Qué bonito era cuando en mayo existía vida más allá de los exámenes y de los trabajos finales. El Madrid levantaba muchas Champions y el verano se dejaba ver poco a poco en el color de las flores. También se olía, con ese inconfundible aroma a urbanización regada y a cloro de piscina. Mayo es alegría, mes de la madre y, como no, mes de la Virgen, esa que tan contenta nos recibe cuando hacemos una romería, esas que hacíamos cada año en el colegio.
Niños que cantan a María desde los asientos de atrás del bus en el que viajan a la romería, al monasterio de San este o de San aquel, una maravillosa mañana de primavera en la que disfrutan todos juntos de sus bocadillos y, alguno que otro, comparte generosamente de sus Pringles mientras todos le sonríen, alegres y frescos como las flores que vienen ahí a poner, a los pies de la Virgen que reina sobre todos, sobre las familias y sobre el Colegio.
Risas entre bolas y bolas del Rosario, ese que rezan con música y con voces todavía de niño. Retumban los ruega por nosotros y siempre, siempre, siempre hay alguien que se lía con los misterios pares, estallando la carcajada también de los profesores. Se lanzan peticiones de todo tipo, sin miedo ni vergüenza, que la Virgen no hace otra cosa más que acogerlas y darles cariño.
Los años han pasado y, probablemente, ya no podemos dedicar un día entero a la romería. Bueno, tampoco hace falta, cualquier pequeño momento es perfecto para este plan.
Mis amigos y yo hemos patentado un formatín perfecto para gente muy seria ocupada (aunque todavía no sabemos con qué). Llevamos ya varios años quedando a última hora de la tarde en el Santuario de Valverde, Montecarmelo, donde rezamos uno o dos rosarios. Siempre nos enfrentamos con nuestra falta de puntualidad, y es que ya van varias veces que el conserje nos cierra el Santuario en la cara. Este año dio el pitido final en medio del quinto misterio, no dejándonos ni descuento para las letanías.
A la salida, a veces algo precipitada, nos reunimos todos en algún bar a celebrar. Y es que, si un cumpleaños o una graduación son buenos motivos de convocatoria, ¿por qué no el mes de la madre? Hemos cambiado los bocadillos por cervezas y, ahora, en vez de pedir por el partido entre 5ºA y 5ºB, pedimos por prácticas, entrevistas y futuros noviazgos.
En fin, los años pasan y es inevitable que las cosas cambien, muchas a mejor. Iremos nuevos lugares y con otras personas, pero siempre bajo el mismo manto.
Estudiante de 5º curso de Ingeniería de Telecomunicaciones y Business Analytics.





