El «sexto continente» ha dejado de ser una simple metáfora para convertirse en una realidad pastoral ineludible. No es un mero conjunto de herramientas tecnológicas, sino un espacio habitado donde millones de personas —particularmente los jóvenes— buscan respuestas a sus inquietudes existenciales y entablan relaciones.
Para la Iglesia, habitar este entorno no es una opción estratégica secundaria, sino una exigencia de su mandato evangelizador. En este contexto de aceleración digital emerge Hechos 29, el encuentro internacional de misioneros digitales y creadores de contenido católico más importante del mundo, un espacio donde la fe y la cultura digital se abrazan para construir comunión.
El nombre mismo del encuentro encierra una profunda clave teológica. El libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles concluye de manera abrupta en su capítulo 28, dejando la narrativa de la primera expansión cristiana en un punto suspensivo. «Hechos 29» simboliza, por tanto, el capítulo que la Iglesia sigue escribiendo hoy bajo la acción del Espíritu Santo. No se trata de añadir una página a la Revelación, sino de asumir la continuidad histórica de la misión apostólica: los creadores de contenido actuales son los nuevos evangelizadores llamados a recorrer las autopistas de la información, llevando el primer anuncio a los confines de la red.
Costa Rica como sede global
En su edición de 2026, Hechos 29 llega por primera vez a Centroamérica, eligiendo a Costa Rica como sede del 18 al 23 de agosto. El encuentro congregará a más de 100 creadores de contenido, sacerdotes, religiosas, músicos y podcasters procedentes de una veintena de países, incluyendo naciones como Italia, España, México, Colombia, Perú y Argentina.
Lejos de constituir un congreso tradicional, este evento se plantea como una experiencia profunda de fraternidad y una radiografía viva de la Iglesia en misión.
La trayectoria del movimiento demuestra un crecimiento orgánico desde su fundación en 2021 en Monterrey, México. Aquella primera edición, nacida en plena pandemia y en formato virtual, reunió a 45 pioneros. Para 2022, el Papa Francisco ya enviaba un videomensaje animándoles a evangelizar con creatividad. Tras su paso por Bogotá en 2024, el movimiento alcanzó un hito en 2025 al participar en el Jubileo de los Misioneros Digitales en Roma, donde recibieron la exhortación de «reparar las redes», una invitación del Sucesor de Pedro a sanar el tejido digital promoviendo la cercanía y la verdad.
Discípulos antes que ‘influencers’
El alma de Hechos 29 queda perfectamente sintetizada por su director general, el presbítero José Juan Montalvo («Padre Borre»): «No buscamos cantidad, sino fraternidad». En un entorno frecuentemente dominado por la tiranía del algoritmo y la competencia por el alcance, este encuentro subvierte la lógica del mundo.
La premisa que une a estos creadores es clara: antes de ser influencers, son discípulos. El éxito de la misión digital no se mide por las métricas de un vídeo, sino por la autenticidad del testimonio y la capacidad de acompañar procesos personales profundos, transformando las pantallas en puentes de encuentro real con Jesucristo.
Esperanza para la región
El encuentro cuenta con un sólido respaldo institucional: la Arquidiócesis de San José, la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el CELAM y el Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede apoyan la iniciativa. Figuras eclesiales como Monseñor Lucio Ruiz, que hasta septiembre sigue siendo el secretario de dicho Dicasterio, aportarán una visión de la Iglesia universal, recordando que esta tarea se sitúa en el corazón mismo de la Iglesia de hoy.
La dinámica combinará jornadas de retiro espiritual y formación a puerta cerrada —donde compartirán aciertos y dolores pastorales— con un gran Festival de la Misión Digital abierto al público el 23 de agosto.
En una Centroamérica donde el catolicismo representa apenas el 32.6% de la afiliación regional, Hechos 29 se presenta como un faro de esperanza. Nos recuerda que el Evangelio también corre por las redes y que los entornos virtuales son surcos donde la semilla de la gracia puede germinar.
Detrás de cada cuenta católica hay una historia y un corazón que ora; a través de esta red internacional, la Iglesia demuestra que está dispuesta a desgastarse en el sexto continente, habitando las periferias digitales no como meros técnicos de la comunicación, sino como auténticos y cercanos testigos del Amor de Dios.





