Familia

Leigh Fitzpatrick Snead: “Los matrimonios estamos llamados a dar fruto más allá de los hijos”

Leigh Fitpatrick Snead habla sobre la infertilidad en el matrimonio con total apertura y sinceridad, destacando que los matrimonios están llamados a dar frutos más allá de los hijos que puedan concebir.

Paloma López Campos·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
Leigh Fitzpatrick Snead

La autora Leigh Fitzpatrick Snead

Leigh Fitzpatrick Snead publicó hace unos meses el libro “Infertile but fruitful” (Infértiles pero dando fruto, en inglés). Lleva años recorriendo Estados Unidos hablando sobre el matrimonio, la familia y la Iglesia católica. Con su nuevo libro trata de mostrar la realidad de muchos matrimonios que no pueden tener hijos, los desafíos a los que se enfrentan y el acompañamiento que realiza la Iglesia.

En esta entrevista, habla con Omnes acerca de cómo pueden descubrir estos matrimonios que siguen llamados igualmente a dar fruto en sus vidas.

En un mundo donde hay matrimonios que tienen cunas vacías y que no pueden tener hijos, usted dice que pueden dar fruto. ¿Cómo pueden estos matrimonios que no tienen hijos descubrir esa fecundidad espiritual en su vida diaria?

– Es muy difícil de lograr. Aunque es muy fácil decirlo, tienes que llevar ese sufrimiento al pie de la Cruz, tienes que transformarlo y ver que hay algo más en ese dolor. En esos momentos de revelación te das cuenta de que estamos llamados a ser fecundos y que hay más frutos además de los bebés.

Pero creo que es muy, muy difícil cuando te encuentras en un matrimonio feliz y estás esperando con esa cuna vacía. Es muy difícil entender por qué no sucede, salir de ahí y darte cuenta de esto.

Muchas veces no puedes darte cuenta porque, a diferencia de sufrir de cáncer u otra enfermedad que causa dolor y molestias, la infertilidad a menudo no duele físicamente, así que no te sientes enfermo, solo sientes que algo no está sucediendo. Creo que siempre nos apresuramos a equiparar el sufrimiento con el dolor.

Nuestros cuerpos están diseñados para los bebés; estamos llamados a la vocación de la maternidad o la paternidad. Y todas las cosas hermosas que esto conlleva crean en realidad barreras que nos impiden darnos cuenta de que hay frutos más allá de un bebé en un matrimonio.

La manera de descubrir esta fecundidad diferente es mantenerse conectado. Aprendemos de la comunión de los santos que a veces simplemente tienes que aguantar y no dar la espalda, sabiendo que Jesús no te ha dado la espalda a ti. Y tal vez no vayas a ver ni a conocer los frutos, o quizás el fruto no tiene que ser un objetivo en sí mismo. Creo que más adelante se puede ver qué frutos das.

Mientras permanezcas fiel a Jesús, a tu cónyuge, a tu vocación del matrimonio y estés abierto a la vida y a la paternidad, creo que, bueno, es una promesa, ¿verdad?. Son las buenas noticias de que todo va a estar bien. Es muy difícil, y nunca quiero decir «solo haz esto que es muy fácil», porque he estado allí y sé que es muy duro.

Muchas veces, cuando hay infertilidad, pensamos que es culpa de la mujer. ¿Cómo pueden los matrimonios tener conversaciones abiertas? ¿Cómo pueden comunicarse y abordar el problema juntos, sin buscar culpas en uno u otro?

– Creo que eso es muy difícil, y por algo hay una tasa de divorcio relativamente alta entre quienes sufren de infertilidad. Como católicos, muchas veces no descubres estos problemas hasta que te casas, por lo que es al estar juntos cuando se descubren. Y por la manera en que nuestra Iglesia nos enseña sobre el matrimonio, el amor, la sexualidad y traer hijos al mundo, no puede verse de otra forma que no sea como un problema de «nosotros». Porque no importa si ella estuviera con otro hombre o él con otra mujer y pudieran tener un bebé; es este matrimonio en concreto el que tiene un problema de infertilidad. Pensar en su propio pequeño ecosistema y en la unión de una sola carne significa que es algo que deben sobrellevar juntos.

Pero la realidad es que van a recibir diagnósticos médicos, resultados de laboratorio y verán si hay algo mal con una persona, con la otra o con ambos. Y aunque obviamente sigue siendo un problema conjunto, eres tú quien tiene el bajo recuento de espermatozoides, el ovario defectuoso o lo que sea, y vas a sentirte culpable y a entrar en lugares oscuros.

Es esencial recordar desde el principio que están juntos como matrimonio. Es fácil evitar las conversaciones con la esperanza de ir al médico y que simplemente os dé una pastilla y solucionarlo, pero eso no sucede. Así que, como de costumbre, la cura para muchos males es simplemente seguir hablándolo. Creo que las enseñanzas de nuestra Iglesia están preparadas para ese tipo de apoyo en la pareja, porque es un problema de dos.

Hablando de las enseñanzas de la Iglesia, ¿cómo puede una pareja católica mantener este equilibrio entre su legítimo deseo de tener hijos y ser fieles a lo que enseña la Iglesia de no recurrir a la fertilización in vitro y otras técnicas modernas de reproducción asistida?

– Esa es realmente la parte difícil en este momento para la mayoría de las personas, porque la FIV es muy común y se comercializa como un producto que parece estar garantizado que funcionará. Es muy tentador.

En mi libro cuento que mi marido y yo fuimos a ver a un médico que hacía FIV pensando: «Oh, pero nosotros no lo haremos», sin embargo era como ponerle un lugar al diablo en tu mesa para cenar: «no te invité, pero te puse un lugar y estamos listos».

Creo que recibir una atención médica católica realmente sólida ayuda, con alguien que te trate como pareja católica o que al menos respete esos deseos, y poder acudir a un especialista en fertilidad que no haga FIV. Esas son maneras de protegerte, porque va a ser tentador; para cuando llegas a esa etapa, llevas mucho tiempo intentándolo, estás triste y solo quieres un bebé, y eso es lo que te prometen.

Pero si recuerdas las razones por las que guardamos el sexo para el matrimonio, por las que usamos la planificación familiar natural o la medicina reproductiva restaurativa, creo que lo que valoramos de esas cosas también debería recordarnos por qué no recurrimos a la FIV. Separa deliberadamente lo procreativo de lo unitivo, invitando a muchas otras personas al acto más privado, además de traer todo tipo de otros problemas.

Una de las grandes objeciones solía ser la cantidad de embriones implantados y los abortos de reducción selectiva; y aunque aparentemente ahora las clínicas tienen técnicas de detección de embriones mucho mejores (lo cual también es terrible) y solo transfieren uno o dos embriones, el horror de la FIV sigue existiendo.

Además, necesitas rodearte de tu familia; tal vez tu familia sea católica pero nunca haya pensado en la infertilidad o la FIV y puede que no lo sepan. Necesitan saber por qué está mal y por qué no lo estás haciendo para apoyarte, ya que estás a flor de piel y en tu momento más vulnerable. Es muy fácil caer, y estadísticamente hablando, hay muchas personas en los bancos de la Iglesia que han recurrido a la FIV.

¿Cuál crees que es la mayor desconexión hoy en día entre la comunidad que nos rodea, la Iglesia y los sacerdotes cuando hablan con parejas católicas que no pueden tener hijos?

– Esa fue una de las razones por las que escribí el libro, no solo para otras mujeres o parejas como yo, sino para sacerdotes y seminaristas, para que pudieran echar un pequeño vistazo a cómo es esto en realidad. Traté de ser realmente honesta sin exagerar, compartiendo detalles sobre a qué te enfrentas.

Los sacerdotes necesitan conocer esa parte terrenal; si los invitas a cenar ven cómo es la vida con niños, pero obviamente no tienen tanta oportunidad de saber cómo es la vida con infertilidad. Espero que el libro les ayude. Creo que lo necesitan, y los sacerdotes jóvenes están haciendo un esfuerzo por informarse sobre este tipo de cosas, especialmente si están al tanto de temas de actualidad, porque la FIV está en las noticias todo el tiempo y es difícil de ignorar. Mientras todos quieran aprender y mantengan una actitud abierta, creo que eso ayudará mucho.

Pero nuevamente, es un tema tan privado que, incluso si existe un grupo de apoyo y sacerdotes amables, es muy fácil aislarse. Por eso también creo que es más fácil aprender sobre el tema leyendo en privado el libro de alguien que tal vez no conoces. Algunas de mis cartas favoritas son de personas desconocidas que me dicen: «Estaba tan avergonzada de sentir estas cosas, de sentir celos de otras mujeres, o no sabía que alguien más se sentía así; yo también lo hice». Es mucho más fácil encontrar eso en una página, procesarlo un poco y luego tal vez querer hablar con tu hermana, tu madre, tu buena amiga o tu sacerdote. Y que luego tu sacerdote te diga: «Oh, tengo una idea de cómo es eso, cuéntame más», y pueda hacer las preguntas correctas para comprender toda la complejidad.

Creo que debería haber un mayor esfuerzo para que la gente simplemente aprenda el vocabulario y sepa qué es sensible e insensible decir. La gente siempre tiene buenas intenciones, pero puedes meter la pata en cualquier momento intentando ser amable. El tema de los embarazos y demás es muy delicado, porque no sabes quién está pasando por dificultades. Cuando empecé a escribir sobre infertilidad, me enteré de que personas que no imaginaba estaban sufriendo por esto. Yo pensaba que simplemente eran chicas enfocadas en su carrera o lo que sea, y luego te confiesan que llevan seis años intentándolo y nadie lo sabe. Es un tema muy silencioso.

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