San Pedro es uno de los personajes más cercanos y entrañables de los Evangelios. Formula las preguntas que muchos de nosotros quisiéramos hacer, pero que quizá no nos atrevemos a expresar. Como el alumno valiente que habla en nombre de toda la clase, Pedro pone voz a nuestras preguntas.
Las lecturas de hoy giran en torno al perdón: recibir el perdón de Dios y ofrecer ese mismo perdón a los demás. En el Evangelio de hoy, Pedro se acerca a Jesús y le pregunta: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”.
También es nuestra pregunta, aunque con frecuencia la formulemos de otro modo. Nos encontramos con una persona a la que creíamos haber perdonado y, de pronto, descubrimos que la herida sigue ahí. El recuerdo vuelve, el dolor reaparece, y sentimos que tenemos que perdonar de nuevo. Entonces nos preguntamos: ¿Cuántas veces tengo que perdonar para poder decir que realmente he perdonado?
Es posible que tengamos que renovar muchas veces nuestra decisión de perdonar a la misma persona o la misma situación dolorosa. Esto no significa que nuestro perdón anterior fuera falso o poco sincero; simplemente significa que el corazón, con frecuencia, necesita más tiempo para alcanzar la decisión de la voluntad.
La parábola nos revela el motivo más profundo para perdonar. Perdonamos porque antes hemos sido perdonados. Dios siempre da el primer paso. Su misericordia precede a la nuestra. Todo acto de perdón cristiano es una respuesta al perdón que ya hemos recibido.
Aprender a pedir perdón es incluso más importante que aprender a perdonar. Quien nunca reconoce su propia necesidad de misericordia tendrá dificultad para mostrar misericordia a los demás. En cambio, quien se arrodilla con frecuencia ante Dios, consciente de la inmensa deuda que le ha sido perdonada, aprende poco a poco a mirar a los demás con la misma compasión. Solo quien sabe de haber sido perdonado sabe verdaderamente perdonar.
Por eso, también podemos darle la vuelta a la pregunta de Pedro: ¿Cuántas veces tengo que pedir perdón? ¿Hasta siete veces? La respuesta de Jesús vale igualmente aquí: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, es decir, sin llevar la cuenta. Nunca deberíamos cansarnos de pedir la misericordia de Dios, porque Dios nunca se cansa de perdonarnos.





