Padres de la Iglesia como san Agustín, san Ambrosio, san Cirilo o san Juan Crisóstomo, y grandes místicos y santos de la edad moderna y contemporánea, como el joven san Carlo Acutis, han expresado su amor a la Sagrada Eucarística de diversos modos.
Quizá como preámbulo citemos uno que no es de los primeros siglos, pero de cuya pluma han salido algunas de las más bellas y profundas palabras que se han escrito sobre el misterio de amor de la Eucaristía. Se trata de santo Tomás de Aquino (1224/1225-1274).
La Eucaristía, “el sacramento de la Pasión de nuestro Señor”
La devoción eucarística del llamado doctor Angélico (ver Benedicto XVI, audiencias de los días 2 y 23 de junio de 2010), ocupa un lugar central en su vida y en su obra. Para él, la Eucaristía no era solo un tema teológico, sino el “sacramento de los sacramentos”, en el que Cristo está verdadera, real y sustancialmente presente.
En su Suma Teológica desarrolla con profundidad la doctrina de la presencia real y la transubstanciación, pero esa claridad intelectual va unida a una intensa vida de oración: la tradición cuenta que celebraba la Misa con profundo recogimiento, y que pasaba largas horas en adoración ante el Santísimo.
Para la fiesta del Corpus Christi
Un momento clave de esta devoción se dio en el siglo XIII, cuando el Papa Urbano IV instituyó en 1264 la fiesta del Corpus Christi mediante la bula ‘Transiturus de hoc mundo’. El Papa encargó a Tomás de Aquino la composición de los textos oficiales para la nueva solemnidad.
Y el Aquinate respondió con una obra extraordinaria que une precisión doctrinal y belleza espiritual. De su pluma nacieron himnos como Pange lingua, Lauda Sion, Adoro te devote (tradicionalmente atribuido) y Sacris solemniis (del que procede el Panis angelicus), que explican el misterio eucarístico —la presencia real, el sacrificio, el alimento espiritual—, e invitan a la adoración humilde.
Pero veamos algunos de estos poemas, y otros que han salido de grandes Padres de la Iglesia y santos, que siguen rezándose, o cantándose, especialmente en el Jueves Santo y en el Corpus Christi.
Adoro te devote
(Santo Tomás de Aquino, s. XIII)
Te adoro con devoción, Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;
pero basta el oído para creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
En la Cruz se escondía solo la Divinidad,
pero aquí se esconde también la Humanidad;
sin embargo, creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás
pero confieso que eres mi Dios:
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das vida al hombre:
concede a mi alma que de Ti viva
y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno,
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara,:
sea yo feliz viendo tu gloria.
Amén.
Pange lingua gloriosi (Tantum ergo)
(Santo Tomás de Aquino, s. XIII)
Canta, lengua, el misterio
del Cuerpo glorioso
y de la Sangre preciosa
que el Rey de las naciones,
nacido de una madre fecunda,
derramó como rescate del mundo.
(…)
Adoremos, pues, postrados
tan grande Sacramento;
y que el antiguo rito
ceda el paso al nuevo.
Que la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo
alabanza y júbilo,
salud, honor, poder
y bendición;
y al que procede de ambos
igual gloria. Amén.
Lauda Sion Salvatorem
(Santo Tomás de Aquino, s. XIII)
Alaba, alma mía, a tu Salvador;
alaba a tu guía y pastor
con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque él está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarle lo bastante.
(…)
He aquí el pan de los ángeles,
hecho alimento de los peregrinos;
verdadero pan de los hijos,
que no debe darse a los perros.
(…)
Buen Pastor, pan verdadero,
Jesús, ten piedad de nosotros:
aliméntanos, defiéndenos,
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivos.
Ave verum corpus
(Tradicional medieval atribuido a veces al Papa Inocencio VI, s. XIV).
Salve, verdadero Cuerpo,
nacido de María Virgen,
que verdaderamente padeciste
y fuiste inmolado en la cruz por el hombre.

Panis angelicus
(autor, santo Tomás de Aquino, siglo: XIII)
El pan de los ángeles
se hace pan de los hombres;
el pan del cielo
pone fin a las figuras.
¡Oh cosa admirable!:
come al Señor
el pobre, el siervo y el humilde.
‘Anima Christi’, Alma de Cristo, santifícame
(Autor: Tradicionalmente atribuida al papa Juan XXII (siglo XIV), y también por lo que la impulsó, a san Ignacio de Loyola, s. XIV-XV).
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti.
Para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.
O sacrum convivium
San Buenaventura (atribuido)
Oh sagrado banquete,
en el que se recibe a Cristo;
se renueva la memoria de su Pasión;
el alma se llena de gracia
y se nos da la prenda de la gloria futura.
Oración de san Buenaventura
(San Buenaventura)
Traspasa, dulcísimo Jesús y Señor mío,
la médula de mi alma con el suavísimo
y saludabilísimo dardo de tu amor;
con la verdadera, pura y santísima caridad apostólica,
a fin de que mi alma desfallezca
y se derrita siempre sólo en amarte y en deseo de poseerte:
que por ti suspire, y desfallezca por hallarse en los atrios de tu casa;
anhele ser desligada del cuerpo para unirse contigo.
Haz que mi alma tenga hambre de ti,
Pan de los ángeles, alimento de las almas santas,
Pan nuestro de cada día,
lleno de fuerza de toda dulzura y sabor,
y de todo suave deleite.

Sobre la presencia real de Jesús
Autora: Santa Teresa de Jesús, s. XVI
Poesías completas
No hay corazón que baste
a tanta maravilla:
que Dios esté en la tierra
y en tan pequeña hostia.
La Fonte
Autor: San Juan de la Cruz, siglo XVI, (interpretado frecuentemente en clave eucarística: Cristo como fuente escondida y real)
Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche…
(…)
Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.
Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras
porque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.
Padres de la Iglesia, santos
Algunos tienen numerosos textos sobre la Eucaristía, como san Agustín, aunque su estilo es más bien teológico u homilético, aunque en muchos casos son textos bellos, incluso poéticos. Se extraen algunos fragmentos.
San Agustín de Hipona
“Este pan que veis sobre el altar,
santificado por la palabra de Dios,
es el Cuerpo de Cristo.
Sed lo que recibís,
y recibid lo que sois:
el Cuerpo de Cristo”.
San Ambrosio de Milán
“Si la palabra de Cristo pudo hacer de la nada lo que no existía,
¿no podrá cambiar las cosas que existen en lo que no eran?
No es lo que la naturaleza ha formado,
sino lo que la bendición ha consagrado”.
San Cirilo de Jerusalén
“No consideres el pan y el vino como simples elementos,
pues son, según la declaración del Señor,
el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Aunque los sentidos te sugieran otra cosa,
que la fe afiance.”
San Juan Crisóstomo
“¡Cuántos dicen: quisiera ver su rostro, sus vestidos, sus sandalias!
Pues bien, aquí lo ves, aquí lo tocas, aquí lo comes.
Él se te da no solo para que lo veas,
sino para que lo toques y lo recibas dentro de ti.”
San Alfonso María de Ligorio
“Ten la seguridad de que de todos los instantes de tu vida,
el tiempo que pases frente al Divino Sacramento
será lo que te dará más fuerza durante la vida,
más consuelo en el momento de la muerte
y durante la eternidad”.
San Francisco de Sales
“Dos clases de personas deben comulgar frecuentemente:
las perfectas para mantenerse perfectas
y las imperfectas para alcanzar la perfección”.
Santa Teresita del Niño Jesús
“No es para quedarse en una ámbula de oro que
Jesús desciende todos los días del cielo,
sino para encontrar otro cielo,
el de nuestra alma, donde encuentra sus delicias”.
Santo Cura de Ars
“Si supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa,
qué celo no tendríamos en asistir a ella”.
Santa Teresa de Calcuta
“Cuando miras el crucifijo,
ves cuánto te amó Jesús entonces.
Cuando miras la Sagrada Hostia,
ves cuánto te ama ahora”.
San Manuel González
“¡Ahí está! ¡Es Él! ¡Jesús en el Sagrario!
No está solo: ¡le falta tu compañía!”.
“Está Jesús en el Sagrario: todo un Dios que viene del cielo,
hace el milagro de sabiduría y amor,
se queda callado y quieto,
gustoso de ser amado, lo traten bien o mal…
y repite ese amor para siempre.”
San Josemaría Escrivá
“Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario…
Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima:
más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz.
Por eso, ¡qué obligado estoy a amar la Misa!
(“Nuestra” Misa, Jesús…).
San Juan Pablo II
(de la encíclica Ecclesia de Eucharistia, 2003).
“La Eucaristía no es sólo un signo o un símbolo:
en ella Cristo mismo se da a nosotros,
y por ello la Iglesia vive de la Eucaristía”.
“La Eucaristía es el sacramento del amor
que Cristo nos tiene:
en ella se nos da a sí mismo
para que podamos
vivir como Él y amar como Él”.

San Carlo Acutis
“La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo”.
“Cuanto más recibamos la Eucaristía,
más nos haremos
semejantes a Jesús,
de modo que en la tierra
tendremos un anticipo del Cielo”.



