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Del Elíseo a Notre-Dame, León XIV abre su visita a París centrado en la dignidad de la vida humana

El Papa León XIV está en París, en lo que es una visita histórica a la capital francesa: la primera visita oficial de un Papa al país en dieciocho años. Es el décimo Papa en la historia que visita París.

Gonzalo Meza-25 de Settembre de 2026-Tempo di lettura: 5 minuti

El Papa en la sede de la UNESCO ©CNS photo/Lola Gomez

El Papa León ha aterrizado en el aeropuerto de París-Orly, a las diez de la mañana, donde fue recibido por el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte.

Las campanas de las iglesias de Francia repicaron durante siete minutos cuando aterrizó el avión papal. Luego de reunirse brevemente con Macron en el aeropuerto, el Papa se dirigió al Palacio del Elíseo, la residencia presidencial, para reunirse con el mandatario francés.

A lo largo de su recorrido, el pontífice fue saludado por decenas de franceses que se congregaban en las calles a su paso.

Ya en el Palacio del Elíseo, León XIV tuvo una reunión privada con el presidente Macron y, después, dirigió un discurso ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Fue una alocución en un francés fluido, que no pasó desapercibido entre los franceses.

En esa primera alocución, el pontífice habló de lo que será el eje temático de toda la visita: la dignidad de la vida humana. El lema de este viaje es «Para que el mundo tenga vida», tomado del capítulo seis del evangelio de san Juan.

El Papa recorre las calles de París ©OSV News/Christian Hartmann, Reuters

«Una justa laicidad no consiste en excluir a la religión»

A partir de ese principio, que orienta el viaje y los discursos, el Papa abordó ante el presidente y las autoridades temas como la protección de la vida humana, la paz, la necesidad del desarme y la laicidad, entre otros.

Pidió «aprender a acoger la vida sin condiciones y a sostener la fragilidad con ternura», y reafirmó, en el país de la Declaración de los Derechos Humanos, que «la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano».

León XIV condenó la manipulación genética, la compra de órganos y lo que llamó «la oferta de una muerte programada», en referencia a la reciente ley francesa sobre la ayuda para morir, que de forma eufemística se refiere a la eutanasia, aprobada en julio por la Asamblea Nacional.

Al hablar sobre la relación entre la Iglesia y el Estado, precisó que «una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación».

En este primer discurso, León XIV también exhortó a que cese la carrera armamentista y advirtió que «se difunde cada vez más la convicción errónea de que la posesión de armas nucleares sería una garantía de seguridad». Y añadió que «la paz no es un equilibrio de fuerzas; se construye cada día a través del diálogo y la justicia». Por eso pidió a Francia seguir siendo «un incansable artífice de la paz y del multilateralismo».

León XIV también habló de la inteligencia artificial y advirtió, con palabras del escritor Georges Bernanos, sobre el riesgo de un «paraíso de las máquinas» que invade la vida cotidiana. Frente a ello, dijo, «es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno».

León XIV en la UNESCO: «Ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo»

Por la tarde, el Papa llegó a la sede de la UNESCO, recorrió las instalaciones del recinto y se entrevistó con su director general, Khaled El-Enany. Luego regó un olivo en la Plaza de la Tolerancia y, después, pronunció su segundo discurso ante los representantes de los Estados miembros. Su discurso giró en torno a una pregunta central: qué significa ser humano. Y volvió a poner en el centro la dignidad de la vida: «Ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo», dijo, y recordó que «todos nacemos desnudos y necesitados».

Cuando se olvida esa verdad, advirtió, la vida «ya no se entiende como un don, sino como un producto susceptible de explotación». Habló de una dignidad «que permanece intacta en las circunstancias de mayor vulnerabilidad, incluso hasta la muerte», y pidió cuidar a los niños en el vientre de sus madres y en las guerras, a las personas con discapacidad, a los adultos mayores, a los migrantes y a los refugiados: «Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana».

En la UNESCO dijo también que la más terrible de las obras humanas es la guerra, «porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar». Y denunció una paradoja: «mientras se atribuye “inteligencia” a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas», cuyas vidas terminan juzgadas por su eficiencia.

«Notre-Dame es mucho más que un monumento»

Más tarde, el Papa acudió a la reconstruida catedral de Notre-Dame para rezar el oficio divino, las vísperas, junto con obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de Francia. Antes de iniciar la ceremonia recorrió la catedral restaurada y veneró la corona de espinas de Cristo, que se conserva en Notre-Dame. Se le veía muy sorprendido al contemplar las obras de restauración.

En su homilía de las vísperas, el Papa presentó la catedral renacida como imagen de lo que puede ser la renovación de la Iglesia en Francia. Recordó el incendio de hace siete años: «En aquella hora dramática comprendimos que Notre-Dame es mucho más que un monumento». Destacó que, en la reconstrucción, la Iglesia entendió su misión con creatividad, y la propuso como modelo de una Iglesia en salida, llamada a anunciar el Evangelio.

Recordó también que la catedral, como todas las iglesias, no es solo piedra, monumento o museo, sino que existe para la oración: «no es una envoltura de piedra destinada a ser admirada: vive del misterio sagrado que en ella se celebra».

Y, para subrayar que ninguna misión se sostiene sin vida interior, citó a la venerable Madeleine Delbrêl: «Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos de Jesucristo». Cerró con una frase que resume el sentido de la visita a la catedral: «Esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana».

La vigilia con 80.000 jóvenes

El último evento del primer día del Papa fue una vigilia de oración con ochenta mil jóvenes en el Estadio de Francia, en Saint-Denis. El encuentro refleja un fenómeno que vive hoy la Iglesia en Francia: el crecimiento del catecumenado, es decir, de jóvenes y adultos que, tras un tiempo de preparación, piden recibir los sacramentos de la iniciación cristiana —el bautismo, la confirmación y la eucaristía—, junto con el regreso de muchos bautizados que se habían alejado y vuelven a la práctica de la fe.

Según datos de la Iglesia francesa, en 2025 se registró un récord de cerca de veinte mil nuevos ingresos a la Iglesia católica, un cuarenta y cinco por ciento más que el año anterior.

El sábado 26, el Papa acudirá al Instituto Católico de París para reunirse con los miembros de la Asamblea Sinodal Provincial.

El Papa abordará el fenómeno del creciente número de adultos que piden el bautismo en Francia y que esta Asamblea Sinodal desarrollará. Los obispos le entregarán al Santo Padre el Instrumentum Laboris de dicha Asamblea.

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