Con la innovación de un saludo especial en lengua croata a un amplio grupo de fieles del Ordinariato militar de Croacia, muy numerosos hoy en la Plaza de san Pedro, y una bienvenida especial a diócesis y parroquias italianas, y a los ayudantes eclesiásticos de la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, el Santo Padre León XIV ha proseguido el comentario de la Constitución conciliar Gaudium et Spes (GS), con su primer capítulo dedicado a la dignidad de la persona humana.
La Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II subraya que la dignidad humana es “fundamento y condición” de aquellos “valores que hoy disfrutan la máxima consideración”, pero que necesitan no perder la relación con ‘su fuente divina’, para sustraerse a las posibles distorsiones debidas a ‘la corrupción del corazón humano’ (GS, 11)”.
El camino que ha permitido poner de relieve los rasgos y los derechos fundamentales de la dignidad de la persona representa una de las páginas más significativas de la historia humana, ha subrayado el Pontífice.
Sin embargo, el Papa ha alertado en la Audiencia general de que el camino que queda por recorrer “no ha terminado y debe afrontar las contradicciones, antiguas y nuevas, que impiden su plena realización”.
La dignidad humana, un don que procede del amor de Dios
La Iglesia recuerda que la dignidad humana brota del mismo ser de la persona, y he tenido ocasión de reafirmarlo también en la reciente encíclica ‘Magnifica humanitas’, ha señalado el Papa:
“Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación.
Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla” (n. 50).
La dignidad infinita del ser humano, por tanto, ha manifestado el Papa León XIV, se arraiga en su identidad de criatura hecha “‘a imagen de Dios’, capaz de conocer y amar a su Creador”, proyecto y don de amor que trasciende las demás realidades creadas, las cuales están confiadas a su cuidado «para gobernarla y usarla glorificando a Dios”.
El fundamento último, en la fe
En la fe podemos comprender el fundamento último de la dignidad de la persona, puesto que el Hijo, “en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación» (n. 22).

Ser persona, relación con Dios y con los demás, don que hay que compartir
A continuación, el Santo Padre ha profundizado en la relación y en el don. “La persona implica siempre relación, comunión y participación con respecto a Dios y a los demás; por lo tanto, una relación filial con Dios Padre y una relación fraterna con Cristo y con todos los seres humanos. Excluye los cierres autorreferenciales. Ser persona significa percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir, creciendo y madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio.
Esta dignidad, ha recordado el Papa, está confiada a la responsabilidad de cada uno; y al mismo tiempo, “exige también solidaridad y cuidado recíproco, superando las numerosas falsificaciones y manipulaciones que todavía hoy desfiguran su percepción y obstaculizan su realización”.
Tres expresiones: inteligencia, conciencia y libertad
Al ir concluyendo, León XIV ha señalado las tres expresiones más significativas de la dignidad de la persona que la Gaudium et spes destaca: la inteligencia, que hace del ser humano un buscador insaciable de la verdad; la conciencia, por medio de la cual da unidad y sentido a su propia vida; y la libertad, que lo convierte en protagonista responsable de sus propias decisiones.
Son dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad, ha dicho el Pontífice.
Finalmente, el Papa ha manifestado que “el Espíritu Santo, que da vida en Cristo, nos hace libres y nos asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios, liberándonos del miedo y guiándonos hacia la meta última (…).
Mensaje final: promover y defender la dignidad humana
“Hemos sido creados a imagen de Dios: comprometámonos a promover y defender la dignidad de hijos de Dios, con la luz y la fuerza del Evangelio”, ha alentado el Sucesor de Pedro, que ha recordado la fiesta de ayer.
Ayer celebramos la fiesta litúrgica de la Natividad de la Santísima Virgen María; que su ejemplo y su maternal intercesión os inspiren y acompañen en vuestra vida, ha dicho el Papa antes de dar la Bendición a los peregrinos y fieles en la Plaza de San Pedro.





