Con el precedente de alguna gran Vigilia de Pentecostés celebrada en Roma con movimientos y realidades eclesiales de laicos, impulsadas por san Juan Pablo II (1998), y Benedicto XVI (2006), el Papa León se ha reunido este jueves con doscientos responsables de movimientos y asociaciones de fieles. El encuentro ha sido promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.
Entre las realidades que ahora se han dado cita -también entonces- se encuentran el Movimiento de los Focolares, Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, Comunidad de Sant’Egidio, Renovación Carismática, el Movimiento de Schoenstatt, etcétera.
Entre los mensajes que ha transmitido el Papa León XIV, y que pueden encontrar íntegramente en su Discurso, se encuentran los siguientes, necesariamente sintetizados, y prácticamente textuales. Comenzamos por el final.
Un don inestimable para la Iglesia
1) Queridísimos, les agradezco todo lo que son y lo que hacen. Las asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales son un don inestimable para la Iglesia. Hay una gran riqueza entre ustedes, muchas personas bien formadas y muchos buenos evangelizadores; muchos jóvenes y diversas vocaciones a la vida sacerdotal y matrimonial.
2) La variedad de carismas, dones y métodos de apostolado desarrollados a lo largo de los años les permite estar presentes en los ámbitos de la cultura, el arte, lo social y el trabajo, llevando a todas partes la luz del Evangelio. ¡Cuiden y, con la gracia de Dios, hagan crecer todos estos dones! La Iglesia los sostiene y los acompaña.
3) Gobernar: se trata de marcar un rumbo seguro, de modo que la comunidad sea un lugar de crecimiento para las personas que la integran. Así, también en la Iglesia hay quienes están encargados del gobierno. Aquí el gobierno se confía generalmente a los laicos (…). Se pone al servicio de los demás fieles y de la vida asociativa, y es fruto de elecciones libres.
El gobierno, don del Espíritu Santo
4) El gobierno es un don particular del Espíritu Santo, que los miembros de una comunidad reconocen presente en algunos de sus hermanos en la fe, de ello se derivan al menos tres consecuencias.
5) La primera es que debe ser para el bien de todos (…). La segunda es que nunca puede ser impuesto desde arriba, sino que debe ser un don reconocible en la comunidad y libremente acogido. La tercera consecuencia es que, como todo carisma, también el gobierno de una asociación está sujeto al discernimiento de los Pastores, quienes velan por la autenticidad y el ejercicio razonable de los carismas.
6) Queridísimos, quienes dirigen sus asociaciones y movimientos asumen una tarea delicada: por un lado, están llamados a custodiar y valorizar la memoria de un patrimonio vivo; por otro, tienen un papel “profético”, que implica estar atentos a las urgencias pastorales actuales para comprender de qué manera responder a los nuevos desafíos y a las sensibilidades culturales, sociales y espirituales de nuestro tiempo.
7) Una parte de la tarea profética de quienes gobiernan consiste, por lo tanto, en favorecer la apertura de la asociación o del movimiento, y de cada uno de sus miembros, a las situaciones históricas.
Comunión
8) Otro elemento de vital importancia es la comunión. Quisiera subrayar la importancia de la dimensión de la comunión con toda la Iglesia. A veces encontramos grupos que se encierran en sí mismos y piensan que su realidad específica es la única o es la Iglesia, pero la Iglesia somos todos nosotros, ¡es mucho más!
9) Por lo tanto, nuestros movimientos deben buscar verdaderamente cómo vivir en comunión con toda la Iglesia, a nivel diocesano. Y por eso el obispo es una figura de referencia muy importante. Debemos tratar de vivir en comunión con toda la Iglesia, tanto a nivel diocesano como a nivel universal.
10) Desde esta perspectiva podemos comprender mejor el sentido de la fidelidad al carisma fundacional, que constituye una referencia imprescindible para el gobierno de una realidad eclesial. Gobernar de manera fiel al carisma fundacional significa, por lo tanto, encontrar en él la inspiración para abrirse al camino que la Iglesia recorre en el presente (…), dejándose interpelar por nuevas realidades y desafíos, en diálogo con todos los demás componentes del cuerpo eclesial.





