Evangelio

Estar presente donde Cristo está presente. Corpus Christi (A)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas de el Corpus Christi (A) correspondiente al día 7 de junio de 2026.

Vitus Ntube·4 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Hoy, la Iglesia celebra la gran fiesta del Corpus Christi, una solemnidad profundamente vinculada al Jueves Santo. Una vez más, la liturgia nos invita a volver a aquella noche sagrada en el cenáculo, cuando Cristo nos dio la Santísima Eucaristía. Es como si la Iglesia reconociera que el misterio de aquella noche es tan profundo, tan inagotable, que una sola celebración no basta para contenerlo. 

Las lecturas de esta Misa nos introducen en el corazón de este misterio. Nos revelan la Eucaristía como la presencia real de Cristo, como fuente de nuestra unidad y como el alimento que nos conduce a la vida eterna. En el centro de la fiesta de hoy está la verdad de que Cristo está verdaderamente presente en la Eucaristía. Esta presencia real no es simbólica ni figurativa, sino real y sustancial. 

En diversas partes del mundo, la Iglesia da testimonio público de esta verdad mediante procesiones eucarísticas y la adoración. El Santísimo Sacramento es llevado por las calles, proclamando que Cristo camina con su pueblo, que permanece entre nosotros. En nuestro tiempo, con frecuencia vemos más protestas que procesiones. Sin embargo, Cristo no ha dejado de estar presente. Su presencia permanece constante, aunque nuestra conciencia de ella se debilite.

George Steiner, en su obra Presencias reales, observó que sin un sentido de trascendencia -sin lo que él llama “presencias reales”– ni el arte verdadero ni la verdad pueden perdurar. Su intuición nos lleva a algo más profundo: no solo la cultura, sino la misma humanidad no puede florecer sin un encuentro vivo con aquello que nos trasciende. Para nosotros, los cristianos, esto se cumple en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

En el Evangelio de hoy, Jesús habla con una claridad impactante: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”. Estas palabras no son fáciles. Fueron difíciles para sus oyentes entonces, y siguen siendo exigentes hoy. Muchos lo cuestionaron; algunos incluso se alejaron.

La Eucaristía no es simplemente un símbolo. Es Cristo mismo. Esta celebración no solo nos llama a creerlo sino a responder. Si Cristo está verdaderamente presente, entonces nosotros también estamos invitados a estar presentes. ¡Estar presente donde Cristo está presente! 

En presencia de alguien importante, estamos atentos, vigilantes y reverentes. ¡Cuánto más debería ser así en la presencia de Cristo mismo! Ante el Santísimo Sacramento, somos invitados a despertar nuestro corazón: a velar, a escuchar y a amar. Hoy, al celebrar el Corpus Christi, renovemos nuestra fe en la presencia real de Cristo. Y renovemos también nuestro compromiso de estar verdaderamente presentes ante Él.

Estamos llamados a profundizar nuestra devoción eucarística: mediante la participación fiel en la Misa, recibiendo la Sagrada Comunión frecuentemente con pureza, humildad y devoción, dedicando tiempo a la adoración ante el Santísimo Sacramento y participando en bendiciones y procesiones.

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