La oración no necesariamente precisa de mucho tiempo, silencio absoluto o una iglesia vacía. A veces basta con una frase. Unas pocas palabras dichas despacio, en medio del trabajo, mientras caminamos, al entrar en el coche o justo antes de responder a un mensaje. Una pequeña oración que nos recuerde que Dios está ahí.
Las jaculatorias son oraciones breves, sencillas, que podemos repetir a lo largo del día para elevar el corazón a Dios. La palabra procede del latín iaculatorius, cuyo significado se relacionaba con el acto de lanzar un dardo, una flecha o cualquier objeto con fuerza a la distancia. Así, las jaculatorias son cortas exclamaciones o plegarias que el amor y la confianza del cristiano le envía, como pequeñas flechas o saetas, al Señor, a la Santísima Virgen o a los Santos.
San Pablo exhortaba en sus cartas a este “orar sin cesar”. Y las jaculatorias pueden ser un medio para ello. Así aparece expuesto en El peregrino ruso (Monte Carmelo, 2009), un clásico de la espiritualidad cristiana oriental, que relata el itinerario espiritual de un peregrino que llega a esta unión con Dios a través de la breve frase “Señor Jesucristo, ten piedad de mí, pecador”. Esta oración la hace suya todo el día e incluso aprende incluso a recitar acompasándola a su respiración. De esta forma logró tener en todo momento en su boca, en sus pensamientos y en su corazón el nombre de Jesús y también su misericordia.
San Josemaría, fiel a las jaculatorias
El beato Álvaro del Portillo citó, en una entrevista que le fue hecha sobre el fundador del Opus Dei, varias jaculatorias que rezaba San Josemaría y una de ellas era: “Tuyo soy, para ti nací, ¿qué quieres Jesús de mí?”.
En esta entrevista, el beato contaba: “Al pedir la admisión en la Obra, nuestro Fundador me explicó el espíritu del Opus Dei, y me aconsejó rezar muchas jaculatorias, comuniones espirituales… y ofrecer numerosas mortificaciones pequeñas durante el día. Al hablarme de las jaculatorias, me explicó: Hay autores espirituales que recomiendan contar las que se dicen durante la jornada, y sugieren usar judías, garbanzos o algo por el estilo; meterlas en un bolsillo e irlas pasando al otro cada vez que se levanta el corazón a Dios, con una de esas oraciones. Así pueden saber cuántas han dicho exactamente, y ver si ese día han progresado o no. Y añadió: Yo no te lo recomiendo, porque existe también el peligro de vanidad o soberbia. Más vale que lleve la contabilidad tu Ángel Custodio».
El fundador del Opus Dei sacaba las jaculatorias de la Escritura o de la tradición cristiana. Recomendaba así en el punto 92 de Camino: “ …cuando no sepas ir adelante, cuando sientas que te apagas, si no puedes echar en el fuego troncos olorosos echa las ramas y la hojarasca de pequeñas oraciones vocales, de jaculatorias, que siguen alimentando la hoguera”.
Para comenzar el día
- «Señor, pongo este día en tus manos».
- «Jesús, todo por Ti y para Ti».
- «Señor, que hoy haga tu voluntad».
- «Madre mía, acompáñame durante este día».
- «Ven, Espíritu Santo».
- «¡Oh, Señora mía, oh Madre mía!, yo me ofrezco enteramente a vos en este día».
- «Señor, te entrego mi mente, mis palabras y mis manos para este día».
- «Señor, te ofrezco este día; que todo lo que haga sea por tu amor».
- «Padre bueno, pongo en tus manos mi jornada, mis alegrías y mis penas».
- «¡Buenos días, Señor! Quédate hoy conmigo y guía mis pasos».
Para pedir ayuda
- «Jesús, ayúdame».
- «Señor, dame luz».
- «Dios mío, dame fortaleza».
- «Jesús, en Ti confío».
- «Señor, aumenta mi fe».
- «Ven, Espíritu Santo, ilumíname».
Cuando estamos preocupados
- «Jesús, en Ti confío».
- «Señor, que se haga tu voluntad».
- «En tus manos, Señor, encomiendo mi preocupación».
- «Dios mío, Tú sabes lo que necesito».
- «Dios mío, en ti descanso».
- «Señor mío y Dios mío».
- «Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío».
Para vencer la impaciencia o la ira
- «Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo».
- «Señor, dame paciencia y caridad».
- «Jesús, ayúdame a amar».
- «Señor, pon paz en mi corazón».
- «María, ayúdame a responder con amor».
Para dar gracias
- «Gracias, Señor, por todo».
- «Bendito seas, Dios mío».
- «Gracias, Jesús».
- «Te doy gracias, Señor, por este día».
- «Todo es gracia. Gracias, Señor».
Para ofrecer el trabajo
- «Señor, te ofrezco este trabajo para tu mayor gloria y el bien de los míos».
- «Señor, bendice las obras de mis manos hoy».
- «Todo por Jesús, todo por María, todo a imitación de San José».
- «Señor, te ofrezco este trabajo».
- «Jesús, que lo haga todo por amor a Ti».
- «Todo por Ti, Jesús».
- «Señor, que mi trabajo te glorifique».
- «Jesús, trabaja Tú en mí».
Para antes de empezar una tarea difícil
- «Señor, dame paciencia y sabiduría para este momento».
- «Espíritu Santo, guía mis manos y mi mente».
- «Señor, que este trabajo sirva para expiación de mis faltas».
- «Padre bueno, haz fructífero mi esfuerzo de hoy».
Para pedir por otras personas
- «Señor, bendice a esta persona».
- «Jesús, cuida de él».
- «María, llévalo a Jesús».
- «Señor, ten misericordia de nosotros».
- «Jesús, ayúdala y acompáñala».
Cuando sentimos que nos alejamos de Dios
- «Señor, no permitas que me aparte de Ti».
- «Jesús, acércame a tu Corazón».
- «Dios mío, aquí estoy».
- «Señor, vuelve a mi corazón».
- «Jesús, quiero estar contigo».
Para terminar el día
- «Gracias, Señor, por este día».
- «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu».
- «Perdóname, Señor, y ayúdame a comenzar de nuevo».
- «Jesús, María y José, os doy el corazón y el alma mía».
- «Señor, quédate conmigo».





