La Academia Pontificia para la Vida de la Santa Sede, con una misión específica de “formar una cultura de la vida”, está compuesta por una presidencia, que ostenta Monseñor Renzo Pegoraro desde el 28 de mayo de 2025, una oficina central, y miembros, también llamados académicos.
Desde ayer, con el visto bueno del Papa León XIV, podrá disponer de “colaboradores”, llamados ”patrocinadores” en los nuevos Estatutos, y “simpatizantes”, con el fin de llevar a cabo sus tareas en defensa y promoción del valor de la vida humana y de la dignidad de la persona”, como indica su artículo 1.
“La Academia Pontificia para la Vida está compuesta por una Presidencia, una Oficina Central y Miembros, también llamados Académicos, y Colaboradores” (“Sostenitori”), señala el artículo 2 al referirse a la estructura de la Academia para la Vida.
Colaboradores: contribuir con su apoyo
Posteriormente, el artículo 7 dice lo siguiente:
“Art. 7 – Patrocinadores de la Academia
a) Los Colaboradores de la Academia reconocen su compromiso con los fines institucionales y contribuyen, con su apoyo, a la realización de sus actividades y al logro de sus objetivos estatutarios.
b) Los simpatizantes, previa aprobación de la Secretaría de Estado, son nombrados por el Consejo Directivo por un período de tres años y pueden ser confirmados, por resolución del mismo órgano, por un máximo de dos períodos consecutivos más”.

Nuevos Estatutos
La disposición con los nuevos Estatutos de la Pontificia Academia para la Vida tiene diez artículos, y está firmada por el Papa León XIV el 27 de febrero de 2026. La Academia fue erigida por san Juan Pablo II con el Motu Proprio ‘Vitae Mysterium del 11 de febrero de 1994, tal como señalan los estatutos.
Los anteriores fueron aprobados y publicados por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2016, hace casi diez años, y tenían ocho artículos.
Tarea ambiciosa
La misión específica de la Academia que preside Mons. Pegoraro, según los estatutos aprobados, tiene tres vertientes en el ámbito de la “defensa y promoción del valor de la vida humana y de la dignidad de la persona”:
“a) estudiar, desde una perspectiva interdisciplinaria, los problemas relativos a la promoción y defensa de la vida humana;
b) formar una cultura de la vida -con carácter propio- mediante iniciativas apropiadas y siempre en el pleno respeto del Magisterio de la Iglesia;
c) informar con claridad y prontitud a los responsables de la Iglesia, de las diversas instituciones de ciencias biomédicas y de los organismos socio-sanitarios, de los medios de comunicación social y de la comunidad civil en general, de los resultados más significativos de sus propias actividades de estudio e investigación (cf. Vitae Mysterium, 4)”.

Vida humana y dignidad de la persona
A continuación, los Estatutos subrayan que “la tarea de la Academia es principalmente científica, para la promoción y defensa de la vida humana (cf. Vitae Mysterium, 4)”.
De modo particular, “estudia los diversos aspectos del cuidado de la dignidad de la persona humana en las diferentes etapas de la vida, el respeto mutuo entre géneros y generaciones, la defensa de la dignidad de cada ser humano y la promoción de una calidad de vida humana que integre los valores materiales y espirituales, en el marco de una auténtica “ecología humana” que ayude a restablecer el equilibrio original de la Creación entre la persona humana y el universo entero (cf. Quirógrafo, 15 de agosto de 2016)”.
“Académicos sin discriminación alguna”
En el artículo 6, el texto señala que “Los Académicos son elegidos, sin discriminación religiosa alguna, entre personalidades eclesiásticas, religiosas y laicas pertenecientes a diversas nacionalidades, expertos en disciplinas relativas a la vida humana (medicina, ciencias biológicas, teología, filosofía, antropología, derecho, sociología, etc.)”.
A continuación, recuerda que “los nuevos Académicos se comprometen a promover y defender los principios relativos al valor de la vida y a la dignidad de la persona humana, interpretados de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia”.



