España

El Papa recuerda que la caridad es más que mero asistencialismo

El Papa León XIV, en la Misa en el estadio de Gran Canaria, resalta el valor de la humildad en la vida cristiana.

Jose Maria Navalpotro·12 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Papa León Canarias

©Diócesis de Canarias

“¡Papa León, te queremos un montón!”, el grito del obispo de Canarias monseñor José Mazuelos al concluir la Misa en el estadio de Gran Canaria resumía el espíritu con que se ha vivido en la isla la histórica jornada en la que por primera vez en la historia un Papa visitaba el archipiélago. En la Misa, León XIV habló del sentido de la caridad, más allá del asistencialismo, y buscando también la dimensión espiritual de la persona, y del amor, en vísperas de la fiesta del Sagrado Corazón.

Una vez más, se repitió el rasgo común de todos los encuentros masivos del Santo Padre en España: una entrada apoteósica, con un pueblo empeñado en mostrar su cariño. La Misa en el estadio donde juega Las Palmas (precisamente eliminado ayer de su lucha por el ascenso a Primera División) reunió a varias decenas de miles de fieles. Se habían repartido 41.000 entradas, tanto para los asistentes en el campo de fútbol como en el pabellón anexo de Gran Canaria Arena.

Gritos de “¡Papa León!” o incluso de “Pío, pío” (el grito de guerra de los seguidores del equipo canario) se repitieron durante la espera y especialmente a la entrada del Santo Padre.

Sobre el amor

En sus palabras a los congregados, el Papa insistió en su agradecimiento a los canarios por su esfuerzo por la gente que sufre. Pidió de nuevo rezar “por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar”.

Recordó una cuestión histórica -son abundantes en este viaje sus referencias a las raíces cristianas-: la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, fiesta que se celebra el viernes.

León XIV aseguró que “nuestra vocación al amor, no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón”. “Amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”, sentenció.

El Evangelio, aseguró, invita a traducir “la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en nuestro camino. Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio. Precisamente como ocurre en esta isla, en la acogida, en el compartir, en el don desinteresado”.

No basta con ayudar

El Santo Padre matizó cuál es el sentido de la verdadera caridad: “no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva”. No basta con ayudar, es necesario preocuparse por la persona en su integridad, también de sus necesidades espirituales, vino a decir.

Otra característica del Corazón de Cristo que destacó el Papa es la humildad: “El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los ‘doctos’ y los ‘sapientes’, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un ‘yo’ ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor”.

Jesús -añadió- enseña que “para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana. Donde hay auténtica humildad hay amor, y donde hay amor hay paz”.

Una cálida acogida

Antes de iniciar la ceremonia, León XIV había realizado un amplio recorrido en papamóvil por el césped del estadio. También recogió y bendijo niños (en su estancia en Barcelona se calcula que tomó en brazos a más de un centenar). Y, justo antes de concluir, quiso rezar ante la popular imagen de la Virgen del Pino, la patrona local, y del Cristo del Teide, cuyas tallas presidieron la Misa.

Entre los miles de asistentes la mayoría eran de la propia isla de Gran Canaria, con presencia abundante también de Lanzarote y Fuerteventura, así como visitantes de Andalucía.

La etapa grancanaria ha concluido con un sentimiento de cercanía y gratitud al Papa que ha querido estar especialmente cerca del drama de la inmigración que afecta a las islas. “Emoción” era la palabra que más se repetía entre los asistentes. El obispo local, monseñor José Mazuelos, ha llorado en cada uno de los eventos que ha compartido con el Papa. Tras la Misa, cuando el Papa se ha retirado a descansar, un grupo de fieles se ha apostado en las inmediaciones del palacio arzobispal, donde reside, para expresarle su cariño con gritos y canciones, hasta conseguir que León XIV se asomase a la ventana, pasada las 10 de la noche hora canaria.

En un encuentro improvisado, el Papa escuchó de los vecinos un arrorró canario (una nana) y posteriormente les comentó que “ha sido demasiado breve la visita” y ha expresado que está “muy agradecido por la acogida. Muchas gracias por ser tan generosos y acogedores”, respondido por el centenar escaso de asistentes con un “¡Papa León, te queremos un montón!”

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