El Papa León XIV ha hecho hoy historia al ser el primer Pontífice que habla en la sede de las Cortes españolas.
El Pontífice ha sido recibido en la entrada principal del Palacio de las Cortes por la Presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, el Presidente del Senado, Pedro Rollán Ojeda, y otros seis miembros de las Cortes.
Antes de entrar en el Congreso, se han podido escuchar los himnos nacionales de España y del Vaticano y, a continuación, el Santo Padre ha accedido al Salón de los Pasos Perdidos donde ha firmado en el Libro de Honor.
En el momento del intercambio de regalos, el Papa ha entregado sendas medallas de plata del Viaje Apostólico al presidente del Senado y la Presidenta del Congreso
Un Papa en el corazón de la política española
Un sonado aplauso ha acompañado la entrada del Papa León XIV al Salón de Plenos del Congreso de los Diputados de España.
La presidenta de la Cámara, Francina Armengol ha dado la bienvenida al Papa con un discurso en el que ha subrayado la voluntad de la Cámara de “escuchar con el convencimiento de que el entendimiento es insustituible” y defendiendo el “multilateralismo como condición para la paz internacional”. Armengol ha calificado la actividad política óptica como la “lucha contra pobreza, precariedad y violencia” y ha expresado su deseo de que la actividad política sea “la búsqueda de la dignidad de las personas y el bien de los pueblos, no las luchas de poder a las que ahora asistimos”.
El Papa ha tomado la palabra ante un pleno en el que, además de los actuales representantes políticos de los españoles se encontraban políticos de diferentes signos, los expresidentes del Gobierno, excepto José Luis Rodríguez Zapatero, el Defensor del Pueblo, y distintos representantes de la sociedad civil española.
Un discurso largo y completo
En un discurso largo, el más largo de los pronunciados por León XIV hasta la fecha en España, el Papa se ha presentado, “ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica”, evidenciando que, tal y como respondió a Trump hace unas semanas, él no es un político, sino que habla desde la fe.
La Iglesia, ha recordado el Papa, “cuando se dirige a la vida pública, lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar. Reconoce «la autonomía de las realidades terrenas» y «la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política»; y, precisamente desde esa conciencia, aporta una reflexión”.
¿Qué concepción del hombre traduce la ley?
“Mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana”, ha continuado al Papa, que ha elogiado la historia de España y del pensamiento humanista de la que ha sido cuna, con ejemplos como la escuela de Salamanca, una de las citas favoritas del Pontífice.
En esta línea, León XIV ha defendido que “toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes” y ha querido recoger algunas de las respuestas que, históricamente, la nación española ha dado a este interrogante poniendo el acento en la defensa de la libertad y en el reconocimiento ”del ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad”.
La revolución humanista de la escuela de Salamanca
Uno de los ejes centrales del discurso papal en las Cortes españolas ha sido el profundo y reflexivo recuerdo del Pontífice a la importancia d la escuela de Salamanca en el desarrollo del orden legislativo y social en el momento en el que el mundo se hizo más grande, cuando, con la llegada a América “España quedó situada ante responsabilidades históricas de alcance universal”.
En ese momento, ha subrayado el Papa, “algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder”.
No ha obviado el Pontífice que “la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura”, León XIV ha enfatizado que “la reflexión de la Escuela de Salamanca —y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas— contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes”.
Actualizando esta pregunta, el Papa ha subrayado cómo hoy, con los avances tecnológicos y, en especial la Inteligencia Artificial, los límites pueden también desdibujarse. Asimismo, ha recordado el discurso de Benedicto XVI ante el parlamento alemán para evaluar que la dignidad humana “precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales”.
¿Puede llamarse justa una nación? Respeto de la vida, familia y libertad de educación
“Me corresponde pronunciar hoy una palabra serena y firme ante quienes tienen la grave responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social”, ha continuado el Papa, que no ha evitado, en este punto, la mención a varios de los asuntos más graves que asolan los sistemas jurídicos y sociales actuales. ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización.-Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”.
El Papa se ha referido a la familia como “realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad”, y a las instituciones educativas en la que “muchos padres deseosos de que sus hijos aprendan a relacionarse, a pensar con espíritu crítico y a adquirir valores sólidos, depositan en ellas grandes esperanzas, como valiosas aliadas en su educación”.
Un punto especialmente interesante en el Parlamento español ante el que el Papa ha defendido “el ‘derecho primario e inalienable’ de los padres a ‘elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas’”.
La cuestión migratoria
La cuestión migratoria, una de las líneas fundamentales de este viaje, ha entrado de lleno en este discurso en el que León XIV, ha afirmado que “allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”.
En esta línea, el Pontífice ha defendido la necesidad de “fortalecer la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas, especialmente en el marco de una cooperación regional y multilateral”.
Prevost ha apostado por una cooperación internacional ante un drama que no puede atajar una sola nación.
La pluralidad no es atacar al adversario
“El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural” ha afirmado el Pontífice. “La paz exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro tundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional”, ha defendido el Papa que ha mostrado su preocupación ante el avance del rearme como “respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”.
Ante este escenario internacional, el Papa ha hecho un llamado “a redescubrir el valor indispensable del diálogo”.
La paz, interna y externa, ha marcado la última gran parte del discurso en el que el Papa ha defendido que la “pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.
Protección y respeto de la libertad religiosa
El Pontífice ha ido más allá, pidiendo una protección clara y firme de la libertad religiosa y la conciencia personal: “La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe”.
“En este contexto”, ha señalado León XIV, “el sigilo sacramental de la confesión reviste una importancia especial para la Iglesia católica. Se inserta en el ámbito más amplio de la libertad religiosa, que garantiza a las comunidades creyentes un espacio propio de vida, organización y disciplina interna”. Protegerlo jurídicamente, ha indicado, “significa preservar un espacio sagrado de libertad interior, donde el creyente puede abrir su alma ante Dios sin temor a presiones externas”.
Al mismo tiempo, ha subrayado que “la fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones, sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante”.
La ley ha de comparecer ante la dignidad humana
Haciendo un recorrido visual por las imágenes de la Cámara española, el Papa ha apuntado con fuerza que “una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”, animando a los españoles cuya “tradición cultural, jurídica y espiritual ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad” a ser parte en este camino de avance social.
El aplauso más largo de la democracia
El Papa ha concluido esta histórica intervención acompañado de lo que podría ser ya calificado como el aplauso más largo de la democracia.
Unos aplausos que han comenzado al terminar el discurso papal y que se han prolongado durante una decena de minutos hasta que el Pontífice ha abandonado la sala, acompañado de la presidenta de la cámara y de diversas autoridades.
También se han podido escuchar varios “¡Viva el Papa!” que han sido secundados por los asistentes a esta intervención histórica.
Durante todo este tiempo León XIV se ha mostrado especialmente emocionado. Agradeciendo con gestos a los diputados e invitados una muestra de cariño, que ha quedado ya para la historia de la cámara española.





