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Quiénes eran los apóstoles de Jesús

¿Hoy hay “apóstoles”? Sí, como recoge el Catecismo en su punto 863, toda la Iglesia es apostólica y está enviada por el mismo Cristo.

Alejandro Vázquez-Dodero·2 de agosto de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Apóstoles The Chosen

Apóstoles y discípulos de Jesús en la serie "The Chosen" (OSV News photo / The Chosen)

Al hablar del apóstol de Jesús nos referimos al testigo escogido y enviado a una misión por el mismo Cristo, quien al iniciar su ministerio público elegiría a unos cuantos que serían el fundamento de la Iglesia que se proponía fundar.

Nos referimos fundamentalmente a los 12 Apóstoles, si bien es cierto que Jesús, en la primera hora de la Iglesia, escogió a una serie de discípulos, entre ellos también mujeres, a quienes transmitiría de modo más pleno y cercano la Palabra que había venido a predicar.

El vocablo griego “apostoloi” significa eso, “enviado”. ¿Enviado a qué? A proclamar el reino de Dios que escucharían del mismo Cristo.

El Señor, al elegir a unos cuantos, les indica qué deben hacer, según recoge el Evangelio de san Mateo (28, 19): “Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”.

Cabe resaltar que esos elegidos eran personas comunes de la época, más bien sencillos, muchos de ellos pescadores que vivían al día y sin una posición social destacada.

Así, humildes y, podríamos decir, confiados en el Maestro, a quien seguían con actitud de total abandono. Y si se equivocaban –porque tenían defectos, eran frágiles, como el mismo Pedro que llegó a negar a Jesús– volvían con el ánimo renovado. Hombres que amaban a Cristo, al menos de palabra.

¿Pero hoy día hay “apóstoles”? Sí, y ello lo recoge el Catecismo en su punto 863, al señalar que “Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es «enviada» al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío”.

El seguimiento de Cristo –y eso es ser cristiano– es ya una acogida de la misión apostólica, y es abrazar el mandato del Señor cuando dice “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a todo lo creado” (Mc 16, 15). Así, todo cristiano, por el hecho de serlo, es apóstol, pues está llamado a proclamar la Palabra de Dios, que fundamentalmente lo hará con el ejemplo de su vida. Ello porque la Redención o Salvación del hombre aún está haciéndose, y Jesús no hizo más que comenzarla.

Los 12 Apóstoles y sus sucesores, los obispos

En sentido genérico acabamos de ver que uno es apóstol por el hecho de ser cristiano, y que aquellos primeros discípulos del Maestro eran por tanto apóstoles, y que hoy día y no sólo hace veintiún siglos cualquier cristiano es apóstol.

Ahora bien, en sentido estricto podríamos decir que los Apóstoles son los 12 llamados directamente por Jesús, quienes reciben y participan de su misión y son testigos de sus palabras y acciones.

Además de haber sido testigos oculares de la vida de Jesús, lo que caracteriza a los Apóstoles es principalmente la tarea pastoral de predicación, gobierno y administración de sacramentos.

Simón Pedro fue el apóstol a quien el Señor constituyó como cabeza de la Iglesia y lo conocemos como primer Papa. Predicó principalmente a los judíos y sufrió martirio en Roma.

Andrés, hermano de Pedro, fue primeramente discípulo de Juan Bautista, siguió a Cristo y le presentó a su hermano Pedro.

Santiago, hijo de Zebedeo, llamado el Mayor y hermano del apóstol Juan, estuvo presente en los principales milagros obrados por el Señor. Según la tradición habría predicado el Evangelio en los confines de Occidente, apareciéndosele la Virgen en Zaragoza y animándole a que continuara su evangelización.

Juan, hermano de Santiago, “el discípulo amado de Jesús” (cfr. Jn 13, 23), fue el único de los Apóstoles que estuvo al pie de la Cruz con la Virgen y otras piadosas mujeres, y fue él quien recibió el encargo de tomar bajo su cuidado a la Madre del Redentor. Según la tradición, era el más joven de los Apóstoles y fue a evangelizar a Asia Menor. Es reconocido como el autor del cuarto evangelio del canon, las tres cartas que llevan su nombre y el libro del Apocalipsis.

Felipe, nacido en Betsaida, predicaría el Evangelio por Asia Menor y Medio Oriente.

Bartolomé, también conocido como Natanael, predicó el Evangelio en la India, donde dejó una copia del Evangelio de Mateo en arameo y recibió la corona del martirio.

Mateo, también conocido como Leví, cuando Jesús lo llamó ejercía el oficio de recaudador de impuestos. Se reconoce como el autor del Evangelio con el que se introduce el Nuevo Testamento. Según la tradición predicó en muchos lugares, incluyendo Etiopía, donde murió martirizado.

Tomás, también conocido como Dídimo, quien, según la tradición, evangelizó la India, donde sufrió el martirio.

Santiago, hijo de Alfeo, presidió la Iglesia de Jerusalén, donde participó de lo que se reconoce como el primer concilio, y murió martirizado. Es considerado el autor de una carta del Nuevo Testamento.

Tadeo, también conocido como Lebeo o Judas, hijo de Santiago, es aquel apóstol que en la última cena preguntó al Señor por qué se manifestaba a sus discípulos y no al mundo.

Simón, también conocido como el Zelote, quien, según la tradición occidental, tal como aparece en la liturgia romana, se reunió en Mesopotamia con san Simón y ambos predicaron varios años en Persia, donde fueron martirizados.

Judas Iscariote, quien más tarde traicionó al Señor, sustituido por Matías para ocupar su puesto como testigo de la resurrección de Cristo.

Ese es el denominado “colegio apostólico”, que culmina con la muerte del último de los Apóstoles. Pero ese colegio continuará a través de los obispos, que desde lo que podríamos denominar segunda generación siguen ejerciendo el ministerio confiado por Jesús a los 12. A eso llamamos “sucesión apostólica” o continuación de los Apóstoles en la historia de la Iglesia.

Ciertamente los obispos no han sido testigos oculares de la vida de Cristo, pero por la acción del Espíritu Santo heredan de los Apóstoles sus tareas pastorales, y de ese modo Cristo mismo llega a todo el pueblo de Dios mediante la palabra y los sacramentos y las tareas de gobierno a las que nos referíamos.

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