Evangelio

El poder de Dios es la misericordia. Domingo XVI del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XVI del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 19 de julio de 2026.

Vitus Ntube·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Este domingo continuamos con el método de enseñanza de Jesús sobre el que reflexionamos la semana pasada. Jesús sigue enseñando en parábolas; de hecho, como nos dice el Evangelio, “sin parábolas no les hablaba nada”. A través de este método, el Señor invita a sus oyentes a participar activamente en la acogida de la verdad. 

Hoy, sin embargo, nuestra atención se dirige no sólo al método de enseñanza de Jesús, sino también a su contenido. Las lecturas nos revelan la verdadera naturaleza del poder divino. Jesús, que es Señor, nos muestra cómo es el auténtico poder. En un mundo que con frecuencia asocia el poder con la dominación, la fuerza o el control, Dios revela que el verdadero poder se expresa, ante todo, en la misericordia.

Este tema recorre todas las lecturas de hoy. En la primera lectura, del libro de la Sabiduría, escuchamos estas palabras impresionantes: “Y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia”. Estas palabras revelan algo profundo sobre la naturaleza de Dios. La omnipotencia divina no es dura ni opresiva. Su poder se manifiesta precisamente en su paciencia, en su compasión y en su disposición a perdonar. 

La oración colecta del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario expresa bellamente esta misma verdad: “Oh Dios, que manifiestas tu poder sobre todo con el perdón y la misericordia…” El Evangelio nos presenta tres parábolas del Reino: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. Sin embargo, los discípulos vuelven a Jesús particularmente preocupados por la parábola de la cizaña entre el trigo. Tal vez les inquietaba la presencia del mal, o quizá estaban desconcertados por la paciencia del dueño del campo. Los criados preguntan si deben arrancar inmediatamente la cizaña. Pero el amo responde: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”.

Aquí vemos la sabiduría y la paciencia de Dios. El Señor no actúa precipitadamente. En su misericordia, concede tiempo para el arrepentimiento. Da espacio para la conversión. La paciencia de Dios no es indiferencia ante el mal; más bien, es su deseo amoroso de que los pecadores vuelvan a Él y vivan.

San Josemaría Escrivá utilizó una vez una hermosa imagen durante un viaje a Argentina. Decía que Dios no es como un cazador que busca una presa. Es como un jardinero que cuida amorosamente sus flores: las riega, las protege y las cuida con paciencia. Y solo cuando la flor alcanza su plenitud y belleza, el jardinero la recoge. Del mismo modo, Dios trabaja pacientemente en nuestras almas hasta que estén preparadas para la vida eterna.

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