Evangelización

Roseline Hamel y Nassera Kermiche: una historia de perdón y reconciliación

Roseline Hamel perdió a su hermano sacerdote, Jacques, asesinado en 2016, con 85 años, en el altar de la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray (Francia). Nassera Kermiche perdió a su hijo Adel, uno de los atacantes. Ésta es la historia de su dolor y su reconciliación, como la han contado ellas en el Meeting de Rímini.

Francisco Otamendi·29 de agosto de 2026·Tiempo de lectura: 12 minutos
Pancarta a la salida del funeral del Padre Hamel. 2016.

Varias personas sostienen una pancarta con la foto del sacerdote francés Jacques Hamel, tras la misa del 27 de julio de 2016 en la catedral de Notre Dame de París (Foto de OSV News/Benoit Tessier, Reuters).

Dos mujeres, Roseline Hamel y Nassera Kermiche, protagonizaron la primera gran reunión del Meeting por la Amistad entre los Pueblos, comúnmente conocido como el Meeting de Rímini (Italia), hace unos días. Un Meeting que ha cumplido su 47 edición.

Los organizadores, Comunión y Liberación, y concretamente Bernhard Scholz, presidente del Encuentro, en vísperas de la visita del Papa León XIV, pusieron en el escenario esta historia de perdón y reconciliación, de “dos sufrimientos imposibles de sobrellevar en soledad”, justo en vísperas de la visita del Papa León XIV.

Era el sufrimiento de Roseline Hamel, hermana del padre Jacques Hamel, y la madre del joven yihadista, Nassera Kermiche, que por razones de seguridad no era reconocible, llevaba gafas de sol y estaba sentada de forma oblicua a la cámara.

Soeurs de douleur’’ (Hermanas en el dolor)

Ésta es una síntesis de las horas previas al asesinato del P. Hamel ese día de 2016, hace 10 años, cómo lo vivieron ambas mujeres y sus familias, cómo se conocieron y cómo se hicieron amigas, y se reconciliaron. 

Ahora son “Soeurs de douleur’’ (Hermanas en el dolor), tal como se titula el libro editado por Ares-LEV, en el que han contado su historia. Nosotros nos ceñiremos a extractos de lo que contaron en el Meeting de Rímini, que pueden consultar en el video al final, a una referencia enriquecedora de la agencia vaticana, y algún artículo publicado, por ejemplo en Il Messaggero.

Los hechos

La mañana del 27 de julio de 2016, el padre Hamel celebraba la Santa Misa en su parroquia de Saint-Étienne-du-Rouvray, en el norte de Francia.

Cuando finalizó la Misa, justo después de la bendición, le asesinaron dos jóvenes yihadistas. Al llegar la policía, los dos asesinos intentaban huir y los mataron.

Poco después, la noticia de la muerte del hermano llegó a su hermana Rosaline. La noticia de que un hijo de Nassera Kermiche, Adel, estaba  involucrado en el asesinato, llegó a la madre por la tarde, donde también le comunican su muerte. Fue un día atroz para ellas. 

Sobre estas mujeres cayó un sufrimiento indescriptible, dijo Bernhard Scholz, y desde este día queremos empezar, añadió. Los ladillos corresponden a preguntas del propio Scholz, frases de las dos mujeres, y la redacción de Omnes.

Los portadores del féretro llevan el ataúd del padre Jacques Hamel el 2 de agosto de 2016, en las afueras de la catedral de Rouen, Francia, en presencia de numerosos saceedotes y otros fieles (Foto de OSV News/Jacky Naegelen, Reuters).

Roseline, ¿qué pasó ese día, ¿cómo lo vivió? Y sobre todo. ¿cómo lo sufrió?

– Roseline: Ese día fue realmente inesperado. Habíamos llegado al norte de Francia al pueblo donde vivía mi hermano, mi querido hermano Jacques Hamel, para ayudarle en su última semana de trabajo y después teníamos programado irnos de vacaciones juntos.

Llegamos el 25 de julio, que era el día de Santa Ana. Esa noche le preguntamos a mi hermano, yo estaba también con mis nietos y le preguntamos, ¿cómo es posible que sucedan cosas de una violencia tan extrema. ¿Cómo un ser humano puede hacer algo tan terrible a otro ser humano? 

Nos dijo al principio de la cena: “Tengo algo importante que deciros. Estoy feliz de teneros aquí. en mi mesa”. Y eso nos pareció extraño de parte de mi hermano, porque él por naturaleza era una persona que no sabía mostrar su alegría. 

Llega la mañana del 26 de julio, suena el teléfono

– Vimos que mi hermano se levantó muy pronto porque tenía que celebrar la misa de la mañana. Él olvidó que estábamos durmiendo. Estaba tan acostumbrado a vivir solo y a no tener a nadie en casa, que hizo bastante ruido, levantándose, desayunando, etcétera. Y en un determinado momento abrió la puerta y se oyó chirriar la puerta, y olíamos el olor a café que invadía toda la casa. Él nos había dejado todo preparado, pan, mermelada. mantequilla y estábamos todos allí juntos cuando sonó el teléfono. 

Yo normalmente no respondía cuando estaba en casa de mi hermano al teléfono porque pensaba, igual alguien me pregunta los horarios de misa y yo no lo sé. O sea, que no solía responder al teléfono.

Pero uno de mis nietos me dice, “abuela, ¿por qué no respondes? Me insistía que tenía que responder porque estaba mirando los dibujos animados y el teléfono no le dejaba escuchar. 

Entonces respondí y el interlocutor al otro lado me preguntó: ¿Es el presbiterio de Saint-Étienne? ¿Me puede confirmar si el sacerdote está en la iglesia? Ha habido un atentado y han tomado rehenes.

“Yo pensaba que era imposible que alguien hiciera daño a un sacerdote celebrando Misa en una iglesia”

– Y yo contesté, bueno, si esto es una broma, realmente quien quiera que usted sea no es para nada divertido. Y añadí, mi hermano va a volver de la iglesia dentro de unos 15 minutos, por lo tanto, llame más tarde, por favor.

Colgué el teléfono, volví a la cocina, y hablo con mis nietos y les cuento lo que me habían dicho por teléfono, y digo: Esta noticia no puede ser verdad. No creo que sea verdad, pero voy a ir a la iglesia para comprobarlo.

Y mi hija dice: “Mamá, no pienso que vas a poder llegar a la iglesia porque hay una multitud en la calle, está lleno de gente, hay militares, está cerrada la calle, incluso las tiendas están cerrando”.

Y el militar con ceño fruncido me decía: Vaya a las pompas fúnebres, una oficina de pompas fúnebres que estaba cerca y allí nos hicieron esperar horas.

Yo pensaba que era imposible que alguien hiciera daño a un sacerdote en una iglesia, un sacerdote que celebraba la Misa, la pasión de Cristo, que compartía este rito con otras personas, gente anciana que iba a la misa. Después de 2 horas de esperar nos dicen, pueden salir.

Una empleada de pompas fúnebres me informó que mi hermano, el P. Jacques, había muerto

– Pero nos dicen también que esperemos cerca de una ventana en el patio. Y allí empecé a ponerme realmente nerviosa y mi hija otra vez trataba de calmarme y me decía, “Mamá, hemos estado esperando hasta ahora. Esperemos otros 5 minutos. Ten paciencia”. Y yo esperé.

Y ahí en el patio de las pompas fúnebres vemos llegar a dos bomberos, los que normalmente asisten a la gente cuando hay catástrofes y se quedan ahí de pie en silencio, y una tercera persona con una bata blanca llena de sangre.

Empiezo a estar nerviosísima, a perder la calma y me dirijo a estas personas. y de forma brutal les digo: “Muévanse, vayan a buscar a mi hermano”. Y una empleada de las pompas fúnebres se acerca a mí y me dice: “Se acabó todo. Ha habido dos víctimas, un herido que está en el hospital y la otra persona es su hermano, que ha muerto”.

Yo me quedo pasada, me viene un shock, como si me hubiera atravesado una bala, como si una bomba hubiera estallado dentro de mí. Empiezo a gritar con desesperación el nombre de mi hermano porque no me podía creer una noticia de ese calibre. Y mi hija mayor, que estuvo todo el tiempo a mi lado, me dijo: “Mamá, por favor, te lo suplico, deja de gritar. El tío no va a volver aunque grites”.

Y la enfermera dice a mi hija, deje que su madre grite. Si necesita gritar aunque sea durante horas, déjala que grite. Grité con tal violencia, que me provocó un problema en el diafragma y algunos meses después tuve un problema pulmonar a causa de esos gritos tan fuertes.Me tuvieron incluso que operar por esto, pero gracias a Dios estoy ya recuperada.

El padre Jacques Hamel, nacido el 30 de noviembre de 1930 en Darnétal, fue ordenado sacerdote el 30 de junio de 1958 en Rouen y asesinado el 26 de julio de 2016 en la iglesia de Saint-Étienne en Saint-Étienne-du-Rouvray (@Archidiócesis de Rouen, Francia).

Un dolor indescriptible, también para usted. ¿Cómo vivió usted, Nassera, ese día?

– Nassera: Para mí ese día empezó muy pronto, a las 7:30 porque me levanté a esa hora, y recuerdo que esa mañana vi a mi hijo (Adel), y quizás Dios me concedió verle una última vez, y le pregunté por qué estaba despierto tan pronto. Y me dijo, “Bueno, me he despertado”. Le invité a que se volviese a la cama. Entonces volví yo a mi habitación.

Recuerdo que encendí la televisión y no había nada interesante, entonces me volví a dormir. Un tiempo después recuerdo que sonó el teléfono, que era el comisario de policía, que me preguntaba si mi hijo Adel estaba en casa. Yo le había visto unos momentos, unos instantes antes. Entonces, daba por hecho que él seguía allí, porque pensaba que no había dormido tanto y dije, “Sí, sí, está aquí. abajo en casa”. 

Y el comisario me dijo: “Ve y controla si está allí”. Y veo que mi hijo Adel había salido y le dije, “Pues sí, efectivamente ha salido. No sé, no sé a dónde ha ido”. 

El atentado 

– Le pregunté al comisario por qué me había llamado y me dijo: “Porque ha habido un atentado en la iglesia de Saint-Étienne-du-Rouvray. Y me quedé sorprendida porque no me esperaba la noticia de un atentado en esa iglesia. Entonces le pregunté, «Pero, ¿y por qué me llama?” “¿Por qué cree usted que Adel está involucrado en este atentado?» Y me dice: “No tengo más noticias, pero la voy a mantener informada”.

Empecé a preocuparme, encendí la televisión, empecé a mirar las noticias y veo que efectivamente se hablaba de un atentado, pero que no se daban muchos detalles.

Recuerdo que le pedí a mi hija que se fuese hacia la iglesia para ver lo que estaba pasando, que a lo mejor iba a ver a su hermano allí.

Unos minutos después me llama y me dice, “Ma, mira, hay muchísima gente, está la policía, no veo nada, está todo bloqueado”

Ella volvió a casa y mientras tanto vuelvo a llamar al comisario y le pregunto si hay alguna si tiene más noticias y me dice: “No, de momento no tenemos más información”. Él tenía que volver a estar en casa antes de las 12,30 porque tenía unas restricciones.

Mi hijo no vuelve y un periodista se acerca a nuestra casa

– Pero esto no sucede, mi hijo no vuelve. Sobre las 11,30, un periodista se acerca a nuestra casa, llama el timbre. “He escuchado el nombre Kermiche delante de la iglesia”. Entonces empezamos a preocuparnos de verdad. Mientras tanto, mi hija Sabrina, mi hija Anisa y mi hijo Sofian están a mi lado, pero sigue faltando él. Llegan las 12,30. Adel no ha vuelto todavía.

Encendimos la televisión y se hablaba de muertos, de heridos, pero no sabíamos exactamente lo que había pasado dentro de la iglesia.

Vuelvo a llamar al comisario. Probablemente ya sabía lo que había acontecido y simplemente no tenía la valentía para decírmelo por teléfono, y me dice: “Reuniros en casa. Mientras tanto, llegan las brigadas especiales, llegan muchos policías de muchos cuerpos distintos de policías y empiezan a registrar la casa. En ese momento entendimos que Adel estaba involucrado, pero nunca hubiéramos pensado que había fallecido.

No nos esperábamos que mi hijo hubiera muerto. Comenzó un largo periodo de sufrimiento…

En la comisaría, la noticia

– El registro dura 4 horas y después de 4 horas nos preguntan, nos piden que sigamos a la policía, a la comisaría. Una vez allí, dije: “bueno, parece que mi hijo está involucrado en el atentado de Saint-Étienne-du-Rouvray, pero no sé mucho más”. Y dicen: “Sí, está involucrado y ha fallecido”. Y fue así como llegué a conocer la noticia de la muerte de mi hijo. En ese momento tuve la certeza de que había fallecido, de que había muerto. Esa noticia nos cayó encima como si hubiese derrumbado el cielo encima de la cabeza. No nos lo esperábamos.

Y así empezó para las dos un largo periodo de sufrimiento de muchas preguntas lacerantes sin respuesta, sobre todo para un aislamiento social también, porque evidentemente luego las personas miraban a la familia de cierta manera.

Roseline, ¿cómo nació la iniciativa de encontrar a Nassera?

Roseline: Enseguida tuve esta iniciativa, este deseo. Cuando volvimos a nuestra casa, mis hijos y mis nietos que estaban ahí presentes, volvieron a sus casas y empezaron a gestionar este dolor, el dolor de este día infernal. Cuando estaba en mi casa, empecé a preguntarme cómo iba a poder sobrevivir a todo esto, cómo iba a poder encontrar un sentido nuevo a mi vida.

“Comencé a hablar y dialogar con Dios”

– Empecé entonces a hablar y dialogar con Dios. Durante meses seguí dialogando con el Señor intentando encontrar una respuesta. No tenía paciencia. Estaba muy inquieta porque no encontraba una respuesta, una respuesta en Él, buscaba una respuesta en el Evangelio.

Buscaba una palabra, una parábola, algo que me pudiese acompañar, que respondiese a mis preguntas, que me consolase.

El cardenal Jean-Marc Aveline de Marsella, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa (en el centro), se une a otros obispos, familiares y políticos en una marcha silenciosa hacia la iglesia de Saint-Étienne el 26 de julio de 2026, para conmemorar el décimo aniversario de la muerte del padre Jacques Hamel en Saint-Étienne-du-Rouvray, Francia, el 26 de julio de 2016. (Foto de OSV News/Antoine-Marie IZOARD/Catholic Press Photo).

“Dios me está contestando. En tu sufrimiento, te estuve llevando a hombros”

– Y encontré al final, después de algunas semanas una frase de una historia parecida, la historia de un hombre que llevaba consigo un peso, un dolor muy grande que tenía un amigo (…), Y este hombre que sufría, llevaba un peso muy grande y le dijo a su amigo: “Pero tú, ¿dónde estabas mientras yo sufría tanto?”. Y le dijo: “Pues estaba cerca de ti”, le respondió el amigo. Y le dijo, “¿Por qué estás mintiendo?” Y le dijo el amigo: “No, no estoy mintiendo. Tu sufrimiento, este gran peso que llevas era tan grande que yo te estuve llevando a hombros, en mis hombros”

“Y yo aquí encontré una respuesta a mi pregunta. Luego, en la celebración de la Misa del domingo cerca de mi casa, escuché la misma parábola en la homilía, la homilía que hablaba justo de este tema. Y entonces me dije, “bueno, Dios me está contestando”.

“Muéstrame el camino a seguir. Y recé a la Virgen María”

– Entonces me permití decirle, “Muéstrame el camino a seguir, un camino de vida que tenga sentido”. Y por tanto, seguí así un año. Estuve reflexionando durante un año y después de un año estaba desesperada, a punto de dejarme morir.

Y embargo me recuperé y dije: Justo para mis hijos que sufrieron conmigo en ese día, tengo que encontrar la fuerza para seguir adelante. Entonces fui a rezar delante de la Piedad en mi iglesia.

Y enseguida pensé en la Virgen María, Ella que había sufrido este martirio de su propio hijo sin poder intervenir al igual que que yo, que nosotras.

Y dije y le pedí, Virgen María, dame la fuerza para seguir adelante, para caminar, para seguir los pasos de mi hermano, al igual que tú seguiste los pasos de tu Hijo, buscando la justicia, la verdad y la paz.

“Pero Dios, ¿quién puede sufrir más que yo?”

– Una mañana estaba muy cansada, ya no sabía qué hacer, estaba delante de mi taza de café y decía: Pero Dios, ¿quién puede sufrir más que yo? ¿Quién puede estar sufriendo más que yo?”.

Y durante las mañanas siguientes me desperté con una obsesión en la cabeza. Seguía pensando en esta mujer que no conocía, en esta madre, en esta mamá como unos hijos y me dije, “Dios mío, si yo fuera esta madre con un hijo que ha cometido un acto tan horrible, ¿qué dolor sentiría?”

“Imaginé el sufrimiento de la madre del hijo que ha cometido un acto tan horrible. No puedo dejarla sola”

– Y entonces me imaginé el sufrimiento de esta mujer, de esta madre que no conocía con el sentimiento de culpabilidad que podía estar sintiendo. Y fue algo natural con las miradas de desprecio con las que te pueden mirar, ¿no? Incluso puedes perder el trabajo, la confianza de tus compañeros, de tus amigos, de todos. Y dije: “No, no puedo dejarla sola porque está sufriendo más que yo. Tengo que encontrar el camino, tengo que encontrar la forma y entender dónde vive”.

El obispo: siga ese camino, y yo la acompañaré

Y hablé con el obispo (de Ruan) para saber si era una idea loca. Y él me dijo, “No, siga este camino y cuando la hayas encontrado, dímelo porque yo te acompañaré”.

Y así empecé a buscarla, comencé a tratar de comunicarme con ella.

Durante algunos meses comenzamos a hablar por teléfono. Cada 15 días con alguna timidez, pero conforme iban pasando las semanas, cada vez eran más importantes las conversaciones.

“Señora, ¿aceptaría encontrarse conmigo? Y ella me dijo: la espero desde hace tiempo”

– Sigue Roseline; Y al final le pregunté: “Señora, el día que vaya a verla a Saint-Étienne, ¿aceptaría encontrarse conmigo? Y ella me dijo, yo la espero desde hace tiempo. Me esperaba desde hace tiempo. 

–Interviene Nassera: Todavía pasaron muchas más cosas, volví a trabajar, aunque fuera como un robot. “Tengo que aguantar, tengo que aguantar por mis hijos, mis otros hijos, mi familia. No me puedo derrumbar, porque si yo me derrumbo, se derrumba toda la familia conmigo”.

Finalmente, un día (Roseline) me propuso venir a Saint-Étienne, y le dije, efectivamente:  Sí, la estoy esperando desde hace tiempo, ahí nos reunimos, y nos conocimos.

La devoción al P. Hamel se sigue extendiendo.

Carta de Roseline

En el Meeting de Rímini, Roseline Hamel recordó que hacía ocho años había dejado en la tumba del hijo de Nassera, una carta, una carta de perdón.

Ahí se dice, entre otras cosas: “Adel, el alma de mi hermano Jacques me conduce hasta ti. Es un testimonio de su perdón. La fe de los creyentes es esperanza y el perdón es el camino de la paz”.

Yo la había escondido un poco para que fuera para él (Adel), dijo Roseline, y ella (Nassera), me dijo: “Era una pena que se pudriera ahí en la tumba, porque has escrito palabras tan bellas para mi hijo que me llevé el mensaje a casa para seguirlo releyendo”.

Habían pasado 8 años desde que había escrito esa carta, prosigue Roseline. ¿Y cómo es posible que con el dolor que sentía encontrara la fuerza para escribir esas palabras?

No puede ser de otra manera, dijo la hermana del padre Hamel. Es mi hermano quien me ha dado estas palabras, es él quien me las inspiró. Forma parte del primer fruto de su martirio.

En la archidiócesis de Rouen se ha procedido ya a la apertura del proceso de beatificación del P. Jacques Hamel. La diócesis invita a los fieles a dar su testimonio espontáneamente. Pueden escribir a Postulación de la Causa del Padre Jacques Hamel, Archidiócesis de Rouen, 2 rue des Bonnetiers, 76000 Rouen – beatificationperehamel@gmail.com

El autorFrancisco Otamendi

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