España

José Gabriel Vera: “La mejor comunicación de la Iglesia es la de la santidad de vida”

El hasta ahora director de Comunicación de los obispos españoles repasa , en esta entrevista, el trabajo de más de diez años y los retos de futuro de la comunicación de la Iglesia

Maria José Atienza·21 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos
josetxo vera

José Gabriel Vera en su última rueda de prensa, el pasado 24 de junio ©CEE

El pasado 24 de junio, en la rueda de prensa de fin de la 273º reunión de la Comisión Permanente de obispos españoles, José Gabriel Vera, –Josetxo- anunciaba que dejaba su cargo como Director de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española.

Han sido doce años los que este sacerdote de la archidiócesis de Navarra – Tudela y licenciado en Ciencias de la Información, en Filosofía y Teología por la Universidad de Navarra ha liderado la comunicación de los obispos españoles.

En este tiempo, Vera ha vivido momentos difíciles, como la gestión de la comunicación de los casos de abusos en entornos eclesiales o el cuestionamiento del modelo de financiación de la Iglesia, pero también momentos de alegría y “éxito”, si de puede llamar así: la creación de las Galas de la Memoria Anual de la Iglesia, la elección del Papa León XIV, y la visita papal a España, con la que cerraba sus más de dos lustros en esta tarea. 

En esta entrevista con Omnes, José Gabriel Vera desgrana los retos a los que se han tenido que hacer frente en estos años desde la comunicación de una institución tan compleja como la Conferencia Episcopal Española y destaca, sobre todo, la importanci de un compromiso de vida cristaiano real para ser transmisores del mensaje de Cristo en la sociedad actual. 

Usted ha estado 12 años al frente de la comunicación de la CEE en un periodo en que el cambio social, eclesial y sobre todo, comunicativo – en medios y lenguajes – ha sido gigante ¿Cómo ha tenido que adaptarse la institución a estos cambios?

–Todas las instituciones estamos haciendo un esfuerzo de adaptación a un nuevo terreno de juego que nos ha crecido en estos últimos años, en parte por la aparición de las redes sociales que han hecho que todas las personas se conviertan en un medio de comunicación con una potencia superior incluso a la de los medios tradicionales.

Las instituciones nos tenemos que adaptar a esta realidad. Cada persona se ha convertido en un medio de comunicación. También los miembros de la propia institución. 

Y, al convertirse en un medio de comunicación, todos piensan que tienen la capacidad suficiente para comunicar. Eso hace que sea más difícil de gestionar o que obligue a las instituciones a gestionar de un modo nuevo. Hemos vivido la revolución que ha sido Internet, ya hace más años, pero en este periodo prácticamente en el que he estado yo en la oficina de información, la revolución de las redes sociales, la aparición de los smartphones y al mismo tiempo y más recientemente, la revolución de la inteligencia artificial. 

Todo eso es un grandísimo cambio, que todas las instituciones estamos llamados a afrontar para servir mejor. 

En el fondo, la comunicación busca servir a la institución, servir a los medios de comunicación y servir de punto de encuentro: hacer que las personas de la institución y las personas de los medios puedan encontrarse. 

Me parece que la Iglesia está en un periodo de adaptación que yo creo que no va a dejar de existir siempre. 

Siempre vamos a tener que adaptarnos a nuevos medios, nuevas formas, nuevos formatos. 

Todos los miembros de la Iglesia tienen que darse cuenta de su responsabilidad a la hora de comunicar qué es la Iglesia, qué hace, cuál es su misión

José Gabriel Vera

¿Qué queda por mejorar dentro de la comunicación de la Iglesia española?

–Creo que un elemento muy importante es -en esta línea de que cada persona de la distinción es un medio de comunicación- es que todos los miembros de la Iglesia tienen que darse cuenta de su responsabilidad a la hora de comunicar qué es la Iglesia, qué hace, cuál es su misión. 

Todos tenemos que darnos cuenta de que somos responsables de la imagen que tiene la Iglesia. No sólo una declaración o una entrevista o un titular de un periódico, sino que cada uno podemos pensar “yo qué estoy haciendo personalmente con mis amigos, con mi familia, con mis compañeros de trabajo para que tengan una imagen más perfecta, más adecuada de la identidad y de la misión de la Iglesia”. 

Creo que la comunicación de la Iglesia es responsabilidad de todos sus miembros y que cada uno tiene que dar cuenta de qué es, qué hace, qué vive, qué siente como miembro de la Iglesia en España. 

Me parece que ahí hay un margen de mejora muy importante. 

Tomar conciencia de pertenencia y hacer pública esa pertenencia cada uno en su entorno, en su ambiente. 

 ¿Cuál es su balance en esta tarea, tras más de dos lustros, muy diferentes entre sí? 

–No puedo decir si es positivo o negativo. Me parece que ese balance se tiene que hacer desde fuera. Desde dentro, hemos hecho cosas bien y cosas mal. Creo que hemos acertado en la obra de abordar algunos temas y considero que hay temas en los que todavía tenemos que mejorar y hacerlo mejor. 

Nos hemos incorporado al mundo de las redes sociales, no sin dificultades. 

Hemos hecho más visible la vida y la misión de la Iglesia. Hemos atendido a todos los medios de comunicación que lo han solicitado. Hemos hecho el trabajo propio de una oficina de información, con puntos positivos, negativos y neutrales. 

Por su puesto, ha lidiado con temas controvertidos: abusos dentro de la Iglesia, titularidad de edificios, diálogo interreligioso, financiación de la Iglesia, relaciones con los gobiernos…, algunos de los cuales aún siguen siendo una constante en los medios. ¿Ha sabido la Iglesia transmitir su posicionamiento en estos asuntos? 

–En esto se me vienen a la cabeza dos ideas que ya he mencionado. Por un lado, la convicción de que la Iglesia somos todos y que la responsabilidad de la comunicación de la Iglesia recae en cada uno.

Cada persona tiene que poder hablar de cómo es la financiación de la Iglesia, del diálogo interreligioso, de las inmatriculaciones o de los abusos. Pero, evidentemente, para eso hay que conocer bien qué es la Iglesia y formar parte de ella, con el corazón y con la cabeza. 

No tiene sentido dar cuenta de lo que es la Iglesia si uno no lo vive en primera persona, con profundidad, si no lo vive con la radicalidad de su ser, si no lo vive con amor. Con alegría por pertenecer a este pueblo de Dios y con conocimiento de sus virtudes y de sus defectos, de los de cada uno de nosotros.

Si cada uno conociéramos bien la Iglesia y la transmitiéramos mejor, estaría bien. 

El segundo punto de estas dificultades es cuánto conocemos de la verdad de la Iglesia. ¿Cuántas son las personas que conocen la vida de la Iglesia en profundidad? Y también, qué alineamiento tenemos cada uno de nosotros en relación a la Iglesia. En el fondo, es pensar qué está por encima, si mi opinión política o lo que dice la Iglesia; mi posicionamiento en torno a esos temas controvertidos o lo que enseña la Iglesia. 

Habrá gente que tiene por encima una forma de ver las cosas legítima, una forma de entender el mundo, un posicionamiento político que le harán posicionarse ante el planteamiento de la Iglesia con más o menos cercanía.

En estos años, algunos documentos y comunicados de la CEE o de alguna de sus comisiones han causado reacciones negativas, dentro de los propios fieles, dando lugar a interpretaciones quizás, alejadas de su intención. ¿Cree que no se ha transmitido, de manera clara, la clave de estos documentos o no se ha medido justamente la reacción a estos documentos en el momento en que se publicaron?

–Este momento de la comunicación tiene que tener en cuenta, en todas las instituciones, tres elementos que se han incorporado recientemente y que no se pueden obviar. 

En primer lugar, el elemento de las redes sociales, que en muchas ocasiones amplifica, ridiculiza, disminuye, o cambia el sentido de lo que está comunicando la Iglesia. 

En el fondo, las redes sociales tratan problemas complejos, o ideas complejas, de una manera muy sencilla, muy simple y a veces muy simplificada. Eso no cabe duda de que suscita muchos errores de incomprensión. 

Tirando de redes sociales, se puede dar a entender que la Iglesia dice lo contrario de lo que dice. Una fotografía en un momento concreto, una pequeña manipulación por inteligencia artificial, un tweet que intenta resumir una conferencia de dos horas, evidentemente no son los elementos adecuados para conocer lo que dice la institución, sea esta cual sea. 

El segundo elemento en juego, que a la Iglesia le afecta de manera especial, es la mezcla de estilos, de contenidos, de formatos, diríamos así. Es decir, una conferencia no es lo mismo que una homilía, que no es lo mismo que una tertulia, que no es lo mismo que una charla con amigos, que no es lo mismo que una ponencia en clase.

Sin embargo, fruto de las redes sociales y por el hecho mismo de que todo está siendo grabado prácticamente en directo y es difundido a través de Internet por todo el mundo, muchas veces se pierde el contexto. Lo que era una homilía, predicada para católicos que van a misa los domingos, bien seccionada o bien fragmentada y escuchada por un político, que es ateo y hace 25 años que no va a misa, es difícil que la comprenda bien. 

O lo que se dice en un contexto académico, divulgado a través de un vídeo en TikTok, es difícil que se entienda bien. 

En ese sentido, la Iglesia y todas las instituciones tienen que darse cuenta de que ahora la comunicación es global, que todo el rato se está comunicando. Estás llegando, no a los públicos que tienes delante, y prácticamente ni siquiera en primer lugar a los públicos que tienes delante, sino que estás llegando a todo el mundo. Eso implica que tienes que hablar con una mayor prudencia o implica que tienes que tener un contexto mucho más amplio de lo que vas a ver. 

El tercer elemento que entra en juego es la variable política. En un tiempo en el que, digamos, el posicionamiento político, entendido en sentido amplio, está por encima de cualquier pertenencia y de cualquier identidad.

La política ha conseguido situarse como el eje de interpretación válido de cualquier institución. Por tanto, una persona que se siente parte de una ideología política determinada interpreta todo a partir de esa ideología política.

Esto es un poco extraño para la vida cristiana, porque nosotros pensamos que la vida cristiana es la que da sentido a todo lo que conocemos; el punto de vista adecuado o la óptica adecuada para enfocar la realidad es desde nuestra identidad cristiana. Pero la realidad es que hoy una persona identifica la realidad desde su óptica partidista de un lado, o de otro. A partir de esa mirada interpreta lo que se dice. 

Si la política se ha convertido en el marco de interpretación de la realidad, creo que es una forma de entender las cosas un poco reductiva y equivocada. 

La visita del Papa León XIV a España ha sido un magnífico final para su etapa en la CEE. ¿Cómo valora la gestión comunicativa de esta visita? 

–De la visita del Papa, yo he sido simplemente una pequeña herramienta y una pequeña pieza de un puzzle muy complejo, muy amplio, con muchísimas piezas. en las que cada uno ha dado todo lo que tenía. Y de alguna forma, el resultado está casi por encima de la aportación de cada una de las piezas que hemos trabajado en el engranaje de ese viaje del Papa.

Quiero decir que el viaje, visto desde fuera, ha sido un éxito total. Ha habido muchísima gente implicada, muchísima gente que lo hecho bien. Ha habido muchísimos profesionales que han trabajado como voluntarios. con toda su sabiduría, todo su conocimiento, lo han puesto en manos de la organización como voluntarios. Al mismo tiempo, ha habido muchos voluntarios que han trabajado como profesionales, que han echado las horas de un profesional, el empeño de un profesional y la dedicación de un profesional.

Entre los voluntarios que han trabajado como profesionales y los profesionales que han trabajado como voluntarios, se aprende un modo de estar en la Iglesia que el Papa León lo reconocía con mucha fuerza. como el valor de la gratuidad, el estar en un sitio no para recibir sino para dar. Es una forma muy concreta del servicio en la Iglesia y me parece que es una de las claves de la gestión, no sólo comunicativa, sino de todos los aspectos de esta visita del Papa. 

La comunicación ha tenido su complejidad pero, al mismo tiempo, la calidad de los equipos de comunicación de cada una de las diócesis implicadas ha hecho que el conjunto fuera un éxito. 

Me parece que el conjunto es muy, muy positivo. 

 ¿Con qué se queda de esta visita? 

-–Sin duda, con los mensajes del Papa León. Me parece que habrá que estudiar, durante mucho tiempo, porque han puesto de manifiesto que la Iglesia tiene una palabra para todos, y para cada uno tiene la suya concreta. 

La Iglesia es la única institución que puede hablar con todo el mundo. Puede hablar con el mundo del arte, con el mundo de la danza, de los sindicatos, de los políticos, de los obispos, de los fieles laicos, de los jóvenes, de los empobrecidos, de los migrantes, las personas atendidas en Cáritas.

Puede hablar con todas las personas, y para cada una de ellas tiene un mensaje, un mensaje comprometido. Eso es lo que me quedo de esta visita del Papa, además de las infinitas horas de trabajo que he visto como que la gente a mi alrededor metía para que esto saliera bien. 

En los últimos años, España parece mostrar una nueva sensibilidad hacia lo que podríamos denominar “hecho religioso católico”. En este sentido, vemos cómo quizás, tienen más impacto, las comunicaciones “no institucionales” que aquellas que se trabajan de manera corporativa ¿Estamos ante un nuevo paradigma de comunicación en la Iglesia? ¿Qué puede aprender una institución de este nuevo lenguaje? 

–Más que un nuevo paradigma de comunicación en la Iglesia, nos encontramos en un terreno radicalmente nuevo donde lo normal es el cambio. Un terreno en el que, constantemente, vamos a hacer frente a nuevas redes de comunicación, a nuevos estilos de comunicación, donde se va a ir mezclando constantemente todo, donde se acaba de asomar la Inteligencia Artificial y esto lo va a volver a cambiar todo en muy poquitos años. 

Realmente, es un tiempo nuevo en la vida de la Iglesia, en la comunicación, no solo nuestra, sino de todas las instituciones. 

Para este tiempo me parece que hay que hacer fuerte los mensajes dirigidos que manifiesten que hagan visible la identidad de la Iglesia. Que hagan visible que nosotros procuramos ser el pueblo de Dios, que somos un pueblo de salvados, que somos personas a las que el Señor ha redimido, ha salvado.

Creo que esa es la mayor fuerza de atracción que tiene hoy la Iglesia: Hacer visible que la muerte ha sido vencida, que el pecado no tiene la última palabra y que por tanto eso lo tenemos que incorporar a nuestro modo de ser y a nuestro modo de hacer. Eso va a ser la mejor comunicación de la Iglesia. 

La mejor comunicación de la Iglesia es la de la santidad de vida. Eso que está siempre en el telar del crecimiento de la Iglesia y además es lo que está siempre al alcance de todos los cristianos. Siempre es posible ser santos, y el mejor servicio que se puede hacer a la comunicación de la Iglesia es la santidad de vida. 

Así que es una misión que está al alcance de todos. Por muchas tecnologías, muchas dificultades, muchos problemas, los santos seguirán siendo los que acaban llenando las Iglesias de fieles. Es algo que está en nuestras manos, pero es algo que tenemos que manifestar a los demás con la ejemplaridad de nuestras vidas.

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