El documento de la Secretaría General del Sínodo sobre las Asambleas que se van a celebrar en 2027 y 2028, precisa en su subtítulo de lo que se trata en esta fase de implementación del Sínodo: “Etapas, criterios e instrumentos para la preparación” de estas fases.
Los encabezamientos de cada una de las cuatro fases de estos dos próximos años, definen el ámbito y las personas:
Se trata sucesivamente de:
- ‘Hacer memoria’ (etapa de las iglesias locales o eparquías, primer semestre de 2027);
- ‘interpretar’ (etapa de las Iglesias locales de una Conferencia Episcopal, segundo semestre de 2027);
- ‘orientar’ (etapa de las Iglesias locales de cada continente, primer cuatrimestre de 2028).
- y ‘celebrar’ (octubre de 2028). Es el punto culminante de la asamblea eclesial en el Vaticano, “donde la Iglesia toda está llamada a reconocer, celebrar y revitalizar los frutos alcanzados en el camino de implementación del Sı́nodo”.
Pregunta clave
A la luz del camino recorrido desde la conclusión del Sínodo 2021-2024, señala el texto de la Secretaría general que dirige el cardenal Mario Grech, y “con vistas a ofrecer sus frutos como un don a las demás Iglesias y al Santo Padre”, la pregunta clave es la siguiente:
“¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad?”
La pregunta se plantea en la introducción, y también al final del texto, al referirse a la dimensión celebrativa: “Cada grupo será invitado a ofrecer su propia contribución basada en la pregunta que anima todo el proceso”.
Raíz evangélica
La Secretaría general ancla su introducción en el Evangelio, en textos de san Lucas y de los Hechos de los Apóstoles.
De este modo, recuerda que “reunir a la Iglesia para reflexionar comunitariamente sobre lo sucedido y compartir las maravillas obradas por el Señor es una práctica arraigada en la experiencia del regreso de la misión relatada en el Evangelio: después de ser enviados de dos en dos, “los setenta y dos regresaron llenos de alegrı́a” (Lc 10,17), contando lo que el Señor habı́a realizado por medio de ellos.
Posteriormente, añade, “la Iglesia apostólica también retomó esta misma práctica, como leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles: ‘Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron. Al dı́a siguiente, Pablo fue con nosotros a ver a Santiago, junto con todos los ancianos. Después de saludarlos, comenzó a contarles con detalle lo que Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio» (Hch 21,17-19; cf. Hch 14,27 y 15,4.12)”.

Tercera etapa del proceso, tras la consulta y las dos sesiones en Roma
El documento señala textualmente que “las Asambleas de 2027-2028, a cuya preparación se dedica este texto, forman parte de la fase de implementación del Sínodo, que constituye la tercera etapa del proceso delineado por la constitución apostólica Episcopalis communio, tras la consulta y escucha del Pueblo de Dios (2021-2023) y la fase de celebración, finalizada en las dos sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sı́nodo de los Obispos en octubre de 2023 y octubre de 2024”.
Documento final, y etapa confirmada por el Papa León
Con la entrega del Documento Final, el Papa Francisco inauguró esta nueva etapa, posteriormente confirmada y promovida por el Papa León XIV, recoge el texto.
Las Pistas para la Fase de Implementación del Sínodo (del 29 de junio de 2025 y disponibles en el sitio web www.synod.va) “delimitaron con mayor precisión el horizonte y el estilo de este camino, ofreciendo criterios y orientaciones iniciales”.
Ahora, “las reflexiones aquı́ presentadas buscan dar forma más concreta al proceso en curso, clarificando la participación de las Iglesias locales y los diversos ámbitos de la comunión eclesial”.
Papel de las Asambleas: paso decisivo, maduración
Las Asambleas previstas para los próximos años “constituyen un paso decisivo en la implementación del Sínodo”, dice el documento preparatorio.
Como ya se destacó en las Pistas, “no se trata de añadir un paso formal ni de repetir lo vivido en fases similares del Sı́nodo 2021-2024, sino de ayudar a las Iglesias a transformar su experiencia en sabidurı́a compartida”.
“Lo que está en juego no es simplemente la continuidad de un proceso, sino su maduración”, añade.
El propósito es “a la vez sencillo y exigente: reconocer lo que el Espı́ritu Santo ha realizado, comprender los retos que aún marcan el camino e identificar, con realismo y confianza, los pasos a seguir.”
En este sentido, aclara el texto, “las Asambleas no son una verificación técnica, sino oportunidades de discernimiento, de corresponsabilidad y de acción de gracias, dentro de un proceso compartido por toda la Iglesia”.

Más precisiones: no es repetir la fase de consulta
Las Asambleas y su preparación “no consisten en repetir la fase de consulta del Sı́nodo, sino en aprender de la experiencia vivida, reconocer los frutos y las dificultades, reajustar las prioridades y los procesos a la luz de un discernimiento cuidadoso, fortalecer la corresponsabilidad entre las entidades eclesiales y fomentar un auténtico intercambio de dones entre las Iglesias”.
Escuchar la voz del Espíritu Santo
En todo esto, prosigue el texto, “sigue siendo crucial mantener una escucha atenta a la voz del Espı́ritu Santo a la luz de la Palabra de Dios: las Asambleas no son una consulta sociológica ni un dinamismo deliberativo.
La calidad de la oración, de la escucha y del compartir es más importante que la cantidad de materiales producidos, que deben ser esenciales y con objetivos bien enfocados”.
Responsabilidad: el obispo diocesano, clave
Como podía imaginarse, la mayor responsabilidad del proceso recae en el obispo diocesano o eparquial, para las Asambleas diocesanas y eparquiales, en el presidente de la Conferencia Episcopal para las Asambleas nacionales o regionales, y en los responsables de las instancias continentales para las Asambleas a ese nivel, señala el documento.
También se aclara que los equipos sinodales “no son simples estructuras operativas, sino organismos que han desarrollado una experiencia de escucha y corresponsabilidad que debe preservarse y desarrollarse”.
Por lo tanto, “donde aún no se haya hecho, es fundamental reactivar y apoyar a los equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales, comunicando su composición a la Secretarı́a General del Sı́nodo”.
Como nota a pie de página, el texto indica que “el registro para la inscripción de equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales está disponible” aquí.
Composición de las asambleas
El texto subraya que “la composición de las Asambleas debe ser coherente con su propósito. No se trata simplemente de representar a una diócesis o a la Iglesia de un paı́s o región, sino de asegurar la presencia de personas conocedoras de los procesos en curso y capaces de interpretarlos teológica y pastoralmente”.
La selección de participantes, añade, “debe garantizar una atención adecuada a las relaciones entre hombres y mujeres y entre diferentes generaciones, la diversidad cultural y eclesial -incluidos sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, miembros de asociaciones, movimientos y nuevas comunidades, ası́ como fieles no integrados en estructuras organizadas –y a la presencia de personas en situación de vulnerabilidad o marginación”.
Se debe prestar especial atención a la participación de los párrocos, precisa asimismo, y es importante valorar “las voces que no proceden directamente de estructuras eclesiales y, cuando sea el caso, incluir la participación de representantes de otras Iglesias y comunidades cristianas o de otras religiones”.
Sobre la Asamblea eclesial de 2028
Más que un punto de llegada, “la Asamblea Eclesial es el momento en el que el camino recorrido se reconduce a la unidad, se abre a nuevos desarrollos y se confı́a al discernimiento de la Iglesia toda, bajo la responsabilidad del Santo Padre”
Un Instrumentum laboris especı́fico propondrá el contenido y el método de trabajo a la luz del camino emprendido.
En esta etapa, por lo tanto, “la acción eucarística y el discernimiento se entrelazan: lo vivido se reconoce como un don, se comparte con alegría y se confía a la responsabilidad de toda la Iglesia, para que continúe generando vida bajo la guı́a del Santo Padre”.





