Ecología integral

Ana Ruiz: “El aborto no solo afecta al bebé, sino también a la mujer”

A raíz de la aprobación del gobierno de la reforma de la Constitución para blindar el aborto como derecho, entrevistamos a Ana Ruiz, trabajadora en el Refugio Provida.

Álvaro Gil Ruiz·19 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Ana Ruiz Refugio provida

Ana Ruiz en el Refugio Provida

Recientemente el Gobierno de España ha aprobado un proyecto para la reforma de la Constitución, con la idea de blindar el derecho a la ”interrupción voluntaria del embarazo”. Ante esta noticia nos podemos plantear varias cuestiones, ¿es el aborto un derecho? ¿No consigue lo contrario de lo que busca: perpetuar la mayor violencia obstétrica que pueda recibir una mujer -la de quitar algo tan íntimo como es un hijo del vientre materno-? ¿Estamos blindado el mayor genocidio silencioso de la historia? 

Para dar luz sobre esta cuestión, contamos con la experta en postaborto y trabajadora social en el Refugio Provida, Ana Ruiz.

¿A qué cree que se debe esta propuesta? ¿Es algo más que una cortina de humo?

– Sí, es algo más que una cortina de humo y no es casual. Es una estrategia para consolidar lo que nosotros llamamos la cultura de la muerte y hacerlo, además, como mecanismo para mantenerse en el poder. Haciéndolo a costa de algo tan grave como la vida de miles de bebés.

¿Es el aborto un derecho constitucional? 

– No. El aborto no es un derecho. Ni constitucional ni de ningún tipo. El derecho es la vida, y eso es lo que defendemos. De hecho, deberíamos empezar a dejar de normalizarlo con el lenguaje: el aborto es asesinato, y el asesinato no puede ser nunca un derecho.

Hablemos de usted, de su experiencia personal. ¿Por qué decidió abortar? ¿Cómo fue tu proceso de transformación?

– Lo hice sin pensar lo que estaba haciendo, vivía en mundo alejado de la realidad y no me paré a pensar nada, ni yo entonces había reflexionado sobre el tema del aborto. Era joven y llevaba una vida alocada, pensé que era la solución fácil al problema, cuando en realidad fue el principio del problema de vivir siempre con un gran cargo de conciencia.

Después de abortar me di cuenta rápidamente de lo que había hecho y fui a la iglesia a confesarme sin mucho éxito, pues yo no creía en Jesucristo y entonces el sacerdote no me dio la absolución. Yo solo sabía que había hecho algo muy malo que trascendía este mundo, y poco a poco encontré el camino en la Iglesia católica.

¿Cuándo y por qué decidió “rescatar” a mujeres que iban a abortar?

– Después de abortar siempre intenté evitar abortos allí donde me encontraba con alguna mujer que estuviera planteándose abortar. Conseguí que una buena amiga tuviera a su hijo y algún caso más, que me llegaron a través de conocidos.

Fue una satisfacción enorme ver nacer y crecer a esos niños. Por lo que empecé a trabajar en una fundación que ayuda a mujeres vulnerables a tener a sus hijos y más tarde se me ofreció la posibilidad de trabajar en El Refugio Provida y es un sueño cumplido poder trabajar aquí salvando vidas, con la ayuda de Dios.

¿Puede contarnos algún rescate que le haya impactado más? 

– Todos los rescates son emocionantes, son milagros del Señor que nos regala. Que una mujer que se disponía a matar a su hijo cambie de opinión por una conversación es un verdadero milagro. Yo siempre les cuento mi experiencia de aborto a todas la mujeres con las que hablo y eso las hace a muchas recapacitar.
Un rescate especialmente emocionante fue el de una mujer que se había tomado la pastilla para abortar con 9 semanas de embarazo para expulsar el feto en casa. La excusa que se había puesto es que no tenía trabajo fijo, después de decirle que el momento perfecto era ahora, que Dios lo había elegido así, fuimos a hacer una ecografía y vimos al bebe formado con su corazón latiendo, después fuimos a la capilla del hospital, rezamos y pedí al sacerdote que bendijera a su hijo. Yo estaba muy disgustada porque creía que no iba a poder nacer ya que se había tomado la pastilla abortiva, pero ella, concienciada de querer tener a su hijo, tomó un tratamiento reversivo a la pastilla y me fue informando durante el embarazo que todo iba bien. Tuvo una hija preciosa, un milagro. 

Supongo que se genera un vínculo especial con la persona rescatada. ¿Es así?

– Pues en la mayoría de los casos sí. Están todas muy agradecidas y contentas por tener a sus hijos. Ninguna mujer se arrepiente de tener a su hijo.

Yo soy la madrina de una de los bebés rescatados, se llama Catalina y tengo un vínculo especial con la madre. 

También he hecho amistad con una mujer que es vecina mía y es psicóloga y por una necesidad sobrevenida, se vió durmiendo en el coche embarazada pues, al ser española y con estudios, no cumplía el perfil para entrar en una residencia maternal. Entre los voluntarios del Refugio le pagamos una habitación y ha salido adelante, ahora somos amigas y nos contamos nuestras cosas, la tengo mucho cariño y admiración y ella está muy contenta con su hija.

Volviendo a la propuesta del Gobierno… ¿Esta propuesta no consigue el efecto contrario al que busca? Es decir, ¿perpetuar la mayor violencia obstétrica que pueda existir en la mujer -la de quitar algo tan íntimo como es un hijo del vientre materno-?

– Sí. Lo que ocurre es que la izquierda ha construido un relato en el que vende como liberación lo que en muchos casos acaba siendo una condena emocional de por vida para la madre.

No debemos olvidar que no solo hay una dimensión física en el aborto, sino también una dimensión emocional muy profunda. En muchos casos, esa huella dura toda la vida. Es lo que se conoce como síndrome post-aborto. Por eso insisto en que el aborto no solo afecta al bebé, sino también a la mujer. Es una realidad que se intenta ocultar.

Hay muchos que pensamos que vivimos en unos tiempos en los que se nos van a pedir cuentas en el futuro. ¿No estamos blindado el mayor genocidio silencioso de la historia? Ese es precisamente el título del documental que Derecho a Vivir y Terra Ignota promovimos en 2024 y que estrenamos en diciembre de ese año, «El Genocidio Silencioso».

Ya ha ocurrido en Francia, y en España debemos estar muy atentos. Porque si eso sucede, una consecuencia directa será el intento de silenciar aún más a quienes defienden.

¿Qué podemos hacer desde la sociedad civil para cambiar la sociedad actual? ¿Cómo podemos dar luz sobre las terribles consecuencias del aborto?

– Informar, hablar y difundir. No quedarnos callados. Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para defender la vida, romper el relato único y dar visibilidad a la realidad que muchos intentan ocultar.

Y hay algo clave: que los medios de comunicación empiecen a interesarse de verdad por la defensa de la vida, por el trabajo de los provida y por ofrecer una visión completa. Solo así podremos llegar a más personas y generar un cambio real.

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