La basílica de San Pedro ha acogido la catequesis del Papa León XIV en este primer miércoles de agosto, debido a las altas temperaturas de la Ciudad Eterna hoy. El Papa ha retomado la reflexión sobre la Constitución conciliar sobre la liturgia Sacrosanctum Concilium (SC) deteniéndose, en este día, en la “dimensión eclesial de la oración litúrgica».
Como primer punto, el pontífice ha recordado que “es el Espíritu Santo el que nos enseña a rezar” y ha afirmado que
“en nuestro tiempo, en los contextos dominados por una mentalidad centrada en la eficiencia y en el consumismo, la oración puede parecer algo inútil e irrisorio”, incluso “una forma de evasión”.
El pontífice ha señalado también el hecho de que “en muchas familias cristianas ya no se transmite la oración, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal”. Unas realidades que ponen de manifiesto más aún la necesidad de descubrir la verdad de la oración cristiana.
El Papa ha querido, en este punto, actualizar el contenido de la Sacrosanctum Concilium, indicando cómo esta Constitución Apostólica tomó conciencia de esta necesidad de la oración. La oración litúrgica es el espacio de encuentro entre Dios y cada uno de nosotros, ha explicado el Papa.
«En la Constitución, de hecho, el término “la oración” designa toda la liturgia. Esta perspectiva es decisiva, porque orientó la reforma litúrgica dándole como eje portante de la participación activa de los fieles. La liturgia se presenta ante todo como el lugar del encuentro, de la iniciativa de Dios que se hace cercano a la humanidad en su Hijo» ha afirmado.
En este punto, el Papa ha señalado la Liturgia de las Horas, como la oración litúrgica vertebral de la Iglesia que «debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catecúmenos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oración cristiana».
Una Liturgia de las Horas, que, como ha subrayado el Papa, se vincula a la Eucaristía y en la que «cada hora es un acto de esperanza: durante nuestra peregrinación terrenal velamos con toda la Iglesia esperando el regreso glorioso del Señor».





