Con motivo de la apertura del Consistorio Extraordinario, que se celebra los días 26 y 27 de junio, el Papa León XIV ha presidido los encuentros de trabajo y una celebración eucarística junto al Colegio Cardenalicio.
A través de su discurso inicial y la homilía, el Pontífice ha instado a los cardenales de todo el mundo a consolidar una Iglesia sinodal, afrontar los conflictos internacionales desde la justicia y fortalecer el anuncio del Evangelio.
Discernimiento eclesial
En su saludo de bienvenida, el Santo Padre ha agradecido la presencia de los purpurados y reiterado el deseo que expresó en el Consistorio del pasado enero de «trabajar juntos en el servicio de la Iglesia» a través de «una conversación que me ayude en el servicio de la misión de toda la Iglesia».
León XIV ha subrayado que la comunión no es un resultado definitivo, sino una «conversión diaria» que se construye «más que con palabras y documentos, mediante gestos y actitudes concretas que deben manifestarse en nuestro día a día, también en el ámbito laboral».
Asimismo, recordó que los pastores no son «custodios de intereses particulares», sino «discípulos y testigos del Reino de Dios, llamados a ser en Cristo levadura de fraternidad universal».
Sesiones temáticas
Para orientar las jornadas de trabajo, el Papa ha propuesto cuatro sesiones temáticas interconectadas:
- Contemplación del mundo actual: una invitación a detenerse ante la realidad con ojos de fe. Recordando su homilía en la Plaza de Cibeles de Madrid el pasado 7 de junio, recordó que «Jesús camina por las calles, cruza las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana, como el Dios cercano que camina con su pueblo, como el Señor de la historia».
- Cultura de la potencia y civilización del amor: un espacio de discernimiento sobre las realidades marcadas por la guerra, la violencia y la polarización. Para ello, el Pontífice ha propuesto como clave de lectura su Encíclica “Magnifica humanitas”, manifestando su interés en escuchar cómo estas páginas son encarnadas en las diferentes iglesias locales.
- Construcción del bien común: sesión dedicada a profundizar en el aporte de la Iglesia frente a las tentaciones de fragmentación. Apoyándose en el numeral 86 de la mencionada Encíclica, el Santo Padre ha remarcado la importancia de un estilo sinodal con «transparencia, evaluación y corresponsabilidad» en la toma de decisiones.
- Aplicación del Sínodo: un bloque para coordinar las reflexiones previas. El Papa ha precisado que «la sinodalidad no es ante todo un conjunto de procedimientos», sino «una actitud, una apertura, una disponibilidad para comprender». Además, ha desmentido que esta vía signifique una disminución de la autoridad, aclarando que ayuda a comprenderla como un servicio para «custodiar la comunión, favorecer la participación de todos y orientar el camino común».
Finalmente, León XIV ha solicitado a los cardenales su apoyo «fuerte, explícito y público», demandando de ellos «libertad», «franqueza» y «lealtad», dado que «un consejo sincero es siempre un acto de comunión».
Ha motivado además a los presentes a trabajar con convicción en los grupos establecidos, reconociendo que, aunque no es la forma habitual de un consistorio, es parte del aprendizaje común de la sinodalidad.
La vid verdadera
En la celebración eucarística realizada en torno a la tumba de san Pedro, acercándose la Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Papa ha articulado su homilía en torno a la figura evangélica de la vid verdadera. A partir de las Sagradas Escrituras, el Pontífice ha ofrecido tres indicaciones fundamentales para guiar las deliberaciones del Colegio Cardenalicio:
- La verdadera libertad: León XIV ha explicado que la relación con Jesucristo libera del pecado y del miedo, impulsando a los obispos como sucesores de los apóstoles. Ha destacado que «la Iglesia viva es la Iglesia que cree» por el don del Espíritu Santo, y ha exhortado a dar testimonio de esta fe con entusiasmo en todas las naciones.
- La clave de la paz: frente a las graves heridas que provocan las tensiones internacionales y los conflictos, el Santo Padre ha condenado el uso de la fuerza: «la guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios», señalando que la inteligencia y la voluntad deben prevalecer por encima de las armas hipertecnológicas. Ha definido la paz como un deber de justicia emanado de una única familia humana.
- La verdad de siempre en la actualidad: el Papa ha indicado que los rápidos cambios culturales exigen expresar «las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad», citando la exhortación “Evangelii gaudium” de Francisco. En esta línea, ha detallado que tanto la sinodalidad como la colegialidad son expresiones de la fraternidad cristiana.
El Pontífice ha concluido su intervención reiterando que la ayuda solicitada a los cardenales nace de una actitud de servicio y petición, encomendando las jornadas a la intercesión de san Pedro y san Pablo.





