“Hoy en día hay muchos jóvenes con sed de Dios, otros a los que les gustaría creer, y otros que no quieren hablar de Dios, pero muchas veces no sabemos cómo ayudarles. ¿Cómo podemos nosotros, que también estamos buscando, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?”. Esta fue la pregunta que le hizo Manu, un joven de 25 años, al Papa en la vigilia de jóvenes el pasado 6 de junio.
El Papa le respondió alto y claro: “¡No estamos solos!”. León XIV recordó esa noche a Manu y a todos los jóvenes, que tenemos a Dios y una gran comunidad a nuestro lado. Además señaló que es con nuestra experiencia y testimonio como debemos enseñar la belleza de la fe a los que no conocen al Señor.
Más allá de teorías o moralismos, el Papa insistió a los jóvenes en la fuerza del testimonio. A Manu se le quedaron grabadas sus palabras, y en una entrevista con Omnes nos cuenta precisamente su experiencia.
Jóvenes inquietos
Manu pudo ver con sus propios ojos y dar fe de ese “no estamos solos” del Papa. Cuenta que le llamó la atención, como a muchos otros, las 600.000 personas que en la vigilia se arrodillaban y guardaban silencio ante el “único rey”.
Y es que en la vigilia se puso de manifiesto que los jóvenes se movilizan en busca de respuestas: «veo muchísimas inquietudes, tanto entre jóvenes católicos como entre quienes no creen. Todos nos preguntamos por nuestro futuro, por nuestra vocación, por el sentido de la vida. Y precisamente por eso mucha gente acaba acercándose a la Iglesia.»
Para él, el cristianismo ofrece una respuesta distinta a la lógica dominante: «vivimos en una sociedad donde parece que todo gira alrededor del trabajo o del éxito. La Iglesia te recuerda que tu vocación es mucho más profunda. En mi caso, por ejemplo, mi vocación no es mi profesión, sino formar una familia. El trabajo es un medio, no el fin.»
¿Cómo explicar las «renuncias» de ser cristiano?
Durante la conversación surge una cuestión frecuente: cómo explicar a quienes están alejados de la fe aspectos como la castidad o las exigencias del Evangelio.
Su respuesta sorprende por su sencillez. «Muchas veces intentamos convencer desde la razón. Explicamos por qué hacemos ciertos sacrificios y la gente incluso entiende nuestra lógica, pero no la compra».
Pero para Manu, debe ser al revés: «primero hay que experimentar el amor de Dios. Solo después todo lo demás cobra sentido. Si empiezas por las normas, parece que el cristianismo son solo prohibiciones. Pero cuando uno descubre el amor de Dios, esas mismas cosas dejan de vivirse como sacrificios y pasan a ser una consecuencia natural».
Poder preguntar al Papa
Manu cuenta cómo la experiencia de estar delante del Papa significó para él un claro signo del amor de Dios: «cuando me dijeron que iba a hacer la pregunta estaba pasando un momento bastante malo. Tenía la autoestima muy baja y pensaba que no merecía estar allí».
«Para mí fue una representación de que, aunque yo me pueda tirar por los suelos porque soy un pecador y considero que hago las cosas muy mal, el Señor me enseña lo mucho que me quiere. Aunque yo crea que estoy en mi peor momento, Él me pone siempre en el escalón más alto porque me sueña así.
Con eso me quedo: intentar verme a mí mismo con los ojos de Dios y mirar también a los demás de esa manera, tanto a los amigos como a quienes nos cuesta querer, porque si Él nos pone siempre arriba incluso en nuestro peor momento, nosotros también deberíamos intentar poner a los demás en ese mismo lugar».
Una sencilla conversión
Aunque siempre ha sido católico, Manu reconoce que durante muchos años su fe fue simplemente heredada: «siempre fui a misa porque mis padres me educaron así, pero realmente no conocía personalmente a Dios».
Su manera de vivir la fe cambió cuando comenzó a implicarse en su parroquia (Nuestra Señora del Buen Suceso) en 2022: «no fue una conversión espectacular, pero sí una maduración muy profunda. Dejé de vivir la fe por rutina para descubrir que Dios quería formar parte de mi vida».
Desde entonces coordina grupos de jóvenes, participa en la formación diocesana y el próximo curso comenzará también a impartir catequesis.
El impulso de la vigilia permanece
Semanas después de la visita papal, reconoce que el entusiasmo inicial no ha desaparecido: «es un momento al que vuelvo constantemente. Cuando siento que puedo venirme abajo, recuerdo la vigilia, recuerdo todo lo vivido y recupero fuerzas».
También espera que haya sembrado preguntas en quienes contemplaron desde fuera la multitud de jóvenes reunidos alrededor del Papa: «creo que mucha gente se preguntará qué mueve a tantos jóvenes. Qué hace que cientos de miles de personas quieran estar allí, viviendo todo con tanta alegría, tanto silencio y tanta paz. Ojalá esa pregunta sea un comienzo».
Porque, como aprendió durante aquellos días, la evangelización no comienza con grandes discursos, sino con el testimonio de una vida transformada por el amor de Dios.





