Evangelización

¿Cómo está la Iglesia en Dinamarca? Su obispo lo explica en esta entrevista

En Dinamarca, la Iglesia católica es hoy un oasis de nacionalidades en el desierto de la secularización del norte de Europa.

Junno Arocho Esteves·5 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
Czeslaw Kozon

La revista Katolskt magasin entrevista al obispo de Copenhague, Czesław Kozon, quien habla de los desafíos y las esperanzas que ve para su diócesis y para la Iglesia en Dinamarca.

Hubo un tiempo en que la Iglesia católica fue la piedra angular de la sociedad danesa. La evangelización del país comenzó ya en el año 826, cuando el emperador Ludovico el Piadoso envió al misionero franco san Oscar, el “apóstol del Norte”, para anunciar el Evangelio en Dinamarca y Suecia durante la época vikinga.

El paganismo mantuvo durante largo tiempo una fuerte influencia, pero la labor misionera de Oscar dio fruto algo más de un siglo después, cuando el rey danés Harald Blåtand se hizo bautizar. Solo con la Reforma, en 1536, se prohibió la fe católica en Dinamarca, una prohibición que se mantuvo hasta 1849.

Hoy los católicos representan menos del 1 por ciento de la población. Sin embargo, desde mediados del siglo XX la Iglesia ha crecido gracias a la inmigración procedente de países de tradición católica. Aun así, Dinamarca sigue siendo, como en tiempos de san Oscar, un terreno difícil para la misión. La diferencia es que hoy es la secularización la que desafía la evangelización, aunque la Iglesia evangélica luterana sea formalmente la Iglesia nacional.

«Muchos políticos afirman que Dinamarca es un país cristiano», dice el obispo Czesław Kozon, «pero en la vida cotidiana de las personas apenas se encuentran rastros del cristianismo».

Señala que, naturalmente, no se puede comparar la situación actual con la Edad Media, pero que las raíces cristianas del país no deberían olvidarse. «No debería considerarse antidanés ser católico, pero muchos piensan que un auténtico danés debe ser luterano. Por eso debemos mostrar que también se puede ser un buen y auténtico danés siendo católico. A menudo se argumenta contra el carácter danés de la Iglesia católica que es, en gran medida, una Iglesia de inmigrantes, como ocurre también en el resto de los países nórdicos».

Un triple desafío para la Iglesia

El obispo Kozon dirige la diócesis de Copenhague desde 1995 y es solo el tercer danés de nacimiento que ha sido obispo desde la Reforma. Nació en 1951 en Brovst, en el norte de Jutlandia, y su propia historia refleja el carácter actual de la Iglesia: es hijo de inmigrantes polacos que llegaron a Dinamarca para trabajar. Tras estudiar filosofía y teología en Roma, fue ordenado sacerdote en 1979 y sirvió en varias parroquias y como vicario general, antes de que el papa san Juan Pablo II lo nombrara obispo.

Como pastor de la única diócesis católica de Dinamarca —que además incluye Groenlandia y las Islas Feroe—, describe tres desafíos principales: ser una minoría cristiana en una sociedad fuertemente secularizada; ser una minoría católica en un contexto luterano dominante; y crear una comunidad católica integrada en una Iglesia que hoy está formada en su mayoría por personas recién llegadas. Reconoce que algunos católicos daneses pueden sentirse minoría incluso dentro de su propia Iglesia, pero considera la diversidad más como una riqueza que como un problema.

«»Lo veo como un enriquecimiento. Somos una Iglesia universal y está en nuestra naturaleza acoger a católicos vengan de donde vengan», explica. Al mismo tiempo, subraya que, aunque muchos inmigrantes católicos no se sientan minoría dentro de la Iglesia, sí lo son en la sociedad danesa y pueden sentirse excluidos si no buscan activamente integrarse en la comunidad eclesial.

Las posturas católicas son ignoradas

Según el obispo Kozon, alrededor del 60 por ciento de la población está registrada como miembro de la Iglesia luterana. La Iglesia católica es el segundo grupo cristiano del país, pero cuenta solo con unos cincuenta y cinco mil miembros.

«Probablemente haya entre diez y veinte mil más, pero aun así estamos muy lejos de la Iglesia luterana en número», afirma.

Ser cristiano en la Dinamarca actual es, en general, un gran desafío, especialmente en cuestiones relacionadas con el matrimonio y la familia, el aborto y la eutanasia. La visión moderna sobre estos temas está ampliamente aceptada en la sociedad y entre los políticos, por lo que los argumentos cristianos rara vez son bienvenidos en el debate público.

La Iglesia católica toma posición en estas cuestiones, pero debido al reducido número de católicos su voz no se toma en serio, explica el obispo. «Muchos conocen lo que la Iglesia defiende, a menudo con un tono negativo, pero nuestras declaraciones suelen encontrarse con el silencio. Somos ignorados», concluye.

Un cambio de actitud

Las últimas estadísticas anuales del Vaticano muestran que la población católica mundial ha crecido de 1,39 a 1,41 mil millones. Europa es la región menos dinámica, con un aumento de solo el 0,2 por ciento, aunque varios países han registrado un notable incremento en el número de bautismos. Francia, “la hija mayor de la Iglesia”, alcanzó cifras récord de bautismos a comienzos de 2025, a pesar de la profunda secularización que desde hace tiempo caracteriza al país.

Preguntado por si Dinamarca vive algo parecido, el obispo Kozon responde que han observado un aumento en la participación en cursos para adultos sobre la fe católica, aunque las cifras siguen siendo modestas. «Se trata de unas cien personas al año», matiza.

No obstante, percibe un cambio positivo: hoy la gente se atreve más a hablar de su fe. «Hace unas décadas no era así. Entonces era algo muy privado, incluso de mala educación, preguntar a alguien si era creyente. Eso ha cambiado», explica el prelado.

Mirando al futuro

En cuanto a las vocaciones, el obispo explica que actualmente hay setenta y tres sacerdotes en Dinamarca, mientras que el número de religiosas ha descendido a menos de cien. Por esta razón sostiene que «desde el punto de vista vocacional no estamos especialmente fuertes. En este momento no tenemos ningún seminarista danés de nacimiento en formación sacerdotal».

Al mismo tiempo, surgen nuevas vocaciones gracias al seminario Redemptoris Mater de Copenhague, que forma parte de los seminarios misioneros diocesanos vinculados al Camino Neocatecumenal. Hasta ahora ha formado a catorce sacerdotes y otros trece jóvenes se están preparando para la ordenación. «Ellos aseguran la disponibilidad de sacerdotes para poder atender nuestras parroquias», explica.

A pesar de ello, la diócesis busca modos de despertar un interés local por el sacerdocio y la vida consagrada. «En Suecia y Noruega hay más vocaciones autóctonas. Intento animar a los jóvenes en las confirmaciones a pensar en el sacerdocio o en la vida religiosa, pero nos faltan recursos para contar con un responsable específico de pastoral vocacional que pueda trabajar directamente con los jóvenes», lamenta el obispo.

Constata que la escasez de vocaciones no es exclusiva de los países nórdicos, sino un fenómeno occidental, especialmente en el caso de las mujeres. «La vida religiosa clásica, sobre todo en las órdenes apostólicas activas, ya no atrae a las jóvenes. Es triste que esta forma de vida esté prácticamente desapareciendo».

A pesar de todas las dificultades, el obispo Kozon mantiene un optimismo fundamental respecto al futuro. «Cuando veo a personas que se alegran de su fe, que incluso muestran entusiasmo —especialmente los jóvenes—, o cuando más personas acuden a la confesión, veo que la fe está viva. Hay personas que realmente quieren profundizar en su fe y transmitirla a otros».

El prelado concluye afirmando que «es decisivo que lo que permanece de la Iglesia sea creíble y que irradiemos alegría y esperanza. Esa es mi esperanza: que podamos hacerlo».


Este artículo apareció originalmente en la revista Katolsk Magazin de Suecia. Se reproduce aquí con permiso del editor.

El autorJunno Arocho Esteves

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