Soy rebelde… y mis hijos no estrenan al principio de curso

"Os voy a desvelar un gran secreto, pero que no se entere el algoritmo, (creo que el mundo no está preparado para esto…). Bueno, allá va: la mejor manera de ahorrar es... educar"

9 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos
Rebelde. Formas de ahorrar

Que levante la mano la madre o el padre al que el algoritmo no tenga “frito” con el 3×2 en material escolar, el cheque que te devuelve el 10000% de lo que gastes y los minipuntos que te permiten ahorrar más de lo que nunca jamás imaginaste. Os voy a desvelar un gran secreto, pero que no se entere el algoritmo, (creo que el mundo no está preparado para esto…). Bueno, allá va: la mejor manera de ahorrar es no gastar, y mejor todavía, educar a los niños en la sobriedad. 

Los lápices de colores de algún hijo mío son cada uno diferente y con un uso. Con una historia. La regla está rallada. El sacapuntas guarda ya muchas historias que vio escribir a un lápiz que acabó sus días muy pequeño. Me resisto a comprar todo nuevo cada año, teniendo cosas con mucho uso por delante. Al acabar el curso hago vaciar estuches en una caja y juntos observamos, limpiamos, ordenamos y desechamos. Los colegios te indican la lista de material necesario por niño. Y mi mayor acto de rebeldía en estos momentos es solo comprar nuevo lo imprescindible y los zapatos (manías mías: no quiero que pisen la huella de otro, en su sentido más literal). 

Cuando se acaba algo, se repone. Cuando lo pierden, se lo “vendo” a unos céntimos. Siempre tengo algo de stock, pero quiero que valoren lo que cuestan las cosas. 

Podréis pensar que quizás sean muy pequeños para captar este gran mensaje. Yo también pensaba que no servía para nada, que quizás esto serviría cuando ya tuvieran su propio dinero. Pero no. Estamos en el tiempo idóneo. 

En junio me llevé una sorpresa de estas que te llenan de satisfacción maternal al 100 %. A dos de mis hijos les tengo que comprar yo los cuadernos nuevos. Al resto se los dan en el cole, con la portada corporativa. Una de las que usa de estos (de 11 años) me vino mientras planchaba con dos cuadernos enteros en blanco. Y me dice: “mamá, he juntado las hojas que no he utilizado de todos mis cuadernos, y he sacado dos cuadernos nuevos, los he encuadernado yo: tómalos por si le sirven a alguien”. ¿Os ha recorrido el cuerpo la misma emoción que a mi? Una niña ha dedicado su tiempo a quitar todos los gusanillos, juntar hojas sin usar y fabricar dos cuadernos. Por supuesto que los usará su hermano, que le he podido comprar dos cuadernos menos. Y lo mejor es que no me ha pedido nada a cambio: no me ha dicho “¿con lo que te ahorres me compras algo?”. 

Este verano he sido la comidilla de la piscina, aparte de los bártulos típicos de una madre de 7, la merienda, mi toalla, el bebé… bajaba con una bolsa llena de calcetines desparejados, con agujeritos… y me he pasado los ratos remendando y emparejando. Si el cuerpo del calcetín está digno, la puntera y el talón se remiendan hasta que quede nivel colador. Los calcetines dan para un artículo nuevo, me hacen reflexionar demasiado. Estrenar calcetines es un gran placer de la vida, pero también lo es pensar que usando las cosas todo lo que me permiten soy dueño de un tesoro mayor del que nos vende el consumismo. 

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