El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, inauguró la asamblea plenaria con un discurso de contenido social, pastoral y político, en el que denunció lo que considera un creciente intervencionismo del Gobierno, así como una deriva “confesional” en cuestiones antropológicas y en la interpretación de la historia.
Argüello sostuvo que, aunque el estado español es aconfesional, el ejecutivo adopta posiciones “confesionales” al definir aspectos como el inicio y el final de la vida, el matrimonio, la familia o la sexualidad humana desde lo que calificó como “criterios de fe ideológica”, al margen —dijo— de la ciencia y de la experiencia común. En la misma línea, criticó una visión “selectiva” de la memoria histórica, con una atención desigual a las víctimas.
El también arzobispo de Valladolid alertó de un “deseo desmedido” de intervención en la sociedad civil y de control sobre instituciones clave, tanto en el ámbito político como en el económico, así como de una “doble vara de medir” ante casos de corrupción o abusos de poder según a quién afecten. A ello añadió la preocupación por el intento de influir en los medios de comunicación.
No obstante, Argüello matizó que muchas de estas dinámicas no son exclusivas del actual Gobierno, sino que pueden aplicarse, en mayor o menor medida, a distintos ejecutivos. “El poder y el dinero son tentaciones muy fuertes”, afirmó, en referencia a lo que describió como una debilidad estructural de la vida pública.
Emotivismo, inmigración y el Valle
En su intervención, también vinculó la nota doctrinal Cor ad cor loquitur con la actual crisis de convivencia. A su juicio, el “reduccionismo emotivista” está alimentando una “polarización afectiva” que transforma las opiniones en identidades cerradas y convierte el miedo en el principal factor de cohesión social, llevando a percibir al adversario como una amenaza más que como un interlocutor.
El presidente de la CEE abordó además la relación institucional con el Gobierno, señalando que, pese a las diferencias, la Iglesia mantiene un compromiso de colaboración “respetuosa y crítica”. Mencionó el diálogo en materias como inmigración, vivienda o educación, aunque subrayó que los principales esfuerzos de acuerdo se han centrado en la cuestión de los abusos a menores en el seno de la Iglesia y en la resignificación del Valle de los Caídos. En este punto, reconoció la “leal colaboración” en la preparación de la eventual visita del Papa.
Precisamente, Argüello destacó que una futura visita de León XIV a España sería una llamada a la comunión y un impulso para el envío misionero de la Iglesia.
Líneas pastorales
En la parte final de su discurso, el presidente de la Conferencia Episcopal delineó varias prioridades pastorales. Subrayó la necesidad de reforzar la iniciación cristiana en un contexto en el que ya no se puede dar por supuesta la fe por tradición cultural, apostando por una mayor personalización del proceso creyente. Asimismo, anunció el impulso de una pastoral vocacional que promueva la vida como llamada, implicando a diócesis, consagrados, matrimonios y laicos.
Por último, puso el acento en la sinodalidad como rasgo central del momento eclesial actual, en línea con el Concilio Vaticano II, destacando la importancia de “caminar juntos” y de integrar todas las vocaciones en la misión común de la Iglesia.



