La Vigilia de Oración por la paz que anunció el Papa, ha consistido finalmente en un solemne acto mariano, con un contundente mensaje en favor de la paz, y el grito de ‘Basta de guerra’, ‘Nunca más la guerra’, en “esta hora dramática de la historia”, ha dicho León XIV.
Ha sido un Rosario a la Virgen María, en el que el Papa ha rogado por la construcción de la paz en el mundo junto a numerosos fieles en la Basílica de San Pedro, en este atardecer romano.
Además del rezo de las Avemarías, las letanías marianas, y el canto del estribillo del ‘Ave María’, el Pontífice se ha apoyado en textos de cinco Padres de la Iglesia: san Cipriano de Cartago, san Cesáreo de Arles, san Juan Crisóstomo, San Ambrosio y san Agustín de Hipona.
Precisamente en estas horas, comienzan en Pakistán las previstas conversaciones entre importantes delegaciones de Irán y Estados Unidos, mientras la guerra entre Rusia y Ucrania tiene también unas horas de tregua con motivo de la Pascua ortodoxa.
Eficacia de la oración, “alcemos la mirada”
El Papa ha introducido su amplia alocución al final del Santo Rosario, argumentando por qué el acto, la eficacia de la oración.
“La oración, en realidad, no es un refugio para escapar de nuestras responsabilidades, no es un anestésico para evitar el dolor que tanta injusticia desata”, ha dicho. “Es, en cambio, la respuesta más gratuita, universal y explosiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya se levanta de nuevo! En cada uno de nosotros, en cada ser humano, el Maestro interior enseña la paz, nos impulsa al encuentro, inspira la invocación. ¡Alcemos, pues, la mirada! ¡Levantémonos de entre los escombros!” .
San Juan Pablo II y san Pablo VI: “Nunca más la guerra”
Enseguida, el Papa ha citado a san Juan Pablo II, cuando dijo con ocasión de la crisis de Irak en 2003: ‘Nunca más la guerra”, un grito que pronunció también san Pablo VI en su primera visita a las Naciones Unidas. “¡Debemos hacer todo lo posible! Sabemos bien que la paz a cualquier precio no es posible. Pero todos sabemos cuán grande es esta responsabilidad» (Angelus, 16 de marzo de 2003). Esta noche, hago mío su llamamiento, tan oportuno”, ha añadido León XIV.
La familia humana
A continuación, el Sucesor de Pedro ha señalado con contundencia una serie de argumentos para desechar la guerra. Entre ellos, éste:
“El equilibrio de la familia humana se desestabiliza gravemente. Incluso el santo Nombre de Dios, el Dios de la vida, se ve arrastrado a discursos de muerte. Un mundo de hermanos y hermanas con un solo Padre en el cielo desaparece, y, como en una pesadilla, la realidad se puebla de enemigos”.
Por ello, ha llamado a parar la guerra y a la búsqueda de la paz.
“¡Basta de demostraciones de fuerza!”
“Basta de idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de demostraciones de fuerza! ¡Basta de guerra! La verdadera fuerza se manifiesta al servicio de la vida. San Juan XXIII, con sencillez evangélica, escribió: ‘Todos se benefician de la paz: los individuos, las familias, los pueblos, toda la humanidad». Y repitiendo las concisas palabras de Pío XII, añadió: «Nada se pierde con la paz. Todo se puede perder con la guerra» (Carta encíclica Pacem in Terris, 62).

“Unamos las energías de millones de hombres y mujeres”
“Unamos, pues, las energías morales y espirituales de millones, de miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes, que hoy creen en la paz, que hoy eligen la paz, que sanan las heridas y reparan el daño causado por la locura de la guerra.
Recibo muchas cartas de niños y niñas de zonas de conflicto: al leerlas, uno percibe, con la verdad de la inocencia, todo el horror y la inhumanidad de actos de los que algunos adultos se jactan con orgullo. ¡Escuchemos las voces de los niños y niñas!”, ha revelado León XIV
Líderes: ¡Alto, es tiempo de paz! Nosotros: “responsabilidad igualmente grande”
“Sin duda, los líderes de las naciones tienen responsabilidades ineludibles. Les clamamos: ¡Alto! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense a la mesa del diálogo y la mediación, no a la mesa donde se planea el rearme y se delibera sobre la muerte!”, ha dicho el Pontífice, que ha saltado en este momento a la responsabilidad personal.
Sin embargo, “todos nosotros, hombres y mujeres de tantos países diferentes, tenemos una responsabilidad igualmente grande: una inmensa multitud que repudia la guerra con hechos, no solo con palabras”.
Transformémonos en un Reino de paz que se construye día a día, ha añadido el Papa, “En los hogares, las escuelas, los barrios, las comunidades civiles y religiosas, venciendo las polémicas y la resignación con la amistad y la cultura del encuentro. Volvamos a creer en el amor, la moderación y la buena política. Eduquémonos y comprometámonos con ellas de primera mano, cada uno respondiendo a su propia vocación. ¡Todos tenemos un lugar en el mosaico de la paz!”.
El Rosario nos ha unido
El Rosario, como otras formas antiguas de oración, nos ha unido esta noche en su ritmo constante, basado en la repetición: así, la paz se abre paso, palabra tras palabra, gesto tras gesto, como una roca se erosiona gota a gota, como en un telar el tejido avanza movimiento tras movimiento, ha continuado el Papa.
Papa Francisco: “artesanos de la paz”
León XIV se ha referido en este punto a su predecesor: “Como nos enseñó el Papa Francisco, ‘necesitamos artesanos de la paz, dispuestos a iniciar procesos de sanación y de encuentro renovado con ingenio y audacia»” (Carta Encíclica Fratelli Tutti , 225). En efecto, existe «una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una según su competencia, pero también existe una “artesanía” de la paz que nos involucra”.
La Iglesia, al servicio de la reconciliación y la paz
Al concluir, León XIV ha alentado a regresar “a casa con el compromiso de orar siempre, incansablemente, y de lograr una profunda conversión del corazón. La Iglesia es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y la paz, que avanza con firmeza, incluso cuando rechazar la lógica de la guerra pueda acarrearle incomprensión y desprecio.
La Iglesia proclama el Evangelio de la paz y “nos enseña a obedecer a Dios antes que a los hombres, especialmente cuando se trata de la infinita dignidad de los demás seres humanos, amenazada por las constantes violaciones del derecho internacional”, ha subrayado el Papa.
Al final, se ha referido de nuevo a San Juan Pablo II: “Hermanos y hermanas de todas las lenguas, pueblos y naciones: somos una sola familia que llora, espera y se levanta de nuevo. ‘Nunca más la guerra, una aventura sin retorno; nunca más la guerra, una espiral de dolor y violencia’ (San Juan Pablo II, Oración por la Paz, 2 de febrero de 1991).
El Papa ha deseado la paz a todos, y ha añadido: “Es la paz de Cristo resucitado, fruto de su amoroso sacrificio en la cruz. Por eso, dirigimos nuestra oración a Él:
Oración a Jesús
Señor Jesús,
venciste a la muerte sin armas ni violencia:
disolviste su poder con la fuerza de la paz.
Concédenos tu paz,
como la que diste a las mujeres inseguras en la mañana de Pascua,
como la que diste a los discípulos ocultos y atemorizados.
Envíanos tu Espíritu,
el aliento que da vida, que reconcilia,
que convierte a adversarios y enemigos en hermanos y hermanas.
Inspíranos la confianza de María, tu madre,
que permaneció con el corazón quebrantado al pie de tu cruz,
firme en la fe de que resucitarías. Que
termine la locura de la guerra,
y que la Tierra sea cuidada y cultivada por aquellos que aún
saben cómo generar, proteger y amar la vida.
¡Escúchanos, Señor de la vida!
Pueblos, religiones, razas: “es posible vivir juntos”
Antes de entrar en la Basílica, el Santo Padre ha tenido el detalle de saludar a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro, y dirigirles unas palabras.
El Papa ha manifestado que “en estos días de la Octava de Pascua, nosotros creemos profundamente en la presencia de Jesús Resucitado entre nosotros. Unidos en la oración del Santo Rosario, pidiendo la intercesión de la nuestra Madre, la Virgen María, queremos decir a todo el mundo que es posible construir la paz, una paz nueva.
“Que es posible vivir juntos con todos los pueblos, con todas las religiones, de todas las razas, que nosotros queremos ser discípulos de Jesucristo unidos como hermanos y hermanas, unidos todos en un mundo de paz”.



