarnado.

Desviaciones como el docetismo (la humanidad de Cristo es sólo aparente), el arrianismo (la humanidad de Cristo es real pero unida a un dios creado, no al Hijo consustancial con el Padre), el nestorianismo (en Cristo hay una persona humana y otra divina) o el monofisismo (la naturaleza humana queda absorbida y virtualmente desaparecida en la divina). Frente a ellas la Iglesia va precisando la verdadera fe en el Verbo Encarnado, en una serie de formulaciones dogmáticas cuyo mejor ejemplo es la formulada en el Concilio de Calcedonia (siglo V): “se ha de reconocer un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”.

Por eso hay que afirmar que la humanidad de Cristo, Verbo Encarnado, no tiene otro sujeto que la persona divina del Hijo, que la ha asumido y hecho suya desde la Encarnación en el seno de María, como muestra la escena del retablo seleccionada con más detalle. Todo en la humanidad de Cristo ha de ser atribuido a su persona divina, también los sufrimientos y la muerte, no sólo los milagros y enseñanza con autoridad. Verdaderamente Dios, la persona del Hijo, ha muerto en la entrega del Verbo Encarnado en la Cruz. Esta es la sobrecogedora verdad profunda de la Encarnación, que impacta con fuerza al contemplar el conjunto del retablo.

El Verbo Encarnado, por otra parte, no sólo asume un cuerpo, sino también un alma y un corazón humano, una naturaleza humana íntegra. El alma de Cristo tiene realmente un conocimiento humano, que como tal admitía y necesitaba un desarrollo (Lc 2, 52), y a la vez, por estar unida al Verbo, conocía todo, también lo divino. Aquí entra el íntimo conocimiento que Jesucristo tiene de su Padre Dios (Mc 14, 36, Mt 11, 27), así como de sus designios salvadores. El alma de Cristo tiene también una verdadera voluntad humana, siempre cooperante con la voluntad del Padre, mostrando así la perfecta realización de la voluntad de un ser humano. El Hijo obedece en la eternidad el decreto del Padre encarnándose por el Espíritu Santo, mientras que el Verbo Encarnado obedece este decreto hasta la muerte en la Cruz.

El corazón humano de Jesucristo se muestra en el Pelícano Eucarístico que corona el retablo, rasgándose a sí mismo para alimentar con su propia sangre a sus crías. En el corazón de Cristo, durante su vida y su pasión, está presente un conocimiento y un amor hacia cada criatura humana. Por eso es el corazón también de la Encarnación, y el símbolo principal de aquel amor que da sentido y finalidad a la Encarnación, el amor con que el Redentor ama al Padre y a cada uno de los hombres.

Nombre de la obra: La anunciación
Autor: Gil de Siloé y Diego de la Cruz
Siglo: XV
Material: Talla escultórica en madera+ policromía y dorado
Ubicación: Cartuja de Miraflores, Burgos (España)
El autorEva Sierra y Antonio de la Torre

Historiadora del arte y doctor en Teología

Evangelización

Descubre la historia de las 10 órdenes religiosas más influyentes en solo 12 minutos

El canal de YouTube "Entiende La Fe" ha lanzado un video que ofrece un mapa de las pricipales órdenes religiosas católicas.

Redacción Omnes·19 de julio de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

El canal de YouTube Entiende La Fe ha lanzado un video sencillo e interesante titulado «10 Órdenes Católicas Explicadas en 12 Minutos», que ofrece una síntesis de los órdenes religiosas que han moldeado la historia de la Iglesia Occidental. Desde el desapego radical de San Francisco de Asís, hasta la disciplina intelectual de los Dominicos y el riguroso silencio de los monjes Trapenses. Además, revela curiosidades llamativas que conectan el pasado con el presente, explicando detalles como el origen científico de la genética moderna gracias a un monje agustino o por qué la famosa bebida del capuchino debe su nombre al hábito de una orden religiosa.

España

José Masip, nuevo presidente de la Asociación Católica de Propagandistas 

Masip sucede en el cargo a Alfonso Bullón De Mendoza, quien ha dirigido desde 2018 esta Asociación.

Maria José Atienza·18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

José Masip Marzá ha sido elegido nuevo presidente de la Asociación Católica de Propagandistas. El candidato más continuista de la línea de Alfonso Bullón de Mendoza ha sido secundado por la V Asamblea General Extraordinaria celebrada el 18 de julio en Madrid.

Masip era, hasta hoy, vicepresidente de la ACdP y director, junto con María San Gil, del Congreso Católicos y Vida Pública, uno de los buques insignia de la Asociación.

Co esta elección Masip se convierte, en presidente de las obras de la Asociación, «como la de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, además de la Fundación Abat Oliba, la Fundación San Pablo Andalucía CEU, el Colegio Mayor Universitario San Pablo, la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, o el periódico El Debate«, como señala la nota de prensa a través de la que se ha dado a conocer su elección.

Un candidato de continuidad

Se trata de un colaborador cercano y de confianza de Alfonso Bullón de Mendoza, que ha sido la clave para la nueva etapa de la Asociación en la que se ha consolidado como una referencia social de cultura católica con iniciativas como el periódico El Debate, el Concierto de la Resurrección o su participación activa en la vida social española, siendo un ejemplo su carroza de inspiración cristiana en la cabalgata de Reyes Magos de Madrid.

Bajo este equipo, además, se ha consolidado y aumentado la labor universitaria de la ACdP, haciendo del CEU entre otras cosas la institución educativa privada que más becas concede en España, con más de 95 millones de euros distribuidos en los últimos 6 cursos.

Con este nombramiento, se mantiene pues, la continuidad en las iniciativas que ha llevado a cabo la asociación en los últimos años.

José Masip Marzá

Masip es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente ejerce la abogacía en Castellón. Posee los títulos de Agente y Corredor de Seguros, Agente de la Propiedad Inmobiliaria, y Gestor Administrativo. Además, es patrono y miembro de la Junta Delegada de la Fundación Independiente.

Masip ha sido vicepresidente y, posteriormente, secretario general de la Organización de Profesionales y Autónomos (OPA); y fundador de la Asociación Española de Amistad y Cooperación con Guinea Ecuatorial, de la que fue además su primer secretario. 

Confirmandos universitarios

Este curso, por primera vez en “Totus Tuus”, se reservaron aulas de la biblioteca para dar catequesis a alumnos que deseaban confirmarse.

18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

Nunca saldrá en ningún telediario, pero hace un par de domingos dieciocho estudiantes de la universidad Carlos III de Madrid recibieron el sacramento de la Confirmación.

Existe en esta universidad una asociación, “Totus Tuus”, llevada por los propios estudiantes, que organiza el apostolado en la universidad y ayuda a los alumnos a acercarse a la fe. Contexto: en la UC3M está institucionalmente prohibido tener capilla.

Clandestinamente, como los primeros cristianos en las catacumbas romanas, se empezaron celebrando Misas en las aulas, para acabar llenando las parroquias más cercanas a los campus de Leganés y Getafe. Con cada vez más actividad también en Colmenarejo e incluso Puerta de Toledo, la asociación organiza Misas y adoraciones, junto con charlas, viajes, jornadas deportivas, voluntariados, peregrinaciones…

Y este curso, por primera vez en “Totus Tuus”, se empezaron a reservar aulas de la biblioteca para dar catequesis a alumnos que deseaban recibir el sacramento de la Confirmación. Con otros alumnos de la uni como catequistas, y veintipico personas que han asistido regularmente a las sesiones semanales, esta iniciativa concluyó con las confirmaciones el otro día en la parroquia de Nuestra Señora de Butarque, Leganés.

Concluyó, por decir algo. En realidad empieza ahora. Porque cuando sopla el Espíritu Santo, echa a volar nuestra alma. Cuánto nos conviene el trato con el Espíritu Santo: está deseando hacernos felices.

Sonrío ahora desde la playa, porque un niño juega con su cometa. Y como el viento sopla, la cometa vuela.

El autorGabriel Pérez-Miranda

Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) ocupa el tercer lugar de los seis hijos de Juan y Cristina. Estudiante universitario, es también un entusiasta de los deportes y la lectura, y ha publicado un libro de poesía ("Envïdár", Loto Azul, 2025)

Ecología integral

Guerra y Paz

La polarización, visible tanto en España como en múltiples conflictos internacionales — muchos de ellos olvidados, fuera del objetivo de la prensa—, representa un fracaso colectivo ante la paz que reclamó el Papa León XIV en las Cortes españolas en junio de 2026.

Eloy Asenjo Carpintero·18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Ovacionado con creces salió el Papa León XIV de las Cortes españolas, y puso a sus Señorías grandes y graves deberes dentro de un clima de amable discusión fuera de palabras paralizadoras y paralizantes. Ante un hemiciclo expectante, el Santo Padre pronunció un discurso de hondo calado político y moral, diagnosticando con precisión los males que asfixian la convivencia global contemporánea. El Pontífice fue tajante al afirmar:

“El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia”.

El debate de la memoria

El Papa se mostró valiente al mencionar de forma directa la Memoria Histórica en el propio hemiciclo legislativo: “Memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación… ardua tarea cuando existe una polarización tan grande”. Aunque la reflexión trasciende nuestras fronteras y apunta a cualquier geografía del planeta, su pronunciamiento en la sede del Poder Legislativo español invita inevitablemente a reflexionar sobre una serie de realidades que marcan el panorama historiográfico actual: 

  • La triste “leyenda negra” de España. Ya han salido historiadores -curiosamente la mayoría extranjeros- rebatiendo este hecho lamentable del que aún nos estamos recuperando, y con el que actualmente se hacen discursos populistas muy lejanos de la realidad del papel de España en Iberoamérica.
  • Muchos jóvenes no saben situar, actualmente, históricamente personajes de gran calado en la historia del Estado Español durante el s. XX.
  • La independización de los actuales Estados de Latinoamérica durante el s. XIX llevada a cabo con programas personalísimos y de inspiración altamente anticatólica, de cuyos “barros, estos lodos” en los que se ve una gran polarización para deshacer los lazos fuertes que unen España con todos los países de América del Sur y América Central.
  • Se está promoviendo como ejemplar el régimen de la 2ª República, (…) cuando historiadores de prestigio la denostan y la hacen culpable de la Guerra Civil que sufrió el país.

El valor de la palabra frente al rearme

¡Ya tenemos la polémica formada! Sin embargo, el propósito de estas líneas no es centrar el foco en la disputa, sino hallar la vía para hablar con serenidad de estos temas sin emplear, como señalaba el Papa en su discurso, “palabras (que) pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”.

Este encuentro se perfila indispensable si queremos una sociedad libre, justa y verdaderamente democrática. Como recordó el Pontífice, “de este respeto al otro nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor una cuestión decisiva para toda sociedad verdaderamente democrática: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”.

El mensaje papal también miró con crudeza al escenario geopolítico actual, advirtiendo que toda guerra es un fracaso, pues “constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones”.

Además, resuena la denuncia de León XIV sobre “el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”. Ante esa inercia bélica, el Papa concluía con firmeza: “La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”.

Esta denuncia no nos es ajena: en el fondo de los conflictos armados subyacen intereses personalísimos, muchas veces económicos, que los hacen moralmente deplorables, desoyendo las voces que claman por una paz compleja de alcanzar. De ahí la vigencia del llamamiento de León XIV para redescubrir el valor del “diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza”.

Cohesión en la diversidad

El Santo Padre trajo a primera línea el lema de la Unión Europea: “In varietate concordia». Dotándolo de contenido actual, nos recordó que “la unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad, haciendo de las culturas, sensibilidades y tradiciones una ocasión de enriquecimiento mutuo. Asimismo, dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

Esta polarización, visible tanto en España como en múltiples conflictos internacionales — muchos de ellos olvidados, fuera del objetivo de la prensa—, representa un fracaso colectivo. En este preocupante contexto global, resulta “importante reiterar la teoría de la guerra justa, incoada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto” (cfr. Francisco, Carta enc. “Fratelli Tutti”, 258, 3 de octubre de 2020)”.

La realidad es incuestionable: “La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles” (Carta enc. “Magnifica Humanitas” 192, 15 de mayo 2026). 

En definitiva, el Santo Padre ha lanzado una severa advertencia, ¡un grito al diálogo! Un recordatorio insistente de que “las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”.

Este grito no va dirigido solamente a las Señorías que llenaban el hemiciclo, sino a todas las personas de buena voluntad y, muy especialmente, a los periodistas, quienes sostienen una enorme responsabilidad en el ejercicio de su profesión. En este nuevo ecosistema comunicativo, el rigor ético y el comportamiento en el uso de las nuevas tecnologías y de la Inteligencia Artificial dictarán si los medios se convierten en puentes para el encuentro o en amplificadores de las trincheras.

El autorEloy Asenjo Carpintero

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Vaticano

Entre Babel y Jerusalén: el futuro de la inteligencia artificial se decide en Castel Gandolfo

Mientras la inteligencia artificial avanza más rápido que las normas capaces de regularla, más de doscientos líderes mundiales, premios Nobel y especialistas se han reunido en la Global Nobel Laureates Assembly sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear para formular una pregunta decisiva: quién dirigirá el futuro y con qué principios.

Almudena Lago·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

A primera hora de la mañana, cuando la luz empieza a deslizarse sobre el lago Albano y los olivos de las villas pontificias proyectan sombras todavía largas, el Borgo Laudato Si -un laboratorio donde jóvenes aprenden a cuidar la casa común mientras se preparan para un oficio- resulta un lugar demasiado sereno para hablar de guerra nuclear. 

Hay huertos, gallinas, ponis e invernaderos. Jóvenes que alimentan animales, cuidan plantas y aprenden que la realidad necesita atención diaria. Todo habla del presente, del cuidado y de las pequeñas cosas que dependen de nosotros. Y, sin embargo, es aquí donde se ha desarrollado una importante -¿histórica?- conversación sobre el futuro de la civilización, la inteligencia artificial y las armas nucleares. Sobre el riesgo de que la tecnología sirva a la humanidad o termine condicionándola.

Más de doscientas personas llegadas de distintos continentes, entre ellas premios Nobel, antiguos jefes de Estado, científicos y expertos en inteligencia artificial, se reunieron en este laboratorio de ecología integral impulsado por el Vaticano para debatir dos fuerzas que están redefiniendo nuestro tiempo: el regreso del riesgo nuclear y el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.

No es frecuente ver compartiendo espacio a premios Nobel como David Gross, Maria Ressa y Muhammad Yunus, a líderes políticos como Juan Manuel Santos y Romano Prodi, y a investigadores como Tristan Harris vinculados a OpenAI, Anthropic o Google DeepMind. Esa mezcla es la señal de los tiempos.

La inteligencia artificial ha democratizado preguntas que durante mucho tiempo parecían reservadas a una minoría de expertos: ¿quién decide?, ¿quién controla?, ¿quién asume la responsabilidad? Son cuestiones que ya no pertenecen sólo a gobernantes o ingenieros. Nos afectan a todos.

Más que ausencia de guerra

En la sesión inaugural, el cardenal Fabio Baggio, pro-prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y director general del Centro de Alta Formación del Borgo Laudato Si, recordó que la paz no puede reducirse a la ausencia de conflicto: “Es un orden fundado sobre la justicia, la confianza mutua, el respeto del derecho y la dignidad inviolable de cada ser humano”, afirmó.

En un momento marcado por guerras abiertas, amenazas nucleares y una carrera tecnológica cuyo ritmo parece superar la capacidad de reflexión política y ética, insistió en la necesidad de principios compartidos capaces de orientar el progreso hacia fines auténticamente humanos.

Entre Babel y Jerusalén

Si hubo una imagen capaz de condensar el espíritu del encuentro fue la propuesta por el cardenal Silvano Maria Tomasi. El veterano cardenal escribió una humanidad situada ante una bifurcación: construir una nueva ‘Babel tecnológica’, donde el poder, los datos y el control se conviertan en ídolos, o trabajar por una ‘nueva Jerusalén’, donde la tecnología esté al servicio de la fraternidad. “El lenguaje de la disuasión ha vuelto a dominar las relaciones internacionales”, advirtió.

En los debates se repitió la preocupación por una nueva carrera armamentística en la que inteligencia artificial y armas nucleares podrían reforzarse mutuamente.

Gobernar la inteligencia artificial

Uno de los discursos más esperados fue el de Juan Manuel Santos. El Nobel de la Paz y expresidente colombiano sostuvo que será imposible garantizar que la inteligencia artificial sirva al bien común sin una gobernanza eficaz basada en la responsabilidad, la transparencia y el Estado de derecho.

Muhammad Yunus fue aún más lejos. Afirmó que estamos viviendo simultáneamente el final de una civilización y el nacimiento de otra, y recordó que las decisiones actuales marcarán el mundo que heredarán los jóvenes.

También intervino Romano Prodi. En un mundo cada vez más fragmentado, advirtió, ninguna nación podrá afrontar por sí sola desafíos como la inteligencia artificial, la seguridad global o el control de tecnologías cada vez más poderosas.

Por su parte, Kerry Kennedy, que actualmente preside la organización Robert F. Kennedy Human Rights, dedicada a la defensa de los derechos humanos, hija de Robert F. Kennedy, el senador y exfiscal general de Estados Unidos que fue asesinado en Los Ángeles el 5 de junio de 1968, mientras hacía campaña para la presidencia, reclamó “que ningún sistema automatizado pueda decidir sobre el uso de armas nucleares”, una idea que quedó incorporada en la Declaración de Roma mediante la exigencia de un control humano efectivo sobre esos sistemas.

Una conversación que viene de lejos

La preocupación del Vaticano por estas cuestiones, obviamente, no empezó esta semana. En julio del año pasado sembró la semilla de este encuentro convocando una mesa internacional sobre inteligencia artificial cuya reflexión desembocó en el documento Fraternity in the Age of AI, con la participación de algunas de las voces más influyentes del sector. Entre ellas Yoshua Bengio, Stuart Russell, Max Tegmark, Geoffrey Hinton, Yuval Noah Harari, Maria Ressa y otros expertos internacionales. 

El punto de partida es tomar conciencia de que la inteligencia artificial puede convertirse en un actor institucional: participar en mercados, redactar contratos, influir en decisiones colectivas y gestionar sistemas complejos sin comprensión humana completa. Precisamente Harari, que es noticia estos días, sostiene que la IA ha empezado a «hackear el código de la civilización humana» al dominar el lenguaje, el principal sistema operativo de las sociedades humanas. También insiste en que la IA es muy inteligente, pero no consciente: «la inteligencia no es lo mismo que la conciencia». La pregunta era esencialmente la misma que sobrevoló estos días Castel Gandolfo: cómo garantizar que la inteligencia artificial contribuya a crear sociedades más humanas, más justas y más inclusivas.

Del Borgo al Campidoglio: la paz, una forma de inteligencia

La mañana del 16 de julio el escenario cambió. Los debates abandonaron la tranquilidad de los olivares y se trasladaron a la Sala Giulio Cesare del Campidoglio, corazón político de Roma. Allí fue firmada la Declaración de Roma por una Paz Desarmada y Desarmante en la Era de la Inteligencia Artificial, las Armas Nucleares y los Sistemas Autónomos, culminación de la Asamblea celebrada en Castel Gandolfo.

El cardenal Baldassare Reina presentó la Declaración como una llamada a la responsabilidad. Habló de la necesidad de educar a las nuevas generaciones en el pensamiento crítico, la ética y la responsabilidad científica porque, tal y como afirmó, “la paz necesita tanto ciencia como conciencia”. También recordó que toda decisión tecnológica, política o económica debe mantener en el centro la dignidad de la persona humana.

La Declaración quiere ser un llamamiento en favor de la vida, la razón, la fraternidad y la corresponsabilidad. En un momento en que la seguridad parece volver a basarse en la amenaza y la disuasión, Reina defendió que “la paz es una forma de inteligencia”.

El Nobel de Física David Gross lanzó una advertencia igualmente clara: “Nuestra supervivencia está en juego”. Y Sharon Stone, embajadora de la firma -y guiño al reclamo mediático- resumió el espíritu de la jornada declarando que “la dignidad humana no es un algoritmo”, como síntesis final del encuentro.

Durante la rueda de prensa posterior, Omnes preguntó cómo medir en cinco años si realmente hemos avanzado en el futuro, si los principios proclamados en Roma se han traducido en hechos, en definitiva: qué tres indicadores concretos utilizarían para saber que la IA está fortaleciendo la dignidad humana y no sólo la productividad económica. Maria Ressa respondió que el criterio estará en las personas: comprobar si los ciudadanos reciben información más fiable, si las democracias salen fortalecidas y si los seres humanos conservan capacidad real de decisión frente a sistemas cada vez más influyentes. También alertó sobre el papel creciente de los chatbots y asistentes conversacionales. La cuestión, afirmó, no será cuánto saben las máquinas, sino si ayudan a pensar mejor o terminan pensando por nosotros.

Nadie ha viajado hasta el Borgo Laudato Si’ para hablar únicamente de algoritmos. Se ha hablado de libertad, responsabilidad, poder y futuro. Al final, la imagen que permanece no es la de los expertos ni la de los documentos firmados. Es la de mentes brillantes reunidas entre gallinas, ponis, huertos y olivos para debatir el futuro de la civilización mientras reconocen que todo empieza por cuidar pequeñas realidades concretas.

Las máquinas son cada vez más inteligentes. Pero el futuro seguirá dependiendo de algo mucho más antiguo que cualquier algoritmo: la capacidad humana de discernir qué merece ser protegido y puesto al servicio del bien común. Después de todo, la gran pregunta ya no es qué puede hacer la inteligencia artificial. La pregunta es otra: ¿en manos de quién estamos?

El autorAlmudena Lago

Mundo

Los obispos franceses denuncian la votación que legaliza la «muerte asistida» como un «punto de inflexión» en la historia del país.

Los obispos franceses critican duramente la “decisión radical” tomada por los legisladores franceses para legalizar la “ muerte asistida”.

OSV / Omnes·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Una votación histórica de la Asamblea Nacional el 15 de julio legalizó la muerte asistida, incluyendo la eutanasia y el suicidio asistido en ciertos casos.

El cardenal Jean-Marc Aveline de Marsella y presidente de la conferencia episcopal lamentó que “los miembros del parlamento hayan consagrado en la ley francesa la posibilidad de causar la muerte”.

“Esta decisión rompe con la larga tradición de cuidados cuyo propósito es aliviar el sufrimiento y acompañar a cada persona hasta el final natural de su vida”, dijo en nombre de los obispos.

El comunicado, firmado por el arzobispo Vincent Jordy de Tours y el obispo Benoît Bertrand de Pontoise, vicepresidentes de la conferencia episcopal francesa, instó a las instituciones sanitarias católicas a «abstenerse de comportamientos claramente reprobables desde el punto de vista moral, en contra de la dignidad de toda vida humana».

Para los obispos franceses, “el 15 de julio de 2026 marca un punto de inflexión importante en la historia de nuestro país”.

La Asamblea Nacional de Francia legaliza la eutanasia mediante votación

Esta es la cuarta vez desde mayo de 2025 que los diputados franceses votan a favor del proyecto de ley que legaliza la «muerte asistida». Los senadores lo han rechazado abrumadoramente en tres ocasiones, y el porcentaje de diputados que apoyan el proyecto de ley ha disminuido significativamente desde la primera votación, pero el descenso no fue suficiente para impedir su aprobación.

El 15 de julio, 291 miembros de la Asamblea Nacional votaron a favor, mientras que 241 votaron en contra, con 29 ausencias.

La ley autoriza la muerte asistida y, en ciertos casos, permite que un médico o enfermero administre la sustancia letal, legalizando así la eutanasia en Francia. La legislación debe ser revisada por el Consejo Constitucional francés antes de entrar en vigor.

El presidente Emmanuel Macron celebra la votación

El presidente francés celebró efusivamente la votación de la Asamblea Nacional, que se presentó como definitiva, en una publicación en X inmediatamente después de la votación. Emmanuel Macron había apoyado abiertamente esta ley. De hecho, había prometido legalizar la eutanasia antes de que finalizara su segundo mandato de cinco años.

“En 2022, me comprometí a allanar este camino junto con el pueblo francés”, dijo el 15 de julio. “Ese compromiso se ha cumplido”.

Los obispos lamentaron abiertamente que el presidente Macron se hubiera puesto arbitrariamente del lado de la decisión de la Asamblea Nacional, a pesar de las numerosas controversias que rodean este proyecto de ley.

“El Presidente de la República había anunciado un debate tranquilo, informado y respetuoso, pero está claro que consideraciones políticas, ideológicas e indudablemente incluso económicas, disfrazadas de retórica engañosa, han frustrado esta ambición”, dijeron los obispos.

“Una cuestión tan fundamental para nuestro contrato social merecía que se consideraran plenamente las consecuencias humanas, médicas, éticas y sociales de la eutanasia y el suicidio asistido.”

Los obispos franceses advierten sobre las consecuencias éticas y sociales

Para los obispos, uno de los mayores peligros de la ley radica en que el principio de que la muerte puede constituir una respuesta médica al sufrimiento se ha convertido en parte del acervo jurídico del país. La elección de morir puede entonces reivindicarse como un derecho que podría extenderse a otros.

“La experiencia en otros países demuestra que los criterios de acceso a la muerte asistida tienden siempre a ampliarse, en detrimento de los cuidados paliativos”, señalaron.

Mientras tanto, “los efectos de dicha legislación aún no se han medido por completo, pero ya se están haciendo notar”, advirtieron los obispos. “Nuestra relación con la vulnerabilidad, la vejez, la discapacidad y la enfermedad cambiará”, añadieron.

“Los más pobres son probablemente los primeros en pagar las consecuencias: para no ser una carga para sus hijos o nietos, las personas mayores en situaciones precarias pueden sentirse presionadas a morir”, advirtieron los prelados.

Los proveedores de atención médica católicos podrían enfrentar desafíos legales

Para los obispos, la preocupación más inmediata y concreta hoy en día es que, si la ley entra en vigor, los centros de atención —principalmente las instituciones católicas— podrían enfrentar acciones legales si se niegan a permitir la eutanasia o el suicidio asistido en sus instalaciones. Tal como está redactada, la ley exigirá que el director del centro o departamento autorice a profesionales externos a realizar el procedimiento letal.

Por lo tanto, los obispos han anunciado que «seguirán de cerca las remisiones al Consejo Constitucional» que se anunciaron antes de la votación.

El Consejo Constitucional de Francia revisará la ley

El 14 de julio, mientras Francia celebraba el Día de la Bastilla —la fiesta nacional más importante del país—, el primer ministro Sébastien Lecornu sorprendió a muchos al anunciar que apelaría al Consejo Constitucional para que sometiera a revisión el texto de esta ley, a la que se opone personalmente. Justificó este último recurso alegando la falta de acuerdo entre las dos cámaras, la Asamblea Nacional y el Senado. Unos días antes, el presidente del Senado, Gérard Larcher, había anunciado su intención de tomar la misma medida.

El Consejo Constitucional puede aprobar el proyecto de ley en su totalidad, anular ciertas disposiciones o emitir reservas interpretativas antes de que Macron promulgue la ley. La consulta solicitada por el primer ministro se centrará, en particular, en la ausencia de una cláusula de objeción de conciencia que permita a los centros sanitarios —como las residencias católicas gestionadas por las Hermanitas de los Pobres— estar legalmente autorizados a negarse a prestar servicios de «muerte asistida» en sus instalaciones.

A la espera del resultado de la apelación, los obispos de Francia han reiterado su llamamiento a los católicos franceses para que «den testimonio de que es posible otro camino: uno de presencia fiel y atención que alivie el sufrimiento físico o psicológico, sin abandonar jamás a nadie».

Caroline de Sury escribe para OSV News desde París.

El autorOSV / Omnes

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Mundo

El cardenal Sarah denuncia en el Parlamento Europeo la «colonización ideológica» sobre África

El cardenal explicó cómo funciona el sistema de presión para que los países africanos acepten políticas contrarias a sus culturas.

Javier García Herrería·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, pronunció el 15 de julio en la Sala SPAAK del Parlamento Europeo una «Lectio magistralis» sobre las relaciones entre Europa y África, por invitación del grupo ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), junto con Sos Chrétiens d’Orient y Pro Vita e Famiglia.

En un discurso de fuerte carga teológica y política, el purpurado guineano planteó una pregunta que, dijo, es «decisiva para el futuro de nuestros dos continentes»: «¿podemos aún entendernos?».

Una crisis del lenguaje y de la razón

El eje central de la intervención fue la denuncia de una progresiva vaciedad del vocabulario compartido entre Europa y África. Sarah se preguntó si palabras como «derechos humanos», «dignidad», «desarrollo», «libertad», «salud», «género» o «familia» «significan aún la misma cosa para quienes las pronuncian en Bruselas, en Estrasburgo, en Kampala o en Conakry».

El cardenal tomó como clave de lectura una frase pronunciada por el Papa León XIV en enero, ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: «Necesitamos que las palabras vuelvan a expresar de modo inequívoco realidades ciertas. Solo así puede reanudarse un diálogo auténtico y sin malentendidos». A partir de esta cita, Sarah sostuvo que la crisis actual —geopolítica, de los derechos, del multilateralismo— es «en su raíz, más allá del lenguaje: una crisis del logos, de la razón».

Según el purpurado, el dossier preparado para el encuentro muestra «con documentada claridad» cómo, en la relación entre la Unión Europea y África, «las palabras son hoy usadas no para revelar la realidad, sino para ocultarla o incluso para invertirla». Puso varios ejemplos: se habla de «salud sexual y reproductiva» y se entiende, dijo, «el acceso al aborto»; se habla de «igualdad de género» y se entiende «la deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo del ser humano»; se habla de «derechos humanos» para los países africanos y se entiende «la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura, a nuestra visión antropológica».

Para Sarah esto no es «un problema de semántica académica», sino «un problema político, un problema de verdad, de honestidad en las relaciones humanas». Un vocabulario ambiguo en tratados y resoluciones, afirmó, se convierte en «instrumentos de perversión y de poder silencioso, de neocolonialismo cultural y económico», ya que «quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación, sin que la otra parte se dé cuenta». El cardenal anunció que intentaría «iluminar» este fenómeno «a la luz del Evangelio y de la razón».

El magisterio de Benedicto XVI sobre el logos

Sarah recordó tres discursos de Benedicto XVI —Ratisbona (2006), el Collège des Bernardins de París (2008) y el Bundestag alemán (2011)— como diagnóstico previo de esta crisis. En Ratisbona, Benedicto XVI subrayó que Dios actúa «con logos», es decir con razón y palabra a la vez, y advirtió que una razón «sorda» a lo divino «se vuelve incapaz de insertarse en el diálogo de las culturas». En París, propuso el camino del quaerere Deum y alertó de que «una cultura meramente positivista […] sería la capitulación de la razón». En el Bundestag preguntó: «¿Cómo puede la razón reencontrar su grandeza sin resbalar en lo irracional?».

Colonización ideológica, aborto, género y autodeterminación de los pueblos

En el resto de la intervención, el cardenal desarrolló estas ideas en varios frentes concretos:

  • La «colonización ideológica». Citando al Papa Francisco —quien acuñó la expresión en Manila en 2015 («Estemos atentos a las nuevas colonizaciones ideológicas […] entran en un pueblo con una idea que no tiene nada que ver con el pueblo»)—, Sarah sostuvo que categorías como SOGI (Sexual Orientation and Gender Identity) o CSRHE (educación sexual y reproductiva comprensiva), se repiten sistemáticamente en tratados y planes de acción europeos hasta constituir «un verdadero y propio sistema».
  • Aborto y derechos reproductivos. El cardenal criticó las resoluciones del Parlamento Europeo de 2022 que piden «dar prioridad al acceso universal al aborto seguro y legal», y contrapuso las constituciones de Kenia y Uganda, que protegen la vida desde la concepción, como ejemplo de «autodeterminación de los pueblos».
  • Género y educación. Denunció el Acuerdo de Samoa y el «Gender Action Plan III» de la UE por imponer, según dijo, una «educación sexual y reproductiva comprensiva» y un enfoque «gender-transformative» sin «una consulta real de los pueblos interesados».
  • El sistema de condicionalidad europea. Sarah describió un mecanismo «de tres niveles» —normativo, jurídico-convencional y financiero-comercial— que, a su juicio, elude el principio de autodeterminación, poniendo como ejemplo la presión ejercida sobre Uganda en 2023 a raíz de su legislación penal.
  • Voces africanas. Citó testimonios de funcionarios africanos que hablan de un «hecho consumado» en las negociaciones («Si no firmas, hay consecuencias») y recordó las palabras del presidente ugandés Museveni en la conferencia de Entebbe (mayo de 2025): «tendremos que retirarnos de aquella absurdidad, y decir a la Unión Europea que no podemos formar parte de aquella iniquidad».
  • Balance y llamamiento final. El cardenal insistió en que su intención no es rechazar la cooperación con África, sino pedir que «la cultura de la potencia» se transforme en «civilización del amor». Recordó también su ya célebre imagen, formulada en el Sínodo de 2015, de la ideología de género y el fundamentalismo islámico como dos «bestias apocalípticas». Concluyó pidiendo al Parlamento Europeo «un acto de razón»: verificar si las palabras que pronuncia «honran verdaderamente a la persona humana, a la familia, a la libertad de los pueblos», advirtiendo de que, si no lo hace, «ningún tratado, por bien escrito que esté, podrá colmar la distancia que las ‘palabras traicionadas’ habrán cavado» entre Europa y África.
Evangelización

Rafael Aita: «Existieron incas que eran católicos, hablaban español y latín y eran aliados del rey»

El divulgador desmonta los mitos de la "leyenda negra" en América, reivindicando el legado católico y las alianzas entre los incas y la Corona española.

P. Manuel Tamayo·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Ingeniero de profesión pero historiador por vocación, el escritor peruano Rafael Aita —conocido en las redes como Capitán Perú— se ha convertido en una de las voces más firmes y disruptivas de la divulgación histórica en Hispanoamérica. A través de obras de gran impacto como Los incas hispanos y Los incas católicos, Aita combate la politización de las aulas y el arraigo de la «leyenda negra», rescatando del olvido las alianzas indígenas y el profundo proceso de evangelización que unió a España y América.

En esta entrevista, el también colaborador del aclamado documental Hispanoamérica nos invita a redescubrir un pasado común libre de sesgos ideológicos, donde figuras como Santo Toribio de Mogrovejo sentaron las bases espirituales de medio continente.

Eres ingeniero industrial y magister en Administración de empresas ¿por qué te has dedicado, con bastante empeño, a escribir libros de historia?

–Por lo mal que se enseña la historia en nuestros países. Toda persona que ama a su país, independientemente de su profesión, debe conocer su historia y cultura, cuando comencé a hacerlo, encontré tantas inconsistencias entre la historia que aparece en los libros con la historia que se enseñaba, que me fue inevitable hablar del tema.

La historia del Perú tiene una relación directa con España, a la que solemos llamar la “Madre Patria”. A España le debemos la religión y la cultura. En los libros de historia ¿se da este reconocimiento?

–En muchos libros sí, ahí se tiene al gran historiador peruano José Antonio del Busto, que se pronunció públicamente en contra del retiro de la estatua de Francisco Pizarro de la plaza de armas de Lima. Lamentablemente, estos textos no llegan al currículo escolar que está sumamente politizado.

¿Dónde se inician las corrientes anti hispanistas? ¿Son contra España o contra la religión?

–En un inicio fueron de la mano, la leyenda negra que esparcía Inglaterra o Países Bajos estaba acompañada de la guerra política contra España, así como el cisma con la Iglesia Católica. Hoy en cambio, no es necesariamente así, y muchos católicos han asumido la leyenda negra contra España.

¿En qué consiste lo que se conoce con el nombre de “leyendas negras”?

–Se define como el conjunto de exageraciones, manipulaciones, omisiones, tergiversaciones y sesgos históricos con el objetivo de dejar mal a un solo lado, en este caso, el español y católico.

Veo que has escrito varios libros, entre ellos: “Los Incas hispanos” y “Los incas católicos” ¿qué quieres decir con estos libros?

–Desde el nombre ya es disruptivo, pues muchos piensan que lo inca es contrario a lo hispano e incompatible con lo católico, precisamente porque no nos han explicado que existieron incas que eran católicos, hablaban español y latín y eran aliados del rey. La intención de ambos libros es romper ese prejuicio.

He visto que has salido en el documental “Hispanoamérica” de José Luis López Linares, ¿cuál es la intención de ese documental? ¿Está en la línea de tus libros?

–No sólo está en la misma línea, sino que José Luis López Linares adquirió mi libro de Los Incas Hispanos para realizar la parte del Perú. Tuve la oportunidad de filmar en Cusco parte del documental con él, una de las experiencias que guardo mejores recuerdos.

¿Tú piensas que la historia que nos han contado en el Perú no se ajusta a la verdad?

–En mi última charla en una parroquia hice la siguiente pregunta a los feligreses: ¿cuántos indígenas fueron ejecutados bajo el tribunal de la inquisición? La respuesta iba entre cientos y miles. No podían creer cuando les di el dato que solo 32 personas fueron ejecutadas y ninguna de ellas era indígena. Estamos hablando de un público católico, asiduo a la parroquia y que ha recibido charlas de formación por décadas, ahora imaginemos lo que se les ha enseñado a los demás.

¿Veo que la historia de España con respecto al Perú no debería llamarse de conquista, y tampoco es un colonialismo, sino la historia de la evangelización?

–Así es, y como dijo Ramón Mujica Pinilla, la conquista del Perú se dio más por alianzas que por la fuerza.

¿Cómo van los proyectos de un nuevo hermanamiento entre España y Hispanoamérica?

–Aunque políticamente lejano, veo que cada día se cae el andamiaje de la leyenda negra, lo cual es necesario antes de cualquier tipo de unidad. Primero debemos estar unidos en pensamiento, y luego el resto vendrá en consecuencia a eso.

El Papa León en España ha mencionado tres veces a Santo Toribio de Mogrovejo como uno de sus santos preferidos, ¿piensas que Santo Toribio, al ser arzobispo de Lima, fue la cabeza o una pieza muy importante para la evangelización de Hispanoamérica?

–Por supuesto, Santo Toribio organizó la estructura eclesial en Perú y evangelizó a su población, bautizando y confirmando alrededor de medio millón de personas. Recordemos que en aquella época el Perú abarcaba desde Panamá hasta la Patagonia, por lo que bien podemos decir que la mitad del continente americano es católico gracias a la labor de Santo Toribio.


Entrevista a Rafael Aita en televisión

El autorP. Manuel Tamayo

Sacerdote peruano

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Cultura

Científcos católicos: Ricardo Cirera y Salse

Ricardo Cirera y Salse fue un astrónomo jesuita que ingresó en la Compañía de Jesús en 1880, fundó el Observatorio del Ebro en Tarragona.

Ignacio del Villar·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Ricardo Cirera y Salse (Os de Balaguer, 1864 – Barcelona, 1932) fue un astrónomo jesuita que ingresó en la Compañía de Jesús en 1880. Se trasladó a Filipinas siete años después para trabajar como científico en el Observatorio Meteorológico de Manila (Filipinas), fundado por los jesuitas en 1865. Allí se hizo cargo, entre 1888 y 1894, de la sección de geomagnetismo, logrando obtener el primer mapa magnético de las islas Filipinas y de las costas de China y Vietnam.

Al terminar este periodo regresó a España para completar sus estudios de Teología. Posteriormente, en 1899, fundó el Observatorio del Ebro en Roquetas, Tarragona (es la misma localidad donde fundaría el también jesuita Eduardo Vitoria el Laboratorio Químico del Ebro).

Sin embargo, la inauguración del Observatorio se demoró hasta 1904 porque decidió visitar, entre 1900 y 1903, los principales observatorios de Europa para así poder decidir la línea de investigación a seguir, que fue finalmente la relación entre la actividad solar y los fenómenos eléctricos y magnéticos en la Tierra, algo muy vanguardista para su época. Un buen ejemplo de esta línea fueron las observaciones de magnetismo y electricidad terrestres que coordinó Cirera en 1905 en diversos puntos de España durante el eclipse total que tuvo lugar aquel año.

También puso en marcha en 1914 la revista Ibérica, que se convirtió en una publicación de referencia en el mundo científico en España y en Sudamérica.

Pero su actividad científica se detuvo en 1921, cuando fue nombrado procurador general de la misión de los jesuitas en Bombay, cargo que desempeñó hasta 1923. También colaboró en la promoción de la Compañía de Jesús, impulsando en 1925 el Pabellón de las Misiones de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

Por último, podemos destacar de Ricardo Cirera que fue miembro de la Academia de Ciencias y Artes de Barcelona desde 1904, así como de otras instituciones científicas europeas, y que en 1914 recibió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII.

El autorIgnacio del Villar

Universidad Pública de Navarra.

Sociedad de Científicos católicos de España

Evangelización

Luis de la Fuente, el seleccionador que desmiente a Marx y Nietzsche

El seleccionador español se ha convertido en un católico del que -perdónenme el atrevimiento- da gusto presumir.

Javier García Herrería·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Siempre existe un riesgo cuando un personaje público habla de su fe: el de convertirlo, casi sin querer, en icono a canonizar, en modelo idealizado al que aplaudimos más por su fama que por su ejemplo real. Conviene ser prudentes con eso. Pero en el caso de Luis de la Fuente, uno puede quitarse el sombrero con tranquilidad, porque lo que sostiene el aplauso no es solo la anécdota mediática, sino una tríada poco frecuente: doctrina bien entendida, virtudes humanas sólidas y prestigio profesional ganado a pulso.

Esta semana, en una rueda de prensa, dejó claro que su vida de oración no depende del calendario deportivo: «Rezo todos los días, pero no porque esté en un Mundial», explicó, dejando claro que tampoco espera que eso le garantice ningún resultado. 

«Doy gracias todos los días, cada día que me levanto», dijo, por el simple hecho de encontrarse bien y tener, según sus palabras, un día más para disfrutar de la vida. Es una teología sin pretensiones, la de quien agradece antes de pedir, y que entiende la fe como reconocimiento y no como transacción.

Preguntado por lo que le pide a Dios antes de un partido decisivo, respondió que «sería injusto pedirle a Dios que me ayude a mí y no al rival». En un deporte que normaliza suplicar la victoria propia como si el cielo tuviera colores de camiseta, esa frase es, sencillamente, buena doctrina: Dios no es el duodécimo jugador de nadie. Lo único que pide para sí De la Fuente es más discreto —«pido salud, especialmente, y que me dé opciones para seguir peleando»— porque el resto entiende que se gana en el campo.

Ahí es donde el discurso de De la Fuente se distancia, sin proponérselo, de la sospecha con la que Marx y Nietzsche miraban a los creyentes. Para el primero, la religión era ante todo un consuelo interesado, un analgésico que el débil se administraba para sobrellevar la injusticia terrena sin cambiarla; para el segundo, la fe del hombre común escondía una forma de sacar una compensación ante la propia debilidad. 

En ambos casos, creer se reducía a una utilidad disfrazada: se reza porque conviene, porque alivia o porque desquita. De la Fuente hace justo lo contrario cuando explica que sería injusto pedir ventaja sobre el rival y que su oración no busca ningún resultado a cambio. Su fe no funciona como herramienta que le reporte un beneficio, sino como gratitud que no necesita retorno, lo cual desmonta, al menos en su caso, la caricatura utilitarista que ambos pensadores proyectaron sobre el creyente medio.

No hace falta canonizar a nadie para reconocer lo evidente: aquí hay un católico coherente, trabajador y sencillo, que no teme dar testimonio de lo que cree. Un católico del que da gusto presumir. Y eso, gane o pierda España la final, ya es un ejemplo que vale la pena señalar.

Firmas invitadasLuis Miguel Bravo Álvarez

Los ojos de Elena, un modo de entender el Bautismo

Que un niño llore mientras en su alma se está obrando un milagro me hace pensar que, quizás, Jesús llora de alegría cada vez que sucede un Bautismo.

16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Era una oscuridad nueva, penetrante. Era como asomarse a una noche inexplorada, como visitar un lugar conocido pero con la sensación de hacerlo por primera vez. Era como volver a casa, pero sin haber estado allí antes. Era como mirar un espejo que no refleja, sino que sumerge.

Fue, sin lugar a dudas, una experiencia inmersiva. Fueron pocos segundos, pero pasaron muchas cosas. Era como ver el mundo por primera vez a través de los ojos de esa niña que me miraba por primera vez a mí.

Eran los ojos grises de Elena, que no sé si seguirán siendo grises con el paso de los años. Pero ese gris ya es mío, ya está impreso en la memoria, inolvidable.

Si tuviera que definirlos, diría que son ojos abismales. No solo porque sean grandes, sino porque evocan un abismo. Te asomas y te sumergen: producen una fascinación llena de misterio.

Sorpresa, admiración, curiosidad, expectación: una inmensa escala de grises, un torbellino de sensaciones ya vividas alguna vez, pero nunca como esta vez.

Misterios pensados

Miles de cosas reaprendí en pocos segundos, sorprendido por el azote de gracia que fue mirar por primera vez a los ojos a mi primera sobrina. Digo que reaprendí porque, como dice el libro de los salmos, “un abismo llama a otro abismo”: esos ojos abismales me hicieron pensar en tantos misterios ya pensados, pero tan inefables que a ellos nunca terminaremos de volver.

Pensé en el abismo de belleza que es el Creador, pensé en cómo serían a esa edad −cinco meses− los ojos del Redentor, pensé en que probablemente el Reino de los Cielos es de los que son como niños porque son la muestra viva de que Dios hace nuevas todas las cosas, y le bastan dos ojos de niña para refrescar un corazón.

Hija de Dios

Pocas horas después, no tuve más remedio que despertar a Elena de una forma brusca: echándole agua en la cabeza. Había resistido muy bien la Misa de su bautismo, pero la homilía de su tío sacerdote probablemente contribuyó a adelantar la siesta. Llegado el instante de bautizarla en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Elena estaba profundamente dormida.

Fue el único momento de toda la ceremonia en que lloró: el momento exacto en que Dios la hizo suya, en que la convirtió en hija de Dios. La pobre no tuvo más remedio que llorar, sorprendida por ese despertar tan abrupto. Y yo, enternecido al verla sollozar, algo contrito por estar contribuyendo al llanto, pero sobre todo agradecido con Dios, saltaba de gozo por dentro al pensar que su Bautismo estaba siendo, literalmente, un nuevo nacimiento, con lágrimas incluidas, como es habitual cuando se nace.

Lágrimas de Cristo

Y pienso ahora que el agua del Bautismo no solo evoca la que salió del costado de Cristo, como ha interpretado durante siglos la Iglesia, sino que quizás, a lo mejor, esa agua también nos puede recordar las lágrimas de Jesús, varias veces mencionadas en el Evangelio.

Contemplar la paradoja de que ella llore mientras en su alma se está obrando un milagro me hace pensar en que, quizás, a lo mejor, Jesús llora de alegría cada vez que sucede un Bautismo. Y que son esas lágrimas de Cristo las que lavan el alma.

Una gracia divina

Por eso, mirar los ojos grises de Elena, esos ojos abismales, fue una gracia que difícilmente olvidaré. Dios la hizo nueva a ella por el agua, y a mí me hizo nuevo por la escala de grises infinita de ese misterioso pozo que era su mirada. 

Será un recuerdo de esos que vendrán intempestivos y, sin previo aviso, me obligarán a esbozar una sonrisa.

El autorLuis Miguel Bravo Álvarez

Vaticano

La nueva voz de la Santa Sede

El nombramiento de Montserrat Alvarado al frente del Dicasterio para la Comunicación marca un hito histórico para la Santa Sede y ofrece, al mismo tiempo, una oportunidad para reflexionar sobre el verdadero sentido de comunicar en la Iglesia: hacer de la comunión el alma de toda palabra.

José María Díaz-Dorronsoro·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Me enteré del nombramiento a través de un grupo de WhatsApp, que es el canal por el que aquí, en Roma, llegan las noticias de la Santa Sede de inmediato. “Mujer, mexicana, de menos de cuarenta y gran experta en comunicación eclesial”, resumía el emisario. Montserrat Alvarado dirigirá a partir de noviembre el Dicasterio para la Comunicación: primera laica al frente de un “ministerio” vaticano y la prefecta más joven hasta el momento. Recordé que Joaquín Navarro-Valls propuso en su momento ser sustituido por una mujer laica. 

Él mismo contaba que, en 1993, un periodista inglés publicó que a Juan Pablo II le quedaban, como mucho, cuatro años de vida. El portavoz salió al paso y dijo, con esa elegancia suya de esgrimista: “a veces se publican noticias que responden más a los deseos de quien las escribe que a la realidad”. Y la realidad, que no ahorra en ironía, dispuso que aquel profeta muriera dos años después y que el desahuciado siguiera adelante doce más. Comunicar la fe también es eso: corregir los deseos con los hechos, y siempre sonriendo. 

Ahora el deseo de Navarro-Valls se vuelve hecho. El Vaticano confía su voz a una laica, nacida en México y con nombre de advocación mariana catalana. A mí me parece una encarnación de catolicidad extraordinaria. La Iglesia no busca propaganda; busca traducción simultánea del Evangelio, y para eso conviene alguien que hable, además de varios idiomas, la lengua que permita escuchar su mensaje.

Lo demás lo dice la etimología, que es la teología de los humildes: comunicación pertenece a la familia de la comunión. Cuando falta la segunda, la primera se vuelve ruido. El reto de Alvarado es formidable, pero la tarea es la de siempre: que la mejor noticia de la historia siga llegando a su hora, también a un grupo de WhatsApp.

El autorJosé María Díaz-Dorronsoro

Profesor de la Facultad de Comunicación Eclesiástica de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

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Evangelio

El poder de Dios es la misericordia. Domingo XVI del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XVI del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 19 de julio de 2026.

Vitus Ntube·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Este domingo continuamos con el método de enseñanza de Jesús sobre el que reflexionamos la semana pasada. Jesús sigue enseñando en parábolas; de hecho, como nos dice el Evangelio, “sin parábolas no les hablaba nada”. A través de este método, el Señor invita a sus oyentes a participar activamente en la acogida de la verdad. 

Hoy, sin embargo, nuestra atención se dirige no sólo al método de enseñanza de Jesús, sino también a su contenido. Las lecturas nos revelan la verdadera naturaleza del poder divino. Jesús, que es Señor, nos muestra cómo es el auténtico poder. En un mundo que con frecuencia asocia el poder con la dominación, la fuerza o el control, Dios revela que el verdadero poder se expresa, ante todo, en la misericordia.

Este tema recorre todas las lecturas de hoy. En la primera lectura, del libro de la Sabiduría, escuchamos estas palabras impresionantes: “Y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia”. Estas palabras revelan algo profundo sobre la naturaleza de Dios. La omnipotencia divina no es dura ni opresiva. Su poder se manifiesta precisamente en su paciencia, en su compasión y en su disposición a perdonar. 

La oración colecta del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario expresa bellamente esta misma verdad: “Oh Dios, que manifiestas tu poder sobre todo con el perdón y la misericordia…” El Evangelio nos presenta tres parábolas del Reino: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. Sin embargo, los discípulos vuelven a Jesús particularmente preocupados por la parábola de la cizaña entre el trigo. Tal vez les inquietaba la presencia del mal, o quizá estaban desconcertados por la paciencia del dueño del campo. Los criados preguntan si deben arrancar inmediatamente la cizaña. Pero el amo responde: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”.

Aquí vemos la sabiduría y la paciencia de Dios. El Señor no actúa precipitadamente. En su misericordia, concede tiempo para el arrepentimiento. Da espacio para la conversión. La paciencia de Dios no es indiferencia ante el mal; más bien, es su deseo amoroso de que los pecadores vuelvan a Él y vivan.

San Josemaría Escrivá utilizó una vez una hermosa imagen durante un viaje a Argentina. Decía que Dios no es como un cazador que busca una presa. Es como un jardinero que cuida amorosamente sus flores: las riega, las protege y las cuida con paciencia. Y solo cuando la flor alcanza su plenitud y belleza, el jardinero la recoge. Del mismo modo, Dios trabaja pacientemente en nuestras almas hasta que estén preparadas para la vida eterna.

Vaticano

El IOR o «Banco vaticano» tendrá nuevo director general: Giovanni Boscia

Boscia sucede en el cargo a Gian Franco Mammì, que se retira por edad tras once años al frente del Instituto para las Obras de la Religión.

Redacción Omnes·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Istituto para las Obras de la religión (IOR) ha anunciado el nombramiento de Giovanni Boscia, hasta ahora subdirector general, como próximo director general. Boscia asumirá el cargo el 1 de octubre.

Este nombramiento, ha sido decidido por el Consejo de Supervisión del Instituto y aprobado por la Comisión de Cardenales Supervisores del IOR.

Giovani Boscia, un perfil profesional de «dentro»

Boscia no es nuevo en el conocido como «banco vaticano», del que formaba parte desde 2019. En el IOR, Boscia ha asumido los puestos de director financiero y CFO; en 2021, asumió también la responsabilidad de la gestión de activos como director de inversiones; y, desde 2023, ocupaba el cargo de subdirector general.

Según la nota emitida por el IOR y hecha pública por los medios vaticanos, el nombramiento de Giovanni Boscia, «refleja una sólida estructura de gobierno basada en una clara distinción entre los órganos de supervisión, gobierno y gestión, y diseñada para garantizar la transparencia y la estabilidad».

Además de su trabajo en el IOR; Boscia cuenta con treinta años de experiencia en los mercados financieros internacionales en instituciones como Salomon Brothers, Citigroup, RBS y Credit Suisse First Boston. Su carrera se ha desarrollado principalmente en Londres, en importantes bancos de inversión y como gestor sénior de carteras de fondos alternativos.

Antes de incorporarse al IOR, Boscia fue director de Renta Fija y Crédito en Quaestio Capital SGR. Se licenció con honores por la Universidad Bocconi y obtuvo un máster en Finanzas y un MBA Ejecutivo por la London Business School.

Un IOR «renovado y transparente»

El hasta ahora director general, Gian Franco Mammì, director general del IOR, ha deseado que su sucesor «continúe el camino que hemos compartido hasta ahora con unidad, prudencia y visión, fiel a la misión del Instituto».

Un camino, según Mammí en el que destaca el «intenso y exigente proceso de renovación y adecuación a la normativa internacional del sector financiero».

El director saliente ha señalado que deja un «Instituto sólido y transparente, plenamente reconocido a nivel internacional», y ha querido agradecer la confianza puesta por los pontífices en su gestión.

El IOR

Llamado el «banco vaticano», aunque tiene algunas diferencias operativas con las instituciones financieras habituales, el IOR es única institución autorizada para desarrollar actividades financieras profesionales en el Estado de la Ciudad del Vaticano.

En este sentido, «ofrece a sus clientes servicios bancarios y de inversión, gestionando los activos que se le confían de conformidad con la Doctrina Social de la Iglesia Católica y con los más altos estándares internacionales».

Actualmente cuenta con más de 12.000 clientes que pertenecen a la Iglesia católica o trabajan a su servicio, en más de 110 países de todo el mundo.

Recursos

La «Crítica de la razón práctica» de Immanuel Kant

Continuación de la serie de artículos sobre la obra principal de los principales autores modernos y contemporáneos, tras la exposiciones de Descartes, Locke y Hume.
 

Ignacio Sols·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

Una versión más larga de este artículo puede encontrarse aquí.


A) Exposición

Fue Alfred North Whitehead quien afirmó que la filosofía occidental no son sino notas a pie de página de los Diálogos de Platón.  Puede ser exagerado, pero pienso que a los Diálogos solo les faltó la idea de la Crítica de la Razón Práctica, y que si me permitieran salvar solo dos libros filosóficos en un  naufragio, salvaría los Diálogos y la Crítica.

En la anterior Crítica de la Razón Pura, no se descartó la realidad de Dios, quedando como posibilidad ya que la idea de Dios es puesta como apriorismo o idea pura de nuestra razón especulativa. Quizá el autor fue consciente de que podría no tener vida suficiente para escribir esta segunda crítica que sale al paso del aparente agnosticismo de la primera, ya que anuncia su argumento en la observación, hacia el final, de que no es que sea éste mi deber porque me lo manda Dios, sino que, porque sé que es éste mi deber, sé que hay un Dios y que me lo manda.

Comienza esta segunda Crítica por lo obvio, aquello en que todas las escuelas éticas están de acuerdo: la voluntad tiende al bien, es decir, que todo aquel que obra, lo hace por un bien, ya que hasta un asesinato se comete porque la razón, en su uso práctico, ha determinado la voluntad del asesino al presentarle el posible crimen como un bien.

Estas determinaciones de nuestra voluntad en la razón práctica pueden ser máximas personales -no las entendemos obligación de todos- , tal como un propósito de hacer gimnasia a primera hora, o como máximas universales o normas morales, aquellas que entendemos que obligan a todos. Se trata de una razón práctica que es pura, es decir a priori y por tanto universal, ya que es parte de la naturaleza humana, donde “a priori” significa que es anterior a cualquier ordenación concreta de nuestra razón práctica, como el propósito de hacer gimnasia. Y al decir que es volición pura, queremos decir que se halla presente como norma de todas nuestras voliciones concretas. 

Los dictados de la razón práctica pura no son demostrables, no pueden ser deducidos de otros conocimientos anteriores, ya que, muy al contrario, nos sirven como punto de partida para demostrar la moralidad de nuestras acciones concretas.

El más universal de esos dictados es el imperativo categórico, aquél que resume la ley moral en nuestra conciencia como forma a priori de nuestras acciones, aquella norma moral de la que todas las demás son concreciones:

 “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo, como principio de una legislación universal” 

En otras palabras, sea tu conducta norma universal. Es la regla de oro de Jesús, en la que están contenida la ley y los profetas, pero en versión filosófica que resalta su universalidad, puesto que el “como quieras que los demás obren contigo” de Jesús equivale al “como crees que todos deberían  obrar” en la expresión kantiana.

Por ejemplo, acerca del engaño: “cada uno sabe que si él se permite secretamente el engaño, no por eso permite que engañe todo el mundo, o que si se conduce sin cariño, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo en su contra con esa misma disposición. Si la máxima de la acción no es de tal índole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. Así juzga hasta el entendimiento más vulgar, pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los más ordinarios”.

La cuestión que inmediatamente se pone a continuación es por qué la ley moral obliga. Todo hombre lo sabe: porque es mi deber. Su fuerza de coerción está basada en el sentimiento: un inexorable sentimiento de desprecio hacia uno mismo si obra contrariamente a su deber, y un sentimiento también inexorable de respeto hacia los demás cuando cumplen con el suyo: “Ante un hombre de condición baja y ordinaria en quien percibo una rectitud de carácter en una medida de la que yo no tengo conciencia en mí mismo, inclinaré mi espíritu, quiera yo o no, y eso aunque mantuviese alta mi cabeza para recordarle mi superioridad (…) El respeto es el tributo que no podemos negar al mérito, queramos o no lo queramos” Esta última acotación –“queramos o no lo queramos”-  es precisamente la razón por la que se trata de un apriorismo de la voluntad.

Sigue la cuestión que ha distinguido históricamente los sistemas éticos en filosofía: cuál sea el Bien Supremo, es decir, cuál el objetivo final de las acciones de los hombres, si la búsqueda de la virtud, o si la búsqueda de la felicidad. Epicúreo, tres siglos antes de Cristo, respondió que el hombre tiende o debe tender a la felicidad, pero no por eso rebajó el discurso de la virtud, ya que entendía que la vida virtuosa es el modo de alcanzar la felicidad. Inmediatamente después, los estoicos vieron en la virtud el fin último, el Bien Supremo al que el hombre ha de tender, quedando la felicidad como consecuencia -a modo de premio de la naturaleza- de una vida virtuosa.

Enérgicamente se opondrá Inmanuel a ambas escuelas, negando la ecuación que ambas mantienen “vida virtuosa = vida feliz”, para lo que pone el ejemplo de un cortesano de Enrique VIII. El rey le pedía que testificase con falsedad en contra de Ana Bolena, para así llevarla al patíbulo y casarse con Jane Seymour. El cortesano no accedió, y el rey se vengó encontrando quienes falsamente testificaron contra él con pruebas de tal realismo que hasta sus propios familiares las creyeron. Al subir aquel cortesano las gradas del cadalso, ¿consideraría haber actuado con virtud? Sí, sin duda. ¿Consideraría que el de su vida había sido un feliz? Sin duda que no, y esto prueba que la virtud no siempre lleva a la felicidad. Pero subiría las gradas “contento de sí mismo”, volvería a repetir su acción. (Emily Dickinson: “Mi alma -me acusó- y era un tormento-/ como si lenguas de diamante me insultaran./ Todos los demás me acusaron -y yo sonreía-/ Mi alma -esa mañana- era mi amiga-“)

Así es como considera Kant que ambos epicúreos y estoicos, al equiparar virtud y felicidad, perdieron la noticia de Dios y de la inmortalidad del alma, aquella que el hombre recibe en su conciencia del deber y en su anhelo íntimo de felicidad. Así es  como, en la razón práctica, recupera Kant la noticia íntima de la realidad de Dios, de un Dios que legisla y remunera nuestro libre obrar, del que somos moralmente responsables: el Dios de la religión. Esto explica que Dios, libertad (causalidad), inmortalidad solo quedaran como posibilidad cuando en la anterior crítica trató de la razón especulativa: “Ni siquiera puedo, pues aceptar a Dios, la libertad y la inmortalidad en apoyo del necesario uso práctico de mi razón sin quitar, a la vez, a la razón especulativa su pretensión de conocimientos exagerados (…) Tuve pues que suprimir el saber para dejar sitio a la fe” (el subrayado es del propio Kant).

 “Dejar sitio a la fe”, por eso Dios ha aparecido tan solo como idea a priori en nuestra mente, en una Crítica de la razón pura en que nada se ha dicho de su realidad, ni nada en contra, solo ha quedado como posible. Del mismo modo sucede con las ideas de Yo y el Mundo, y de esa interacción entre ambos que es la causalidad: el mundo causa las impresiones que inician en mí su conocimiento, y yo soy verdadera causa, y por tanto responsable de mi acción sobre el mundo, luego moralmente responsable. Así pues, también la libertad había quedado como mera posibilidad en la anterior Crítica y es recuperada ahora en la Crítica de la razón práctica. 

Y al llegar aquí el piadoso prusiano se pregunta si no ha actuado la naturaleza como madrastra al presentarnos la realidad de Dios y de la inmortalidad del alma tan solo en la acción, dejándolas fuera de nuestro alcance de nuestra razón especulativa. Responde en profundidad que más bien ha actuado como madre providente pues de otro modo el motor de nuestras acciones habría sido el deseo del premio, en vez del noble y desinteresado sentido del deber. 

Concluye esta ética enteramente nueva y prodigiosa que ha marcado lo mejor del espíritu alemán -no  ciertamente promotor  del nacionalsocialismo sino el espíritu que tuvo que sufrirlo-  con una “metodología de la razón práctica” sumamente inspiradora para nuestra labor de educadores. Observa que todos tenemos un innato interés por la moral  (nos dormimos en un discurso sobre ética, pero en cuanto es mencionado un caso práctico despertamos, pues eso sí que interesa a todos). La metodología pues, para educar la razón práctica, no ha de consistir pues en enseñar lo que es moral y lo que no lo es, pues eso ya lo sabe el joven, sino en narraciones con carga moral. Así por ejemplo aquella narración del rey Enrique,  de Ana Bolena y del cortesano, donde el joven que la escucha descubre -sin que nadie se lo tenga que decir- dónde está el bien y dónde el mal, donde la heroicidad y dónde la ignominia,  y lo grabará tempranamente en su corazón.

La obra termina. Al lector que leyó aquella Crítica de la Razón Pura donde fue analizado su conocimiento del mundo exterior y de sus leyes, y que ha leído ahora esta Crítica de la Razón Práctica donde ha sido analizado su mundo interior y el conocimiento de sus leyes,  dirige Immanuel Kant sus inolvidables palabras finales: 

“Dos realidades llenan el ánimo con siempre nueva y creciente admiración y respeto, y tanto más cuanto más frecuente y detenidamente se ocupa de ellas la reflexión: Sobre mí, el cielo estrellado. Dentro de mí, la ley moral”.

B) Crítica

Difícil resulta criticar el único libro de filosofía donde uno ha dejado sus lágrimas sobre sus páginas, pero, como Sócrates en aquel discurso sobre el Amor al finalizar aquel Banquete, no silenciaré lo que de negativo encuentro en ella -eso sería elogiar y aquí solo se busca la verdad- , ni tampoco silenciaré lo positivo, como si tomase postura en contra de la honradez del filósofo de Alemania.

Empezando por lo primero digamos que muy enriquecedora para la filosofía ha sido la propuesta que Kant ha hecho de acceder a la divinidad, a la inmortalidad del alma y  a esa libertad por la que somos moralmente responsables por un nuevo camino filosófico esencialmente distinto de los considerados en el pensamiento antiguo y en la Escolástica. Más allá del acceso a Dios por la vía del ser, y por el orden que encontramos en la naturaleza, nos hallamos ante la noticia que tenemos de Él en el orden moral. La vía seguida desde la antigüedad había sido la versión filosófica de Romanos 1, 20: ”Cuando los paganos, privados de la Ley, cumplen naturalmente los preceptos  de la Ley, estos hombres, sin poseer la Ley, permanecen dentro de la ley. Ellos muestran la realidad de esta ley inscrita en el corazón, probada por el testimonio de su conciencia, así como por  los juicios interiores de aprobación u elogio que unos hacen de otros” La vía que ahora Immanuel Kant introduce en filosofía será en cambio un eco de Romanos 2, 14-16: ”Cuando los paganos, privados de la Ley, cumplen naturalmente los preceptos  de la Ley, estos hombres, sin poseer la Ley, permanecen dentro de la ley. Ellos muestran la realidad de esta ley inscrita en el corazón, probada por el testimonio de su conciencia, así como por los juicios interiores de aprobación u elogio que unos hacen de otros, y así se verá el día en que, según mi evangelio, Dios juzgue las cosas secretas de los hombres, por medio de Jesucristo”.

Pero no puedo silenciar que ha resultado devastador para la filosofía el hecho de que Kant  -con un perceptible sesgo luterano- haya declarado las realidades de Dios, del Mundo, y de uno mismo como inaccesibles a la razón especulativa, apareciendo en ella como ideas puras o preconcebidas de la razón, no algo de lo que nos dé noticia la realidad exterior. Podría argüirse que no es esto importante, ya que Kant recupera estas realidades en la razón práctica, pero no se trata de un juego de suma cero entre lo positivo y lo negativo: lo que queda al final de su gesto filosófica es que el ser aparece en el terreno de la voluntad, con lo que la voluntad llega a ocupar el lugar del ser. Este va a ser el gesto implícito en los filósofos contemporáneos que le seguirán, cuando Schopenhauer vea el mundo como voluntad -siendo la voluntad aquello que se representa en el conocimiento- , cuando Marx diga que el mundo no hay que explicarlo sino transformarlo, y cuando Nietzsche se deshaga de la filosofía para comprar la voluntad de poder.

En torno a la concepción kantiana de ley moral como apriorismo de la voluntad -la ley inscrita en nuestros corazones según la cita paulina- ha surgido una división entre los actuales intérpretes del tomismo, según vean al aquinate como más cercano al antiguo Aristóteles o al moderno Kant. Los tomistas más aristotélicos mantienen que la ley natural está en el ser -de ahí su nombre pues está en la naturaleza- y que nosotros la reconocemos al conocer el ser, como aquello que conviene al orden natural de las cosas, siendo ésta la guía de nuestro discurso moral. Los más cercanos a Kant, en cambio, en general los tomistas de origen alemán, ven esa postura como pagana y alejada del espíritu de ese pasaje Romanos 2, 14-16. Para ellos, Tomás habla de ley natural porque está en la naturaleza humana como luz que ilumina lo conocido por nosotros, para hacernos ver su razón o especie moral (así como el entendimiento agente ilumina  lo que percibimos para hacerlo “especie inteligible”). Citan en su apoyo la Suma Teológica, 1-2, cuestión 94, artículo 2:

“Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el  bien? “ y respondiendo a esta pregunta, dice [el salmo 4,6]: “La luz de tu rostro, Señor, ha quedado impresa en nuestras mentes”, como si a luz de la razón natural, por la cual discernimos lo bueno y lo malo –tal es el fin de la ley natural-, no fuese otra cosa que la impresión de la luz divina en nosotros. Es, pues, evidente que la ley natural no es más que la participación de la ley eterna en la criatura racional.  

La comisión teológica internacional ha intervenido en la cuestión dando su parte de razón a ambas interpretaciones del tomismo: Recuerda la distinción entre normas morales primeras y segundas, es decir entre los dictados generales de la conciencia, y esos otros más particulares en los que la conciencia tiene que decidir la razón moral de situaciones concretas. Las primeras serían, sí, innatismo de la ley moral grabada en nuestros corazones, pero para las segundas habríamos de razonar sobre implementaciones concretas de esos dictados generales, ya que no hay un Pepito Grillo en nuestra conciencia que nos vaya diciendo en cada momento lo que tenemos que hacer, sin que tengamos que pararnos a reflexionar. 

El autorIgnacio Sols

Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.

¡Qué poca vergüenza!

"La desvergüenza se ha convertido ya en una profesión. El éxito del individualismo se demuestra con que ya ningún acto, por vergonzoso que sea, te pone en peligro porque siempre habrá un grupo que te apoye incondicionalmente y hasta te pague por ello".

15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

No sé si escribir este artículo o no. Me da vergüenza meter la pata, me da vergüenza no tener razón y exponerme públicamente, me da vergüenza no expresarme bien o no hacerme entender. Me da vergüenza hablar de la vergüenza y decir que ya no queda rastro de ella.

¿Pareceré viejuno hablando de un sentimiento que, para muchos, solo ha servido para la represión y el control de la moral pública? ¿O será necesario pasar la vergüenza de hablar de un tema del que ya nadie habla por vergüenza, aunque solo sea para que el historiador que me lea el siglo que viene sepa que había un reducto que aún creía en su función social?

Dicen los antropólogos que la vergüenza tiene un origen evolutivo claro y que, gracias a ella, la especie ha perdurado durante centenares de miles de años. La razón es sencilla: el ser humano es un ser social y, fuera del grupo, su supervivencia es muy complicada, las posibilidades de sobrevivir descienden drásticamente. Así pues, un comportamiento antisocial, como una afrenta al grupo, un engaño o una falta de respeto, acabaría con el destierro y la más que probable muerte del individuo al no poder contar con los recursos y la protección del grupo. Los mejor adaptados serían los que, de forma natural, casi instintiva, sabrían no exponerse al juicio negativo del grupo, manteniendo así la unidad del mismo y elevando su índice de supervivencia. Que forma parte de la naturaleza humana lo vemos en los niños pequeños. En cuanto tienen edad para darse cuenta de que no son los únicos seres del universo, sino que viven en comunidad, se refugian en los brazos de sus padres y agachan la cabeza cuando se sienten el centro de atención ante un grupo de adultos a los que no conocen. Antes de exponerse al juicio negativo del grupo, mejor huir o esconderse.

La vergüenza es desagradable para las personas normales. Tanto que –seguro que les ha pasado–, tras una caída fortuita en público, nos preocupa más haber sido vistos que el alcance de la lesión que podamos tener. Todos minimizamos exageradamente el trompazo mientras tratamos de recomponernos lo más dignamente posible, con una sonrisa en la boca, y huyendo del lugar a escape mientras disimulamos elegantemente la cojera momentánea. 

Pero ese dolor por la vergüenza que sentían las personas normales, si se dan cuenta, se ha ido perdiendo poco a poco en occidente. Yo no sé si empezó con aquellos programas de vídeos domésticos donde la gente enviaba sin pudor sus resbalones y batacazos, pero el caso es que las redes sociales están ahora llenas de retos de lo más absurdos en los que la gente se arriesga con todo tipo de costalazos o torturas con el solo fin de hacer reír al personal. También hay quien se lucra exhibiendo en redes sus vergüenzas de todo tipo (corporales o sentimentales) con total desinhibición. Podemos decir con rigor que la desvergüenza se ha convertido ya en una profesión. El éxito del individualismo se demuestra con que ya ningún acto, por vergonzoso que sea, te pone en peligro porque siempre habrá un grupo que te apoye incondicionalmente y hasta te pague por ello.

Una sociedad atomizada como la nuestra, pierde la capacidad de reacción, de protesta colectiva y ya tragamos con todo. 

De eso se aprovechan los gobernantes que exhiben ya, sin pudor, sus tejemanejes y corruptelas a sabiendas de que nadie los va a desterrar porque tienen su «grupo» que sostiene sus vergüenzas. El máximo exponente de esta «nueva política» es el presidente de los Estados Unidos que, entre otras muchas, ha contado, con toda la cara, cómo se las arregló para hacer trampas en el mundial. Ya no hace falta ni esconderse cuando se hace algo indigno, nos lo cuentan en rueda de prensa. ¿Y qué decir de la situación del gobierno español cercado por los casos de corrupción al más alto nivel? ¿Ven caras de preocupación? ¿Cómo se le quedaría la cara a usted si le pillaran en esa misma situación? ¿No diría «tierra trágame»? Hasta entre los cristianos hay quien hace alarde de su nada evangélica soberbia ideológica sin importarle lo más mínimo ser expulsados de la familia y el escándalo del que tan seriamente nos advirtió Jesús. Y lo hacen de forma pública y desafiante. ¡Hay que tener cara!

Yo me quedo, sin embargo, con quienes aún tienen vergüenza. Con quienes, con actitud humilde, reconocen que se pueden equivocar, reconocen la autoridad del grupo al que pertenecen y piden perdón cuando ellos o quienes dependen de ellos meten la pata. Incluso cuando las faltas se cometieron muchos años o siglos atrás. Lo han hecho los últimos papas ante los casos de abusos de todo tipo. Con su actitud valiente señalan lo importante: que el bien común es superior al del individuo (sin anularlo) y que no somos hijos únicos, sino hermanos, hijos de un mismo Padre que ve cada una de nuestras acciones. Ellos me hacen perder la vergüenza para decir esto alto y claro: ¡Qué poca vergüenza!

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Recursos

La «Crítica de la razón práctica» de Kant

Continua la serie de artículos sobre la obra principal de los principales autores modernos y contemporáneos, tras las exposiciones de Descartes, Locke y Hume.

Ignacio Sols·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 28 minutos

Una versión más breve de este artículo puede encontrarse aquí.


My soul –accused me—And I quailed—

As Tongues of Diamond had reviled

All else accused me –and I smiled—

My Soul –that Morning—was my friend—

Her favour —is the best Disdain

Toward Artifice of Time –or Men —

But her Disdain—‘twere lighter bear

A finger of Enamelled fire—

Emily Dickinson

(Mi alma—me acusó—y era un tormento—

como si lenguas de diamante se hubiesen rebelado.

Todos los demás me acusaron —y yo sonreía—

Mi alma —aquella mañana— era mi amiga—

Su favor —es el mejor desdén

hacia el artificio del tiempo —o de los hombres—

Pero su desdén —preferiría soportar

un dedo de hierro incandescente— )

“Handle so, das die Maxime deines Willens jederzeit zugleich als Prinzip einer allgemeinen Gesetzgebung gelten könne”. Immanuel Kant

(Obra de tal modo que las máximas de tu voluntad sirvan al mismo tiempo como principio de una ley general)


A) Exposición 

Es un lugar común en filosofía que todo el que obra, aun quien comete el mayor crimen, obra por un bien, es decir por algo que, de algún modo, ha entendido, equivocadamente o no, con una razón de bien para él.  La cuestión moral, no es, pues si tendemos o no al bien –lo cual es indudable- sino  a qué otorgamos razón de bien, es decir qué presenta nuestra razón en su uso práctico a la voluntad como bien suyo (el uso práctico de la razón se contrapone a su uso especulativo, es decir al uso por el que meramente conocemos la verdad de las cosas, sin referencia alguna a cómo hemos de actuar sobre ellas. La sutil distinción entre razón práctica y voluntad es más bien tomista. En varios pasajes del libro de Kant aparece claro que para este filósofo “razón práctica” viene a ser sinónimo de “voluntad”)

Las determinaciones de nuestra razón en su uso práctico sobre nuestra voluntad son de dos tipos: pueden ser máximas personales, es decir, resoluciones que adoptamos como modos nuestros de obrar (Kant pone como ejemplo, la máxima de trabajar y ahorrar en la juventud para no sufrir miseria en la vejez); o pueden ser normas morales a las que podemos llamar también leyes morales, pues son universales: son aquellos modos de comportamiento con los que nuestra razón práctica entiende que toda persona debe obrar. Estas son, pues, abstractas y a priori, es decir que no  se trata del deseo de algo concreto, y conocido en nuestra experiencia, sino de una determinación con la cual la razón práctica ordena a nuestra voluntad hacia un modo de obrar en general. Su misma forma, por la que puede ser propuesta como principio de una legislación universal, hace de ellas, por sí misma, leyes prácticas, y la libertad de esta voluntad pura radica en su independencia de las condiciones materiales que diferencian a unos y otros individuos. Se trata pues de razón práctica pura, o sea anterior a cualquier ordenación concreta de nuestra razón práctica. Es una voluntad pura en nosotros, en el sentido de que es norma que ha de ordenar nuestras voliciones concretas. Los dictados de esta razón práctica pura no son demostrables, en el sentido de que podamos deducirlos de otros conocimientos anteriores, sino que, al revés, nos sirven como punto de partida para demostrar la moralidad de acciones concretas.  

El más universal de esos dictados es el que Kant llama “Ley fundamental de la razón práctica pura”, es decir, la primera ley moral que nuestra conciencia nos impone como un imperativo categórico, o sea sin demostración alguna, sino que, al revés, todas las demás leyes morales pueden desde él ser demostradas, hasta el punto de que puede considerársele forma de cualquier ley moral:

“Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal

Es decir, obra de modo que tu conducta pueda ser propuesta como normal universal, o en términos vulgares: como tú sientas que todo el mundo debería de obrar. Para que esto nos resulte familiar, observemos que no es sino otro modo de proponer aquella regla de oro en que Jesús dijo se resumen la Ley y los Profetas : “Obrad con los demás como queréis que obren con vosotros” De hecho, esta regla de oro se encuentra, tal cual, en la enseñanza moral de todas las grandes religiones, de modo que es considerado como la forma de toda norma moral. Lo explica muy bien San Jerónimo: “Lo justo es el juicio de Dios que escribe en el corazón del género humano: Lo que tú no quieras que se te haga, no se  lo hagas tú a los demás.  ¿Quién no sabe que el homicidio, el adulterio, los robos y todo tipo de codicia son el mal que no quisiéramos que nos fuese inflingido a nosotros ? Si no supiésemos todos que estas cosas son malas, nadie se quejaría cuando se las hacen”

Sin embargo, Kant , claro está, expone este principio en modo que refleje lo más posible la universalidad de la norma, ya que la universalidad es tema capital en todo el discurso kantiano. En efecto, cuando me pregunto si tal modo de obrar concreto quisiera que fuera el modo en que los demás obrasen siempre conmigo, lo que en realidad me estoy preguntando es si quisiera que todos los hombres, y siempre en general, obrasen así.  La respuesta que entonces demos a esta pregunta, es la moralidad de esta acción.

Sobre el modo en que esta ley moral primera y general actúa como forma de todas las demás, afirma Kant que, cuando nos preguntamos si una norma de comportamiento es universalizable, lo que en realidad preguntamos es si destruiría la naturaleza misma del actuar humano el hecho de que todos obrasen de esa manera, por ejemplo el hecho de que todos, sistemáticamente, mintiesen.  No hay duda de que eso destruiría nuestras relaciones. La sociedad misma de los hombres sería imposible. La mentira es, pues, inmoral.

“¡Cómo! Si cada cual se permitiese engañar cuando cree proporcionarse una ventaja, o se considerase autorizado para abreviar su vida, tan pronto como le aplana un completo hastío de la misma, o viese la miseria ajena con completa indiferencia y pertenecieses tú a semejante sociedad, ¿te encontrarías en ella con asentimiento de tu voluntad?  Ahora bien, cada uno sabe que si él se permite secretamente el engaño, no por eso permite que engañe todo el mundo, o que si se conduce sin cariño, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo contra él en esa misma disposición… Si la máxima de la acción no es de tal índole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. Así juzga hasta el entendimiento más vulgar; pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los más ordinarios…” 

Así pues, no es que la ley moral nos diga lo que es bueno o lo que es malo, ni que tienda hacia lo bueno o hacia lo malo,  sino que bueno o malo es aquello que nos dicta o nos manda rechazar la conciencia, en su juicio moral, ordenando así nuestra multiplicidad de apetitos.  

¿Y cuál es la razón para que la ley moral me obligue? Todo hombre lo sabe: porque es mi deber. Su fuerza de coerción consiste en que si yo obrase de otro modo, no podría evitar en mí el sentimiento de desprecio de mí mismo. El deber coacciona a la razón como una aprobación o reprobación de nosotros mismos, según actuemos; como un sentimiento, sí, pero no de placer, sino sentimiento de respeto ante cierto modo de comportarse, ante un ejemplo que tiene universalidad  y humilla al egoísmo particularista de otros comportamientos. Es el comportamiento que, visto en otros, aún en personas de la más humilde condición, quizá en los propios subordinados, produce aun en el mayor potentado un sentimiento, quizá inconfesado, de respeto. Es el inevitable respeto que nos merece la universalidad que captamos en ese modo de obrar concreto: así es como todos, y como también yo, habríamos de obrar.  Es el respeto innato hacia esa universalidad que no pueden lograr nuestros comportamientos mezquinos e interesados, a los cuales nos atrevemos, sí, pero nunca nos atreveríamos a proponerlos como universales, a proponer que los demás hicieran eso mismo con nosotros. Es la íntima humillación del potentado que no puede dejar de reconocer, en lo más íntimo de su corazón, y quizá muy a pesar suyo, la superioridad de una acción que no puede dejar de admirar, al mismo tiempo que se desprecia a sí mismo. 

De hecho no todos podemos llegar a alcanzar la felicidad, pero todos podemos cumplir con nuestro deber: “Satisfacer el mandato categórico de la moralidad, entra en las posibilidades de todo el mundo; satisfacer al precepto empírico condicionado de la felicidad, es rara vez posible, y aun sólo con respecto a una única intención” 

Todo esto lo expresa Kant también en términos más filosóficos, y que lo entienda quien lo entienda, pero que tampoco añaden mucho más a lo ya expresado en estos términos llanos. Recordemos que él había afirmado previamente,  en su crítica de la razón especulativa, que nuestro conocimiento especulativo es logrado mediante formas a priori de nuestra propia facultad de conocer, formas que son por tanto universales, válidas las mismas para todos, puesto que todos tenemos la misma facultad de conocer.  Son “a priori” porque no son obtenidas en experiencia alguna sino innatas en nosotros, y son “formas” porque constituyen de algún modo la forma -o mejor dicho “ponen  la forma”-  de toda experiencia. En el ámbito del conocimiento sensible, o conocimiento mediante imágenes o intuiciones, estas formas a priori, que deben ser llamadas entonces intuiciones puras, son el espacio y el tiempo;  en el ámbito del entendimiento, es decir del conocimiento por conceptos,  las formas a priori de esa facultad o conceptos puros  son aquello a lo que la filosofía había venido llamando categorías, o modos de predicar (kategorein=acusar, decir de algo o de alguien);  entre ellas estaba la filosóficamente principal categoría de la causalidad, bastión de la filosofía clásica derribado en la filosofía inmediatamente anterior a Kant por David Hume; y por último, y en ese conocer especulativo superior que es nuestra razón – nuestro conocer mediante ideas- se dan también tres apriorismos o ideas puras: El Mundo, es decir, la unidad o armonía en todo lo externo a mí,  la unidad que presupongo y cuya búsqueda es mi intento de comprensión. Yo, es decir, la unidad mía, la que se da en mí, pues soy uno, no soy ciento cincuenta.  Y Dios, el garante de la unidad entre el Mundo y yo, es decir, el garante de que  la facultad de conocimiento que se me ha dado no haya sido engañosa –el tema favorito de Descartes.  Pues bien, el argumento del libro que ahora comentamos, la segunda Crítica de Kant, es que también se da apriorismo en la razón práctica, es decir en la voluntad humana. Ese apriorismo o voluntad pura que se da en nosotros sin dirección a objeto alguno concreto sino en general, es la ley moral.  

Se trata del imperativo categórico en nosotros, no deducido de nada ni sub-ordenado a nada, sino que, al contrario, ordena a la voluntad mediante el sentido del deber que hay innato en el hombre, sentido del deber del que hombre no puede desprenderse (y aun a veces, muy a pesar suyo); es un apriorismo en la razón práctica, que tiene aquí también razón de su universalidad; y es la  forma de toda determinación concreta de nuestra voluntad.  Prosiguiendo con este paralelismo, observa Kant que el papel de ese apriorismo era pasivo en la razón especulativa, en el sentido de que nos servía para esa observación pasiva de la realidad que es el conocimiento de lo que nos llega a través de los sentidos.  En cambio el papel del apriorismo ahora, en el ámbito de la razón práctica, es activo, pues determina a la voluntad en esa creación de realidad que son nuestras acciones.   

A continuación, se ocupa Kant de la cuestión que ha distinguido los principales sistemas éticos que se han propuesto en filosofía. Es general, hay acuerdo en que el objeto de la voluntad es el Bien, por definición misma de este concepto. En este sentido, el objeto primario de la voluntad debe llamarse Bien Supremo, es decir aquél cuya persecución como objetivo final es el primer motor de todo el actuar humano, es aquello cuya búsqueda determina a la voluntad en toda acción concreta. Pero las diversas escuelas morales se han diferenciado en su concepción de cuál sea la índole de este Bien Supremo.

Recuerda Kant que los epicúreos pusieron el Bien Supremo de la voluntad en la Felicidad.  Felicidad es, para ellos, lo que todo hombre busca a la postre con sus acciones, y esto no debe interpretarse en un sentido divorciado con la búsqueda de la virtud, pues es mediante la vida virtuosa como llega a alcanzarse la felicidad. 

Los estoicos pusieron el Bien Supremo, en cambio, en la Virtud, llegando a posturas parecidas a las de los epicúreos, pues equipararon también la vida virtuosa con la vida feliz, viendo la felicidad como la consecuencia siempre de la virtud. 

Ambos, pues coincidieron en equiparar Felicidad con Virtud, viendo aquélla como consecuencia de ésta; pero los epicúreos pusieron el Bien Supremo en la Felicidad,  y dijeron que para alcanzarla debemos obrar con Virtud; mientras que los estoicos pusieron el Bien Supremos en la Felicidad, entendiendo la Virtud como consecuencia necesaria de ella. Más nobleza hay pues en la filosofía moral estoica que en la epicúrea. 

Pero en todo caso, y en la consideración de ambas escuelas morales, entiende Kant que ambas se equivocaron, pues no es cierto que la vida feliz se siga en esta vida necesariamente de la vida virtuosa: alguien que ha vivida con toda rectitud, puede al final verse privado de todo y hasta ser conducido al patíbulo. Kant entiende que le ayuda su propio idioma alemán en que Bien se dice Gute, como contrapuesto al Böse, al mal, y en modo que distingue  con precisión el Gute del Whol, palabra que viene a significar bienestar. El hecho es que, para Kant, el Bien Supremo que nuestra conciencia moral propone a la voluntad es el Cumplimiento del Deber, y si quiere llamarse al cumplimiento del deber vida virtuosa, pues digamos que el bien supremo es la vida virtuosa, pero desinteresadamente y a secas, sin pasar luego el platillo, sin esperar que nos lleve a la felicidad en esta vida. 

Nos lleva, con todo, a cierto análogo de la felicidad, y Kant se alegra de encontrar la expresión en su propio idioma: nos lleva a “estar contentos de uno mismo”.  Pone Kant el ejemplo de quien no cedió ante el soborno por un rey (Enrique octavo) quien quería que testificase en falso para poder así  ajusticiar a alguien (Ana Bolena), y ante su negativa, lo despojó de su cargo, de su riqueza, de su fama, y finalmente hasta de su vida, pues fue llevado a la muerte siendo despreciado por amigos y familiares, pues todos creyeron a los testigos que puso en su contra para vengarse. No puede decirse que fuese premiada su rectitud con la felicidad, pero lo que es seguro es que en el fondo de su corazón estaba contento de sí mismo. Al subir las gradas de cadalso pensaría que hubiese repetido lo mismo.

De hecho, señala Kant que concuerda esta concepción ética con la enseñanza del cristianismo, donde el Bien Supremo de la voluntad, el motor de todos sus actos, es el Amor a Dios sobre todas las cosas, y donde toda virtud sólo es virtud si está ordenada a ese fin desinteresado que es el amor. Para hacernos ver la coincidencia con su concepción ética, nos recuerda que no consiste el amor de Dios en una experiencia sensible, como puede darse en el amor humano, sino en un movimiento radical y profundo de la voluntad: según la predicación literal del mismo Jesús, no ama a Dios quien dice “Señor, Señor”, sino quien cumple sus mandamientos.  Se trata pues del cumplimiento de nuestro deber.

De hecho, ya al final de la Crítica de la Razón Especulativa, cuando nuestra idea de Dios había aparecido como un mero apriorismo de la razón especulativa, fue apuntado ya este modo de recuperar la realidad de Dios en la Razón Práctica: no es que yo sepa que esto es mi deber porque sé que me lo ha mandado Dios. Es que sé que hay un Dios que me lo manda, porque sé que es mi deber. 

En la Crítica de la Razón Práctica, sin embargo, hace más hincapié, por comparación con otros sistemas éticos, en el tema innegable del anhelo universal de Felicidad. Entiende Kant que el error de Epicúreos y Estoicos fue equiparar vida feliz con vida virtuosa, lo que evidentemente no sucede necesariamente en esta vida, como se ha comentado. Perdieron con esto los antiguos la posibilidad de remontarse, precisamente por ello, hasta la existencia de  Dios, y perdieron también la posibilidad de  probar, precisamente por ello, la inmortalidad del alma, como única garantía de cumplimiento de ese anhelo de felicidad en todo hombre.  La felicidad del alma más allá de esta vida es el premio de la vida virtuosa a la que le impera su conciencia. Resultan pues, identificados así, aunque sólo a la postre,  el cumplimiento del deber y la felicidad. Y así en el cristianismo, donde las bienaventuranzas, la gran promesa de felicidad de Jesucristo, no es algo que vaya a llegar aquí en la tierra, sino una esperanza de eternidad. Y es que el cristianismo, como toda moral rectamente entendida, no es una doctrina de cómo ser felices, sino de cómo llegar a ser dignos de ser felices. Y el fin último del hombre, no es para los cristianos primariamente su propia felicidad,  ni siquiera su beatitud final, sino que es, como el fin de toda la creación, la gloria de Dios. 

Recuperamos también en el ámbito de la razón especulativa la idea de libertad, que fue objeto de una antinomia en la Crítica de la razón especulativa, es decir de una situación de perplejidad que fue allí resuelta con dejar la causalidad, y por tanto nuestra libertad, como una forma a priori de nuestro conocimiento, más bien que una realidad. En la Crítica de la razón práctica es recuperada la causalidad -la que en la Crítica de la razón pura quedó como mera posibilidad- en toda su realidad, pues sin ella no habría responsabilidad moral, y no podría hablarse de actos buenos ni malos, sino que todo valdría lo mismo: No habría mérito por tanto en la virtud, y por tanto no habría razón alguna para que fuese recompensada en felicidad la vida virtuosa, en esta vida o en la otra.  Observa, pues,  Immanuel  Kant, como analista de su propia filosofía, que en el ámbito de la razón práctica son recuperadas como realidades las tres ideas de Yo, Mundo  y Dios, y la categoría principal de la causalidad. Todas ellas habían quedado en la crítica de la razón especulativa como meras realidades “posibles”, pero no cognoscibles en el ámbito especulativo donde sólo aparecen como formas a priori de nuestro propio conocer. (De este modo entiende Kant que ha dado su parte de razón a Hume, al sustraer la categoría de la causalidad de la razón especulativa, pero al mismo modo lo ha superado al haberla recuperado en la razón práctica).

Pero recomienda andar con pies de plomo: no es que ahora, en el ámbito de la razón especulativa, reciban  éstos la recalificación de “noúmenos”,  es decir de algo conocido en la experiencia sensible, pues Dios, y el alma y la causalidad seguirán siendo siempre, por decirlo así, algo que nos es sustraído de ella, algo que no vemos. 

Al llegar a este punto de su discurso se pregunta Kant si no habrá actuado, pues, la naturaleza con nosotros como una madrastra, al ocultar a nuestra facultad de conocer esas realidades –Dios y la inmortalidad del alma- que serían garantes de un final feliz para quien cumpla con su deber. Pero enseguida añade que, bien pensado, ha sido así mejor, porque en ese caso habría sido el deseo del premio lo que nos habría movido, y no el noble y desinteresado sentido del deber. 

La última parte de esta obra trata de la metodología de la razón práctica (no la he incluido en los ya muy largos textos). Es un apéndice muy breve, con interesantes recomendaciones sobre la correcta educación de nuestra conciencia moral. No tendría sobre nosotros influencia  ninguna predicación de nuestro deber moral, si esa predicación no estuviese ya dentro de nosotros. De hecho, el interés por el juicio moral es algo innato en todos los hombres. Eso se hace evidente cuando, por ejemplo, en una reunión social se está  hablando de temas especulativos:  la mayor parte de la gente no suele interesarse demasiado. Pero si, de pronto, la conversación da un giro, y se trata de enjuiciar alguna acción de alguna persona concreta, hasta los más desinteresados son atraídos hacia lo que allí se habla y  todo el mundo tiene que dar una opinión. Sobre estos temas opinan los jóvenes, y a menudo con acierto, aunque no se hayan procurado previamente una concienzuda formación. Y hasta los niños –si tienen uso de razón- distinguen con facilidad un comportamiento noble de otro mezquino. Pero la cuestión especulativa de en qué consista el bien o el mal es problemática sólo para los filósofos, pues al hombre normal le resultan esas nociones tan naturales como la distinción entre mano izquierda y mano derecha. Vuelve al ejemplo de la narración del intento de soborno para que alguien difamase a Ana Bolena, y pudiese así ser condenada a muerte por los tribunales, para que Enrique VIII pudiese deshacerse de ella. No logrando que éste cediese, se le despojó de todos sus bienes, y se consiguió que sus amigos y al final sus propios familiares lo vituperasen y abandonasen, y hasta que fuese llevado hasta el suplicio. No se trata pues de una situación precisamente agradable y feliz, y no ofrece, por tanto al niño y ni al joven moraleja alguna, sensiblona y lisonjera, de cómo la vida recompensa a quien cumple con su deber. Pero no hay duda de que el joven que la escucha comprende enseguida de qué lado está el deber, y de qué lado lo mezquino e innoble, y se llena de una profunda admiración y respeto ante aquel ejemplo admirable  – respeto y admiración que son innatos en el hombre. 

El método de una buena educación moral consistiría, pues, en la narración de acciones concretas y de juzgarlas. Y enjuiciar luego las intenciones que movieron a quienes así actuaron. Se libraría así al corazón de esas cargas que en secreto le esclavizan y le oprimen, y se le elevaría por encima de la fácil sensiblonería de la recompensa que la vida ofrece al esfuerzo y a la virtud. Se dejaría al corazón humano, libre ya y sin fatiga más, ante no otro móvil que el cumplimiento de su deber. 

Cierra entonces sus dos Crítica, de la razón especulativa y de la razón práctica ,con aquellas célebres e inolvidables palabras:

“Zwei Dinge erfüllen das Gemüt mit immer neur un zunehmenden Bewunderung und Ehrfurcht, je öfter und anhaltender sich das Nachdenken damit beschäftigt: Der Bestirnte Himmel über mir, und das moralische Gesetz in mir” 

(Dos cosas llenan el ánimo con siempre nueva y creciente admiración y respeto, y tanto más cuanto más frecuente y detenidamente se ocupa de ellas la reflexión: El cielo estrellado sobre mí, y la ley moral dentro de mí)

Nota: sistemáticamente he llamado Crítica de la razón especulativa a la obra anterior, que él tituló Crítica de la razón Pura, y lo he hecho para facilitar las cosas. El propio autor reconoce, al principio de la segunda obra, que deberían haberse llamado así. El argumento que proporciona para mantener su confusa titulación resulta endeble. El hecho es que en ambos ámbitos de la razón, especulativo y práctico, encuentra Kant que se da razón pura, es decir apriorismo (aunque mí crítica de ambas críticas consistirá en que sólo en la razón práctica se da apriorismo: la conciencia moral)          

B) Textos

La razón práctica por sí misma y sin haberse concertado con la especulativa, proporciona realidad a un objeto suprasensible de la categoría de la causalidad, a saber, la  libertad.

Los principios prácticos son proposiciones que encierran una determinación universal de la voluntad, determinación a la que se subordinan diversas reglas prácticas. Son subjetivos o máximas, cuando la condición es considerada por el sujeto como valedera sólo para su voluntad; en cambio, son objetivos o leyes prácticas cuando la condición es conocida como objetiva, es decir, valedera para la voluntad de todo ser racional.

Esta regla práctica, para un ser en el que la razón no es el único fundamento de determinación de la voluntad, es un imperativo, es decir una regla que es designada por un deber ser que expresa la compulsión (Nötigung) objetiva de la acción… Las máximas son principios, pero no imperativos… La regla es objetiva y universalmente válida sólo cuando vale sin las condiciones subjetivas y contingentes que distinguen un ser racional de otro.

Si de una ley se separa toda materia, es decir, todo objeto de la voluntad (como fundamento de determinación), no queda de esa ley nada más que la mera forma de una legislación universal.

Qué forma se capacita en la máxima para la legislación universal y cuál no, es algo que puede distinguir el entendimiento más vulgar sin enseñanza. 

Así pues, la ley moral, de la que precisamente nosotros tenemos conciencia inmediatamente (tan pronto como formulamos máximas de la voluntad), es la que se nos ofrece primariamente, y la razón la representa como un fundamento de determinación que ninguna condición sensible puede sobrepujar, más aún, enteramente independiente de esas condiciones sensibles, lo que  conduce precisamente al concepto de libertad… Pero ¿cómo es posible también la conciencia de aquella ley moral? Nosotros tenemos conciencia de leyes puras prácticas del mismo modo en que tenemos conciencia de principios puros teóricos, observando la necesidad con que la razón nos los prescribe y la separación de todas las condiciones empíricas, separación que la razón nos señala. El concepto de una voluntad pura surge de las primeras, así como la conciencia de un entendimiento puro de las últimas.

Ley fundamental de la razón pura práctica: Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal

La regla práctica es, pues, incondicionada, y, por consiguiente, representada como proposición categóricamente práctica a priori, en virtud de la cual la voluntad es determinada, objetiva , absoluta e inmediatamente (por la regla práctica misma que aquí, por consiguiente, es ley)

La razón, incorruptible y por sí misma obligada, compara siempre, en una acción, la máxima de la voluntad con la voluntad pura, es decir, consigo misma, considerándose como práctica a priori.

En la independencia de toda materia de la ley (a saber, de un objeto deseado) y al mismo tiempo en la determinación del albedrío por medio de la mera forma legisladora universal… consiste en el principio único de la moralidad. Aquella independencia, empero, es la libertad. 

Un precepto práctico que lleve consigo una condición material (por consiguiente, empírica), no debe nunca ser contado como ley práctica. 

Lo contrario precisamente del principio de la moralidad es que el principio de la propia felicidad será tomado fundamento de determinación de la voluntad.

Se destruiría por completo la moralidad, la voz de la razón, en relación con la voluntad, si no fuese tan clara, tan difícil de ahogar, tan perceptible hasta para los hombres más vulgares. 

Tan pronunciados y visibles están trazados los límites de la moralidad y del amor propio, que hasta la vista más vulgar no puede dejar de distinguir si una cosa pertenece a lo uno o a lo otro. 

El principio de la felicidad, si bien puede dar máximas, no puede nunca darlas de modo  que sean aptas para las leyes de la voluntad, aun si se tomase como objeto la felicidad universal.

Satisfacer el mandato categórico de la moralidad, está en todo tiempo en el poder de cada cual; satisfacer al precepto empírico condicionado de la felicidad, no es para cada uno más que rara vez posible, y aun sólo con respecto a una única intención.

El que ha perdido en el juego puede enfadarse consigo mismo y su imprudencia, pero si tiene conciencia de haber hecho trampa en el juego (aun cuando por ello haya ganado) tiene que despreciarse a sí mismo  en cuanto se compare con la moral. 

Más refinado aunque tan falso es lo que pretenden aquellos que admiten un sentido moral… según el cual la conciencia de la virtud estaría  entrelazada inmediatamente con el contento y el placer; y la del vicio, con la intranquilidad de ánimo y el dolor. 

Así pues, ese contento o esa intranquilidad de ánimo no se pueden sentir antes del conocimiento de la obligación, y no puede hacerse de ese estado el fundamento de ella.

La mera forma de una legislación universal, posible por nuestra máxima, tiene que constituir el supremo e inmediato fundamento de determinación de la voluntad.

Fue negado a la razón especulativa todo conocimiento más allá de los objetos de experiencia, y por tanto el conocimiento de las cosas como noúmenos. Sin embargo, ésta puso a salvo el concepto de los noúmenos, esto es, la posibilidad y aun la necesidad de pensarlos, y… así por ejemplo la libertad es enteramente compatible con los principios y limitaciones de la razón pura teórica. [La libertad quedó como posible en la Crítica de la Razón Pura]

Considero siempre cómo sería [una máxima particular] si valiese como ley universal de la naturaleza… [Por ejemplo:]Es manifiesto que de este modo, todos quedarían obligados a ser veraces… [Otro ejemplo, considerando la posibilidad del suicidio:]La máxima que yo adopto, en consideración de la libre disposición de mi vida, queda determinada enseguida si yo me pregunto cómo tendría que ser para que una naturaleza se conservase siguiendo la ley de esa máxima… Nadie podría terminar su vida arbitrariamente, pues tal constitución no sería un orden natural duradero, y así en todos los casos restantes. 

Así, pues, la diferencia entre las leyes de una naturaleza a la que está sometida la voluntad y las de una naturaleza que está sometida a una voluntad (en consideración de aquello que tiene relación con sus libres acciones), descansa en que, en aquélla, los objetos tienen que ser causa de las representaciones que determinan la voluntad, pero en ésta, la voluntad debe ser causa de los objetos, de tal modo que la causalidad de esta causa tiene su fundamento de determinación exclusivamente en la facultad pura de la razón, que por eso puede ser llamada también razón pura práctica. 

Se deja al juicio de los principios teóricos de la razón el hecho de que la causalidad de la voluntad sea o no suficiente para la realidad de los objetos 

La razón tiene causalidad en un ser racional, es decir, la razón pura puede ser considerada como una facultad que determina inmediatamente la voluntad. 

La ley moral es dada, por decirlo así, como un hecho de la razón pura, del cual nosotros, a priori, tenemos conciencia

La ley moral es, en realidad, una ley de la causalidad por la libertad, y, por tanto, de la posibilidad de una naturaleza suprasensible

La razón teórica se vio obligada a aceptar al menos la posibilidad de una libertad

Hemos ensanchado pues nuestro conocimiento más allá de los límites del mundo sensible, pretensión que la crítica de la razón pura había declarado nula en la especulación

La realidad objetiva de una voluntad pura, o lo que es lo mismo, de una razón pura práctica, está dada a priori en la ley moral.

Yo no pido conocer teóricamente la constitución de un ser, en cuanto tiene una voluntad pura; me basta designarlo sólo como tal, y por consiguiente tan sólo unir el concepto de la causalidad con el de la libertad (y, lo que es inseparable, con la ley moral, como motivo de determinación de la misma)

Whol [agradable] o Übel [malo, desagradable] significa siempre una relación con nuestro estado de agrado o desagrado… El bien (Gute) o el mal (Böse), en cambio, significan siempre una relación a la voluntad, en cuanto que la voluntad está determinada por la ley de la razón a hacer de algo su objeto. … El bien (Gute) o el mal (Böse) es referido así, pues, propiamente a acciones, no al estado de sensación de la persona. 

Lo que nosotros debemos denominar bueno (gut), tiene que ser en el juicio de todo hombre razonable un objeto de la facultad de desear, y el mal (das Böse) un objeto de horror ante los ojos de todo el mundo; por consiguiente, se necesita para este juicio, además del sentido, también la razón.

No le eleva en valor sobre la mera animalidad el poseer razón, si ésta sólo ha de servirle para aquello que en los animales lleva a cabo el instinto

Los conceptos del bien y del mal, son a modo de consecuencias de la determinación a priori de la voluntad 

Los conceptos prácticos a priori en relación con el principio supremo de la libertad pueden llegar enseguida a ser conocimientos, sin esperar a intuiciones para adquirir significación, y ello por este notable motivo, que ellos mismos producen la realidad de aquello a que se refieren

¡Cómo! Si cada cual se permitiese engañar cuando cree proporcionarse su ventaja, o se considerase autorizado para abreviar su vida, tan pronto como le aplana un completo hastío de la misma, o viese la miseria ajena con completa indiferencia y pertenecieses tú a semejante sociedad, ¿te encontrarías en ella con asentimiento de tu voluntad?  Ahora bien, cada uno sabe que si él se permite secretamente el engaño, no por eso permite que engañe todo el mundo, o que si se conduce sin cariño, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo contra él en esa misma disposición… Si la máxima de la acción no es de tal índole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. Así juzga hasta el entendimiento más vulgar; pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los más ordinarios… 

El motor de la voluntad humana (y del ser racional creado por Dios) no puede ser nunca otro que la ley moral, y por consiguiente, el fundamento objetivo de determinación tiene que ser siempre el fundamento subjetivo suficiente de determinación de la acción

La ley moral humilla inevitablemente a todo hombre, al comparar éste la tendencia sensible de su naturaleza con aquella ley

Dice Fontenelle: Ante un gran señor me inclino; mas mi espíritu no se inclina. Yo puedo añadir: Ante un hombre de condición baja y ordinaria en quien percibo una rectitud de carácter en una medida de la que yo en mí mismo no tengo conciencia, inclinaré mi espíritu, quiera yo o no, y eso aunque mantuviese alta mi  cabeza para recordarle mi superioridad…. Muy lejos del sentimiento de placer, está el sentimiento de respeto… El respeto es el tributo que no podemos negar al mérito, queramos o no lo queramos; podemos, sí, no manifestarlo exteriormente, pero no podemos, sin embargo, dejar de sentirlo interiormente.

El respeto es un tributo que no podemos negar al mérito, queramos o no. 

No es pues mera admiración ese respeto que nosotros mostramos a una persona semejante (propiamente a la ley que su ejemplo nos representa). 

La acción que es objetivamente práctica según esa ley, con exclusión de todos los fundamentos de determinación por inclinación, se llama deber, el cual , por esa exclusión , encierra en su concepto compulsión (Nötigung) práctica

Es el respeto hacia la ley como único modo de determinación de la voluntad lo que hace la conciencia de obrar conforme al deber. 

¡Deber! nombre sublime y grande.  Tú que no encierras nada amable que lleve consigo insinuantes lisonjas sino que pides sumisión, aunque sin nada que despierte aversión natural en el ánimo o lo asuste… ¿Cuál es tu digno origen?¿Dónde se halla la raíz de tu noble ascendencia, que rechaza orgullosamente todo parentesco con las inclinaciones?… Sólo puede ser lo que eleva al hombre por encima de sí mismo (como parte del mundo de los sentidos) lo que le enlaza con un orden de cosas que sólo el entendimiento puede pensar.

Todo hombre, aun sólo medianamente honrado, ¿no ha notado a veces que si se ha abstenido de una mentira, por lo demás inofensiva y que le hubiera sacado de un desagradable asunto… ha sido sólo para  poder a mirarse a sí mismo en la intimidad sin despreciarse?… Vivir y no poder tolerar ser a los propios ojos indigno de la vida… Tal es la naturaleza del verdadero motor de la razón pura práctica. 

La distinción del principio de la felicidad del de la moralidad no significa oposición de ambos, y la razón pura práctica no quiere que se deba renunciar a las pretensiones de la felicidad, sino sólo que, en la cuestión del deber, no se las tenga en cuenta. 

La razón busca la totalidad incondicionada del objeto de la razón pura práctica, bajo el nombre del supremo bien. Determinar esa idea es la doctrina de la sabiduría, y ésta a su vez es la filosofía, en la significación que daban los antiguos  a esta palabra

Por consiguiente, aunque el supremo bien sea todo el objeto de una razón pura práctica, es decir, de una voluntad pura, no por eso se le puede considerar fundamento de determinación de la misma, sino que sólo la ley moral tiene que ser considerada como fundamento.

El estoico sostenía que la virtud era el bien supremo completo, y que la felicidad era sólo la conciencia de su posesión… El epicúreo sostenía que la felicidad era el completo bien supremo y que la virtud era sólo la forma de adquirirla…. 

Pero las máximas de la virtud y de la propia felicidad son, con respecto a su principio superior práctico, totalmente heterogéneas. 

La felicidad y la moralidad son dos elementos del supremo bien, específicamente distintos… Es moralmente necesario, a priori, producir el supremo bien por la libertad de la voluntad. 

Hay que tener cuidado de no rebajar y desfigurar por medio de un falso encomio el fundamento moral de la determinación, especie de falsa locura que pone como fundamento de determinación los sentimientos de alegría particular. El propio y verdadero motor es la ley misma.

Pero ¿es que no hay ninguna palabra que señale, no un goce como la palabra felicidad, pero sí una satisfacción en la existencia propia, un análogo de la felicidad que tenga que acompañar necesariamente a la conciencia de la virtud?  Sí la hay, y esa palabra es el contento de sí mismo. 

Ese goce no puede llamarse felicidad porque no depende del advenimiento positivo de un recibimiento ni tampoco puede llamarse, hablando con exactitud, bienaventuranza.

Los principios de la búsqueda de la felicidad no pueden en modo alguno producir moralidad. Por tanto, el más elevado bien (como primera condición del bien supremo) lo constituye la moralidad, siendo la felicidad, si bien segundo elemento del mismo,  la consecuencia moralmente condicionada pero necesaria de la primera. 

La inmortalidad del alma como postulado de la razón pura práctica…La adecuación completa de la voluntad a la ley moral es la santidad, perfección de la que no es capaz ningún ser racional en el mundo sensible en ningún momento de su existencia. Pero como ella, sin embargo, es exigida como prácticamente necesaria, no puede ser hallada más que en un progreso que va al infinito hacia aquella completa adecuación… Progreso infinito que es sólo posible bajo el supuesto de una existencia personal duradera en lo infinito

La existencia de Dios como un postulado de la razón pura práctica … Esa misma ley tiene que conducir también a la posibilidad del segundo elemento del bien supremo, a saber, la felicidad adecuada a aquella moralidad… es decir a postular la existencia de Dios como necesariamente perteneciente a la posibilidad del bien supremo. 

En la ley moral no hay el menor fundamento para una conexión necesaria entre la moralidad y la felicidad

Se postula también la existencia de una causa de toda la naturaleza, distinta de la naturaleza y que encierra el fundamento de esa conexión, esto es, de la exacta concordancia entre felicidad y moralidad

La causa suprema de la naturaleza, en cuanto que ha de ser presupuesta para el supremo bien, es un ser que por razón y voluntad es la causa (por consiguiente, el autor) de la naturaleza, es decir, Dios.

Aquéllos que ponen el fin de la creación en el honor de Dios (suponiendo que no se piense éste antropomórficamente como la inclinación a ser ensalzado), han logrado la mejor expresión . Pues nada honra más a Dios que lo más apreciable en este mundo, el respeto por su mandato. 

Los postulados de la razón pura práctica en general. Estos postulados son los de la inmortalidad, de la libertad… y de la existencia de Dios. 

Ahora bien, son éstas ideas de la razón que no pueden ser dadas en ninguna experiencia, lo que yo tendría que pensar por categorías para conocerlo. 

No queda de los conceptos por los que pensamos un ser puro del entendimiento nada más que lo exhibible para la posibilidad de pensar una ley moral… si bien conocimiento de Dios tan sólo en la relación práctica. 

Alcanzar, empero, por la Metafísica el concepto de Dios y la prueba de su existencia como conclusión segura partiendo del conocimiento de este mundo, es imposible, pues para ello tendríamos que conocer este mundo como el todo más perfecto posible. 

Veo ante mí ordenación y finalidad en la naturaleza, y no necesito acudir a la especulación para estar seguro de su realidad, sino que sólo para explicarla necesito presuponer una divinidad como su causa. 

Ahora bien, ¿es nuestro conocimiento realmente ampliado de este modo por la razón pura práctica  de modo que lo que en la especulativa era transcendente, es ahora en la práctica inmanente? Sin duda, pero sólo en sentido práctico. Pues nosotros, en verdad, no conocemos por ello ni  la naturaleza de nuestra alma, ni el mundo inteligible, ni el Supremo Ser, según lo que ellos son en sí mismos, sino que hemos resumido sus conceptos en el concepto práctico del supremo bien, como objeto de nuestra esperanza, completamente a priori por la razón pura, sólo por medio de la ley moral, y también sólo en relación con ella misma, en consideración al objeto que ella ordena.

[Si Dios se hubiera hecho presente a nuestra razón especulativa, como cualquier otra realidad, si se hubiese dejado ver], la mayor parte de las acciones conformes a la ley acaecerían por temor, pocas  por esperanza, y ninguna por deber, y no existiría el valor moral de las acciones, del cual tan sólo depende el valor de la persona y hasta el del mundo a los ojos de la suprema sabiduría.

[En la razón especulativa], el regidor del mundo nos deja conjeturar su existencia y su majestad, pero no verla ni demostrarla claramente; en cambio, la ley moral en nosotros, sin prometernos ni amenazarnos nada con seguridad, exige de nosotros respeto desinteresado”

[Así pues], la Sabiduría impenetrable por la que nosotros existimos, no es menos digna de veneración por lo que nos ha negado que por lo que nos ha concedido. 

c) Crítica

No se dirigirá mi crítica al contenido de la ética kantiana, sabio proyecto de hombre cabal hacia el que sólo puedo tener elogios -un tratado verdaderamente admirable-, sino a su fundamentación, tema en el que voy a diverger. Estoy de acuerdo en que, una vez que se ha escrito la Crítica de la Razón Pura, una vez que se ha hurtado a la razón especulativa la posibilidad de llegar a Dios y a la libertad humana, fundamentos de la religión -religación de criatura y Creador-, lo mejor que puede hacerse es escribir la Crítica de la Razón Práctica, es decir, recuperarlos en el orden práctico. Por eso presento mi objeción no a esta Crítica sino a los dos en su conjunto, algo que obviamente, no he podido hacer hasta haber expuesto también el contenido de la Crítica de la Razón Práctica. Es el gesto filosófico total, el descrito por los dos libros, el que nos interesa y al que voy a presentar una crítica, porque es este gesto el que a la larga influirá en la filosofía posterior, como enseguida comentaremos. 

Decía Aristóteles que el escéptico no le preocupa, porque en cuanto empieza a decir algo se autorefuta, y si nada dice, tampoco resulta molesto pues está ahí al lado, callado como una planta. Pues bien, aunque aprecio este rasgo de humor del estagirita, no creo que tenga razón, y de hecho la historia se la ha  quitado. El escéptico puede decir algo sin autorefutarse: puede decir “voy a hacer esto”, así, sin justificación alguna, pues cualquier justificación que  diese supondría una autorefutación. En una palabra, la salida de todo escepticismo es la práctica. La sustitución de la teoría por la praxis, de la norma por lo que voy a hacer, de la verdad -fundamentada en lo que las cosas son- por mi voluntad. En definitiva, la voluntad ocupa, como último fundamento, el lugar del ser. 

Pues bien, creo que el gesto filosófico de Kant en su conjunto es el de un escéptico: con nuestro conocimiento especulativo no podemos llegar a la existencia de Dios, ni de la inmortalidad del alma ni a la libertad. Nada podemos conocer tal cual es, puesto que lo que conocemos son las formas a priori de nuestro propio conocer, y aunque una de estas formas a priori sea Dios, no se trata aquí del Dios realmente existente con independencia de nosotros. Como no podemos conocer más formas que las de nuestro propio conocimiento, estas realidades fundamentales las recuperamos en nuestra razón práctica, es decir no las alcanzamos en el terreno del conocimiento sino en el de la voluntad. Esto en Kant sucede de un modo maravilloso: llegamos a Dios porque captamos la norma moral como dada en nuestra voluntad. Pero lo que quedará como herencia para la filosofía es el gesto: El ser, tal cual es, ha sido arrebatado al conocimiento, y ha sido recuperado en el terreno de la voluntad, exactamente el gesto del escéptico. 

Así lo veremos en su principal seguidor, Arthur Schopenhauer. En su obra El mundo como voluntad y representación Shopenhauer trata primero el mundo como mera representación, como algo que sin duda alguna aparece en nuestro conocimiento. Pero, se pregunta luego, ¿qué es lo que se representa? ¿Qué es lo que ocupa el lugar de la “cosa en sí” en la obra de Kant? ¿Qué es, en definitiva, lo que ocupa el lugar de la realidad cuando conocemos? Y la respuesta es impresionante (aunque esperada ya para quien conoce el gesto del escéptico). La respuesta es: Lo representado es la voluntad. 

¡Lo representado en el conocimiento no es el ser, sino la voluntad! ¡la voluntad puesta, pues, exactamente, en el lugar del ser! Lo que estaba implícito en Kant, en el gesto filosófico del conjunto de las dos críticas, queda ahora totalmente explícito en Schopenhauer, quien no sólo ha restablecido la coherencia en Kant -como él mismo anuncia que es su intención- sino que lo ha hecho explícito, y nervio de su filosofía, e incluso título de su libro. El camino hacia la filosofía de la voluntad en Nietzsche queda ya, pues, abierto. 

Nietzsche, para quien Schopenhauer fue en su juventud el mayor de los filósofos, al renegar más tarde de él se desembaraza de lo que entiende superfluo -la representación-, pues le basta con la voluntad. Ése es el ser del mundo, la voluntad de vivir, y para ello, en el conflicto de voluntades de vivir en los diversos individuos, voluntad de sobrevivir imponiéndose a los demás. De este modo los individuos mejores sobrevivirán a los inferiores y mejorará  la especie: El ocaso de los ídolos. Nietzsche se consideró un autor póstumo. Y, muy desgraciadamente, lo fue. 

Si unimos esta crítica de la “Crítica de la razón Práctica” con la anterior crítica de la “Crítica de la razón Pura”, atisbaremos que Kant es el preludio a la filosofía del siglo XIX, preludio ésta de la historia política del siglo XX. Para quienes conocemos esa historia, no es ésta la mejor alabanza que podríamos haber hecho a las dos críticas de Immanuel Kant.

El autorIgnacio Sols

Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.

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Mundo

Centenario de la coronación de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile

La solemne coronación de la Virgen del Carmen en 1926 consagró una arraigada devoción histórica vinculada estrechamente a la identidad e independencia de Chile. Para conmemorar su centenario, se realizarán diversas actividades e iniciativas religiosas y culturales desde julio hasta diciembre.

Pablo Aguilera·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La solemne coronación de la Virgen del Carmen el 19 de diciembre de 1926, realizada por el Delegado Papal, el Nuncio Apostólico en Chile, por mandato del Papa Pío XI, fue la expresión visible de una fe profundamente arraigada en el alma nacional. Al proclamar a la Virgen como Reina, Madre y Patrona, la Iglesia y el pueblo chileno reconocieron una verdad espiritual que nace del mismo designio de Dios.  

Esta devoción llegó tempranamente a Chile y echó raíces profundas en la vida del pueblo. Durante la época colonial, la Virgen del Carmen fue invocada en los hogares, en las comunidades religiosas y en la vida social, configurando una identidad cristiana que marcaría el desarrollo de Chile. En esta tradición florecieron frutos de santidad, como Santa Teresa de los Andes, que encarnó la espiritualidad carmelitana en su entrega total a Cristo. La presencia de los Monasterios Carmelitas a lo largo del país y desde temprana época, es una expresión viva de esta espiritualidad.  

La Virgen en la historia de Chile

En el momento decisivo de la independencia, la Virgen del Carmen ocupó un lugar central en la conciencia del Pueblo, de los hombres y mujeres que conducían ese proceso de la emancipación. En la víspera de la batalla de Maipú -en abril de 1818- los patriotas se encomendaron a Ella para alcanzar el triunfo, y el Libertador Bernardo O’Higgins la proclamó Patrona y Generala de las armas chilenas, prometiendo levantar un templo en su honor.

Hoy, en Maipú se levanta el Templo Nacional de la Virgen del Carmen, centro de la devoción mariana del país. Así, el nacimiento de la Patria quedó sellado por un acto de confianza en Dios bajo el amparo de la Virgen del Carmen.  

Celebración del centenario

En cada diócesis el Obispo ha designado templos jubilares -principalmente la Iglesia Catedral, santuarios marianos y algunos templos parroquiales- en los cuales los fieles podrán recibir la indulgencia plenaria mediante una peregrinación o una visita piadosa, vivida con espíritu de fe y conversión.

Se efectuarán diversas iniciativas desde el 16 de julio, Solemnidad de la Virgen del Carmen hasta diciembre.

El Obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, ha confeccionado un hermoso libro con imágenes para esta conmemoración: “Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen. Estampas para una Historia” que se puede adquirir en Amazon.

Evangelización

¿Qué promete la Virgen del Carmen a todo aquel que lleve su escapulario?

Con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen, que la Iglesia celebra el próximo jueves 16 de julio, recordamos el origen del escapulario y las promesas asociadas a esta histórica devoción mariana.

Rafael Mosteyrín·14 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El escapulario tiene su origen en una aparición de la Virgen a san Simón Stock.

Sucedió en Londres el año 1251. La Santísima Virgen rodeada de innumerables ángeles se apareció a san Simón Stock, de la Orden Carmelita, y le prometió una especial protección sobre dicha Orden, al mismo tiempo que le entregaba el Escapulario del Carmen con esta promesa: “Recibe, amadísimo hijo, el Escapulario de tu Orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas, todo el que muera con él se librará del fuego eterno. He aquí la señal de la salvación, salvación en los peligros, alianza de paz y de pacto sempiterno”.

Más tarde el Papa Juan XXII confirmaba con su autoridad el Escapulario del Carmen y Privilegio Sabatino, transcribiendo las siguientes palabras de la Virgen María: “Yo, Madre de las gracias, bajaré, el sábado después de su muerte y libraré a todos los que se encuentren en el Purgatorio y los llevaré al monte santo de la vida eterna”.

Las condiciones

Los requisitos exigidos por la Iglesia para que nos podamos beneficiar de dicha promesa son:

-Tener impuesto el escapulario por un sacerdote facultado para ello (basta una vez en la vida) y llevarlo habitualmente.

-Guardar castidad conforme al estado de cada cual.

-Rezar tres Avemarías cada día.

El testimonio del cardenal Tarancón

Son muchos los hechos milagrosos que a lo largo de la historia expresan la fidelidad de la Santísima Virgen a su promesa. El cardenal Vicente Enrique y Tarancón contó lo que sucedió, siendo él obispo de Solsona, en una pastoral sobre el escapulario del Carmen:

“Era el mes de junio de 1938. Hacía dos meses escasos que las fuerzas nacionales habían llegado al Mediterráneo, liberando la parroquia de Vinaroz, a la que llegamos Nos a los siete días de la liberación y en la que ejercimos el ministerio parroquial durante más de cinco años.

Un oficio de las autoridades militares solicitaba nuestra cooperación para prestar auxilios espirituales a diez condenados a muerte, que habían de ser ejecutados al amanecer. A las once de la noche entraron en la capilla los reos, y desde aquel momento los tres sacerdotes que estábamos entonces en Vinaroz entrábamos en comunicación con ellos, ofreciéndoles la vida eterna, ya que no podían salvar su vida temporal. Ocho de ellos se confesaron en seguida y con grandes y visibles muestras de arrepentimiento y fervor. Uno, que había sido comisario político en el ejército rojo, apenas sí permitió que nos acercáramos a él. Todas nuestras tentativas fueron inútiles y no pudimos lograr que se confesara.

Un condenado que rechazaba confesarse

Había uno entre todos que llamaba poderosamente la atención. Era un hombre de unos sesenta años, natural de La Galera, provincia de Tarragona, que vestía el antiguo traje de los payeses catalanes: medias blancas y calzones cortos, pero con unos modales finos y distinguidos que parecían contrastar con su indumentaria rural. Uno de los sacerdotes se puso a trabar conversación con él, mientras los demás atendíamos a los restantes. 

Cuando ya se había confesado ocho y mientras yo estaba hablando con algunos de ellos, consolándolos en aquel trance tan terrible y recibiendo sus recomendaciones y encargos para transmitirlos a sus respectivas familias, se me acerca el coadjutor y me dice al oído:

-Señor cura: nada he podido conseguir con aquel hombre, ¿por qué no lo prueba usted?

Fui allá, me recibió muy atentamente; estuve hablando con él un buen rato y comprendí en seguida que era un hombre culto y que tenía, además, una formación cristiana poco corriente. Aquellos detalles me animaron y adquirí la íntima convicción de que no sería difícil conseguir que se confesase.

Pero mi desilusión fue terrible cuando, después de haber hablado con él por espacio de más de media hora, me dijo estas palabras textuales:

-Mire, Padre, yo le agradezco muy sinceramente lo que usted está haciendo por mí. Comprendo que usted está pasando una mala noche por mi causa, ya que usted no ha de sacar ningún provecho de que yo me confiese. Yo le estoy sumamente agradecido, pero le suplico que no insista; desde ahora le puedo asegurar que no he de confesarme. Yo fui educado cristianamente, pero he perdido la fe. 

Quedé aturdido de momento; casi sin saber qué decir. Pero, inspirado sin duda, por la Santísima Virgen, me atreví a proponerle:

-¿Me haría usted un favor?

-El que usted quiera –me contestó-, con tal que no me pida que me confiese.

-¿Me permitiría –añadí- que le impusiese el Santo Escapulario?

-No tengo ningún inconveniente- me dijo-. A mí no me dicen nada estas cosas; pero si con ello he de complacerle, puede hacerlo.

«La Virgen me ha salvado»

Le impuse acto seguido, el Santo Escapulario del Carmen y me retiré en seguida a orar por Él a la Virgen Santísima. El fue a sentarse en un rincón al extremo de uno de los bancos que había en aquella sala. Aún no habían pasado cinco minutos, cuando oí como una especia de rugido y unos sollozos fuertes y entrecortados, que me alarmaron. Entré de nuevo en la habitación y vi a aquel hombre que se me echaba encima llorando incesantemente y que me decía, en medio de sus lágrimas:

-Quiero confesarme, quiero confesarme. No merezco esta gracia de Dios. La Virgen me ha salvado.

Ante la admiración y asombro de todos los presentes, se confesó, sin dejar de derramar lágrimas ni un solo momento, con una contrición realmente extraordinaria y enternecedora. Y, cuando a última hora, antes de llevarlos al lugar de la ejecución, me despedí de ellos, me abrazó y me besó, mientras me decía:

-Gracias, Padre; gracias por el bien inmenso que me ha hecho. En el Cielo rogaré por usted. Gracias y hasta el Cielo.

Confieso sinceramente que me conmovió aquella escena y que mis lágrimas se unieron a las suyas, mientras daba gracias al Señor por aquella maravilla y agradecía a la Santísima Virgen el que me hubiese permitido ser testigo de aquella manifestación espléndida de su amor maternal y misericordioso.”

Evangelización

Josef Pieper: «¡El cristianismo es esencialmente realidad, no mera doctrina!»

En julio de 1969, la revista Palabra (nº47) publicaba una entrevista a Josef Pieper sobre la antropología cristiana de la esperanza. Republicamos así dicha entrevista.

Jerónimo Martel·14 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

Josef Pieper tiene una ficha biográfica tan reducida como amplia es su ficha bibliográfica. Nació el 4 de mayo de 1904 en Elte, una aldea de Westfalia, y estudió, completas, las carreras de Filosofía, Derecho y Sociología, en las Universidades de Berlín y Münster. En la actualidad es catedrático —en la terminología alemana, profesor ordinario— de Antropología filosófica en la Universidad de Münster y en la Escuela Superior de Pedagogía de Essen.

Bastantes de sus obras se han traducido al castellano, concretamente en España, y a sus títulos va limitada esta referencia, puesto que se dirige al lector de habla española. Son dichas obras: Actualidad del tomismo (1952), Catecismo del cristiano (que respondía al título alemán Christenfibel, equivalente a la expresión Silabario cristiano, y que escribió en colaboración con Heinrich Raskop, siendo traducida en España en 1954), Sobre el fin de los tiempos (1955) y El ocio y la vida intelectual (versión última española, aumentada, de 1962), por una parte. De otra, a las obras citadas se añade una serie de obras muy características en Pieper, y que se refieren a virtudes cristianas y humanas básicas, emplazadas frente a la angustia del hombre moderno: Sobre la esperanza (1953), La prudencia (1957), La fe (1966).

A todas las obras citadas se añadieron, en el segundo semestre del pasado año, dos novedades editoriales muy de la misma línea, editadas en Ediciones Rialp, de Madrid, y Sígueme, de Salamanca, respectivamente: Justicia y fortaleza y Esperanza e historia. De todas las obras referidas, se ha dado la fecha de la primera edición española, aunque alguna de ellas vaya ya por su tercera edición. Añadamos que, en este momento, Pieper tiene vendidos más de medio millón de ejemplares de sus libros en las naciones y bloques lingüísticos más importantes, pese a escribir por fuerza para minorías.

Pieper comenzó su obra teológica en 1934, con su estudio sobre la fortaleza, del que saltó, al año siguiente, a su estudio sobre la esperanza. Su labor ha consistido, desde su neta postura de laico y filósofo, en adaptar la Teología al pensamiento moderno, en su expresión conceptual y literaria, pero, eso sí, con un exquisito cuidado para no alterar el contenido esencial de las fórmulas teológicas clásicas. El existencialismo o Hiroshima no han sido para él cuestiones bizantinas surgidas en otro planeta; pero sí motivos para, desde ese humanismo que estudia la antropología, llevar al hombre inquieto de nuestro tiempo al encuentro consigo mismo, a través de Dios.

En la conversación que sigue —tenida en su domicilio de Münster—, Pieper, que tan bien ha sabido defender las raíces existenciales del tomismo, al enfocar su antropología a través de la ética tomista, habla sobre cuestiones debatidas del hoy y el ahora, sobre conceptos como el de secularización o el de espiritualización, sobre la síntesis de lo humano y lo divino en el cristiano como hombre, sobre la relación entre la cultura tradicional y la cultura moderna, y aun sobre ese último reducto de la revolución contra la tecnología -contra la ausencia del humanismo— que es y significa la rebelión estudiantil.

¿Cómo ve la integración de la cultura cristiana y esa cultura moderna a la que se ha llamado «profana»?

–Yo no veo lo cristiano como un bloque. El hombre cristiano, cada hombre cristiano, es previamente hombre, y ha de hacer en sí mismo esa síntesis: al menos debe probar a hacerla. Precisamente, lo no occidental es una religión antisecular como la que pudiera darse, por ejemplo, en las iglesias ortodoxas rusa o griega, que se dirigen solamente a la contemplación y la liturgia, sin ninguna actividad hacia el mundo. Si bien existe igualmente otro peligro por el otro extremo, y es el de la secularización. Uno y otro polo son por igual peligrosos.

Nihilismo y secularización

En las posturas nihilistas de los abanderados de la revolución, de cualquier signo, se ponen tal vez en cuestión las relaciones entre la cultura moderna y la tradicional. ¿Qué podría decir a nuestros lectores a propósito de toda esta temática?

–Pienso que la antigua cultura de Occidente siempre ha estado y está en un proceso de continua transformación, a través del que se interpreta a sí misma en cada momento, lo que —ya se sabe- implica la resolución continuada de tensiones o conflictos polares. Otra cosa, algo distinta, ocurre por ejemplo en la India, donde se encuentran separadas la cultura tradicional y la cultura moderna. Pero en Occidente no se da esa dualidad, que, como he dicho, cabe comprobar en cambio en la cultura religiosa del pueblo hindú, por un lado, y, por otro, en la moderna Universidad de Calcuta. En ese esquema propio de la India, la salida a la cultura moderna implica el abandono de la tradición, por causa de que allí no se hace ese esfuerzo de continua interpretación, de nueva interpretación. Esto distingue netamente al Oriente del Occidente, de la cultura occidental, basada, por cierto, en la Biblia, en la Palabra de Dios que hace al hombre. Aquí, en Occidente, la cultura tradicional no se deletrea repitiendo cada vez su depósito palabra por palabra, sino que se confla en forma de frase conceptual a la interpretación de los teólogos, que la contrastan, por ejemplo, con el evolucionismo y la paleontología, etc.

De este modo occidental de entender la historia surgen siempre nuevos aparentes conflictos; pero, precisamente porque está preparado para afrontarlos, es el que salva el hecho de la cultura occidental. Creo que si se interrumpiese algún día esta diferencia existente entre la cultura oriental y la occidental, estaríamos entonces en presencia del fin de la cultura de Occidente.

Y por eso, también diría que hoy hasta las mismas rebeliones estudiantiles son un aparte de la cultura occidental, aunque no quepa reducir al mundo de los estudiantes la posibilidad de que surjan los conflictos a que me he referido, y que obedecen a proyecciones sociales más amplias y comprensivas.

En cualquier caso, si algún día únicamente existiese una cultura profana —esto es, divorciada de la fundamentación religiosa— en Occidente, ya no pertenecería al espíritu occidental.

Concretamente, ¿qué piensa sobre esa pretendida «secularización» de la vida cristiana que algunos patrocinan?

–Diría que en la teología católica, y por consiguiente dentro de la Iglesia, existe un grupo o tendencia que defiende tal secularización, pero como no es ésta mi opinión, no puedo sumarme a ella.

En un libro, traducido en su tierra, advertía que hay que saltar un obstáculo que da mucho quehacer justamente al hombre de nuestro tiempo. No se trata de algo de que «tenga la culpa» el hombre de nuestros días; es decir, de una dificultad petulantemente provocada por él mismo. Se trata, más bien, de algo que va unido inevitablemente al cambio de la imagen del mundo de la naturaleza y a las dimensiones de éste; cambio que sólo quiere decir que nuestro conocimiento de la realidad creada se ha corregido y enriquecido notablemente con respecto a las representaciones antiguas y medievales. Vox facta est de caelo —Se ha oído una voz del cielo—: para Dante y sus contemporáneos esto era algo intuitivamente imaginable, en un acto que podía llevarse a cabo sin discusión.

Tal incuestionabilidad no le es permitida ya al contemporáneo de Einstein, después de que hasta la realidad material del mundo se ha ido haciendo cada vez menos intuitiva. «No podemos sentir la presencia de Dios en nuestro mundo con tanta ingenuidad como lo hicieron épocas anteriores», decía Rahner. De otra parte, hay que confesar, nos guste o no, que la teología contemporánea ha preparado pocas ayudas de orden conceptual para superar esa dificultad, surgida legítimamente. Pero yo no veo como legítima la desacralización de la vida.

La vía media entre los dos polos peligrosos del espiritualismo a ultranza y la secularización, ¿es la que reconoce la legítima autonomía relativa de lo temporal?

–Sin duda, esa autonomía relativa está en la gran tradición que representa Santo Tomás. Pero una cosa es tal autonomía relativa y otra la que pretende la llamada secularización, que consiste en cortar la tensión polar, revolviéndola con una separación de lo cristiano y lo humano, que es imposible.



¿Intelectuales católicos?

Lo que viene diciendo al contestar como lo hace estas preguntas nos lleva al tema del laico. ¿Qué, o quién, es para usted el laico?


–El laico es el cristiano bautizado, que no está separado de la Iglesia, sino situado en esa tensión polar buena. No se puede encontrar fácilmente una fórmula para tal , pero tampoco cabe hablar de una separación. Si el laico, que es cristiano, se une a la secularización, deja por ese hecho de ser cristiano. Pero, en cambio, se ha de enfrentar a esa autonomía relativa responsable, y esta tensión nunca se acabará.

Hace años escribí que lo que caracteriza al cristiano es la fe cristiana y la vida cristiana. Ambas, fe y vida, están vinculadas entre sí como el saber y el obrar. La fe cristiana es el presupuesto de la vida cristiana, y la vida cristiana es el fruto y la realización plena de la fe. La vida cristiana no se puede dar sin la fe cristiana, y la fe cristiana sin la vida cristiana es estéril. Ciertamente, hoy día parece que la vida cristiana puede darse sin fe cristiana; parece que se puede tener una orientación cristiana de la vida sin una fe viva en Cristo.

Pero, en realidad, los cristianos que viven esta vida cristiana tan sólo de un modo externo no hacen sino usufructuar y consumir la herencia que les han legado sus mayores: la fe viva en la cual formaron ellos sus vidas y modelaron los usos y costumbres de la sociedad. Pero esta herencia corre el peligro de ser anulada completamente si no es renovada por una fe vivificada de nuevo. Por lo cual, ser cristiano en este tiempo y en nuestro pueblo implica volver a vivir la vida cristiana desde su fundamento, bajo la orientación y el impulso de una fe viva y personal. El cristiano «vive de la fe».

¿Qué opina usted sobre una figura que está en el contexto de esta entrevista, la del intelectual católico?

–Hablando del quehacer intelectual he escrito: «Si se dice que alguien es cristiano en su filosofar, esto no puede significar tan solo que su visión del mundo coincide con el cristianismo como doctrina. ¡Pues el cristianismo es esencialmente realidad, no mera doctrina!

El problema de una filosofía cristiana no consiste solamente en que se hayan de ligar, y en cómo se hayan de ligar, teoréticamente el conocimiento natural del mundo y la fe sobrenatural, sino que se trata de que el filosofar se convierta en un filosofar cristiano mediante el enraizamiento del que filosofa en la realidad cristiana y en saber de que manera se realiza esa conversión.

Es, por tanto, un enriquecimiento en su contenido de saber del mundo lo que recibe el filosofar cristiano, por estar ligado al contrapunto previo de la verdad de Cristo. A condición, claro está, de que no sólo sea fuerte y verdadero su carácter cristiano, sino también su carácter filosófico (¡hay que repetirlo constantemente, tan poco evidente es!).

Un célebre libro sobre la historia de la filosofía medieval, el de Maurice de Wulf, concluye con estas palabras: «La escolástica ha decaído no por falta de ideas, sino de cabezas».

Creo que existen ante todo intelectuales, y entre ellos los hay que son católicos. Aparte de esto, mi opinión es muy adversa a ese concepto hecho de «intelectual católico». Pienso que el intelectual es un hombre que toma parte política y publicísticamente en una sociedad, mientras que un católico es un hombre que piensa globalmente sobre todo. En realidad, el término «intelectual católico» fue acuñado por la política y para una concreta dirección política, de partido político.

Rebelión estudiantil

Como profesor e intelectual, seguramente podrá dar una opinión sobre la rebelión estudiantil, a la que se refirió de modo marginal al contestar una pregunta anterior. ¿Cuál cree que es su causa? ¿Obedece a razones propiamente humanísticas?

–En realidad, cabría discutir mucho ese movimiento estudiantil, en cuanto es difícil analizar sus causas. Ahora bien, veo su último origen, aqui en Alemania, en el hecho de que la Universidad alemana ya no es verdaderamente una Universidad, sino un conjunto de institutos técnicos; con la única y simple finalidad de preparar profesionales. En cualquier caso, este hecho constituye al menos una de las causas que han originado el movimiento.

Lo que yo entiendo como Universidad incluye por fuerza un aspecto teológico y filosófico, actuando en una sociedad. Así se constituyó la Universidad en la Edad Media. En la Universidad, en sus orígenes, era una realidad la discusión de las cuestiones disputadas. En este punto, de controversia intelectual, está implicada la universalidad que constituyó a la Universidad misma, dándole origen. Gracias a esa aportación, podían los estudiantes entonces orientarse universalmente, esto es, no perder el punto de vista universitario. Hoy, cuando ya no existe esa posibilidad de discusión, de controversia, sobre los temas universales, dentro de la Universidad, el consiguiente perjuicio afecta no sólo al estudiante, sino también al mismo profesor.

Por cierto que hace poco se inauguró una de las más jóvenes Universidades en Alemania, la de Bochum. Y ha querido hacerlo respondiendo a lo que yo he llamado el «offenheit für das Ganze», el sentido —de apertura— para el todo. En dicha Universidad, este sentido universal, más allá de lo técnico, está incluso concretado como un elemento académico. A propósito de esa experiencia, escribí: «La disputa académica que se extiende entre las Facultades y disciplinas queda introducida en la organización de la Universidad. Pero existen, no obstante, muchas dificultades; así, por ejemplo, la del idioma común que ya no se encuentra entre las Facultades; y, también, que los profesores temen declarar sus últimas opiniones, en cuanto no pueden ser científicas en sentido estricto».

La Universidad debería tener una apertura hacia todo. Y es que debe ser una institución para el uso del pensamiento libre, como un espacio libre en la sociedad, como un asilo de la libertad intelectual. Es decir, que en ese lugar que es o debe ser la Universidad, tienen que quedar calladas, en suspenso, las actitudes directas, las tomas de postura concreta. Y en ese sentido está emplazada la libertad académica en su origen mismo. Tal libertad ya no existe en las Universidades alemanas, y menos aún en las americanas.

Así pues, ¿la última causa de la rebelión estudiantil puede estribar en un afán de defensa de la Universidad como reducto institucional del pensamiento libre?

–En mi opinión, los estudiantes no se rebelan sólo por dicha causa. Insisto en que su rebelión obedece a una motivación muy complicada. Una de sus causas está en la reacción frente a los que los estudiantes llaman aquí «los idiotas especialistas»; esto es, frente a los profesores que únicamente cultivan y proponen su especialidad técnica. Eso yo ya lo dije, porque lo pensaba.

Puntualicé que la Universidad no puede divorciarse de la idea filosófica general que constituye su esencia. Por otra parte, sin embargo, cuando los estudiantes, que son un exponente del mundo trabajador total, se entregan a lo que llaman la politización de la Universidad, malogran ese espacio intelectual libre en que consiste lo genuinamente universitario.

¿Resulta, por tanto, negativo que los estudiantes se preocupen por la política?

–Mi opinión es que los estudiantes no deben dedicarse a la política, teórica o práctica. Otra cosa es que hablen de política en la Universidad, pero sólo teoréticamente.

En suma, los estudiantes no deben negar esa discusión teorética como hacen los grupos estudiantiles que quieren introducir una política partidista en la Universidad. Una cosa buena es que discutan en la Universidad, los argumentos que exponen los partidos, y otra transformar la Universidad en política y en política partidista.

El autorJerónimo Martel

Vaticano

El Papa León XIV en el Ángelus: «La generosidad de Dios no es ingenua, sino sabia y cree en nosotros»

Desde Castel Gandolfo, León XIV reflexionó sobre la parábola del sembrador e invitó a los fieles a aprovechar los días de vacaciones para cultivar el silencio, la oración y la meditación junto al descanso estival.

Paloma López Campos·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El domingo 12 de julio de 2026, el Papa León XIV presidió el rezo del Ángelus desde Castel Gandolfo junto a los fieles y peregrinos congregados frente al Palacio Apostólico. En su alocución, el Santo Padre centró su mensaje en la parábola del sembrador, destacando la paciencia, la confianza y el amor incondicional de Dios hacia la humanidad.

Confianza de Dios frente a la debilidad humana

El Pontífice explicó que Jesús es la semilla que el Padre sigue esparciendo en el mundo, aun cuando a veces encuentra en las personas un terreno «duro e insensible» o «distraído», semejante al suelo pisoteado de los caminos o a los matorrales de espinos.

Sin embargo, el Papa aseguró que Dios conoce el corazón humano mejor que nadie y nunca deja de sembrar porque el poder de su amor es más fuerte que nuestras flaquezas: «La generosidad de Dios para con nosotros no es ingenua, sino sabia, y sabe descubrir en nosotros la posibilidad de un bien del que, a veces, ni siquiera nosotros mismos somos conscientes».

Transformación de los corazones

Durante su reflexión, el Santo Padre acudió a una cita de san Juan Crisóstomo para ilustrar cómo la gracia divina tiene el poder de transformar los terrenos más difíciles en campos fértiles.

Esta apertura y humildad para recibir la semilla divina es la que, según el Papa, permite cosechar los frutos del Espíritu Santo en la sociedad. Al enumerar virtudes como el «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí», León XIV exclamó: «¡Cuánto necesita nuestro mundo de estos frutos, de ser colmado y transformado por ellos!»

Descanso estival con sentido

Aprovechando el periodo de vacaciones, el Pontífice hizo un llamamiento directo a los creyentes para que no descuiden su vida espiritual durante los días de descanso. Les animó a hacer espacio para escuchar, leer y meditar la Palabra, así como a cultivar el descanso y la “sana diversión”, dejando también “momentos significativos de silencio y de oración”.

Al concluir su alocución, el Papa expresó su deseo de que este tiempo de desconexión permita a los fieles regresar a sus ocupaciones habituales «renovados en el cuerpo y en el espíritu», listos para colaborar en el crecimiento del Reino de Dios, encomendando esta intención a la Virgen María.

Evangelización

Manu, el joven que preguntó al Papa: «Dios me pone siempre en el escalón más alto»

Un mes después de la visita del Papa a España, hablamos con Manu, un joven que tuvo la oportunidad de hacer una pregunta al Papa, siendo la voz de todos los jóvenes españoles. Nos cuenta su testimonio y cómo esta experiencia le sigue ayudando en su camino de fe.

Teresa Aguado Peña·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“Hoy en día hay muchos jóvenes con sed de Dios, otros a los que les gustaría creer, y otros que no quieren hablar de Dios, pero muchas veces no sabemos cómo ayudarles. ¿Cómo podemos nosotros, que también estamos buscando, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?”. Esta fue la pregunta que le hizo Manu, un joven de 25 años, al Papa en la vigilia de jóvenes el pasado 6 de junio.

El Papa le respondió alto y claro: “¡No estamos solos!”. León XIV recordó esa noche a Manu y a todos los jóvenes, que tenemos a Dios y una gran comunidad a nuestro lado. Además señaló que es con nuestra experiencia y testimonio como debemos enseñar la belleza de la fe a los que no conocen al Señor.

Más allá de teorías o moralismos, el Papa insistió a los jóvenes en la fuerza del testimonio. A Manu se le quedaron grabadas sus palabras, y en una entrevista con Omnes nos cuenta precisamente su experiencia.

Jóvenes inquietos

Manu pudo ver con sus propios ojos y dar fe de ese “no estamos solos” del Papa. Cuenta que le llamó la atención, como a muchos otros, las 600.000 personas que en la vigilia se arrodillaban y guardaban silencio ante el “único rey”.

Y es que en la vigilia se puso de manifiesto que los jóvenes se movilizan en busca de respuestas: «veo muchísimas inquietudes, tanto entre jóvenes católicos como entre quienes no creen. Todos nos preguntamos por nuestro futuro, por nuestra vocación, por el sentido de la vida. Y precisamente por eso mucha gente acaba acercándose a la Iglesia.»

Para él, el cristianismo ofrece una respuesta distinta a la lógica dominante: «vivimos en una sociedad donde parece que todo gira alrededor del trabajo o del éxito. La Iglesia te recuerda que tu vocación es mucho más profunda. En mi caso, por ejemplo, mi vocación no es mi profesión, sino formar una familia. El trabajo es un medio, no el fin.»

¿Cómo explicar las «renuncias» de ser cristiano?

Durante la conversación surge una cuestión frecuente: cómo explicar a quienes están alejados de la fe aspectos como la castidad o las exigencias del Evangelio.

Su respuesta sorprende por su sencillez. «Muchas veces intentamos convencer desde la razón. Explicamos por qué hacemos ciertos sacrificios y la gente incluso entiende nuestra lógica, pero no la compra».

Pero para Manu, debe ser al revés: «primero hay que experimentar el amor de Dios. Solo después todo lo demás cobra sentido. Si empiezas por las normas, parece que el cristianismo son solo prohibiciones. Pero cuando uno descubre el amor de Dios, esas mismas cosas dejan de vivirse como sacrificios y pasan a ser una consecuencia natural».

Poder preguntar al Papa

Manu cuenta cómo la experiencia de estar delante del Papa significó para él un claro signo del amor de Dios: «cuando me dijeron que iba a hacer la pregunta estaba pasando un momento bastante malo. Tenía la autoestima muy baja y pensaba que no merecía estar allí».

«Para mí fue una representación de que, aunque yo me pueda tirar por los suelos porque soy un pecador y considero que hago las cosas muy mal, el Señor me enseña lo mucho que me quiere. Aunque yo crea que estoy en mi peor momento, Él me pone siempre en el escalón más alto porque me sueña así.

Con eso me quedo: intentar verme a mí mismo con los ojos de Dios y mirar también a los demás de esa manera, tanto a los amigos como a quienes nos cuesta querer, porque si Él nos pone siempre arriba incluso en nuestro peor momento, nosotros también deberíamos intentar poner a los demás en ese mismo lugar».

Una sencilla conversión

Aunque siempre ha sido católico, Manu reconoce que durante muchos años su fe fue simplemente heredada: «siempre fui a misa porque mis padres me educaron así, pero realmente no conocía personalmente a Dios».

Su manera de vivir la fe cambió cuando comenzó a implicarse en su parroquia (Nuestra Señora del Buen Suceso) en 2022: «no fue una conversión espectacular, pero sí una maduración muy profunda. Dejé de vivir la fe por rutina para descubrir que Dios quería formar parte de mi vida».

Desde entonces coordina grupos de jóvenes, participa en la formación diocesana y el próximo curso comenzará también a impartir catequesis.

El impulso de la vigilia permanece

Semanas después de la visita papal, reconoce que el entusiasmo inicial no ha desaparecido: «es un momento al que vuelvo constantemente. Cuando siento que puedo venirme abajo, recuerdo la vigilia, recuerdo todo lo vivido y recupero fuerzas».

También espera que haya sembrado preguntas en quienes contemplaron desde fuera la multitud de jóvenes reunidos alrededor del Papa: «creo que mucha gente se preguntará qué mueve a tantos jóvenes. Qué hace que cientos de miles de personas quieran estar allí, viviendo todo con tanta alegría, tanto silencio y tanta paz. Ojalá esa pregunta sea un comienzo».

Porque, como aprendió durante aquellos días, la evangelización no comienza con grandes discursos, sino con el testimonio de una vida transformada por el amor de Dios.

Cultura

«Sueños de trenes». La búsqueda de sentido

La periodista y filósofa Rocío Montuenga ha seleccionado esta película como una de las más importantes del pasado año. Es una película maravillosa, lenta, preciosista, que invita a pensar sobre el sentido de la vida y en especial del sufrimiento.

Rocío Montuenga / Jaime Nubiola·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Aunque había sido nominada para cuatro óscars, la aclamada película Sueños de trenes de Netflix no logró ninguna estatuilla en la gala del pasado 15 de marzo. Sin embargo, he pedido a la profesora Rocío Montuenga que nos compartiera su reflexión sobre este magnífico filme. He aquí lo que escribe:

“Durante mis años universitarios, en las clases de Filosofía del Lenguaje, de Jaime Nubiola, aprendí una intuición que el tiempo no ha dejado de confirmar: existen realidades que exceden lo comprobable. Si tuviéramos que dividir el mundo entre aquello que puede verificarse y aquello que escapa a la experiencia sensible, en un lado quedarían la ciencia, lo tangible y todo cuanto puede ser explicado; en el otro, el universo de lo inefable. Ese ámbito del que, como escribió Ludwig Wittgenstein en su Tratado lógico-filosófico, ‘de lo que no se puede hablar, es mejor callar’.

Y, sin embargo, es precisamente allí donde habitan algunas de las preguntas más decisivas de la existencia. El amor, el sufrimiento, la belleza, Dios, la esperanza o el sentido de la vida difícilmente pueden reducirse a fórmulas o verificaciones empíricas. Son realidades que nos sobrepasan y, precisamente por ello, nos constituyen.

Cuestiones como ‘¿qué sentido tiene mi vida?’, ‘¿existe un propósito capaz de dar unidad a mis decisiones, mis pérdidas y mis anhelos?’ o ‘¿para qué estoy aquí?’ afloran inevitablemente. Más pronto o más tarde, el ser humano se enfrenta a ellas, no porque espere respuestas definitivas, sino porque vivir implica aprender a convivir con el misterio.

La fragilidad de la vida

Esas cuestiones laten silenciosamente en el protagonista de Sueños de trenes (Train Dreams, 2025), un hombre cuya existencia parece atravesada por la pérdida y por la búsqueda de una cohesión que otorgue unidad a su historia. 

La película, dirigida por Clint Bentley y basada en la novela de Denis Johnson, se mueve entre el western y el drama rural, con el tempo pausado del slow cinema. Más que un relato de género, es una meditación sobre el misterio del sinsentido y la incesante —y radicalmente humana— búsqueda de sentido.

Desde sus primeros compases, Sueños de trenes sitúa al espectador junto a la voz en off de un narrador que acompaña la historia de Robert Grainier, un trabajador del Oeste americano que, a comienzos del siglo XX, participa en la construcción del ferrocarril. Huérfano desde niño, aprende demasiado pronto que la existencia puede quebrarse sin aviso.

En el ferrocarril, la injusta muerte de un compañero inmigrante —explotado y despreciado por no pertenecer al mundo de los hombres blancos americanos— deja en él una huella silenciosa difícil de borrar. 

El dolor se instala entonces como interrogante, incluso en forma de sueños recurrentes en los que le asalta la presencia de su amigo. Desde entonces, Robert parece convivir con una pregunta persistente: por qué la vida hiere de maneras tan difíciles de comprender.

Sin embargo, el filme muestra también que el sentido vital rara vez aparece como una idea abstracta o como algo que organice linealmente la biografía; más bien irrumpe encarnado en personas concretas, en miradas y en gestos. En el caso de Robert, ese primer anclaje llega a través de Gladys, cuya compañía le devuelve una forma de reconciliación con la vida. 

El amor, la posibilidad de un hogar y la llegada de su hija introducen una inesperada experiencia de plenitud en medio de una existencia áspera. La felicidad no se encuentra tanto en el dónde, el cuándo o el cómo como en el con quién. 

Sentido y pérdida

Aquí resulta inevitable pensar en la exploración central de Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido. Frankl sostiene que el ser humano encuentra significado de tres maneras: mediante una obra o tarea, a través del amor y la belleza —el ‘don recibido’— y, finalmente, en el sufrimiento asumido. 

La trayectoria de Robert parece recorrer, casi sin saberlo, esos tres caminos: el trabajo en la construcción del ferrocarril y como talador de árboles, el amor de Gladys y de su hija, y más adelante la experiencia devastadora de la pérdida. Allí donde parece abrirse un abismo de sinsentido, el argumento sugiere, con una delicadeza que recuerda al cine de Terrence Malick, que incluso el dolor puede transformarse lentamente en un lugar sagrado con significado.

Para narrar ese tránsito de un corazón quebrado —marcado por el duelo, la fragilidad y la fugacidad de la vida— Bentley recurre a la naturaleza como espejo y continuidad. La vida de Robert se entrelaza con imágenes de madera, hachas, troncos que caen y bosques abiertos por la intervención humana. Pero también con ríos que fluyen, pájaros que sobrevuelan el paisaje, flores que brotan en la intemperie, hogueras nocturnas y atardeceres que tiñen de calma las montañas de la América profunda. 

La naturaleza no es aquí un simple decorado, sino una presencia viva que sugiere transformación, ciclo y permanencia en lo cambiante.

El llanto de Robert Grainier ante el vacío de sus pérdidas no lo encierra en sí mismo, sino que lo abre, paradójicamente, a una comprensión más honda de la vida en su incertidumbre. Incluso en medio del sufrimiento, su existencia no se reduce a lo perdido, sino que permanece atravesada por aquello que ha recibido y por aquello que ha podido entregar: su trabajo, su presencia, su amistad, su amor silencioso y su capacidad de sostener la vida de otros en gestos discretos.

Aprender a recibir

Quizá ahí se insinúe una intuición decisiva: que no todo sentido se construye, sino que también se acoge. La vida no se agota en lo que hacemos o conseguimos, sino también en lo que recibimos y en cómo lo recibimos. Y en esa acogida —de lo luminoso y de lo herido— se abre una forma más honda de sentido.

En esta línea, muchas veces el ser humano no encuentra su sentido porque lo reduce a lo que hace, lo que tiene o lo que produce. Sin embargo, la existencia parece desbordar esos límites: no se explica solo desde la acción, sino también desde la recepción.

Los árboles que aparecen en Sueños de trenes funcionan aquí como una metáfora especialmente elocuente. El tronco talado y el tronco erguido conviven en el mismo paisaje, recordando que la vida integra simultáneamente lo que nace, lo que cae y lo que permanece. En esa convivencia de contrarios se insinúa una comprensión más profunda de la existencia: no como dominio, sino como aceptación de su ritmo propio.

Desde esa mirada, la vida no se justifica solo por lo que nos sucede o logramos, sino también por lo que recibimos y por lo que somos capaces de devolver sin cálculo desde nuestro ser en presente. En ese intercambio gratuito se abre una forma más honda de sentido. Y quizá sea ahí, en una gratitud serena ante lo vivido, donde el ser humano encuentra la fuerza para seguir habitando el misterio de la existencia”.

El autorRocío Montuenga / Jaime Nubiola

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Cultura

Saydnaya y Maaloula: donde aún se habla la lengua de Jesús

Dos lugares emblemáticos del cristianismo oriental, Saydnaya y Maaloula, aún conservan tradiciones milenarias, incluida una variante del arameo, la lengua asociada a Jesús.

Gerardo Ferrara·12 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Ya he escrito en estas páginas sobre la Siria que fue : un país encrucijada de civilizaciones e imperios, lenguas, religiones y alfabetos, un mundo perdido de pueblos y comunidades que una guerra terrible y prolongada ha destrozado y del que no se sabe si podrá recomponerse. 

Hoy quiero seguir hablando de ello, con nostalgia y con el deseo de volver allí, para compartir un viaje que, en agosto de 2008, me llevó a visitar dos lugares que custodian el corazón más antiguo del cristianismo de Oriente: el monasterio de Saydnaya y el pueblo de Maaloula, donde todavía se habla una variante del arameo, la lengua de Jesús.

El desierto y la frontera

Imaginaos que estáis en el Líbano. Tres semanas maravillosas recorriendo el país de arriba abajo, entre montañas, mar, monasterios antiguos y modernos, ciudades maravillosas, comida increíble y una gente tan acogedora como pocas veces se encuentra. 

Pero faltaba algo: ¡el desierto! Siempre había soñado con verlo, con pisar esa extensión de color ocre que solo había visto en fotografías. Así que convencí a mis amigos para que contactaran con una agencia y organizáramos una excursión al otro lado de la frontera: Saydnaya, Maaloula y, por último, Damasco. Era principios de agosto. Hacía calor, sí, pero nada comparable a las olas de calor que sufrimos últimamente. Y, a primera hora de la mañana, nos subimos a una furgoneta, dos amigos cristianos libaneses y yo, con un conductor druso, también libanés, que además nos haría de guía.

Aún recuerdo la despreocupación típica de Oriente Medio con la que nuestro conductor conducía por las carreteras que trepan por la cordillera del Líbano, bordeando los tanques abandonados a los lados de la calzada: vestigios silenciosos de la larga ocupación siria, que terminó en 2005 tras treinta años de presencia militar.

Al descender hacia el valle, ya con el Antilíbano y la cercana frontera a la vista, la carretera se hacía más recta y, en la frontera, yo, como italiano, pasé sin problemas: un apretón de manos cordial, unos cuantos dólares por el visado y un «hasta luego», mientras los libaneses y los sirios esperaban en fila bajo el sol. Una paradoja, inaceptable en muchos sentidos, la misma que se da entre Israel y Cisjordania.

Y luego, una vez cruzada la frontera, la primera visión deslumbrante. Mis amigos libaneses, acostumbrados a las montañas verdes, a las terrazas cultivadas, a los cedros, no se explicaban cómo podía quedarme tan embelesado por el desierto. Y, sin embargo, así era: aquella inmensa extensión, de color ocre quemado por la luz deslumbrante del sol de agosto, el horizonte llano que se extendía infinito ante la furgoneta, me conquistaron de inmediato. Hay algo místico en los desiertos de esa parte del mundo: no en vano las tres religiones abrahámicas nacieron allí. Evidentemente, allá el hombre tiene mayor propensión a escuchar a Dios.

Saydnaya: la Virgen sobre la roca

La primera parada fue Saydnaya (del arameo Saidnāyā: «Nuestra Señora»), un monasterio greco-ortodoxo fundado, según la tradición, por el emperador Justiniano en el siglo VI, sobre una roca a unos 30 km al norte de Damasco, que alberga uno de los iconos marianos más antiguos y venerados de toda la cristiandad oriental.

La llegada al monasterio fue como un ascenso hacia el cielo: la empinada subida, el sol de agosto que pegaba fuerte sobre la estructura que se alzaba sobre la roca, casi fundida con ella. Los gruesos muros exteriores, de piedra clara, protegían discretamente lo que se guardaba en su interior: ni el patio florido, ni los silenciosos senderos que conectaban las distintas estancias del monasterio, un pequeño mundo en sí mismo.

Dentro de la iglesia principal, el iconostasio dorado se alzaba como una muralla que custodiaba el sanctasanctórum, y los candelabros, con su luz titilante sobre los iconos milenarios, creaban una atmósfera etérea. Éramos muy pocos y el silencio, junto con el frescor y el refugio que ofrecía la iglesia, hacía que apeteciera quedarse allí para siempre.

En el centro, en un relicario, se encontraba el icono de la Virgen de Saydnaya, pintado, según la tradición, por el evangelista Lucas y traído aquí desde Bizancio. 

Mis amigos libaneses me llamaron la atención sobre un grupito de musulmanes que mostraban un gran respeto y veneración por aquel lugar, sagrado también para ellos.

Una vez fuera, contemplé el valle que se abría a los pies del monasterio, la extensión de color ocre que abrazaba el horizonte mientras los rayos del sol se reflejaban implacables en las paredes blancas del convento. 

Ahora que lo pienso, me emociono al saber que aquel país tan hermoso sufriría una tragedia inmensa solo un par de años después.

Maaloula: la lengua de Jesús

Maaloula me marcó aún más que Saydnaya, si cabe.

No dejaba de contemplar embelesado el paisaje desde la ventanilla, mientras uno de mis amigos libaneses sufría un mareo terrible (¡pero a mí no me importaba demasiado!): ¿cómo no dejarse cautivar por la belleza de aquel desierto llano que, de repente, se volvía accidentado y luego rocoso, abriéndose en un desfiladero dominado por Maaloula?

Así se me apareció el pueblo aferrado a la roca, uno de los pocos lugares del mundo donde todavía se habla el arameo occidental: la lengua que hablaba Jesús. 

Cabe precisar que existen varias variantes modernas del arameo antiguo, que ha evolucionado, al igual que el latín, dando origen a lenguas como el siríaco, el arameo judío palestino (hablado en la época de Jesús) o los dialectos caldeos (en Irak).

En Maaloula, esta lengua sigue resonando en las calles, en las oraciones de las iglesias y en las voces de los niños.

En primer lugar, visitamos el monasterio de los Santos Sergio y Baco (Mār Sarkīs wa-Bakhūs), uno de los lugares de culto cristianos más antiguos del mundo (siglo IV), construido sobre un antiguo templo pagano. La fuente del patio, las puertas de madera oscura, el silencio del claustro: todo transmitía la sensación de estar fuera del tiempo.

En la iglesia greco-católica, la guía, una joven de la zona, nos reunió alrededor del altar de forma cuadrada (de época precristiana) para recitarnos el Padrenuestro en arameo. La emoción que sentí entonces se une al dolor de haber visto, en los reportajes de la televisión, cómo ese mismo altar fue destrozado a martillazos por integristas islámicos durante la guerra civil. ¡Dos mil años de convivencia entre paganos y cristianos y, después, entre musulmanes y cristianos, barridos a golpes de martillo!

Al salir de la iglesia, nos adentramos entre los desfiladeros y las rocas que conducen al santuario de Santa Tecla, una de las primeras mártires cristianas, discípula del apóstol Pablo. Cuenta la tradición que, cuando Tecla era perseguida por sus perseguidores, la roca se abrió milagrosamente para darle refugio. La grieta no es muy diferente de la que se recorre para llegar a Petra, en Jordania, y en ciertos puntos, donde se vuelve más estrecha, uno se ve literalmente aprisionado entre el color ocre de la piedra y, allá arriba, el azul intenso del cielo despejado.  

Lo que queda

Sin duda, aquel viaje, que terminó en Damasco, en casa de Ananías, ha quedado grabado de forma indeleble en mi memoria y en mi corazón.  De regreso a Beirut, al caer la tarde, dejamos atrás la inmensa periferia de la capital siria, con los gigantescos carteles de Bashar al-Asad que aún se alzaban por todas partes, y el desierto que cambiaba de color hacia el naranja y el marrón.

Quizá nunca vuelva a ver esos lugares tal y como los dejé. 

De hecho, en septiembre de 2013, Maaloula fue uno de los primeros pueblos cristianos de Siria en ser ocupado por los rebeldes de Jabhat al-Nusra (vinculados a Al Qaeda), cuyo fundador y líder era el actual presidente sirio tan querido por Trump, ¡Ahmed al-Sharaa Al-Jawlani!

Los enfrentamientos causaron daños ingentes al patrimonio histórico y artístico: el monasterio de los Santos Sergio y Baco fue saqueado, y algunos de sus iconos milenarios fueron robados o destruidos. Sin embargo, fue el convento de Santa Tecla el que se convirtió en el símbolo más doloroso de aquella época: las doce monjas que vivían allí fueron secuestradas por los milicianos y retenidas como rehenes durante casi tres meses, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014, para luego ser liberadas tras una larga y compleja negociación con la mediación de Catar.

Saydnaya también se vio arrasada por la guerra. De hecho, en la infame prisión situada cerca del monasterio, el régimen de Assad encerró, según los informes de Amnistía Internacional, a miles de personas. Muchas fueron torturadas y asesinadas; otras tantas no regresaron jamás, desapareciendo entre las llagas y las cicatrices de un conflicto que ha destruido un país.

La esperanza es que, como ha ocurrido en tantas épocas de la historia, Siria —y esos lugares de encantadora belleza y valor cultural inconmensurable— vuelva a ser un faro de civilización, tolerancia y buen vivir.

El autor, Gerardo Ferrara, en el Monasterio de Nuestra Señora de Saydnaya
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Cine

“Cosas que no olvidaré”, una poderosa mirada sobre el alzhéimer

Edoardo Leo, protagonista y productor de la película “Cosas que no olvidaré”, explica cómo se aborda con sentido del humor y sin dramas la realidad del alzhéimer.

José María Navalpotro·12 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Paolo tiene 40 años y le diagnostican alzhéimer precoz. Comienza a perder la memoria y decide vivir el momento y disfrutar de su mujer Michela, y su hijo de 11 años, Mattia. Esta es la historia que cuenta en “Cosas que no olvidaré”, que se acaba de estrenar en España.

El relato se basa en la vida real del propio Paolo Piccoli y de su hijo Mattia, que fueron galardonados por el presidente de Italia. Edoardo Leo, protagonista de la película y productor, ha estado en España y explica qué le ha movido a embarcarse en este drama profundamente humano y que habla de familia, de enfermedad, y de sentido de la vida.

En 115 minutos, la película entra con humanidad y humor en el mundo de Paolo, que se empieza a desvanecer por el alzheimer. Y decide vivir momentos dignos de ser considerados cosas que no olvidar, y que le ayudan a disfrutar más de su vida cada vez más brumosa. No es una película lacrimógena, a pesar de la dureza del tema. El director y guionista es Alessandro Aronadio, quien trabaja con un grupo de actores sensacional, especialmente Edoardo (Paolo en la película) y el joven Javier Francesco (su hijo). Está producida por Bosco Films, y la web desde donde se puede ver en qué cines se proyecta es cosasquenoolvidare.com.

¿De dónde viene la idea de hacer la película?

– Viene de la vida, lamentablemente. Porque el presidente Mattarella, presidente de la República, entregó un galardón a este niño (Mattia) por la manera de cómo cuidó de su padre.

Nosotros descubrimos esta historia por esta noticia de la entrega del premio. Luego descubrimos que la mujer de Paolo había escrito un libro contando la historia de Paolo. En ese momento compramos los derechos y decidimos escribir el guión. Nos ha llegado de forma emotiva esta historia. Porque hemos visto la emoción de este chico, de este chaval, premiado por el presidente de la República, algo increíble. 

¿Era necesaria una película así? El alzheimer no es un tema que se suela tratar en el cine.

– Para mí, a mi edad, hacer otra comedia sin más, hacer por hacer, no tenía sentido. Entonces, con Alessandro (el director y guionista) recogimos este reto, hacer sonreír a las personas y conmoverlas con un tema tan dramático. Igual nos equivocábamos, pero teníamos que hacerlo respetando el dolor de la familia. Había una gran responsabilidad. Pero para mí es la tarea primordial de la comedia. 

¿Qué ha sido lo más difícil al abordar este papel?

– La cosa más difícil es devolver esa sensación. Es paradójico lo que voy a decir, pero es más fácil interpretar la enfermedad. Lo difícil es encarnar algo que solo el alzheimer te ocasiona. Saber que estás enfermo, pero no tienes conciencia, percepción de ello.

Esa fase es la más difícil para interpretar. Es algo que tiene que ver con la conciencia, la memoria. Muy complicado. Al igual que es complicado contar los matices, el gris es más difícil para contar una historia. 

¿Cómo ha sido la relación con la familia real? 

– No quise reunirme con ellos antes. Ni ver a Paolo antes porque estaba demasiado enfermo.

Antes de la proyección de la película, conocí a Michela y a Mattia. Y les dije: no busquéis a vuestro padre en la película. El cine tiene que engañar o traicionar las historias para que se vuelvan cinematográficas. No busquéis la biografía de vuestro padre, sino la esencia de la historia de vuestro padre. Porque hubiese podido ser una decepción. Y lo bonito fue el abrazo al final del visionado. Me dijeron que en ella yo tenía la misma sonrisa que Paolo.

¿El propósito de la película era que llegara a tocar el corazón del público? ¿La atención al Alzheimer?

– Sí, porque las películas no enseñan, no hay nada que pueda enseñar en el cine. No creo en el cine que lanza mensajes, no creo en el cine didáctico, porque si no se vuelve moralista.

En cambio, el cine se basa en sí mismo, cuenta historias. Y si esa historia hace mella en el corazón de las personas, les motiva. Enseña algo distinto a cada persona, no hay un mensaje único.

Quizá un mensaje que transmite es que para ser un héroe no hace falta ser alguien especial. Siendo normal se pueden hacer acciones heroicas en lo cotidiano.

– Sí es así. Aquí, un niño se convierte en héroe porque hace de padre a su padre. Es increíble, un niño no tendría que tener esa responsabilidad, jamás; pero es maravilloso. Es una especie de superhéroe de los sentimientos.

Esta parte emotiva es una de las cosas más bonitas de la película. 

Ya estrenada en Italia, ¿qué impacto ha tenido?

– Fue un éxito, es increíble. Porque es una película sobre alzheimer, no es una comedia divertida como un viaje de un grupo de amigos. Es una película que podía dar cierto respeto a las personas. Pero no fue así.

A nivel personal, lo más sensacional es la cantidad de mensajes, cartas, comentarios en redes de personas que han vivido o están viviendo este momento con un enfermo de alzheimer en casa. Me han dado las gracias porque intentamos dar a conocer el único lado positivo de esta enfermedad: la memoria de los lazos afectivos.

¿Cómo han sabido manejar el sentido del humor en la película? Es muy difícil el equilibrio de hacer bromas con un tema tan dramático.

– Es la tarea de la comedia. Lo más difícil es reír con el dolor, la enfermedad. Pero la cosa es que tú no te ríes de ellos, sino con ellos, junto con ellos.

Es lo más complicado, pero es lo que nos ha estimulado más. Cada día en el rodaje, Alessandro y yo nos preguntábamos: “¿esto lo podemos decir? ¿Dónde está el límite?” Nos hacíamos preguntas sobre cuál sería el límite para no ofender a la familia.

Cuando escribimos el guión, se lo pasamos a la familia. Les ofrecimos poner sus nombres de verdad solo si les parecía bien, si aceptaban este guión. Si no, usaríamos nombres inventados. Y ellos, después de leerlo, dijeron: “vale”.

No queríamos hacer una película triste sobre la historia del padre. Queríamos hacer una película divertida, emocional. Paradójicamente hubiese sido más fácil hacer una película sobre la enfermedad, una especie de chantaje emocional. 

En lo personal, ¿cómo le ha afectado la película?

– Este filme ha fortalecido cosas que todos pensamos y que no ponemos en práctica. Es decir, poner el foco en la profundidad de los recuerdos, no en la cantidad de recuerdos. No tenemos que esperar que lleguen momentos desde fuera especiales para la vida de cada uno. A veces los momentos más especiales son muy, muy pequeños. Pero tienes que ir a buscarlos, no tienes que esperar que lleguen.

En el fondo, la película es una llamada a resaltar la dignidad de toda persona, también del enfermo.

– Hoy en día, Paolo -muy enfermo- sigue siendo fuente increíble de emoción y amor hacia su familia.

Yo veo vídeos privados de él, y aunque no reconoce a los hijos ya, sigue siendo motivo de emoción en esa familia. Es una cuestión de la mirada sobre las cosas, decidir abandonarte a la tristeza de una historia, o bien intentar buscar una manera de sobrevivir. Y una manera es coger ese poquito de belleza que hay para mantener junta a la familia, con el cuidado como sentimiento muy potente, muy fuerte.

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Iniciativas

De la barriada de Kibera a la Facultad de Derecho: el triunfo de Valary rompe el ciclo de la pobreza

Otieno Valary Akinyi, una joven de 18 años del asentamiento informal de Kibera en Kenia, logra acceder a la Universidad de Strathmore gracias a su esfuerzo académico y a la beca MACHEO PLUS de Harambee ONGD.

Paloma López Campos·11 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Otieno Valary Akinyi, una joven de 18 años nacida y criada en la aldea de Raila, dentro del asentamiento informal de Kibera (Nairobi, Kenia), ha desafiado las estadísticas de su entorno al ingresar este mes de junio en la Universidad de Strathmore para cursar el Grado en Derecho. Este hito, inalcanzable para muchos jóvenes que sufren la exclusión social de la barriada, ha sido posible gracias a la beca MACHEO PLUS de Harambee ONGD, financiada por un donante que costeará íntegramente los cuatro años de su carrera académica.

El camino hacia la universidad comenzó con un gran esfuerzo por parte de Valary. Durante su segundo año de secundaria en la Kibera Girls Soccer Academy —una escuela de educación gratuita—, la joven se unió al programa Macheo de la Universidad de Strathmore, enfocado en preparar a estudiantes de secundaria para su acceso a la educación superior. Asistiendo a clases y mentorías todos los sábados, su constancia dio frutos: se coronó como la mejor estudiante de la promoción de 2025 tras obtener una nota media de B+ (matrícula de honor) en el examen nacional KCSE.

Una beca que lo es todo

Sin embargo, las barreras económicas amenazaban con truncar su futuro. Con seis hijos en la familia, los ingresos de sus padres eran insuficientes para asumir una matrícula universitaria. Su madre, que trabaja en una tienda de cereales, ingresa unos 54 euros mensuales, mientras que su padre se gana la vida como vendedor ambulante.

La llegada de la beca financiada desde España ha supuesto un «salvavidas» para la familia. En una carta dirigida a la sede de Harambee ONGD en Madrid, la joven agradeció el apoyo económico que le evitará lidiar con la carga financiera y le permitirá concentrarse en sus metas. «Me dedicaré plenamente y con diligencia a mis estudios para estar a la altura de este privilegio y graduarme dentro de los cuatro años», afirmó Valary, cuyo objetivo es convertirse en abogada para servir a su comunidad e impartir justicia.

La noticia ha transformado también a su familia. Su madre, Esther Apin, relató la angustia que sentía al no saber cómo pagarían los estudios de Valary, quien soñaba con ser abogada desde sus últimos años de primaria, y confesó sentir ahora un gran alivio y esperanza. Su padre, John Otieno, agradeció profundamente la generosidad del benefactor anónimo español.

Efecto contagio

Este éxito está teniendo además un importante «efecto contagio» en su entorno, un lugar donde los jóvenes se enfrentan a una grave escasez escolar. Claris Omondi, directora del antiguo instituto de Valary, destaca que este logro sirve como una «enorme motivación» para el resto de las alumnas al ver que es posible llegar a una universidad de prestigio.

A través de becas como esta, que incluyen informes de seguimiento anuales para los donantes, Harambee ONGD persigue un impacto estructural. Al facilitar el acceso universitario a jóvenes con talento, la organización busca encender el motor del desarrollo, permitiendo que estudiantes como Valary, que ya disfruta de sus primeros días de interacción y vida en el campus, lideren su propio destino y mejoren el futuro de sus comunidades.

El poder de la imaginación

Hay que lograr que la imaginación deje de distraernos y de ser aliada de nuestros miedos, y que nos ayude más bien a transitar el presente de manera más alegre.

11 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Decía santa Teresa de Ávila que la imaginación es la loca de la casa y que no hay quien la sujete. Quizá esa es una de las ideas más conocidas de las “Moradas del Castillo Interior” y de toda su obra. Sin embargo, santa Teresa reconocía que, aunque la imaginación puede llevarnos a la distracción, también puede ayudarnos en la oración. Bien empleada, la imaginación puede convertirse en camino hacia la contemplación, la empatía y el amor. En “Camino de perfección” escribía “representad al mismo Señor junto con vos” y también, en uno de sus poemas, “mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; mire Él por mis cosas y yo por las suyas”, tareas que evidentemente requieren de imaginación.

La importancia de la imaginación

Algunos filósofos han señalado la importancia de esa capacidad cognoscitiva que no sólo produce fantasías sino que media entre la sensibilidad y la inteligencia. Leonardo Polo afirmaba, por ejemplo, que de los animales no sólo nos distingue la inteligencia, sino también la imaginación, que nos permite recordar, anticipar, dar continuidad a la experiencia y preparar la abstracción intelectual. No sólo eso, sino que además la imaginación puede entrenarse y podemos entonces orientarla hacia cosas buenas, como el arte o la ciencia.

Como decía el filósofo norteamericano Charles S. Peirce, no hay ciencia ninguna sin que le preceda un “juego bastante salvaje de la imaginación”. En general, no podemos avanzar en el conocimiento sin la imaginación, que es precisamente la que nos presenta posibles hipótesis novedosas. “El raciocinio completo y todo lo que nos hace seres intelectuales se desempeña en la imaginación”, afirma Peirce.

Pero hay mucho más. La imaginación es imprescindible también para nuestras relaciones sociales, nos ayuda a ponernos en el lugar de los demás, a buscar la verdad, a idear posibles soluciones, a explorar diferentes modos de acción, a dar sentido a lo que hacemos y a formar hábitos nuevos.

Saber orientar nuestra mente

La imaginación entonces no ha de ser aplacada ni denostada. Simplemente hay que orientarla bien para que deje de presentarnos todas las desgracias y maleficios que se ciernen sobre nosotros, para que no dé agotadoras vueltas en círculos, qué pasará si estoy enfermo y no puedo ir, si mi novio me deja o si simplemente pierdo el avión que tengo que tomar de madrugada.

Hay que lograr que la imaginación deje de distraernos y de ser aliada de nuestros miedos, y que nos ayude más bien a transitar el presente de manera más alegre. Porque es verdad que el día a día puede hacerse difícil: tenemos que llegar a todo y cumplir lo mejor posible con nuestras tareas de madres o padres, de hijos, trabajadores, estudiantes, amigos, ciudadanos y tantos y tantos quehaceres, algunos a contrapelo, otros gustosos, pero muchas veces cansados.

Las cosas pequeñas pueden no ser tan pequeñas. Sobrevivir a un día corriente puede resultar a veces más difícil que desembarcar en la playa de Omaha o escalar el Everest. Y ahí está nuestra imaginación. Enseñémosle a que, en lugar de decirnos no puedo, nos ayude a agarrar el fusil, el pico y el piolet.

Aguantar en las trincheras

Cuánto bien me hizo aquel sacerdote que me decía en mi juventud “eres una valkiria, una guerrera china, una auténtica samurái, podrás con todo”. Aprendí de él a despertar mi imaginación porque es la que nos ayuda a aguantar en las trincheras, mientras nos sobrevuelan los aviones enemigos. Nos apoya para resistir mejor que un marine hasta que el oleaje se va apaciguando. Cortas la cabeza al dragón. Aguantas en la ciudad sitiada. Te caes y te levantas. Te adaptas a las estepas siberianas con un poco de vodka.

La vida suele ser así, no es precisamente un paseo entre girasoles. Hay muchos días grises y situaciones que aparentemente nos superan, pero eso no implica que haya que quejarse y mucho menos rendirse.

A veces la vida se parece más bien a una expedición por la Antártida con los pies congelados, vestidos con pieles que no te sacan el frío de los huesos, con grietas, aludes, noches perpetuas o que al menos lo parecen, con el barco atrapado entre los hielos, con comida ya pasada y carne de foca por todo alimento, con ventiscas y neveros y con un invierno tan profundo que ni siquiera los pingüinos te visitan. De pronto, sin embargo, hay pequeños respiros y tu corazón cansado se reconforta. Por unos instantes alzas el vuelo, ligero, y ves la Antártida desde arriba, a vista de pájaro, entre los hielos.

Se trata de seguir. Solo eso. Nadie dijo que fuera fácil. A veces no sientes los pies, pero el corazón todavía late y bombea. La vida, definitivamente, no está hecha para cobardes y la imaginación nos lo recuerda. Nos permite anticipar, interpretar y descubrir sentidos nuevos en la experiencia. Gracias a ella, veremos que se puede y haremos fiesta. Saldremos a la calle porque de alguna manera todos los días serán el día de la victoria. Estaremos sobreviviendo. Y también salvando el mundo.

El autorSara Barrena

Mundo

En otoño comenzará el proceso de beatificación de la novelista Sigrid Undset

Sigrid Unset, Premio Nobel de Literatura en 1928, tuvo una preocupación constante por los pobres y el cuidado de su hija.

OSV / Omnes·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En Noruega se están llevando a cabo los preparativos para abrir una causa de canonización de la novelista Sigrid Undset, ganadora del Premio Nobel, según anunció el obispo Fredrik Hansen de Oslo el 8 de julio.

«Ella es mucho más que una autora y premio Nobel. Para nosotros, es un modelo de fe cristiana, de una vida vivida en la virtud y de la búsqueda de la santidad», dijo el obispo Hansen sobre Undset durante una misa en la que hizo el anuncio.

«Demostró una preocupación constante y práctica por los pobres. Se entregó por completo al cuidado de su hija, a su compromiso con la vida y a la santidad de la misma. A través de sus numerosos libros, influyó en incontables creyentes, inspirándolos a vivir en Cristo y dando testimonio de nuestros santos medievales», afirmó, según un comunicado de prensa.

Biografía

Nacida en Dinamarca en 1882 y criada en Noruega, Undset es conocida principalmente por su novela «Kristin Lavransdatter», una trilogía que narra la vida de su protagonista en la Edad Media. Esta obra le valió a Undset el Premio Nobel de Literatura en 1928, «principalmente por sus poderosas descripciones de la vida en el norte de Europa durante la Edad Media», según la organización del Premio Nobel.

Su investigación sobre el catolicismo medieval la llevó a convertirse al catolicismo en 1924 y en 1928 ingresó en la Tercera Orden Dominicana. Durante la Segunda Guerra Mundial, huyó a Nueva York, donde abogó públicamente por la resistencia noruega al nazismo. Regresó a Noruega tras el fin de la guerra en 1945 y falleció en 1949 en Lillehammer.

Impulso del obispo Hansen

Antes de dar a conocer la iniciativa, el obispo Hansen la presentó a la Conferencia Episcopal Nórdica, integrada por los obispos de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, así como por expertos en la vida de Undset. Su causa de canonización se abrirá formalmente en otoño, según indicó.

El obispo Hansen compartió la noticia durante una Misa en honor a Santa Sunniva en las ruinas del monasterio benedictino de Selja, una isla considerada cuna del cristianismo noruego y sede de su primera diócesis. Según la leyenda, la reina cristiana del siglo X, Santa Sunniva, huyó de Irlanda para escapar de un matrimonio con un tirano y finalmente murió en Selja, tras lo cual se atribuyeron milagros al lugar.

«Al igual que Santa Sunniva y sus compañeras, Sigrid Undset también debe ser para nosotros un modelo de vida en Cristo», dijo el obispo Hansen. Animó a los fieles a orar por la labor de la diócesis en su causa.

Tras la apertura formal de su causa, Undset recibirá el título de «sierva de Dios». Si su causa progresa, el papa le otorgará el título de «venerable» en reconocimiento a su vida de heroica virtud cristiana. Normalmente, para su beatificación se requeriría un milagro aprobado atribuido a su intercesión, y para su canonización, un segundo milagro aprobado.

El autorOSV / Omnes

Nuestros hijos no necesitan una infancia cómoda

En una cultura de pantallas y gratificación inmediata, educar a los hijos en la diligencia es ayudarlos a recuperar el gusto por el esfuerzo, el servicio y la verdadera alegría.

10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Hay escenas sencillas que dejan una profunda enseñanza. Hace unos días presencié una que me conmovió. Una abuelita, de más de ochenta años, se sentó junto a su nieto de ocho, quien permanecía completamente absorto frente a la pantalla de su iPad.

—¿Qué haces? —preguntó con ternura.

—Aquí… matando el tiempo.

—¿Y por qué no sales a jugar con los demás niños que están en el jardín?

—¡Ay, no! ¡Qué pereza!

La abuela sonrió. En lugar de regañarlo, decidió conversar. Le preguntó qué significaba la pereza y, poco a poco, inició una hermosa explicación sobre las virtudes. Le habló de los pecados capitales y de las virtudes que ayudan a vencerlos. “Contra la pereza, diligencia”, le dijo con la serenidad de quien sabe que educar es sembrar para el futuro.

Pensé entonces en el enorme tesoro que representan nuestros abuelos. Con paciencia, experiencia y cariño pueden transmitir aquello que ninguna pantalla será capaz de enseñar.

La palabra diligencia proviene del latín diligentia, que significa cuidado, esmero y dedicación. Está relacionada con el verbo diligere: escoger con atención, apreciar, amar. Una persona diligente no sólo hace las cosas; las hace bien, con responsabilidad, constancia y entusiasmo. En la tradición cristiana, esta virtud está estrechamente vinculada con la caridad, porque quien ama no permanece pasivo: actúa, sirve, trabaja por el bien propio y el de los demás.

Hoy esta virtud resulta especialmente urgente.

Vivimos una verdadera epidemia de sedentarismo infantil. La Organización Mundial de la Salud advierte que la mayoría de los niños y adolescentes del mundo no alcanza los 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa recomendados para su edad. Al mismo tiempo, el tiempo frente a pantallas continúa aumentando y suele acompañarse del consumo frecuente de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas. Esta combinación favorece el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión y otros problemas metabólicos desde edades cada vez más tempranas. También se asocia con dificultades para dormir, menor capacidad de atención, síntomas de ansiedad y depresión, así como un menor rendimiento escolar.

Pero existe otra consecuencia menos visible y quizá más preocupante: la pérdida del gusto por el esfuerzo.

La cultura del clic ofrece gratificación inmediata. Todo parece obtenerse con un toque de pantalla. Sin darnos cuenta, algunos niños comienzan a rechazar cualquier actividad que implique esperar, practicar o perseverar. Leer un libro, aprender un instrumento, ordenar la habitación, ayudar en casa o simplemente salir a caminar les parece demasiado pesado.

Por eso los padres necesitamos recuperar con serenidad nuestro papel de autoridad y de guía. Educar no consiste únicamente en proteger a los hijos o procurarles comodidad. Educar es formar el carácter. Es enseñarles que la felicidad duradera no nace de hacer siempre lo que se antoja, sino de desarrollar hábitos que fortalezcan la voluntad.

Necesitamos niños diligentes. Niños que se levanten para ayudar antes de que alguien se los pida. Que descubran la alegría de servir. Que experimenten la satisfacción de terminar una tarea difícil. Que jueguen al aire libre, corran, salten, exploren, convivan y aprendan a trabajar en equipo. Un niño activo fortalece no sólo sus músculos y su corazón; también desarrolla disciplina, autoestima, resiliencia y habilidades sociales.

Quizá ha llegado el momento de que las familias recuperemos un verdadero proyecto de formación en virtudes. Más que pasar el día corrigiendo conductas aisladas, podríamos proponernos cultivar, de manera consciente, las llamadas siete virtudes capitales: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

¿Qué estamos haciendo para fortalecer el lado luminoso de la personalidad de nuestros hijos?

Sería maravilloso elegir una virtud cada mes y practicarla en familia. Si el propósito es crecer en generosidad, podemos organizar visitas a un asilo, compartir alimentos con quienes pasan necesidad o donar ropa en buen estado. Si queremos fortalecer la paciencia, podemos comprometernos a disminuir los gritos en casa, aprender a resolver conflictos sin violencia y perseverar juntos en actividades que requieren tiempo, como aprender música, practicar un deporte o desarrollar una habilidad artística.

Cuando los niños ven a sus padres vivir estas virtudes, descubren que no son teorías, sino un estilo de vida.

Y si este mes decidimos trabajar la diligencia, podemos comenzar con acciones muy concretas:

  • Limitar razonablemente el tiempo frente a pantallas.
  • Recordar que descansar también significa cambiar de actividad, no sólo permanecer inmóviles.
  • Involucrar a todos en las labores del hogar, de acuerdo con su edad.
  • Caminar o utilizar la bicicleta en trayectos cortos cuando sea posible.
  • Estar atentos a las necesidades de los demás y ofrecer ayuda sin esperar que nos la pidan.
  • Procurar cada día algún tiempo de juego libre al aire libre, de movimiento y convivencia.
  • Reconocer y felicitar el esfuerzo mucho más que los resultados.

Nuestros hijos no necesitan una infancia cómoda; necesitan una infancia que los prepare para la vida. La diligencia no les roba alegría; al contrario, les permite descubrir la satisfacción de conquistar metas, de servir a los demás y de convertirse en personas fuertes, responsables y generosas.

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Familia

Leigh Fitzpatrick Snead: “Los matrimonios estamos llamados a dar fruto más allá de los hijos”

Leigh Fitpatrick Snead habla sobre la infertilidad en el matrimonio con total apertura y sinceridad, destacando que los matrimonios están llamados a dar frutos más allá de los hijos que puedan concebir.

Paloma López Campos·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Leigh Fitzpatrick Snead publicó hace unos meses el libro “Infertile but fruitful” (Infértiles pero dando fruto, en inglés). Lleva años recorriendo Estados Unidos hablando sobre el matrimonio, la familia y la Iglesia católica. Con su nuevo libro trata de mostrar la realidad de muchos matrimonios que no pueden tener hijos, los desafíos a los que se enfrentan y el acompañamiento que realiza la Iglesia.

En esta entrevista, habla con Omnes acerca de cómo pueden descubrir estos matrimonios que siguen llamados igualmente a dar fruto en sus vidas.

En un mundo donde hay matrimonios que tienen cunas vacías y que no pueden tener hijos, usted dice que pueden dar fruto. ¿Cómo logran estos matrimonios que no tienen hijos descubrir esa fecundidad espiritual en su vida diaria?

– Es muy difícil de lograr. Aunque es muy fácil decirlo, tienes que llevar ese sufrimiento al pie de la Cruz, tienes que transformarlo y ver que hay algo más en ese dolor. En esos momentos de revelación te das cuenta de que estamos llamados a ser fecundos y que hay más frutos además de los bebés.

Pero creo que es muy, muy difícil cuando te encuentras en un matrimonio feliz y estás esperando con esa cuna vacía. Es muy difícil entender por qué no sucede, salir de ahí y darte cuenta de esto.

Muchas veces no puedes darte cuenta porque, a diferencia de sufrir de cáncer u otra enfermedad que causa dolor y molestias, la infertilidad a menudo no duele físicamente, así que no te sientes enfermo, solo sientes que algo no está sucediendo. Creo que siempre nos apresuramos a equiparar el sufrimiento con el dolor.

Nuestros cuerpos están diseñados para los bebés; estamos llamados a la vocación de la maternidad o la paternidad. Y todas las cosas hermosas que esto conlleva crean en realidad barreras que nos impiden darnos cuenta de que hay frutos más allá de un bebé en un matrimonio.

La manera de descubrir esta fecundidad diferente es mantenerse conectado. Aprendemos de la comunión de los santos que a veces simplemente tienes que aguantar y no dar la espalda, sabiendo que Jesús no te ha dado la espalda a ti. Y tal vez no vayas a ver ni a conocer los frutos, o quizás el fruto no tiene que ser un objetivo en sí mismo. Creo que más adelante se puede ver qué frutos das.

Mientras permanezcas fiel a Jesús, a tu cónyuge, a tu vocación del matrimonio y estés abierto a la vida y a la paternidad, creo que, bueno, es una promesa, ¿verdad?. Son las buenas noticias de que todo va a estar bien. Es muy difícil, y nunca quiero decir «solo haz esto que es muy fácil», porque he estado allí y sé que es muy duro.

Muchas veces, cuando hay infertilidad, pensamos que es culpa de la mujer. ¿De qué modo pueden los matrimonios tener conversaciones abiertas? ¿Cómo comunicarse y abordar el problema juntos, sin buscar culpas en uno u otro?

– Creo que eso es muy difícil, y por algo hay una tasa de divorcio relativamente alta entre quienes sufren de infertilidad. Como católicos, muchas veces no descubres estos problemas hasta que te casas, por lo que es al estar juntos cuando se descubren. Y por la manera en que nuestra Iglesia nos enseña sobre el matrimonio, el amor, la sexualidad y traer hijos al mundo, no puede verse de otra forma que no sea como un problema de «nosotros». Porque no importa si ella estuviera con otro hombre o él con otra mujer y pudieran tener un bebé; es este matrimonio en concreto el que tiene un problema de infertilidad. Pensar en su propio pequeño ecosistema y en la unión de una sola carne significa que es algo que deben sobrellevar juntos.

Pero la realidad es que van a recibir diagnósticos médicos, resultados de laboratorio y verán si hay algo mal con una persona, con la otra o con ambos. Y aunque obviamente sigue siendo un problema conjunto, eres tú quien tiene el bajo recuento de espermatozoides, el ovario defectuoso o lo que sea, y vas a sentirte culpable y a entrar en lugares oscuros.

Es esencial recordar desde el principio que están juntos como matrimonio. Es fácil evitar las conversaciones con la esperanza de ir al médico y que simplemente os dé una pastilla y solucionarlo, pero eso no sucede. Así que, como de costumbre, la cura para muchos males es simplemente seguir hablándolo. Creo que las enseñanzas de nuestra Iglesia están preparadas para ese tipo de apoyo en la pareja, porque es un problema de dos.

Hablando de las enseñanzas de la Iglesia, ¿cómo puede una pareja católica mantener este equilibrio entre su legítimo deseo de tener hijos y ser fieles a lo que enseña la Iglesia de no recurrir a la fertilización in vitro y otras técnicas modernas de reproducción asistida?

– Esa es realmente la parte difícil en este momento para la mayoría de las personas, porque la FIV es muy común y se comercializa como un producto que parece estar garantizado que funcionará. Es muy tentador.

En mi libro cuento que mi marido y yo fuimos a ver a un médico que hacía FIV pensando: «Oh, pero nosotros no lo haremos», sin embargo era como ponerle un lugar al diablo en tu mesa para cenar: «no te invité, pero te puse un lugar y estamos listos».

Creo que recibir una atención médica católica realmente sólida ayuda, con alguien que te trate como pareja católica o que al menos respete esos deseos, y poder acudir a un especialista en fertilidad que no haga FIV. Esas son maneras de protegerte, porque va a ser tentador; para cuando llegas a esa etapa, llevas mucho tiempo intentándolo, estás triste y solo quieres un bebé, y eso es lo que te prometen.

Pero si recuerdas las razones por las que guardamos el sexo para el matrimonio, por las que usamos la planificación familiar natural o la medicina reproductiva restaurativa, creo que lo que valoramos de esas cosas también debería recordarnos por qué no recurrimos a la FIV. Separa deliberadamente lo procreativo de lo unitivo, invitando a muchas otras personas al acto más privado, además de traer todo tipo de otros problemas.

Una de las grandes objeciones solía ser la cantidad de embriones implantados y los abortos de reducción selectiva; y aunque aparentemente ahora las clínicas tienen técnicas de detección de embriones mucho mejores (lo cual también es terrible) y solo transfieren uno o dos embriones, el horror de la FIV sigue existiendo.

Además, necesitas rodearte de tu familia; tal vez tu familia sea católica pero nunca haya pensado en la infertilidad o la FIV y puede que no lo sepan. Necesitan saber por qué está mal y por qué no lo estás haciendo para apoyarte, ya que estás a flor de piel y en tu momento más vulnerable. Es muy fácil caer, y estadísticamente hablando, hay muchas personas en los bancos de la Iglesia que han recurrido a la FIV.

¿Cuál cree que es la mayor desconexión hoy en día entre la comunidad que nos rodea, la Iglesia y los sacerdotes, cuando hablan con parejas católicas que no pueden tener hijos?

– Esa fue una de las razones por las que escribí el libro, no solo para otras mujeres o parejas como yo, sino para sacerdotes y seminaristas, para que pudieran echar un pequeño vistazo a cómo es esto en realidad. Traté de ser realmente honesta sin exagerar, compartiendo detalles sobre a qué te enfrentas.

Los sacerdotes necesitan conocer esa parte terrenal; si los invitas a cenar ven cómo es la vida con niños, pero obviamente no tienen tanta oportunidad de saber cómo es la vida con infertilidad. Espero que el libro les ayude. Creo que lo necesitan, y los sacerdotes jóvenes están haciendo un esfuerzo por informarse sobre este tipo de cosas, especialmente si están al tanto de temas de actualidad, porque la FIV está en las noticias todo el tiempo y es difícil de ignorar. Mientras todos quieran aprender y mantengan una actitud abierta, creo que eso ayudará mucho.

Pero nuevamente, es un tema tan privado que, incluso si existe un grupo de apoyo y sacerdotes amables, es muy fácil aislarse. Por eso también creo que es más fácil aprender sobre el tema leyendo en privado el libro de alguien que tal vez no conoces. Algunas de mis cartas favoritas son de personas desconocidas que me dicen: «Estaba tan avergonzada de sentir estas cosas, de sentir celos de otras mujeres, o no sabía que alguien más se sentía así; yo también lo hice». Es mucho más fácil encontrar eso en una página, procesarlo un poco y luego tal vez querer hablar con tu hermana, tu madre, tu buena amiga o tu sacerdote. Y que luego tu sacerdote te diga: «Oh, tengo una idea de cómo es eso, cuéntame más», y pueda hacer las preguntas correctas para comprender toda la complejidad.

Creo que debería haber un mayor esfuerzo para que la gente simplemente aprenda el vocabulario y sepa qué es sensible e insensible decir. La gente siempre tiene buenas intenciones, pero puedes meter la pata en cualquier momento intentando ser amable. El tema de los embarazos y demás es muy delicado, porque no sabes quién está pasando por dificultades. Cuando empecé a escribir sobre infertilidad, me enteré de que personas que no imaginaba estaban sufriendo por esto. Yo pensaba que simplemente eran chicas enfocadas en su carrera o lo que sea, y luego te confiesan que llevan seis años intentándolo y nadie lo sabe. Es un tema muy silencioso.

Evangelización

El popular podcaster Padre Mike Schmitz habla sobre la fe de la Generación X, la angustia adolescente y la IA

Mike Schmitz llenó el Broward Center for the Arts en Fort Lauderdale durante su gira "Parábolas", en un encuentro marcado por la calidez y la sintonía con las nuevas generaciones.

OSV / Omnes·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Por Tom Tracy / Florida Catholic, OSV News

El padre Mike Schmitz entró al camerino del Broward Center for the Performing Arts en Fort Lauderdale con su característica sonrisa cálida y un paso más ligero.

El sacerdote del Medio Oeste y su equipo de apoyo para su actual gira de conferencias acababan de regresar de lo que describieron como una multitudinaria y enérgica reunión en Clearwater la noche anterior.

Encontraría una multitud igualmente grande y con entradas agotadas en la sala principal de la sinfónica del Broward Center antes de su último compromiso en Florida, en Jacksonville.

El padre Schmitz, uno de los sacerdotes más populares e influyentes en las redes sociales, estuvo recientemente en Florida como parte de su gira «Parábolas», en la que analizó las parábolas del Evangelio de Cristo y ofreció nuevas perspectivas.

El padre Schmitz, sacerdote de la diócesis de Duluth, Minnesota, es el director del Ministerio para Jóvenes y Adultos Jóvenes de la diócesis, así como el capellán del Centro Newman en la Universidad de Minnesota Duluth.

Éxito rotundo en la gira «Parábolas»

La gira «Parábolas» ha incluido paradas en casi dos docenas de ciudades estadounidenses en Arizona, California, Luisiana y Florida durante los últimos meses. Su última fecha programada para esta ronda de presentaciones es internacional, prevista para el 20 de julio en Dublín, aunque su sitio web indica que próximamente se anunciarán más fechas en ciudades de Estados Unidos y otros países.

«En cierto modo, los jóvenes buscan autenticidad; que alguien o un grupo sea quien dice ser es algo importantísimo, y eso nos pasa a todos, ¿verdad?», preguntó el sacerdote en su evento en Fort Lauderdale.

«No toleramos la hipocresía; de hecho, ha sido así durante generaciones, incluso a lo largo de toda la historia de la humanidad», afirmó. «Hasta Jesús criticaba a los hipócritas por decir una cosa y luego no estar dispuesto a cumplirla».

El Sínodo de los Obispos de 2018 sobre «Jóvenes, fe y discernimiento vocacional» tuvo lugar en un momento en que la Iglesia comenzó a reconocer que la juventud católica estadounidense ve cada vez más la integridad y la autenticidad como una coherencia vivida y no solo como una conformidad institucional.

Claridad y empatía en la doctrina

El documento de trabajo para el sínodo, basado en gran medida en consultas directas con jóvenes, afirma que la juventud desea una Iglesia «auténtica» y «creíble», cuyos líderes «hablen en términos prácticos sobre temas controvertidos». «Por eso creo que debemos tener integridad, ser quienes decimos ser», dijo el padre Schmitz en el evento.

Pero además de la integridad, la claridad y la veracidad de la doctrina católica son otros temas frecuentes para el padre Schmitz, tanto en línea como en persona. La mente humana está hecha para la verdad y el corazón humano para la bondad, afirma, pero «a veces la forma en que presentamos las cosas y la forma en que las decimos influye mucho».

En cuanto al tema de las dificultades que afrontan los adolescentes varones y los jóvenes adultos en particular, el padre Schmitz afirmó que la indiferencia es el problema subyacente o el obstáculo para una vida de fe menos cínica durante la adolescencia y la juventud.

«Se nota si trabajas con jóvenes», dijo, especialmente en lo que respecta a invitar a los jóvenes a participar más en la vida de la iglesia.

La falta de misión y la indiferencia

«Una de las cosas que he visto cada vez más, sobre todo en personas cansadas de que les digan que tienen que cumplir con ciertas expectativas, que tienen que cumplir con absolutamente todo, es que se produce un rechazo a ello.»

Aunque ambos sexos tienen mucho en común, añadió el sacerdote, los hombres quizás fueron creados para tener una batalla que librar, en el sentido de una misión que perseguir o una misión que vivir; y las mujeres están más orientadas hacia las relaciones.

«Cuando no se nos da una misión, o cuando no vale la pena luchar por ella, es lo que (el profesor de Harvard) Arthur C. Brooks dice que deja una falta de sentido», dijo el padre Schmitz, que es la principal crisis que Brooks ha identificado y que es necesaria para superar el vacío moderno y alcanzar la verdadera alegría.

Esperanza cristiana contra la ansiedad

Los problemas de confianza, la soledad y la ansiedad entre los jóvenes siguen siendo una crisis preocupante entre los estudiantes de hoy en día.

«En los campus universitarios, en los últimos 10 años, la ansiedad ha superado a la depresión como el principal problema de salud mental al que se enfrentan los jóvenes, y la ansiedad es miedo al futuro y tiene sus raíces en la incertidumbre», dijo el padre Schmitz.

El remedio, añadió, es un sentimiento generalizado de esperanza cristiana. «La esperanza cristiana no consiste solo en desear un resultado, sino en saber que puedo confiar en Dios y proyectar esa confianza hacia el futuro; creo que esa es la respuesta a la ansiedad», dijo el padre Schmitz.

El refugio en el misterio de la tradición

El retorno a la tradición católica y a la auténtica reverencia entre los jóvenes ha sido otro antídoto contra la angustia actual. «Hay algo realmente conmovedor en el misterio y el sentido ancestral de la Misa, o en las prácticas que realizamos como católicos , que trasciende lo individual», afirmó el padre Schmitz.

También abordó el tema de la inteligencia artificial, que el Papa León XIV trata en su histórica encíclica «Magnifica Humanitas», publicada el 25 de mayo. El Papa compara el intento de construir un futuro con IA que excluya a Dios con la «Torre de Babel» y subraya la necesidad de salvaguardar la dignidad humana, ya que se ve «amenazada por nuevas formas de deshumanización».

Humanidad frente a la Inteligencia Artificial

«Hace aproximadamente un año, estuve hablando con algunas personas del Instituto McGrath para la Vida de la Iglesia en la Universidad de Notre Dame», dijo el padre Schmitz, «y una de las cosas que destacaron fue que cada vez que inventamos algún tipo de tecnología, esta representa una extensión de alguna capacidad humana, como nuestra capacidad para desplazarnos en automóviles. Y cada vez, hemos limitado nuestra capacidad para utilizarla».

Por ejemplo, en la sociedad hipermóvil actual, la gente no camina tanto como antes. La IA presenta un escenario similar al de extender las capacidades mentales humanas para abordar problemas tanto complicados como complejos, dijo el padre Schmitz.

«La IA hace un gran trabajo resolviendo problemas complicados, pero no puede resolver (todos) los problemas complejos», dijo el sacerdote.

«En un futuro inmediato, espero que podamos conservar nuestra humanidad reconociendo que hay algunas preguntas que una computadora no puede resolver, por muy desarrollado que esté el programa», dijo el padre Schmitz.

El evento de Fort Lauderdale atrajo a un público diverso de jóvenes, adultos jóvenes e incluso personas mayores que probablemente conocen al sacerdote gracias a sus populares videos de YouTube y su podcast «La Biblia en un año». Producido por Ascension Press, el podcast consta de 365 episodios diarios que leen la Biblia completa. En cada episodio, el padre Schmitz lee y comenta pasajes bíblicos, añadiendo también sus propios comentarios y oraciones.

La gira «Parábolas» se presenta como parte de una iniciativa de recaudación de fondos para apoyar el Centro Newman en la Universidad de Minnesota Duluth. Unos 700 estudiantes y profesores se reúnen para participar en el culto bajo la tutela del Padre Schmitz.

Todos los fondos recaudados en cada evento se destinan a financiar la construcción de una iglesia completamente nueva y un espacio exclusivo para que los estudiantes se reúnan, oren, estudien y crezcan en su fe en el campus.

El autorOSV / Omnes

Libros

J. Aurell: «Cada época ha proyectado sus propias obsesiones sobre el Opus Dei»

Según Jaume Aurell, la imagen pública de la Obra se apoya en tres grandes relatos que se han ido desarrolando a lo largo de su historia.

Javier García Herrería·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

A las puertas de su centenario, el Opus Dei sigue teniendo una percepción distorsionada en la opinión pública. ¿Cuáles son la razones de esta percepción? ¿Es fruto de una leyenda negra alimentada desde el exterior? Aprovechando el hito de los cien años, el historiador Jaume Aurell coescribe Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía, un análisis que busca arrojar a diversas cuestiones desde el punto de vista histórico.

Conversamos con Aurell para rastrear el origen histórico de estos prejuicios y entender por qué, un siglo después, la institución sigue afrontando el reto de explicar su identidad y su historia a la sociedad.

A casi todas las personas del Opus Dei les han preguntado alguna vez por qué la imagen de la institución es tan diferente a la realidad que se experimenta cuando uno conoce a una persona de la Obra. ¿Por qué ocurre esto?

–Porque la imagen pública del Opus Dei no se ha construido mirando lo que la institución realmente es, sino proyectando sobre ella los miedos y las obsesiones de cada época. He estudiado esto usando la teoría de los metarrelatos: son narrativas que actúan como un espejo, donde cada generación ve reflejado aquello que le obsesiona, proyectándolo en la organización.

¿A qué te refieres exactamente con que esas narrativas son «presentistas»?

–A que juzgamos el pasado con las categorías del presente, en vez de entenderlo en su propio contexto. Es un fenómeno que vemos en muchos otros ámbitos: hoy se censura a autores como Shakespeare, Mark Twain o Agatha Christie porque contienen expresiones o estereotipos que ahora consideramos ofensivos, pero que en su época entraban dentro de la convención social. Con el Opus Dei ha pasado algo parecido, pero durante cien años y con tres relatos distintos y hasta contradictorios entre sí.

Hablemos de esos relatos. ¿Cuál fue el primero?

–El del Opus Dei como una herejía religiosa, entre 1940 y 1957. Y aquí viene lo curioso: no nació entre anticlericales, sino dentro de la propia Iglesia. Algunos padre jesuitas como Ángel Carrillo de Albornoz o Manuel María Vergés, ligados a las Congregaciones Marianas, empezaron a calificar la doctrina de la institución como una herejía peligrosa, que había que erradicar antes de que se consolidara.

¿Por qué una Iglesia tan jerárquica veía una amenaza en algo tan sencillo como vivir la fe en el trabajo diario?

–Porque en una Iglesia preconciliar, los laicos eran fieles de segunda categoría. Que unos jóvenes corrientes, vestidos de traje y corbata, sin hábito ni distintivo alguno, dijeran que podían alcanzar la santidad en su trabajo ordinario, resultaba extraño y hasta sospechoso. Se les llamó «iluministas» y se les acusó de robar vocaciones religiosas.

Y casi al mismo tiempo llegó la sospecha política, con la Falange de por medio.

–Así es. La Falange, que quería mantener su posición de partido único, vio en el Opus Dei una amenaza. En 1941 se presentó incluso una denuncia formal ante el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, acusando a Escrivá y sus seguidores de tramar algo «judeomasónico». 

¿Hubo más acusaciones contra la Obra antes de que Escrivá se marchase a vivir a Roma?

–Sí, también se les acusó del «asalto a las cátedras universitarias». Entre 1940 y 1945 se cubrieron 179 plazas de catedrático en España. De esas, solo 23 fueron para personas del Opus Dei: un 6%. Lejos de la conquista masiva que sugiere la leyenda.

El relato dio un giro radical en 1957, ¿qué ocurrió?

–Sí, un vuelco dramático. Franco, obligado a abandonar la autarquía económica falangista, incorporó a técnicos como Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres, ambos del Opus Dei, que diseñaron el Plan de Estabilización de 1959 y el posterior «milagro económico» español. Los sectores falangistas, resentidos por perder poder, acuñaron entonces la etiqueta de «tecnócratas del Opus Dei» y les acusaron de tomar el poder

De herejes a poderosos aliados de la dictadura.

–Exacto, y esa imagen se globalizó a través de revistas como The Economist o Time, y se reforzó con libros escritos por autores antifranquistas como Daniel Artigues o Jesús Ynfante, que acuñó la expresión «Santa Mafia». De nuevo, lo político y lo religioso se enredaron. A la vez, dentro de la Iglesia, el Concilio Vaticano II politizó los debates entre «progresistas» y «conservadores», y la institución fue tachada de «integrista», cuando en sus orígenes se había considerado demasiado “innovadora”.

¿Hubo también presiones desde el propio Vaticano?

–Sí, entre 1967 y 1973 figuras como Giovanni Benelli y Jean Villot presionaron a Escrivá para que el Opus Dei actuara como bloque político alineado con la Democracia Cristiana europea. Él se negó, defendiendo la libertad política individual de cada laico, y eso le costó seis años de distanciamiento y desconfianza por parte de la Curia.

Llegamos a la tercera oleada, la de la secta y los escándalos financieros.

–A partir de 1980, con sociedades más secularizadas e individualistas, valores como el celibato laical o la mortificación empezaron a leerse a través de una creciente fobia mediática contra el catolicismo. El Opus Dei en este contexto era visto como una fuerza reaccionaria e inmovilista.

La erección como Prelatura Personal en 1982 y la beatificación del fundador en 1992 dispararon un nuevo frente de ataque, con testimonios de exmiembros críticos.

Y ahí aparece también la palabra «secta».

–Exacto, la prensa internacional, con The Times a la cabeza, abandonó el esquema del poder político y adoptó el paradigma del sectarismo. En Alemania e Italia circularon teorías sobre «lavado de cerebro» promovidas por asociaciones antisectas, hasta el punto de generar un intento de investigación del Parlamento italiano en 1986, que finalmente no llegó a realizarse porque se desvaneció como una calumnia sin fundamento.

¿Y los escándalos financieros que se le atribuyen?

–Son tres casos distintos que la opinión pública vinculó de forma difusa: el caso Matesa en 1969, el caso Calvi y el Banco Ambrosiano en 1982, y el caso Ruiz-Mateos en 1983. Son episodios muy diferentes entre sí, pero el relato popular los enlazó como si formaran una sola trama relacionada con el Opus Dei. Cuando uno estudia esos casos con un mínimo de seriedad, advierte que se trata de casos que responden a contextos económicos y agentes políticos completamente diversos. 

¿Entonces por qué funcionaron?

–Por algo que le ocurre muy frecuentemente al Opus Dei: la gente confunde la actuación profesional de sus miembros como si cada uno siguiera órdenes de la institución. Evidentemente esto no ha pasa con la mayoría de miembros, que tienen trabajos normales y sin especial relevancia pública. Ahora bien, si uno tiene un puesto de responsabilidad alto en la política, la banca, la abogacía o la cultura, entonces sus actuaciones caen bajo la lupa de la sospecha. Aunque parezca difícil de reconocer, sigue habiendo un fondo clerical en muchas de estas lecturas.

Y todo esto culmina con Dan Brown.

–Con El código Da Vinci, en 2003, y su versión cinematográfica en 2006. Ahí se fusionan todos los mitos acumulados durante décadas en una caricatura pop, el monje albino asesino, que logra una eficacia comercial enorme a costa de consolidar la leyenda negra.

Lo más llamativo de tu análisis es que el Opus Dei ha sido acusado de cosas totalmente opuestas según la época.

–Es la prueba de que estos relatos son construcciones artificiales. En los años cuarenta se le acusaba de innovación herética por defender la santidad de los laicos sin hábitos ni votos; desde los sesenta hasta hoy se le acusa de lo contrario, de ser ultraconservador y reaccionario. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, unos denunciaban a Escrivá como germanófilo ante los aliados, y otros lo denunciaban como anglófilo ante alemanes e italianos, al mismo tiempo. 

En España se le atribuyó ser el sostén ideológico del franquismo, cuando en realidad fue perseguido por la propia Falange y algunos de sus hijos tuvieron que exiliarse para hacer oposición. 

Y a nivel sociológico, se le ha descrito tanto como un «calvinismo católico» modernizador como, hoy, un búnker oscurantista contrario a la autonomía individual.

El análisis de tu texto se detiene en 2010. ¿Por qué no analizas los últimos quince años, con toda la polémica reciente incluida?

–Porque soy historiador, no periodista ni analista de actualidad. El oficio del historiador necesita distancia temporal y perspectiva: hace falta que los archivos se abran, que los testimonios se contrasten entre sí y que las pasiones del presente se enfríen antes de poder juzgar con rigor. 

Escribir sobre lo que ha ocurrido en los últimos años sin esa perspectiva sería repetir el mismo error que denuncio en el libro: dejarse llevar por el relato dominante del momento – bien contextualizado – en lugar de analizar los hechos con el tiempo necesario para separar el mito de la realidad. Dentro de veinte o treinta años, otro historiador podrá hacer con esta última etapa lo que yo he intentado hacer con el siglo anterior.

Para terminar, ¿qué esperas que el lector se lleve de este recorrido de cien años de relatos?

–Que aprenda a desconfiar de las etiquetas fáciles. Cuando una institución no encaja en las categorías ideológicas dominantes de su tiempo, la sociedad tiende a deformarla para poder clasificarla. Entender esos mecanismos no es solo útil para juzgar al Opus Dei, sino para leer con más espíritu crítico cualquier relato histórico que se nos presente como definitivo, contextualizarlo adecuadamente. En el texto lo ejemplifico con la aberración que supone dividir la guerra civil española entre fascistas y comunistas, como muchos pretenden hacer hoy día: esto es manipular el pasado, simplificándolo, para usarlo en las contiendas políticas del presente y generar una polarización imprudentemente innecesaria.


Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía

Autor: Federico Requena (ed)
Editorial: Almuzara
Año: 2026
Número de páginas: 242
Evangelio

El método de Jesús: las parábolas. Domingo XV del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XV del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 12 de julio de 2026.

Vitus Ntube·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El tema de la Palabra de Dios ocupa el centro de la liturgia de hoy. En la primera lectura, la Palabra es comparada con la lluvia y la nieve que descienden del cielo para regar la tierra y hacerla fecunda. En el Evangelio, se asemeja a la semilla esparcida en distintos tipos de terreno. El centro de las lecturas no es solamente la palabra en sí misma, sino también la manera en que es proclamada y recibida.

El Evangelio nos presenta la conocida parábola del sembrador. Sin embargo, esta parábola es más que un simple relato con una enseñanza moral. Como observa el Papa Benedicto XVI, es en muchos sentidos “autobiográfica”, porque refleja la misma experiencia de Jesús y de su predicación. Cristo se presenta como el sembrador que esparce la buena semilla de la Palabra de Dios, mostrando al mismo tiempo que su fecundidad depende de la disposición de quienes la reciben.

Hoy se presta especial atención al método de enseñanza de Jesús. Después de escuchar la parábola, los discípulos se acercan a Él y le preguntan: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Jesús responde: “A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no”.

¿Por qué Jesús elige enseñar en parábolas? A lo largo del Evangelio le vemos enseñar de diversas maneras. Pronuncia el Sermón de la Montaña de forma directa y clara. Ahora, sin embargo, adopta otro estilo de enseñanza. Este cambio sorprende incluso a los discípulos, y por eso le preguntan acerca de ello. 

El uso de las parábolas nos enseña que la Palabra de Dios exige esfuerzo, reflexión e interpretación. Interpela no solo la inteligencia, sino también el corazón y la voluntad. La palabra no puede ser recibida de manera pasiva o indiferente. Para que dé fruto en nuestra vida, debemos comprometernos personalmente con ella. Debemos permitir que nos interpele y nos transforme.

Quien escucha la parábola está llamado a convertirse en tierra fértil: abierta, receptiva y dispuesta a reflexionar profundamente para captar el significado del mensaje. La humildad y la apertura son, por tanto, esenciales. Quienes se acercan a la Palabra como los discípulos que se acercaron a Jesús para pedirle una explicación, reciben una comprensión más profunda de los misterios del reino.

La liturgia de hoy nos enseña cómo recibir y difundir la Palabra de Dios. La parábola nos anima a comprometernos profundamente con la Sagrada Escritura para que la Palabra dé fruto en nosotros —treinta, sesenta y hasta cien por uno—. Cuando compartimos la Palabra con los demás, debemos hacerlo de un modo que apele a su libertad e involucre su inteligencia.

Vaticano

León XIV compartirá un almuerzo con 200 personas en situación de vulnerabilidad en Castel Gandolfo

Repitiendo el evento de 2025, el sábado 11 de julio el Papa León XIV almorzará con 200 personas en situación de vulnerabilidad en Castel Gandolfo.

Paloma López Campos·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El próximo sábado 11 de julio de 2026, el Borgo Laudato si’, situado en los Jardines Pontificios de Castel Gandolfo, se convertirá en el escenario de la iniciativa “Almuerzo con el Papa”.

En el marco de la estancia del Pontífice este mes en dicha localidad, esta jornada de acogida y fraternidad reunirá a cerca de 200 personas en situación de vulnerabilidad social procedentes de la diócesis de Roma, quienes tendrán la oportunidad de compartir la mesa con el Papa León XIV.

Ecología integral y la convivencia

El encuentro cuenta con un itinerario que entrelaza la fe, la naturaleza y la inclusión social. La jornada iniciará con una celebración eucarística con la Liturgia para el Cuidado de la Creación.

Posteriormente, los asistentes disfrutarán de un momento de acogida y convivencia, y se llevará a cabo una visita guiada para que los invitados descubran las instalaciones y el proyecto del Borgo Laudato si’. Más tarde, el evento culminará formalmente con el almuerzo compartido al lado del Santo Padre.

Pastoral hacia las periferias

Este evento no es un acto aislado, sino la consolidación de una iniciativa anual promovida por el Centro de Alta Formación Laudato si’. El proyecto se originó a partir de la experiencia del 17 de agosto de 2025, cuando el Santo Padre compartió una comida similar con personas en situación de pobreza de la Diócesis de Albano.

A raíz de ese encuentro, se determinó invitar cada año a una diócesis diferente para brindar a refugiados, migrantes y personas en situaciones de fragilidad social un día inmerso en la belleza de la creación y la oportunidad de encontrarse con el Papa.

La edición de este año posee un significado eclesial de gran relevancia, ya que es el resultado de la colaboración conjunta entre el Centro de Alta Formación Laudato si’, el Dicasterio para el Servicio de la Caridad y la Diócesis de Roma. Juntos han articulado una única acción pastoral involucrando a las principales organizaciones y parroquias que dan soporte diario a los ciudadanos más vulnerables de la capital italiana

Respaldos y declaraciones de las autoridades

El Cardenal Fabio Baggio, Director General del Centro de Alta Formación Laudato si’, enfatizó que crearon el espacio para demostrar que “el cuidado de la creación y el cuidado de la persona constituyen una única misión”. Baggio añadió que, tras la experiencia de Lampedusa, este día marca una nueva etapa en el camino de León XIV hacia las periferias de nuestro tiempo.

Por su parte, monseñor Luis Marín de San Martín, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, apuntó que la elección del Papa reafirma que “la caridad se expresa en la cercanía, el encuentro y el compartir”.

Asimismo, el cardenal Baldassare Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, concluyó explicando que se buscó explícitamente que los protagonistas fueran las personas acompañadas por Cáritas y las realidades asociativas locales, devolviendo el protagonismo “a quienes con demasiada frecuencia permanecen en los márgenes”.

Colaboración comunitaria y comercial

La realización de este encuentro cuenta con el apoyo de una extensa red de asistencia que incluye a organizaciones como la Comunidad de Sant’Egidio, Cáritas Diocesana de Roma, el Centro Astalli, las ACLI de Roma y múltiples parroquias locales.

A nivel logístico, las instituciones organizadoras expresaron su agradecimiento al «Restaurante L’Isola della Pizza» de Roma, encargado de ofrecer el almuerzo, así como al «Bar Al Duomo» de Albano Laziale, que contribuye con el desayuno de bienvenida para los participantes.

Familia

El cine más visto en España apenas refleja el deseo de formar una familia, pese a que el 70% de los jóvenes sí lo desean

Un informe de The Family Watch revela que el 56% de las familias representadas aparecen en conflicto y sólo un 5% son atractivas y positivas.

Javier García Herrería·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Fundación The Family Watch ha presentado el informe «Las Familias en Pantalla: Modelos de Hogares en las Películas y Series más vistas en España en 2025», un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Nebrija y la Universidad Rey Juan Carlos, con el apoyo de Methos Media, que pone sobre la mesa una conclusión llamativa: la ficción que más consumen los españoles apenas recoge el deseo de formar una familia, a pesar de que un porcentaje mayoritario de los jóvenes del país sí aspira a tenerla.

La investigación ha analizado 40 producciones audiovisuales —las diez series y las diez películas más vistas tanto en televisión lineal como en plataformas de streaming durante 2025— a través de una metodología de análisis de contenido aplicada a 158 personajes representativos de distintas dinámicas familiares.

Familias presentes, pero casi siempre en crisis

Según los datos del estudio, el 56% de los sistemas familiares que aparecen en pantalla están marcados por el conflicto, la fragmentación o la desestructuración, mientras que un 33% presenta la institución familiar como algo problemático o en crisis. Frente a estas cifras, solo un 5% de las historias ofrece un modelo familiar aspiracional o claramente positivo.

El informe señala, no obstante, una paradoja: aunque las estructuras familiares se muestran debilitadas, buena parte de los personajes cumple la función narrativa de mantenerlas unidas. El 28% actúa como sostén emocional del grupo familiar, por delante de las figuras de autoridad (22%) y de aquellos personajes que generan el conflicto (20%).

«La ficción construye personajes que sostienen emocionalmente familias que, narrativamente, aparecen rotas o en proceso de ruptura. Es una de las paradojas más interesantes que revela el estudio», explica Carmen Llovet, una de las investigadoras que firman el informe.

Otro dato destacado es que casi uno de cada cuatro personajes (23%) carece de una estructura familiar reconocible, una ausencia que, según los autores, no es casual: suele emplearse como recurso narrativo para perfilar al antagonista, justificar ciertas conductas o simplemente invisibilizar el entorno familiar del personaje.

El cuidado sigue teniendo rostro de mujer

El informe también pone el foco en cómo se reparten las tareas de cuidado en la ficción. La madre aparece como principal cuidadora en el 26% de los casos, frente a apenas un 11% en el caso del padre. En cambio, la ausencia familiar se asocia mayoritariamente a personajes masculinos: el 19% de los hombres desempeña ese papel narrativo, frente a solo el 3% de las mujeres. La corresponsabilidad en el cuidado aparece en el 22% de las producciones analizadas, aún en una posición minoritaria.

«La corresponsabilidad comienza a aparecer en la ficción, pero todavía no cuestiona de manera significativa un modelo de cuidados que continúa muy vinculado a la figura materna», apunta el investigador Ernesto García, coautor del estudio.

Los valores familiares tradicionales resisten

Pese al peso de los conflictos, el informe constata que la ficción sigue transmitiendo valores históricamente asociados a la familia. Destacan el sacrificio y el deber familiar (23%), seguidos de la autonomía individual (19%) y la tradición y continuidad (12%). Además, la familia sigue siendo un elemento determinante en la construcción de la identidad de los personajes: influye decisivamente en quiénes son en el 62% de los casos y condiciona sus decisiones a lo largo de la trama en el 45%.

«Las narraciones muestran una tensión constante entre la lealtad hacia la familia y la búsqueda de un proyecto personal. Incluso cuando la familia apenas aparece en pantalla, continúa condicionando las motivaciones de los protagonistas», señala la investigadora Cristina Gallego.

El estudio también analiza el contexto en el que se produce y consume esta ficción. España concentra el 50% de las producciones más vistas, con Netflix y RTVE Play como plataformas líderes en consumo, en un momento en que el auge del streaming está transformando de manera profunda los formatos narrativos.

Cinco recomendaciones para mejorar la representación familiar

A partir de estos resultados, el informe plantea cinco líneas de actuación dirigidas tanto a la industria audiovisual como a las administraciones públicas:

  1. Incorporar el deseo de formar una familia como un eje narrativo legítimo.
  2. Visibilizar el cuidado y distribuirlo de forma más equilibrada entre hombres y mujeres.
  3. Mostrar una mayor diversidad de modelos familiares, también desde perspectivas funcionales y positivas.
  4. Introducir criterios de representación familiar en las políticas públicas de financiación audiovisual.
  5. Impulsar la alfabetización audiovisual para fomentar una mirada crítica sobre los modelos familiares presentes en la ficción.

Para María José Olesti, directora general de The Family Watch, los resultados del informe son «especialmente relevantes, pues la ficción construye el imaginario colectivo y representa lo que es normal, deseable o posible». En este sentido, subraya que datos como la persistencia del cuidado femenino o la escasa presencia del deseo de formar una familia entre los jóvenes españoles —pese a que un porcentaje alto sí la desea— constituyen «un dato muy significativo» para repensar cómo la ficción retrata la vida familiar.

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América Latina

El «sexto continente» se cita en Centroamérica: Hechos 29 y la vanguardia de la misión digital

Más de cien misioneros de veinte países se reúnen en Costa Rica bajo el respaldo del Vaticano y el CELAM, consolidando una pastoral del encuentro en el entorno digital.

Juan Carlos Vasconez·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El «sexto continente» ha dejado de ser una simple metáfora para convertirse en una realidad pastoral ineludible. No es un mero conjunto de herramientas tecnológicas, sino un espacio habitado donde millones de personas —particularmente los jóvenes— buscan respuestas a sus inquietudes existenciales y entablan relaciones. 

Para la Iglesia, habitar este entorno no es una opción estratégica secundaria, sino una exigencia de su mandato evangelizador. En este contexto de aceleración digital emerge Hechos 29, el encuentro internacional de misioneros digitales y creadores de contenido católico más importante del mundo, un espacio donde la fe y la cultura digital se abrazan para construir comunión.

El nombre mismo del encuentro encierra una profunda clave teológica. El libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles concluye de manera abrupta en su capítulo 28, dejando la narrativa de la primera expansión cristiana en un punto suspensivo. «Hechos 29» simboliza, por tanto, el capítulo que la Iglesia sigue escribiendo hoy bajo la acción del Espíritu Santo. No se trata de añadir una página a la Revelación, sino de asumir la continuidad histórica de la misión apostólica: los creadores de contenido actuales son los nuevos evangelizadores llamados a recorrer las autopistas de la información, llevando el primer anuncio a los confines de la red.

Costa Rica como sede global

En su edición de 2026, Hechos 29 llega por primera vez a Centroamérica, eligiendo a Costa Rica como sede del 18 al 23 de agosto. El encuentro congregará a más de 100 creadores de contenido, sacerdotes, religiosas, músicos y podcasters procedentes de una veintena de países, incluyendo naciones como Italia, España, México, Colombia, Perú y Argentina.

Lejos de constituir un congreso tradicional, este evento se plantea como una experiencia profunda de fraternidad y una radiografía viva de la Iglesia en misión.

La trayectoria del movimiento demuestra un crecimiento orgánico desde su fundación en 2021 en Monterrey, México. Aquella primera edición, nacida en plena pandemia y en formato virtual, reunió a 45 pioneros. Para 2022, el Papa Francisco ya enviaba un videomensaje animándoles a evangelizar con creatividad. Tras su paso por Bogotá en 2024, el movimiento alcanzó un hito en 2025 al participar en el Jubileo de los Misioneros Digitales en Roma, donde recibieron la exhortación de «reparar las redes», una invitación del Sucesor de Pedro a sanar el tejido digital promoviendo la cercanía y la verdad.

Discípulos antes que ‘influencers’

El alma de Hechos 29 queda perfectamente sintetizada por su director general, el presbítero José Juan Montalvo («Padre Borre»): «No buscamos cantidad, sino fraternidad». En un entorno frecuentemente dominado por la tiranía del algoritmo y la competencia por el alcance, este encuentro subvierte la lógica del mundo. 

La premisa que une a estos creadores es clara: antes de ser influencers, son discípulos. El éxito de la misión digital no se mide por las métricas de un vídeo, sino por la autenticidad del testimonio y la capacidad de acompañar procesos personales profundos, transformando las pantallas en puentes de encuentro real con Jesucristo.

Esperanza para la región

El encuentro cuenta con un sólido respaldo institucional: la Arquidiócesis de San José, la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el CELAM y el Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede apoyan la iniciativa. Figuras eclesiales como Monseñor Lucio Ruiz, que hasta septiembre sigue siendo el secretario de dicho Dicasterio, aportarán una visión de la Iglesia universal, recordando que esta tarea se sitúa en el corazón mismo de la Iglesia de hoy. 

La dinámica combinará jornadas de retiro espiritual y formación a puerta cerrada —donde compartirán aciertos y dolores pastorales— con un gran Festival de la Misión Digital abierto al público el 23 de agosto.

En una Centroamérica donde el catolicismo representa apenas el 32.6% de la afiliación regional, Hechos 29 se presenta como un faro de esperanza. Nos recuerda que el Evangelio también corre por las redes y que los entornos virtuales son surcos donde la semilla de la gracia puede germinar. 

Detrás de cada cuenta católica hay una historia y un corazón que ora; a través de esta red internacional, la Iglesia demuestra que está dispuesta a desgastarse en el sexto continente, habitando las periferias digitales no como meros técnicos de la comunicación, sino como auténticos y cercanos testigos del Amor de Dios.

Mundo

“Jerusalén es el corazón del mundo”: la llamada a mirar más allá de los conflictos

El cardenal Pierbattista Pizzaballa reivindica la vocación universal de Jerusalén como "el corazón espiritual del mundo", un patrimonio vivo de fe y diálogo que trasciende el conflicto actual.

Redacción Omnes·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“Jerusalén es el corazón del mundo”. Con esta expresión, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, resume una de las ideas centrales de la carta que dirigió el pasado abril a los fieles de la diócesis. 

En un momento marcado por el conflicto y la incertidumbre, su mensaje invita a contemplar Tierra Santa desde una perspectiva más amplia: no sólo como escenario de una guerra, sino como un lugar cuya importancia espiritual, histórica y humana trasciende cualquier circunstancia temporal. “¿Cómo permanecer, como cristianos, en medio de este conflicto?”, se pregunta el Patriarca Latino de Jerusalén. 

La carta, difundida en un contexto especialmente difícil para la región, insiste en la necesidad de mantener viva la esperanza y de no perder de vista la misión singular de Jerusalén y de los católicos que viven en Tierra Santa. Para el Patriarca, la Ciudad Santa sigue siendo un punto de referencia para millones de personas en todo el mundo y un lugar donde se encuentran tradiciones religiosas, culturas e historias que forman parte del patrimonio común de la humanidad.

Jerusalén, una ciudad para todos

Pocas ciudades concentran una carga simbólica comparable a la de Jerusalén. Sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, ha sido durante siglos un lugar de oración, peregrinación y encuentro. Su relevancia no depende únicamente de su pasado, sino también de su capacidad para seguir acogiendo a personas de procedencias muy diversas.

En su carta, Pizzaballa recuerda precisamente esa vocación universal. Jerusalén no puede entenderse desde una mirada exclusivamente local o política: “Nosotros somos la Iglesia de Jerusalén, y la Ciudad Santa es el corazón no solo geográfico, sino también espiritual de nuestra comunidad eclesial”…

Esta dimensión universal convierte a la ciudad en un espacio privilegiado para el diálogo. A pesar de las dificultades y tensiones que periódicamente atraviesa la región, Tierra Santa sigue siendo uno de los pocos lugares donde las grandes tradiciones religiosas monoteístas conviven en una proximidad única. El diálogo interreligioso no se limita aquí a declaraciones institucionales, sino que forma parte de la vida cotidiana de quienes viven y trabajan en la región.

Los Lugares Santos, un patrimonio vivo

El Patriarca también recuerda la importancia de custodiar los Lugares Santos y preservar su significado para las generaciones futuras. Estos espacios no son únicamente monumentos históricos o destinos turísticos. Son lugares donde millones de personas encuentran un vínculo concreto con su fe y con las raíces del cristianismo, pues “la misión de la Jerusalén terrenal, en cierto sentido, es convertirse en imagen y espejo de la Jerusalén celestial”, asegura en su carta.

La Basílica del Santo Sepulcro, la Basílica de la Natividad, el Monte de los Olivos o el Mar de Galilea forman parte de una geografía espiritual que sigue atrayendo a creyentes de todo el mundo. Su valor trasciende las fronteras de la propia Tierra Santa y constituye un patrimonio compartido por toda la Iglesia.

En este contexto, las comunidades cristianas locales desempeñan un papel esencial. Son ellas quienes mantienen viva la presencia cristiana en los lugares vinculados a la vida de Jesús y quienes continúan ofreciendo acogida a los peregrinos que llegan desde distintos países. Por eso, la disminución de visitantes durante los últimos años no solo ha tenido consecuencias económicas, sino que también ha afectado a una realidad humana y eclesial profundamente arraigada en la historia de la región.

Comprender Tierra Santa más allá de los titulares

Frente a una actualidad dominada por las noticias sobre el conflicto, distintas iniciativas continúan trabajando para ayudar a comprender la riqueza histórica, cultural y religiosa de Tierra Santa. Una de ellas es Saxum Visitor Center, situado en Abu Ghosh, a pocos kilómetros de Jerusalén.

A través de recursos audiovisuales, tecnología interactiva y contenidos divulgativos, el centro ofrece a los visitantes una visión global del contexto bíblico y de la realidad de los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos narrados en las Sagradas Escrituras. 

“Tierra Santa no es únicamente un destino de peregrinación. Es un lugar donde la historia, la fe y el diálogo entre religiones se encuentran de una forma única”, explica Blanca Ramirez, directora Saxum Visitor Center , representante de Saxum. “Quienes visitan Jerusalén descubren que los Lugares Santos son espacios vivos que siguen reuniendo a personas de todo el mundo”. De hecho, el Cardenal Pizzaballa afirma en su carta que “su identidad principal –la característica más importante de la Ciudad y de toda Tierra Santa– es la de ser el lugar de la revelación de Dios, el lugar donde las religiones están en casa”.

Blanca Ramírez añade que “comprender Tierra Santa ayuda también a comprender mejor la importancia de la convivencia y del encuentro. Incluso en momentos difíciles, Jerusalén sigue recordándonos que es posible construir puentes entre personas de distintas tradiciones religiosas y culturales”.

Las palabras conectan con el mensaje central de la carta de Pizzaballa. Más allá de las dificultades presentes, el Patriarca invita a no perder de vista aquello que hace única a Jerusalén: su capacidad para reunir a personas de todo el mundo en torno a una historia compartida.

Porque, como recuerda el propio Patriarca, Jerusalén sigue siendo “el corazón del mundo” y por eso “la comunidad internacional tiene el deber y el derecho de interesarse por Jerusalén, porque es de todos”. Una ciudad cuya relevancia no depende únicamente de lo que ocurre en ella, sino también de lo que representa para millones de personas que continúan mirando hacia Tierra Santa como un lugar de fe, memoria y esperanza.

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Vaticano

Monseñor Luis Marín, OSA: “La prioridad del pontificado de León XIV es Cristo, con todo lo que significa”.

El prefecto del Dicasterio para la Caridad explica en El Escorial que el cisma de los tradicionalistas no es solo por la liturgia, sino por no aceptar la entera Tradición de la Iglesia.

José María Navalpotro·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Monseñor Luis Marín de San Martín (Madrid, 1961) es uno de los hombres del círculo de colaboradores más cercano de León XIV. Agustino como él, antes de que Robert Prevost fuera elegido Papa, solían comer juntos con frecuencia desde que ambos fueron llamados por el Papa Francisco para trabajar en la Curia romana. Fue Subsecretario del Sínodo, y, desde hace casi cuatro meses, es el Limosnero de Su Santidad y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, uno de los de mayor peso en la actualidad.

Monseñor Marín, buen amigo de Omnes, atiende a la revista desde El Escorial, donde ha participado en un Curso de Verano del CEU sobre el primer año de pontificado de León XIV. Resulta obligado comenzar por preguntarle por lo que ha significado el reciente viaje del Papa a España.

– En primer lugar, confirmarnos en la fe; en segundo lugar, una siembra de esperanza y, en tercer lugar, un impulso misionero.

Es decir, ha recordado los pilares fundamentales de nuestra fe: Jesucristo, la Iglesia, el Evangelio. Al mismo tiempo, ha disipado esas nieblas de pesimismo que en ocasiones nos envuelven y nos ha orientado a un horizonte de esperanza. También nos ha hecho ver la urgencia de evangelizar, la asumir responsabilidad y la belleza de dar testimonio de Cristo resucitado en medio del mundo.

Ha sido impresionante la respuesta de la gente en general y de los jóvenes en particular. Hay un ansia por Cristo, yo diría, por mensajes coherentes, sólidos, y que den respuesta a los interrogantes, a los problemas del mundo de hoy. 

Ha sido un viaje magnífico, que he podido vivir en primera línea. 

Y, usted que está cerca del Papa, ¿qué cree que ha supuesto este viaje para él? 

– Ante todo, reencontrarse con España, un país que conoce bastante bien y al que ha venido muchísimas veces. Y darse cuenta, también, de nuestra realidad. 

Yo en el vuelo le dije: “Creo que hay mucho entusiasmo”, y él me respondió: “Ojalá”. Pero ese entusiasmo se ha multiplicado en cuanto a las previsiones, ha superado cualquier expectativa. Se ha sentido muy a gusto, ha conectado muy bien con la gente, se ha sentido acogido, escuchado, y al mismo tiempo, reforzado en su ministerio como sucesor de Pedro.

¿Cuál puede señalarse como la prioridad de su pontificado? Usted ha comentado que la prioridad era “la conversión misionera de la Iglesia”. ¿Qué quiere decir eso?

– La prioridad del pontificado es Cristo, el eje es siempre Cristo. Vivir en Cristo, identificarnos con Cristo, y testimoniar a Cristo. 

Una consecuencia de esta realidad es la conversión misionera de la Iglesia. Porque es evidente que, si vivimos a Cristo, sentiremos la urgencia de manifestarlo y comunicarlo. Todo aquel que vive en Cristo necesariamente siente el impulso misionero, el impulso evangelizador, la llamada a ser testigo de salvación en medio del mundo. 

El impulso misionero implica tres realidades. En primer lugar, nace de la experiencia de Cristo resucitado.

En segundo lugar, Cristo resucitado nos une a la Iglesia. Es un testimonio fuerte de comunión. 

Y tercero, Cristo resucitado lleva su mensaje al mundo de hoy. Debemos testimoniarlo en la cultura en la que nos manifestamos, en nuestra realidad existencial. Necesitamos, por tanto, una conversión misionera, que significa conversión a Cristo y disponibilidad al testimonio del Evangelio en el mundo de hoy.

La triste ruptura de los tradicionalistas

Hace unos días los lefebvrianos han ordenado en Econe a otros cuatro obispos, confirmando su separación de la Iglesia Católica. ¿Cuál es su reflexión? ¿Hasta qué punto hiere esta decisión al Papa? 

– Lo vivimos con una enorme tristeza. Todo lo que sea ruptura de la unidad, como dice el Papa, es romper la túnica de Cristo. Y esto es muy doloroso, porque causa una herida profunda. 

La carta que León XIV ha dirigido al prior de la Sociedad Sacerdotal San Pío X está muy bien estructurada y argumentada. Se nota que está escrita con el corazón, además de con la cabeza. 

Robert Prevost nunca ha sido un hombre de confrontación y de ruptura. Ha intentado apelar a Cristo, a la conciencia, al amor cristiano, al amor a la Iglesia. Y ha dicho claramente a los desobedientes: “Ese no es el camino”. El Papa es, siempre, garante de unidad.

Al mismo tiempo, es una carta muy clara. León XIV no contemporiza. Desde la caridad, el cariño, y la cercanía, presenta la doctrina cristiana. Y no busca un acuerdo a cualquier precio: no se trata de componendas, de vida cristiana y de coherencia. 

También es evidente que el problema de los llamados lefebvrianos no es simplemente litúrgico, sino mucho más profundo. Benedicto XVI intentó un acuerdo, una gran apertura sobre liturgia. Sirvió de poco. El problema fundamental es el rechazo del Concilio Vaticano II (ecumenismo, libertad religiosa, separación Iglesia-Estado, diálogo interreligioso y liturgia). Un Concilio, por cierto, cuyos documentos todos ellos, fueron aprobados por más del 90% de los votos.

La Tradición de la Iglesia no es solo Trento. Hay Iglesia antes y hay Iglesia después. La Tradición de la Iglesia abarca desde los primeros siglos, hasta el Concilio Vaticano II y los tiempos actuales. Es una realidad viva que evoluciona. Hay que rezar, y pedir al Señor que ilumine a estos hermanos, pero el momento es muy triste. Toda ruptura en la Iglesia causa un dolor enorme. Es una llaga en el corazón, en el alma. 

Un Papa como León XIV, quien tiene como uno de sus signos de identidad la unidad, tiene que enfrentarse precisamente a esto. Y, por otro lado, -un caso distinto- también está la Iglesia en Alemania, que ha dado muestras de falta de unidad.

– La unidad es uno de los ejes del pontificado: la comunión. Es decir, la unión con Cristo y con su cuerpo, la Iglesia.

El cristiano se une a Cristo con una unión existencial, experiencial, bautismal. Esta unión con Cristo nos lleva a la unión con los hermanos y hermanas, a la comunión con los demás miembros de en la Iglesia, como cuerpo de Cristo. Ahora bien, esta unidad se vive y expresa en la variedad de vocaciones, contextos, y sensibilidades. El depósito de la fe no puede cambiar. Pero tampoco se trata de imponer el empobrecedor uniformismo. En esto debemos ser abiertos porque caben expresiones distintas y diferentes desarrollos en temas no esenciales. Siempre desde la unidad en la Iglesia y con la Iglesia. Todo lo que sea romper la unidad eclesial supone romper la unidad con Cristo. Y esto, como ha dicho el Papa, es un grave pecado. Nosotros siempre con Pedro y en la barca de Pedro.

Pero también el Papa llama a la esperanza.

– Sí, indudablemente para un cristiano el horizonte es siempre de esperanza. El Espíritu Santo actúa en su Iglesia, la renueva y vivifica. Ojalá tengamos la humildad y el amor suficientes para dejarnos guiar por el Espíritu, que nos une a Cristo, y nos llama a testimoniar la belleza y la grandeza del Evangelio aquí y ahora. Este es el verdadero y fundamental reto y, al mismo tiempo, la causa de nuestra esperanza. Y de una inmensa alegría.

Vaticano

¡El Papa se va de vacaciones! Y recupera la tradición de Castel Gandolfo

León XIV permanecerá en la Villa Barberini hasta el 27 de julio, mantendrá únicamente el rezo dominical del Ángelus y devuelve a Castel Gandolfo su papel como residencia estival del Papa tras la interrupción de Francisco.

Teresa Aguado Peña·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha iniciado este domingo su descanso estival en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, donde permanecerá hasta el próximo 27 de julio. Con esta estancia, el Pontífice recupera una tradición centenaria que había quedado interrumpida durante el pontificado de Francisco, quien optó por permanecer en la Casa Santa Marta durante el verano.

León XIV se aloja en la Villa Barberini, dentro del complejo pontificio situado a 25 kilómetros al sur de Roma. La costumbre de pasar el verano en Castel Gandolfo se remonta al siglo XVII, cuando el Papa Urbano VIII convirtió el lugar en residencia estival de los pontífices, una tradición que mantuvieron la mayoría de sus sucesores hasta la llegada de Francisco.

©OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media

A su llegada, León XIV saludó desde el balcón del Palacio Apostólico a los fieles congregados en la Plaza de la Libertad y expresó su satisfacción por regresar a la localidad: «¡Buenas tardes, Castel Gandolfo! Gracias. Estoy muy feliz de estar aquí entre ustedes, de poder pasar las próximas semanas descansando un poco, rezando un poco, leyendo un poco y, esperemos, haciendo un poco de deporte», afirmó.

Sin audiencias, pero con el Ángelus

La Prefectura de la Casa Pontificia ha informado de que, durante este periodo de descanso, quedan suspendidas las audiencias generales, privadas y especiales. La actividad ordinaria se reanudará el miércoles 5 de agosto con la primera audiencia general tras las vacaciones.

No obstante, León XIV mantendrá su cita semanal con los fieles para el rezo del Ángelus. Los dos primeros domingos de julio (5 y 12) presidirá la oración desde la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, mientras que el 19 de julio regresará al Vaticano para dirigir el Ángelus desde la Plaza de San Pedro.

Además, el Borgo Laudato Si’ permanecerá abierto todos los días entre las 10:00 y las 18:00 horas para recibir a peregrinos y visitantes. Desde este espacio se ha invitado a los fieles a acompañar al Pontífice con la oración durante este tiempo de descanso.

El cambio respecto a Francisco

La estancia de León XIV supone un cambio de rumbo respecto a su predecesor. Durante los doce años de su pontificado, Francisco renunció a trasladarse a Castel Gandolfo en verano y prefirió permanecer en la Casa Santa Marta, dentro del Vaticano, incluso durante los meses de mayor calor.

El pontífice argentino consideraba que no necesitaba una residencia de verano y optó por mantener una agenda de trabajo más estable desde Roma. Su decisión rompió con una tradición de siglos y permitió dar un nuevo uso al complejo pontificio.

En 2016, Francisco abrió al público los apartamentos privados del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, que fueron transformados en museo, permitiendo por primera vez que los visitantes recorrieran las estancias utilizadas históricamente por los papas durante sus vacaciones. Posteriormente impulsó también el proyecto del Borgo Laudato Si’, un espacio dedicado a la educación ambiental y al cuidado de la creación inspirado en su encíclica Laudato si’.

©CNS/Lola Gomez

Con la llegada de León XIV, Castel Gandolfo vuelve a convertirse en residencia estival del Papa, recuperando una imagen habitual durante buena parte de la historia reciente de la Iglesia y devolviendo protagonismo a una tradición que había permanecido en pausa durante el pontificado de Francisco.

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España

Banco Sabadell y tuTECHÔ se alían para combatir el sinhogarismo en España

La alianza entre Banco Sabadell y tuTECHÔ llega en un momento en el que el sinhogarismo crece con fuerza en España.

Redacción Omnes·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

España afronta uno de los momentos más críticos de su historia reciente en materia de vivienda y exclusión residencial. Según la Encuesta de centros y servicios de atención a personas sin hogar del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2024), una media diaria de 33.758 personas adultas se alojaron en centros de atención en España, un incremento del 55,7 % respecto a 2022. La propia encuesta del INE constató que de los 1.376 centros de atención existentes, el 26,2 % atendió exclusivamente a personas inmigrantes en situación de sinhogarismo, frente al 20,0 % de 2022.

A esta realidad se suma el contexto de vulnerabilidad económica que atraviesa buena parte de la población: un 25,8% de la población española vive en riesgo de pobreza, según datos del INE de 2024, en un escenario marcado por el encarecimiento sostenido de la vivienda y de la cesta de la compra.

Es en este contexto donde cobran especial relevancia las alianzas entre el sector financiero y las organizaciones especializadas en dar respuesta al sinhogarismo.

Banco Sabadell y tuTECHÔ firman un acuerdo de colaboración

Banco Sabadell, a través de su unidad especializada de Instituciones Religiosas y Tercer Sector, y tuTECHÔ han firmado un acuerdo de colaboración con el objetivo de impulsar iniciativas conjuntas que combinen experiencia financiera, gestión patrimonial e impacto social.

La alianza nace con la voluntad de generar sinergias entre ambas organizaciones para acompañar a entidades religiosas, fundaciones, asociaciones, organizaciones sociales y otros agentes comprometidos con el bien común en la identificación de soluciones financieras y patrimoniales que contribuyan al desarrollo de proyectos con impacto positivo en la sociedad.

tuTECHÔ desarrolla un modelo innovador para contribuir a abordar uno de los principales desafíos sociales de nuestro país: el sinhogarismo. A través de TECHÔ Hogar SOCIMI SBIC y la Fundación tuTECHÔ, la entidad promueve soluciones orientadas a facilitar el acceso a una vivienda digna y a favorecer los procesos de inclusión social de personas en situación de especial vulnerabilidad.

Un compromiso histórico con el tercer sector

Esta colaboración refuerza el compromiso de Banco Sabadell con las entidades que desarrollan una labor fundamental al servicio de las personas. La unidad de Instituciones Religiosas y Tercer Sector cuenta con una amplia trayectoria acompañando a congregaciones, diócesis, fundaciones, ONG, hermandades, colegios y entidades sociales, ofreciendo soluciones especializadas y un asesoramiento adaptado a las características y necesidades de cada organización.

La firma de este acuerdo representa un paso más en la apuesta de Banco Sabadell por impulsar iniciativas que generan valor económico y, al mismo tiempo, contribuyen al progreso social. Ambas entidades comparten la convicción de que la financiación, la inversión y la gestión del patrimonio pueden desempeñar un papel relevante en la búsqueda de soluciones sostenibles a los retos sociales actuales.

Declaraciones de los protagonistas

“Este acuerdo nos permite seguir avanzando en nuestra vocación de acompañar a las entidades que trabajan cada día al servicio de las personas. La propuesta de tuTECHÔ constituye una iniciativa innovadora para contribuir a combatir el sinhogarismo y refleja cómo la colaboración entre diferentes actores puede generar un impacto positivo y tangible. Para Banco Sabadell es una satisfacción explorar nuevas vías de colaboración que aporten valor tanto a nuestros clientes y entidades vinculadas como al conjunto de la sociedad”, afirma Santiago Portas, director de Instituciones Religiosas y Tercer Sector de Banco Sabadell.

“Los grandes desafíos sociales requieren alianzas capaces de sumar conocimiento, experiencia y compromiso. La colaboración con la unidad de Instituciones Religiosas y Tercer Sector de Banco Sabadell nos permitirá ampliar nuestra capacidad de actuación y seguir impulsando soluciones innovadoras que faciliten el acceso a una vivienda digna y generen nuevas oportunidades para las personas en situación de vulnerabilidad”, señala Blanca Hernández, presidenta y fundadora de tuTECHÔ.

Tender puentes entre finanzas y acción social

Con esta colaboración, Banco Sabadell y tuTECHÔ refuerzan su apuesta por tender puentes entre el ámbito financiero, la gestión patrimonial y la acción social, promoviendo iniciativas orientadas a generar oportunidades y mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables.

Una estrategia estatal para erradicar el sinhogarismo en 2030

El Gobierno, consciente de la magnitud del problema, aprobó en julio de 2023 una estrategia estatal con el objetivo de erradicar el sinhogarismo en 2030, en un contexto en el que el número de personas sin hogar superaba entonces las 28.500 personas, lo que ha impulsado la transición desde un modelo asistencial tradicional, basado en albergues, hacia un modelo comunitario centrado en soluciones habitacionales estables. En este marco, distintas entidades del tercer sector alertan de que persisten carencias estructurales: según HOGAR SÍ, a pesar de que la inmensa mayoría de las personas sin hogar (82%, según el INE de 2022) consideran que los albergues no les permiten recuperar su proyecto de vida, más de la mitad de las plazas ofertadas siguen siendo en este tipo de centros.

Educación

¿Cómo acompañar espiritualmente a una persona que sufre? Navarra trata de enseñarlo

José María Pardo, director del nuevo Programa de formación permanente en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas de la Universidad de Navarra, explica por qué acompañar a quien sufre requiere una formación integral.

Teresa Aguado Peña·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En un mundo lleno de situaciones de sufrimiento, soledad y vulnerabilidad, el acompañamiento humano y espiritual adquiere una importancia creciente. Sin embargo, acompañar bien exige mucho más que buena disposición: requiere formación, capacidad de escucha y una comprensión integral de la persona.

Con esta convicción nace el Programa de formación permanente en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas, impulsado por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra junto con el Instituto Core Curriculum. Dirigido por José María Pardo, este nuevo título propio busca ofrecer herramientas para quienes, desde el ámbito sanitario, educativo, social o pastoral, desean acompañar a personas que atraviesan momentos de especial dificultad.

José María Pardo explica las razones que han motivado la creación de este programa, los desafíos que plantea hoy el acompañamiento y la necesidad de formar a quienes quieren estar al lado de quienes sufren con competencia, sensibilidad y esperanza.

¿Qué necesidad concreta detectaron en la sociedad que ha impulsado la creación de este programa de acompañamiento?

–Vivimos en un momento histórico en el que el sufrimiento humano se presenta con una complejidad creciente. La enfermedad, los problemas de salud mental, las adicciones, las crisis familiares, la soledad o el final de la vida plantean situaciones que interpelan profundamente a quienes tienen la misión de acompañar a otras personas.

La Iglesia siempre ha considerado el acompañamiento una dimensión esencial de su acción pastoral. Sin embargo, las circunstancias actuales ponen de manifiesto la conveniencia de una formación cada vez más sólida e interdisciplinar. Muchas situaciones requieren integrar la riqueza de la antropología cristiana con las aportaciones de la Psicología, la Psiquiatría y otras ciencias humanas.

Este Programa nace precisamente de esa convicción. Queremos contribuir a formar personas capaces de ofrecer un acompañamiento integral, que atienda todas las dimensiones de la persona y que sepa conjugar la profundidad de la fe con un conocimiento serio de la realidad humana.

¿Qué significa acompañar bien a una persona en crisis? ¿Cuáles serían las claves del acompañamiento?

–Acompañar bien significa acercarse al misterio de cada persona con respeto, escucha y prudencia. Antes que ofrecer respuestas, el acompañante debe aprender a comprender quién tiene delante, cuál es su historia y qué está viviendo.

El verdadero acompañamiento comienza con una escucha atenta y continúa con un discernimiento que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona: la espiritual, la psicológica, la afectiva, la familiar, la social e incluso la biológica. Solo desde esa mirada integral es posible ofrecer una ayuda adecuada.

Por eso nuestro Programa articula la formación en torno a tres grandes ámbitos: los fundamentos antropológicos y teológicos, las aportaciones de la Psicología y la Psiquiatría, y el estudio de algunas situaciones especialmente complejas, como la resolución de conflictos, las adicciones o el acompañamiento al final de la vida.

En definitiva, acompañar consiste en ayudar a la persona a recorrer su propio camino, respetando siempre su libertad y su dignidad.

¿Qué errores habituales se cometen, incluso con buena intención, al acompañar a personas en situaciones de fragilidad?

–El primero es pensar que todas las situaciones pueden resolverse del mismo modo. Cada persona posee una historia irrepetible y necesita ser comprendida en su singularidad.

También puede suceder que reduzcamos el sufrimiento a una única dimensión, cuando, en realidad, suelen entrelazarse aspectos espirituales, psicológicos, familiares, sociales e incluso médicos. La realidad humana raramente admite explicaciones simplistas.

Por último, un buen acompañante sabe reconocer los límites de su propia competencia. Hay situaciones en las que el mejor modo de ayudar consiste precisamente en trabajar junto a otros profesionales o derivar a la persona a quien puede ofrecer una atención más especializada. Lejos de ser una limitación, esta actitud forma parte de un acompañamiento verdaderamente responsable.

¿Qué aporta específicamente la teología en el acompañamiento de situaciones como la enfermedad, el duelo o las adicciones?

–La primera aportación de la tradición cristiana es su comprensión de la persona humana. La antropología cristiana contempla al ser humano como una unidad de cuerpo y espíritu, de inteligencia, afectividad y libertad, llamado además a la comunión con Dios y con los demás. Esa visión unitaria constituye un fundamento sólido para cualquier tarea de acompañamiento.

La fe ilumina también cuestiones decisivas como el sentido del sufrimiento, la esperanza, el perdón o la posibilidad permanente de recomenzar. Son dimensiones profundamente humanas que ayudan a afrontar muchas situaciones de dolor.

Ahora bien, precisamente porque la persona constituye una unidad, la Teología no camina al margen de las ciencias humanas. Al contrario, dialoga con ellas. La Psicología, la Psiquiatría, la Medicina o la Sociología aportan conocimientos imprescindibles para comprender mejor la complejidad de la experiencia humana. No se trata de yuxtaponer saberes, sino de integrarlos al servicio de la persona concreta.

¿Qué competencias concretas espera que adquieran los alumnos al finalizar el programa?

–Nuestro propósito no es formar especialistas en Psicología o Psiquiatría, ni tampoco ofrecer únicamente una profundización teológica.

Lo que pretendemos es proporcionar una visión integral de la persona y unas herramientas que permitan comprender mejor las situaciones humanas complejas. Aspiramos a que los alumnos aprendan a escuchar con profundidad, a realizar un primer discernimiento de cada situación, a acompañar con prudencia y a reconocer cuándo resulta conveniente colaborar con otros profesionales.

En definitiva, queremos formar personas capaces de cuidar mejor de quienes atraviesan momentos de especial vulnerabilidad.

En su opinión, ¿qué diferencia a alguien «bienintencionado» de alguien realmente formado para acompañar?

–La buena voluntad es indispensable, pero necesita estar iluminada por el conocimiento y la prudencia.

La formación proporciona criterio. Enseña a escuchar antes de hablar, a evitar respuestas precipitadas, a comprender la complejidad de determinadas situaciones y a discernir cuál es la ayuda más adecuada en cada caso.

En este sentido, la formación no sustituye las cualidades humanas; las perfecciona. Cuanto mejor comprendemos a la persona, mejor podemos servirla.

¿Estamos todos hechos para acompañar?

–Todos estamos llamados, de un modo u otro, a hacernos prójimos de quienes sufren. El cuidado de los demás forma parte de la vocación humana y, para el cristiano, constituye una expresión privilegiada de la caridad.

Sin embargo, acompañar bien también se aprende. Como cualquier tarea de responsabilidad, requiere formación, experiencia y un continuo ejercicio de discernimiento. El Evangelio nos ofrece una imagen particularmente elocuente en la parábola del buen samaritano. No solo porque sabe detenerse ante quien sufre, sino porque cuida de él con competencia y, cuando es necesario, lo pone en manos de quien puede continuar esa atención. También el acompañamiento exige humildad para reconocer los propios límites y trabajar con otros en beneficio de la persona.

Este Programa quiere ser un primer paso en ese camino. No pretende agotar una realidad tan amplia, sino ofrecer una base sólida desde la que seguir creciendo. Nuestro deseo es contribuir a formar una comunidad de personas comprometidas con un acompañamiento cada vez más humano, más competente y más profundamente cristiano.

Libros

Un tipo sin pierna, hospitalizado, pero con suerte 

Hay libros que se leen y otros que se acompañan. La nada es todo, de Pablo Delgado de la Serna, pertenece a estos últimos: un testimonio luminoso y profundamente humano que muestra cómo, incluso en medio de la enfermedad y la fragilidad, la esperanza y el amor pueden convertirse en la última palabra.

Maria José Atienza·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“Cuando pensamos que lo hemos perdido todo es cuando encontramos el lugar perfecto para que Dios llene nuestro corazón. Cambiando el enfoque, la nada puede ser el punto de partida para recibir el todo”. Esta afirmación de Pablo Delgado de la Serna, que da nombre al libro, se encuentra casi a mitad del volumen. Para entonces, ya hemos recorrido meses junto a este “trasplantado”, a través del papel, en el que recoge confidencias, pensamientos, reflexiones y pequeños detalles cotidianos de una vida nada “normal”.

La nada es todo se presenta como un pequeño diario -recoge una serie de las publicaciones a través de las que Delgado de la Serna narra su rutina diaria y sus miedos, y pone a rezar (y reza él), a tantas personas. 

La vida de Pablo Delgado de la Serna ha estado marcada por la enfermedad desde su nacimiento. Sin embargo, si algo repite a lo largo de estas páginas es que se siente “un tipo con suerte”. Un tipo con suerte que ha estado años atado a la diálisis (hasta abril de 2026 en la que recibió el ansiado trasplante de riñón), que ha sufrido la amputación de una pierna y la incertidumbre de perder la otra, que ha vivido meses en un hospital o ha tenido que pasar las vacaciones separado de su mujer y su hija…. 

En categorías actuales no se llamaría suerte a esta situación, pero Pablo ha hecho de los limones limonada, helado y tarta, porque ha sabido llevar su dolor a un camino de entrega y de ayuda para otras muchas personas. En el libro aparece también el pilar de su vida: su familia, en especial, su mujer, Sara, y su hija, Amelia, (su equipo SAP) sin el que no hubiera podido afrontar, del mismo modo, su vida. 

El libro se extiende desde agosto de 2024 a noviembre de 2025, quizás una de las épocas más complicadas para Pablo y su familia. Pablo no oculta, en esos breves apuntes de diario, el dolor, la desesperanza que asoma, el cansancio…. No “espiritualiza” el dolor sino que lo afronta. No arrastra la cruz, la carga. 

Si hay una sensación que deja la lectura de este libro es la esperanza, la confianza, cum fide, con fe, de quien se ha abandonado en manos de Dios -y de los médicos- y del que toma de la vida, más que nada, el amor.

Libro

Título: La nada es todo
Autor: Pablo Delgado de la Serna
Páginas: 108
Editorial: EUNSA
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