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“Cuba está al borde del colapso”, asegura el agustino P. Luis Reyes

Hace no mucho tiempo eran casi impensables unas declaraciones como las del misionero P. Luis Javier Reyes a Omnes. El fraile agustino describe, desde el barrio de La Habana Vieja, el colapso humanitario de Cuba, sobre todo de los mayores, muchos sin familia en el extranjero, y sin medicamentos.

Francisco Otamendi·13 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos
P. Luis Javier Reyes OSA, en La Habana, Cuba.

P. Luis Javier Reyes, OSA, haciendo entrega de la última ayuda recibida de Cáritas, en la parroquia del Cristo del Buen Viaje, barrio de la Habana Vieja (Cortesía del P. Reyes).

“Cuba está comenzando a entrar en una fase de crisis humanitaria grave. Una crisis agravada no solamente por el bloqueo económico, sino por un bloqueo político que desde dentro no reconoce el colapso de las cosas”, ha declarado a Omnes el P. Luis Javier Reyes, OSA.

El fraile agustino, que ingresó en la Orden San Agustín en 1990, sacerdote desde 1997, lleva en Cuba un año y pico, no mucho tiempo, el suficiente para hacerse cargo de cómo están el país y sus gentes. Lo primero que comenta es que “el hecho de que haya agustinos en Cuba se debe mucho al esfuerzo personal de Robert Prevost, ahora León XIV”.

Energía, alimentación y salud, en especial de los mayores, ocupan casi toda la conversación. Mucha gente, sobre todo los que no tienen familia fuera, come sólo una vez al día (algunos una vez a la semana), y fuera de La Habana, tan solo hay electricidad una hora diaria, o dos como mucho. Y faltan medicamentos, en particular de salud mental, y similares.

Tras la reciente Audiencia del Papa León XIV al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, la Oficina de Prensa vaticana informó que “se abordaron “cuestiones “candentes” como la de Cuba —en estos días de fuerte tensión con los Estados Unidos—, respecto a la cual se reiteró la necesidad de apoyar al pueblo cubano”.

Usted ha estado destinado en Cádiz, Sevilla, 17 años en Portugal en una parroquia del cinturón industrial de Lisboa. ¿Cómo fue su llegada a Cuba?

– Los agustinos de España (Provincia de san Juan de Sahagún), estamos presentes en muchos lugares. Al llegar me encontré con una diócesis, la arquidiócesis de La Habana, que tiene muchos años, toda una historia, pocos sacerdotes, nosotros estamos en el barrio de La Habana Vieja, aunque sea el centro de La Habana, son barrios muy desestructurados, una comunidad también muy desestructurada a nivel religioso.

Sabes que vas a un lugar diferente, al que te tienes que adaptar, que tiene sus peculiaridades. Existen algunos servicios en la ciudad, pero el deterioro se ve a pasos acelerados. A los ocho meses de llegar, empecé a ver cosas que no ví cuando llegué, en cuanto a la miseria, dificultades en el día a día, el precio de las cosas que se dispara. 

Existe una inflación galopante, y trabajar ahora mismo para el Estado te resuelve quince días, no más, y me refiero sólo a poder comer, no ya para comprarte unos zapatos. 

La elección como Papa del cardenal Robert Prevost, agustino, tuvo lugar en mayo, unos meses después de llegar usted a Cuba. Una gran alegría para ustedes.

– Si. Y especialmente aquí en Cuba, porque cuando el Papa Juan Pablo II pidió a todos los religiosos personas para venir a Cuba, allá a finales de los 90, cuando hizo la visita, desde España se hizo un primer intento, pero se cerraron a los agustinos las puertas aquí, a nivel de gobierno, y lo estuvo intentando. Él era entonces general, volvió a comenzar las gestiones, y consiguió que viniésemos aquí. El que ahora mismo haya de nuevo agustinos en Cuba se debe mucho, mucho, mucho, al esfuerzo personal de Robert Prevost, de León XIV.

Confirmaciones en la parroquia el pasado 23 de mayo. En el centro, el arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad. Con hábito, hacia la derecha, el P. Luis Javier Reyes.

¿Están otros agustinos misioneros en Cuba?

En La Habana estoy en estos momentos solo ahora, pero hay otros agustinos en Cuba, concretamente en Ciego de Ávila, Chambas, donde vive el Superior. Es una provincia del centro de la isla, y hay una comunidad que es completamente diferente, en el campo. El pueblo de Chambas está bien estructurado, y luego tienen muchas comunidades de campo, agrícolas. Es de los pocos campos que funcionan en Cuba, Ciego de Ávila.

En un bautismo, en las pasadas Navidades, en la misma parroquia.

Las noticias que nos llegan son niños sin comer y sin escuela, ausencia de combustibles para autobuses, ambulancias o camiones de la basura, apagones eléctricos, mucho desempleo. Cuénteme..

Aquí hay ahora dos cosas. Por una parte, el bloqueo energético al que está sometiendo Estados Unidos a Cuba. Pero antes de eso, está el hecho de que no hay combustible, o muy poco combustible. Uno va a La Habana y se ven muy pocos coches circulando -eléctricos-, ya desde antes. 

Y muchísimas horas de apagón. Nosotros aquí, en La Habana Vieja, tenemos dos cosas bastante buenas: uno, la electricidad soterrada, por lo que casi todas las horas del día, hay luz, que sólo falta por avería, o cuando se quita de una zona y la ponen en otra. Y dos, el gas por conducción, es decir, uno tiene gas en la cocina. Aquí hay mucha cocina eléctrica, la promocionaron mucho en los 90, ya entonces había problemas de electricidad.

En cambio en Chambas, con ellos es muy difícil contactar, porque ahora mismo tienen dos horas de electricidad. O una. Ayer mismo estuve hablando, y tuvieron  sólo media hora en todo el día.

En casi todos los bares de La Habana, quitando dos o tres, el gas es por bombona de gas. Desde hace años, el reparto de bombonas de gas está controlado, y se adjudica por familia, etc., una o dos al año. Ahora no se encuentra, sólo en el mercado negro con precio desorbitante. Y últimamente ni siquiera en el mercado negro. Prácticamente ya no hay. 

Los PP. Luis y Roberto, arreglando el jardin de la iglesia con voluntarios. Los agustimos aceptan a los niños de la plaza porque es una forma de que hagan algo juntos, y puedan mostrar el resultado de su trabajo, dice el P. Reyes.

¿Puede decirse que conforme uno se aleja de La Habana, menos horas de electricidad?

Sí. Como hay muchos cortes de electricidad, puede decirse que cuanto más alejado de La Habana, menos electricidad. Porque en La Habana vive mucha gente, y para que la gente no se eche a la calle, como ahora ya se está echando… Cuando llegué yo, se marchaba la luz de 4 a 6 horas al día. Con los datos existentes, en La Habana la gente está teniendo de 4 a 6 horas de electricidad al día, y fuera de La Habana, una o dos horas al día, no más. Y ahí es cuando hay que poner para lavar ropa y para cocinar, los que tienen cocinas eléctricas.

En el campo, fuera de La Habana, es fácil encontrar leña, más complicado el carbón, pero en la ciudad de La Habana, el precio es carísimo, y en una vivienda, una persona se pone junto a la ventana o el balcón para cocinar.

La gente tiende a reducir las comidas. Los adultos empiezan a comerse un pan con algo al mediodía de almuerzo, y comer comer, sólo la cena al final de la tarde. Se quiere que los niños almuercen siempre, pero aquí, en el barrio de La Habana Vieja, los adultos están con una comida al día, pero no ya porque no se pueda cocinar, sino porque el precio ha subido tanto, que no es posible.

Me está hablando de una crisis humanitaria grave, ¿no es cierto? Una situación de emergencia.

– Sí, el asunto económico aquí es en muchos casos de emergencia. Las personas que tienen ayuda del extranjero son muchas, porque tienen familia fuera, ésos consiguen consiguen salir adelante, más o menos, y con dificultades. Pensemos que la mayoría de los cubanos que viven fuera no tiene grandes sueldos, pero aquí con 5 dólares a la semana resuelves la comida de 4 personas. Ahora menos, tienen que enviar más. 

Estamos llegando al punto de una emergencia. El otro día tuvimos una reunión en la diócesis. Y en el tema de pastoral social, lo que más preocupa en casi todas las parroquias es mantener, con voluntarios, un comedor en el que haya gente que pueda tener al menos una comida fuerte a la semana. Sigue siendo un tema que preocupa.

La Iglesia en estos momentos no tiene constituida una red suficiente como para aguantar a todos lo que, eventualmente, se van a quedar sin medios. 

El problema humanitario alimentario puede ser muy grave si no se afronta con rapidez, sobre todo con rapidez.

El P. Reyes, con voluntarias que hacen el almuerzo los sábados para 35 personas.

¿Hay una Caritas diocesana? Ustedes tienen un parroquia en La Habana. 

– Sí, estamos aquí en La Habana Vieja, nuestra parroquia se llama El Cristo del Buen Viaje. Hay una Cáritas diocesana. Pero desde la pandemia para acá esa ayuda desde dentro se ha vuelto inviable. El poder adquisitivo de muchas personas se ha venido abajo. Hay pocas personas con mucho dinero, algunas son dueñas de pequeñas empresas, pero la mayoría de la gente se está empobreciendo a marchas forzadas, muy rápidamente.

Cuáles son las necesidades más acuciantes de la gente, además de las mencionadas. Tendría que haber algún cauce para ayudar…

Es difícil, porque a nivel oficial, Cuba no tiene necesidades, el gobierno cubano no las tiene. Cualquier ayuda que pueda llegar desde algún gobierno, por ejemplo, en medicamentos, en especial que tengan que ver con psiquiatría, salud mental, podrían solucionar muchas necesidades y harían mucho bien, pero…  Hay muchísimos enfermos de esquizofrenia y otras enfermedades que están sin tratar. Y son un problema, ellos, y también incluso de seguridad física para la familia que los acompaña, porque están sin medicación.

Aquí, quien lo está pasando peor es la gente mayor que no tiene familia fuera, que vive en una vivienda pequeñita, y para quienes una libra ya no te digo de carne, eso es impensable ya, de arroz -son 460 gramos- está costando ahora mismo entre 280 y 300 pesos. No pueden siquiera vivir del arroz. Es aquí lo que más alimenta.

Cómo son las comunidades eclesiales de Cuba. Y la población total del país

– En la Iglesia las comunidades son muy reducidas, porque aquí ha habido una fortísima emigración, y ha emigrado fundamentalmente la gente en edad de trabajar. Parece ser que antes de la pandemia había 12 millones de cubanos, ahora hay casi 9, unos 8 millones y pico. La inmensa mayoría de los que se han marchado han sido personas en edad de trabajar, y hay por tanto una gran cantidad de gente mayor, que están pasándolo muy mal.

Dentro de ese gran colectivo están los que han sido gente de Iglesia, y a esa gente, la Iglesia de Cuba les debe muchísimo. Cuando estaba prohibido venir a la iglesia, cuanto te cortaban todos los trabajos -los tenía el Estado-… Si eras médico, nunca tendrías un cargo de responsabilidad, si trabajabas en una empresa nunca ibas a tener un  cargo importante, por muy bueno que fueras, porque ibas a la Iglesia… Esa gente, a pesar de las penalizaciones que ha tenido, nunca dejó de participar en la comunidad cristiana. En la parroquia, a Misa diaria asiste gente mayor, 15 a 20 personas, esa gente merece todo.

Finalmente, un mensaje. Qué le gustaría trasladar al mundo sobre lo que hemos conversado.

Ahora, Cuba está comenzando a entrar en una fase de crisis humanitaria grave. Una crisis agravada no solamente por ese bloqueo económico, sino por un bloqueo político que desde dentro no toma cartas en el asunto, cartas que tendría que tomar, que no sé si es por falta de interés – que es, porque si no, ya habrían hecho algo–, o por no reconocer el colapso de las cosas, que están a punto de colapsar.

Y cuando todo esto caiga, la crisis humanitaria va a ser realmente grave. Ahora mismo, una forma de colaborar es a través del envío de medicamentos.

No sabemos lo que va a pasar de aquí a un mes. Lo que sí sabemos es que pase lo que pase, la situación humanitaria va a ser muy seria, y hay que estar muy atentos para actuar lo más rápidamente posible, porque las personas ahora mismo están con lo mínimo, mínimo, mínimo, en muchos sentidos. Hablamos de mucha cantidad de personas.

Terminamos conversando del Centro Cultural Félix Varela, una iniciativa cultural y de diálogo “muy interesante”, que queda para otro momento. El P. Reyes asegura que nunca ha encontrado un lugar donde unos jóvenes le hagan tantas preguntas sobre la metafísica de Aristóteles, por ejemplo.

El autorFrancisco Otamendi

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