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¿Cómo crecer en humildad en tiempos de «likes»?: Lo que un alto cargo del Vaticano puede enseñarnos

Merry del Val vivió la humildad desde uno de los puestos de mayor responsabilidad de la Iglesia, una virtud que hoy se enfrenta a la búsqueda constante de reconocimiento y «likes». Don Álvaro Serrano recoge sus escritos en "Crecer en humildad. 7 pasos con el cardenal Merry del Val".

特蕾莎·阿瓜多·佩尼亚·2026年9月21日·阅读时间: 6 分钟
Crecer en humildad

A los 38 años, Rafael Merry del Val (1865-1930) se convirtió en secretario de Estado de san Pío X, uno de los puestos de mayor responsabilidad de la Iglesia. Sin embargo, buscaba una vida sencilla y escondida. Cada día rezaba las conocidas Letanías de la Humildad, una oración que revela su lucha interior.

Más de un siglo después, el sacerdote Álvaro Serrano Bayán ha recuperado cartas, escritos y consejos espirituales de Merry del Val y los ha reunido en «Crecer en humildad. 7 pasos con el cardenal Merry del Val» (Monte Carmelo), un itinerario para trabajar esta virtud en la vida cotidiana. El libro, prologado por el cardenal Pietro Parolin, nace de años de búsqueda y lectura de textos del cardenal.

Serrano, sacerdote de la Archidiócesis de Toledo, ingeniero aeroespacial y estudiante de Comunicación Institucional en Roma, se acerca a Merry del Val no para escribir una nueva biografía sino para dejar que sea él quien hable. En sus textos descubre a un hombre consciente de sus talentos, pero decidido a no convertirlos en el centro de su vida.

En esta entrevista, Álvaro Serrano explica qué hay detrás de las Letanías de la Humildad, cómo Merry del Val vivió esta virtud desde un puesto de enorme responsabilidad y qué puede enseñar hoy, especialmente en una sociedad marcada por la búsqueda de reconocimiento, los seguidores y los «likes».

¿Qué descubrió en Merry del Val que le llevó a dedicar siete años a buscar, leer y ordenar sus escritos?

–Merry del Val es conocido por las letanías de la humildad. Él aprovechó unas letanías que ya existían, las rezó y las adaptó según sus preferencias.

Conociendo esas letanías, encontré por casualidad un libro de Merry del Val en el que hablaba de ellas. Algunas me llamaron especialmente la atención y pensé que era muy interesante. Merry del Val es un personaje poco conocido y, entre quienes lo conocen, muchos se quedan únicamente con las letanías. Sin embargo, es mucho más rico y tiene muchísimas cosas que ofrecer. Es un personaje que, cuanto más conoces, más te atrae.

A partir de ahí empecé a leer cada vez más sobre Merry del Val: consulté biografías y escritos, y llegaron a mis manos cartas que había escrito a otras personas. Pude leer muchas cosas y pensé que aquello que a mí me ayudaba y me resultaba interesante podía servir también para que otras personas conocieran al personaje.

No quería escribir una biografía. En España tenemos grandes biógrafos de Merry del Val, personas muy capaces que han realizado ese trabajo.

Por eso decidí recopilar lo que él dijo. De este modo, no entraba en el terreno de la biografía. Es otra cosa: poner en manos del lector textos originales del cardenal Merry del Val.

¿Hubo algún texto o alguna carta de Merry del Val que cambiara especialmente su manera de entender la humildad?

–Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que Merry del Val vivía la humildad en el día a día, sin necesidad de decir «soy humilde». Hay una frase de san Agustín que dice: «Ama y haz lo que quieras». De alguna manera, así vivía él la humildad: hacía lo que tenía que hacer y se despreocupaba de todo lo demás.

Evidentemente, tuvo que enfrentarse a muchas envidias. Con 38 años ya era secretario de Estado y, por decirlo así, uno de los hombres con más poder del mundo, al menos en el ámbito vaticano. Sin embargo, no se dedicaba a preocuparse por lo que otros decían de él. Trabajaba, seguía su rutina y hacía lo que tenía que hacer. No se consideraba más importante por el cargo que ocupaba ni sentía la necesidad de demostrar quién era. Si no le saludaban, no le saludaban; si le saludaban, le saludaban. Él hacía lo que correspondía en cada momento.

Creo que eso es el despojo absoluto. No se trata de practicar la humildad de manera puntual, sino de vivir humildemente. Merry del Val hizo de la humildad un hábito, una forma de vida. Por eso no era simplemente una persona que practicaba la humildad, sino una persona humilde.

Muchas veces pensamos que la humildad consiste en dejarse ganar, ser el último en todo, permitir que los demás se aprovechen de nosotros o decir a todo que sí. Y eso no es la humildad. La humildad consiste en reconocer que tenemos unos dones, saber que vienen de Dios y ponerlos al servicio de los demás, sin sentirnos dueños de ellos ni necesitar el reconocimiento de los demás. 

¿Dónde termina la humildad y empieza una falsa humildad que puede esconder inseguridad o incluso desprecio de uno mismo?

–En Merry del Val se ve muy claro. Cuando era secretario de Estado, muchas personas acudían a él por lo que podían conseguir de su cargo, no por él como persona. Sin embargo, él se despojaba de todo eso.

Por las tardes iba a Trastevere a atender a personas pobres que ni siquiera sabían que era secretario de Estado. Por tanto, no podían acercarse a él por su cargo. Él mismo decía: «Soy secretario de Estado, pero, por encima de todo, soy sacerdote».

Para él, dejar de ser secretario de Estado no habría sido un drama. Su vida se basaba en ser sacerdote, no en ocupar un cargo. El sacerdocio era el núcleo y la esencia de su vida; ser secretario de Estado era algo circunstancial y temporal.

Una muestra de ello es que nunca buscó perpetuarse en el poder ni aspiró a ocupar otros cargos. De hecho, hay una anécdota significativa: cuando era secretario de Estado conservaba el mismo colchón que había utilizado como seminarista. Era un colchón sencillo, de paja, que había llevado al Colegio Español y que siguió utilizando durante toda su vida. No cambió sus condiciones de vida por haber llegado a ser secretario de Estado.

Merry del Val debió luchar mucho para mantenerse humilde ocupando un cargo tan importante en el Vaticano…

–La humildad es un don que da el Señor, pero también es un trabajo que todos tenemos que hacer a diario. De hecho, en las letanías de la humildad pide: «Del deseo de ser consultado, líbrame, Señor». Él era secretario de Estado y todo el mundo tenía que consultarle. Pero él no ponía su fuerza en el deseo de que le consulten. Evidentemente, que te consulten no es malo; lo que puede serlo es desear continuamente ser el centro de las consultas.

Lo mismo ocurre con el deseo de ser amado. Que nos amen es algo bueno, pero convertir ese deseo en una obsesión es malo. En definitiva, los deseos desordenados son los que hay que combatir.

Por eso, creo que Merry del Val, como todos, tuvo que luchar. Es posible que, a medida que iba dominando las virtudes y las pasiones, le costaría menos. Pero sus escritos muestran que tuvo que trabajar la humildad. En el libro se ve cómo la relaciona con el abandono y el sufrimiento. Sus propias frases interpelan porque muestran que también tuvo que luchar por vivirla.

¿Qué rasgo de Merry del Val cree que se conoce menos y que le gustaría que el lector descubriera a través del libro?

–Creo que un aspecto poco conocido de Merry del Val es que era una persona normal. A veces vemos a los santos como personas inalcanzables, como si nosotros no pudiéramos llegar a ser como ellos. Sin embargo, Merry del Val tocaba el piano y lo hacía muy bien, compuso varias obras porque le gustaba la música, salía a pasear, hacía obras de caridad y, al mismo tiempo, era secretario de Estado.

Era sacerdote y, dentro de su sacerdocio, desempeñaba el cargo que la Iglesia le había pedido en ese momento. A mí me gustaría que el lector descubriera en él a un sacerdote normal, una persona que, a través de su vida, buscaba la santidad y la humildad.

Creo que eso puede ayudar a cualquiera a descubrir que también está llamado a buscar la santidad y que la humildad puede ser un camino para vivirla.

La humildad es fundamental porque sostiene las demás virtudes. Es como el hilo que une las cuentas de un rosario: todas las demás virtudes necesitan de ella, porque, sin humildad, pueden aparecer la soberbia y la vanidad.

¿Qué recomendaría a alguien que quiera empezar hoy mismo a crecer en humildad? 

–Primero, paciencia. La humildad no es algo que decidamos de un día para otro: es una virtud que hay que trabajar con perseverancia. Cada día hay que volver a intentarlo, porque no se adquiere de la noche a la mañana.

También es importante no caer en escrúpulos. Como he dicho antes, la humildad no consiste en decir a todo que sí ni en permitir que los demás se aprovechen de nosotros. Hay que entender bien qué es la humildad y trabajarla con paciencia y perseverancia. Así, poco a poco, iremos creciendo en esta virtud.

¿Es más difícil vivir la humildad en la sociedad de hoy?

–Sí, hoy puede resultar más difícil. Igual que en una sociedad donde hay abundancia de comida puede ser más difícil vivir la abstinencia, o donde hay mucho dinero puede costar más vivir la sobriedad, una sociedad muy egocéntrica y autorreferencial dificulta la humildad.

Se da mucho culto al cuerpo y las redes sociales nos hacen estar pendientes de qué publicamos, cuántos «likes» recibimos o cuántos seguidores tenemos. Todo eso puede alimentar la soberbia y la vanidad.

No está mal tener seguidores o recibir «likes», pero el corazón no puede poner ahí su deseo. Podemos utilizar las redes para hacer el bien, amar y dar a conocer al Señor. Si eso se traduce en «likes», bendito sea Dios y lo agradecemos. Pero nuestra vida no debe buscar el «like», sino buscar a Dios.

Crecer en humildad. 7 pasos con el cardenal Merry del Val

Autor: Álvaro Serrano Bayán
社论: Monte Carmelo
Páginas: 98
Fecha de publicación : 2026
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