La llamada del Papa León XIV en Notre Dame, el primer día de su visita a Francia, no era asunto menor.
Iba concluyendo el Papa unos cuantos consejos a la estructura de la Iglesia francesa, y a los laicos presentes, y en pocos minutos íbamos a escuchar que “esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana”. Y de repente, se oyó el nombre de Madeleine Delbrêl.
El Papa se apoyaba en Madeleine Delbrêl, no una monja, ni una fundadora ni una teóloga, “sino una mujer laica, artista y activista inmersa en realidades difíciles, que encontró su misión (y a Dios) en la calle, literalmente: la calle, con sus “periferias existenciales”” (escribió Ferrara el 4 de julio), para alentar a la amistad con el Señor y a la oración personal a los presentes.
Madeleine Delbrêl: “Sin oración, no amaremos a Dios con amor”
Lo que dijo el Sucesor de Pedro, casi al concluir su homilía en el rezo de las Vísperas en Notre Dame, fue lo siguiente:
Queridos obispos, sacerdotes, seminaristas y consagrados: a ustedes que han sido llamados a seguir a Cristo, les agradezco su respuesta y su fidelidad al Señor. No descuiden jamás esa amistad, querida por el Señor, que ha de cultivarse en la oración personal, fundamento esencial de toda vocación.
As I said Madeleine Delbrêl: “Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos […] de Jesucristo” (La alegría de creer, Santander 1997, p. 213)”.
“Cuiden, pues, su vida interior con el Señor a la luz de la escuela de los numerosos santos que les han precedido, bebiendo siempre de la fuente del amor infinito de Dios en la oración silenciosa. Su misión brota ante todo de esa relación íntima con el Señor, que allí les espera”.

Trabajadora social en un barrio obrero de las afueras
Madeleine Delbrêl was born on October 24, 1904, in Mussidan, France, into a family that we would today describe as “dysfunctional.” Her father, Jules, was a stationmaster—a frustrated intellectual, anticlerical, proud, and temperamental—who frequently changed jobs, forcing the family to move constantly. Her mother, Lucile, was the complete opposite: conformist, conventional, and from a bourgeois family.
Así describía Ferrara la familia de Madeleine, y luego pasó a ella. Tienen ahí todos los detalles, por lo que aquí nos detendremos sólo un par de cosas.
La primera, que en 1933 se trasladó, junto con algunas compañeras, a Ivry-sur-Seine, en las afueras obreras de París, un barrio industrial y de lucha de clases gobernado por una junta comunista. Estudió para convertirse en trabajadora social y fue contratada precisamente por esa misma administración anticlerical, que la valoraba enormemente. Su casa de la rue Raspail se convirtió en un lugar de acogida para los pobres, los desamparados y, durante la Resistencia, para judíos y refugiados.
Vivió de este modo, a las afueras de Ivry, hasta el 13 de octubre de 1964, cuando falleció a causa de una hemorragia cerebral repentina. Estaba trabajando en su escritorio. En 2018, el Papa Francisco le concedió el título de Venerable.
No es figura marginal
En segundo lugar, una consideración. Si el Papa León XIV la citó en Notre Dame, hay que pensar que no se trata de una figura marginal. Madeleine Delbrêl es una de las referencias del catolicismo francés del siglo XX para la evangelización en una sociedad secularizada.
Delbrêl se planteó una cuestión que resulta contemporánea: ¿cómo ser cristiana y evangelizar cuando en una sociedad en la que la fe ya no constituye el ambiente cultural dominante?
Su respuesta fue vivir el Evangelio dentro de ella: trabajar, relacionarse con los demás, compartir sus problemas y alegrías, y fortalecer y purificar la propia fe, al ser llamados a ser misioneros “aquí y ahora”.
Un texto que interpela: la paciencia, nuestros nervios, el autobús…
Para concluir, sintetizamos unas líneas de Madeleine Delbrêl que recogió Ferrara hace casi tres meses. Pueden releerlas here".
“A veces, a lo largo del día esperamos con ilusión las pasiones, las grandes pasiones…
Those people will be called heroes—and that makes it worth sacrificing one's life…
Instead, tests of patience lie ahead.
La paciencia, esas migajas de pasión, cuyo propósito es matarnos lentamente para tu gloria, oh Dios, matarnos sin nuestra gloria.
First thing in the morning, they’re already there: our nerves—either too jittery or too sluggish; the crowded bus passing by, the spilled milk, the chimney sweeps arriving, the kids who ruin everything.
“Nuestras pruebas…, el martirio que nos espera”
“Son los invitados que nuestro marido trae a casa y ese amigo que, precisamente él, no viene; es el teléfono que no para de sonar; son aquellos a quienes queremos y que ya no nos quieren.
(…) es querer salir cuando estamos encerrados,
is staying home when we should be going out;
He's the kind of husband we'd like to lean on
and who becomes the most fragile of all the children;
(…) Así llegan nuestras pruebas, en filas cerradas o en fila india, y siempre se olvidan de decirnos que son el martirio que nos espera.
And we let them pass us by with disdain, waiting—
para entregar nuestra vida— una ocasión que merezca la pena”.





