¡Cumplimos 100 años!

Para una persona, cumplir 100 años es ¡un gran acontecimiento! Para una institución como la Iglesia, cien años es una peccata minuta. ¿Qué son 100 años dentro de una historia de 2026 años? Pero, a pesar de todo, es un regalo enorme, porque estamos hablando de la institución del Domingo Mundial de las Misiones.

2 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Este mes de octubre se cumple el centenario de la Jornada Misionera Mundial. En 1926, Pío XI instituyó el penúltimo domingo del mes de octubre como el domingo en el que todos los bautizados rezáramos por la tarea misionera de la Iglesia y se creara un fondo común para ayudar a los territorios en donde comenzaba su andadura. Desde entonces, ininterrumpidamente, los cristianos nos hacemos misioneros con quienes han sido enviados a evangelizar por el mundo, acompañándoles con nuestra oración, con la ofrenda de nuestros sacrificios y nuestra colaboración económica… Por eso, en las Papieskie Stowarzyszenia Misyjne de todo el mundo estamos de cumpleaños: ¡Queremos hacer llegar a todos los creyentes la alegría de saberse misioneros, colaborando con la tarea evangelizadora que se está realizando en todo el mundo! 

Hay datos realmente sorprendentes, que difícilmente podríamos imaginar. Por ejemplo, en estos cien años de historia del DOMUND, la Iglesia ha crecido tanto en los lugares donde trabajan nuestros misioneros que es como si, durante cada uno de estos cien años, se hubieran bautizado 9.000 personas cada día, se hubiera construido una nueva parroquia cada día, se hubieran ordenado dos sacerdotes diarios o se hubieran consagrado cinco religiosas. Así ha crecido la Iglesia en esos lugares. Los católicos han pasado de representar el 1,68 % de la población al 8,60 %. 

El Papa Pío XI instituyó esta Jornada Mundial con una gran visión de futuro: quiso que todos los bautizados nos concienciáramos de que la misión no es una tarea encomendada a unos pocos, aquellos que han recibido de Dios la vocación a la misión ad gentes, sino de todos los bautizados, pequeños y grandes, sanos y enfermos, laicos y religiosas. Cada uno, según su vocación, debe sentir la alegría de participar en la tarea evangelizadora que la Iglesia está realizando en todo el mundo. Unos, como Teresa de Lisieux, colaborarán con su oración y sacrificio; otros, como Francisco Javier, con su disponibilidad para ser enviados por la Iglesia a un lugar lejano; otros, como Guido María Conforti, promoviendo la vocación misionera de los jóvenes; otros, como Paolo Manna, animando a los sacerdotes a alentar en sus parroquias la misión; y otros, como Paulina Jaricot, dando a conocer la vida misionera entre los cristianos y motivándolos a asumir esa responsabilidad y a sostener económicamente la labor de evangelización. 

Pío XI quería una renovación misionera en el seno de la Iglesia. Podríamos decir, con palabras del recordado Papa Francisco, que soñaba con una Iglesia “en salida”: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación" (Evangelii gaudium, 27).

En España, además, celebramos otro centenario. En 1926, el Papa nombró al primer Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias. Se trata de un sacerdote de la diócesis de Vitoria que nunca fue a la misión, pero estaba enamorado de la labor preciosa que hacían los misioneros: Ángel Sagarmínaga. De hecho, él fue el que en 1943 se inventó el acrónimo DOMUND, abreviando la frase DOMingo MUNDial de las misiones. A él le debemos gran parte del espíritu misionero que la Iglesia en España ha vivido en estos cien años. Él fue el gran motivador para que los sacerdotes diocesanos de España fueran transmisores entusiasmados de la misión en el mundo entero. 

Para la jornada del Centenario del DOMUND el Santo Padre, León XIV, ha elegido el lema: “Uno en Cristo, unidos en la misión”. Y eso es lo que queremos vivir: la Iglesia, como una gran familia, unida por la fe y la caridad, lleva el mensaje de Cristo a todos los hombres del mundo, para hacerles posible el encuentro con el Salvador. El misionero no es un mero reformador de estructuras y promotor del desarrollo. Es un hombre, una mujer de Dios, enamorado del Señor, queriendo ser uno con Aquel que le ha llamado y le ha enviado para proclamar la buena nueva, la noticia preciosa de la salvación, y lo hace unido a todos los que, desde nuestra vida ordinaria, nos sentimos parte de su misión, nos hacemos cargo de su ministerio, nos alegramos de ser parte de la inmensa labor evangelizadora de la Iglesia.

Y conviene que también nosotros recordemos que “esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio" (Redemptoris Missio, 1). Lo decía san Juan Pablo II en 1990, hace ya más de treinta años…, ¡y son palabras que siguen siendo actuales! ¡No permitamos que el entusiasmo por la misión se pierda en España!

León XIV nos sigue animando a ser misioneros aquí y ahora, pero también a unirnos a quienes han sido enviados a la misión. Por eso, nos invita a continuar “alimentando y formando la conciencia misionera de los fieles, desde los más pequeños hasta los más grandes, promoviendo una red de oración y de caridad que conecta a todas las comunidades del mundo” (Mensaje del Papa para el DOMUND 2026).

AutorJosé María Calderón

Dyrektor Papieskich Dzieł Misyjnych w Hiszpanii.

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