Isaac Manuel Delgado Murillo es un joven costarricense de 23 años que se encuentra finalizando su carrera de Administración de Negocios. Su verdadera pasión y el trabajo que ocupa sus días giran en torno a ambiciosos proyectos de evangelización digital. Aunque creció en un hogar católico, donde le inculcaron los valores cristianos, él mismo reconoce que al principio se trataba de una fe heredada.
El punto de inflexión hacia un encuentro personal con Dios comenzó con una devoción muy tradicional: el rezo del Rosario. Al intentar rezarlo a solas por primera vez, se dio cuenta de que realmente no sabía cómo hacerlo. “Creo que fue el peor Rosario que he rezado, pero también el que con el corazón más sincero recé”, confiesa con humor y sencillez, recordando cómo se saltó partes y se confundió.
A pesar de los tropiezos, la gracia hizo su trabajo: “sentí ese amor de una Madre, y que cada vez que lo rezaba me acercaba más a su Hijo”. Esa experiencia cimentó su convicción de que la fe no habría crecido igual sin ese inicio, confirmando que “el rosario cambia vidas y es un hábito que poco a poco te va llevando a más y más”.
Aquel mismo día, sintió un llamado profundo y abrumador a formar un grupo de jóvenes para compartir la fe, movido por la preocupación de ver a muchas personas de su edad totalmente alejadas de la Iglesia. Lleno de inquietudes, se sentó a escribir temas y dinámicas, soñando originalmente con un proyecto presencial. Sin embargo, al invitar a sus amigos cercanos, la respuesta fue nula: “nadie se quiso sumar”. Tampoco tuvo éxito al proponerlo a amistades católicas que había conocido en internet.
Trabajar sin desánimo
Lejos de desanimarse, Isaac decidió abrir una cuenta en Instagram para compartir todo el material que había guardado sobre las historias de los santos y la inmensa riqueza de la Iglesia.
Su esperanza era que, al utilizar un estilo enfocado en los jóvenes, el contenido atrajera a las personas y pudiera nacer un grupo virtual. Así surgió Lutum Católico, un apostolado que lleva a los jóvenes la Palabra de Dios en internet y que toma su nombre de la palabra latina para “barro”.
Lo que inició en secreto y sin pretensión de llegar a multitudes atrajo rápidamente a numerosos jóvenes, demostrándole que el proyecto superaba sus planes: “estoy 100 % convencido de que esto es algo que viene de Dios”.
Vivir la fe en comunidad
Este rápido crecimiento trajo consigo nuevos retos. Isaac se enfrentó a la tentación de vivir su apostolado en solitario, pero pronto comprendió que “ese caminar debe ser siempre en comunidad”. Al integrarse en iniciativas y redes católicas, descubrió que Dios le tenía preparado un camino haciendo contenido y videos, haciendo amistades invaluables y viajó a lugares que jamás imaginó. “Si el día de hoy mi cuenta desapareciera, realmente creo que no me afectaría, porque ya el regalo lo tengo en todas las amistades”, asegura firmemente.
Esta vocación comunitaria lo ha llevado a traspasar fronteras, colaborando activamente con proyectos como Milagro por México, participando en una red de misioneros digitales y apoyando la organización del evento Hechos 29 en Costa Rica. Un momento cumbre en su trayectoria fue colaborar con el Dicasterio para la Comunicación cubriendo el Jubileo de Misioneros Digitales en Roma.
Durante una Misa en la Basílica de San Pedro, al ver entrar el cardenal Tagle, su mente viajó a aquel primer rosario en su habitación, constatando maravillado que “los caminos de Dios son un misterio, pero siempre son lo mejor para nosotros”.
Pensando en el legado que desea dejar, Isaac entiende que la misión es un regalo extraordinario, pero advierte que “se puede volver un peligro para quien lleva esta misión, porque durante este camino hay muchas tentaciones”. Por ello, su mayor anhelo es ofrecer una mano amiga a otros evangelizadores, ayudándolos a sortear los obstáculos a partir de sus propios errores y fallas. Haciendo suyas las palabras del Papa Francisco, el joven creador se define como “un pobre pecador a quien Dios le ha tenido mucha misericordia”.





