Padecemos una crisis de atención. Ese es el diagnóstico de Byung Chul Han en Sobre Dios. Este filósofo bestseller denuncia que nos hemos acostumbrado al consumo instantáneo y casi infinito de estímulos sensoriales, de modo que cada vez nos cuesta más concentrarnos, estar en una sola cosa a la vez, profundizar en algo interesante o aburrirnos tranquilamente. El resultado: nuestros sentidos están saturados de basura informativa.
La “economía digital” no contribuye demasiado. Muchas empresas persiguen -como un verdadero botín de guerra- los segundos, minutos u horas que dedicamos a consumir sus contenidos. Y, si se trata de redes sociales, con algoritmos diseñados para secuestrar nuestra atención y, no pocas veces, generar una adicción. Así pueden monetizar sus vídeos o textos y convencer a sus auspiciadores de que veremos sus anuncios: les venden nuestra atención.
Pero no se trata solo de protegernos de los algoritmos, del maldito clickbait o de la oferta de dopamina barata, aunque tengamos que poner cortafuegos al incendio de la dispersión infinita. La propuesta de Han nos desafía a desarrollar una atención “contemplativa”. Porque, según afirma el surcoreano, la atención plena nos conduce a una vida plena. Y así nos volvemos capaces de meternos de lleno en lo que estamos haciendo, disfrutar del esfuerzo y del gozo del momento presente.
Una atención contemplativa se cultiva minuto a minuto: enfocándonos totalmente en la persona con la que estamos conversando, en la clase que estamos dictando o escuchando, en el tiempo de trabajo profundo, en la caminata por el parque sin teléfono, en el deporte intenso, en el rato de oración. Esas experiencias reales nos van reconectando con lo verdadero, a la vez que crece nuestra capacidad de disfrutarlas con plenitud.
Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.





