España

León XIV: «No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia»

El Santo Padre pasó una hora en el albergue de Cáritas del barrio de Lucero, escuchando los testimonios de quienes han encontrado allí un refugio y una segunda oportunidad.

Javier García Herrería·6 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
CEDIA pobres

El Papa durante el acto en CEDIA (J.J. Guillén / EFE)

No era un escenario con un gran protocolo. Era un comedor, un patio y unas habitaciones donde cada noche encuentran cobijo decenas de personas que no tienen dónde ir. Y este lunes, entre las 18:00 y las 18:40 horas, el Papa eligió ese lugar —el Centro CEDIA 24 Horas del barrio madrileño de Lucero— para uno de los encuentros más íntimos de su visita a la capital. Una visita que duró cuarenta minutos y que dejó una huella difícil de borrar en todos los que la vivieron.

CEDIA: abierto las 24 horas, los 365 días del año

El Centro CEDIA 24 Horas es el corazón de la red de atención de emergencia a personas sin hogar de Cáritas Diocesana de Madrid. No cierra nunca: está disponible todos los días del año, a cualquier hora, para ofrecer servicios básicos, apoyo social y programas de reinserción a quienes se encuentran en situación de calle.

Más allá de la atención inmediata, el proyecto incluye viviendas tuteladas para personas en proceso de recuperación, talleres de formación profesional, programas de intervención personalizados y un acompañamiento social integral orientado a promover la autonomía de cada persona. Un modelo que ha demostrado, año tras año, que con los recursos y la voluntad adecuados, es posible ayudar a reconstruir vidas.

La llegada: bienvenida en la puerta del albergue

A las 18:00 horas en punto, el Papa llegó al centro. En la entrada principal le esperaban el Cardenal de Madrid, José Cobo, y el director de Cáritas Diocesana de Madrid, Luis Hernando Vozmediano, que le dieron la bienvenida.

Una vez dentro, uno de los residentes explicó al Santo Padre el funcionamiento del centro y el tipo de asistencia que se presta a las personas sin hogar. Fue una presentación sencilla y directa, con la autoridad que solo da la experiencia propia. A continuación, el coordinador del proyecto y cuatro colaboradores acompañaron al Papa al comedor, donde aguardaban varios residentes. Antes de salir al patio exterior, el Santo Padre firmó el libro de visitas y, finalmente, subió al estrado y tomó asiento junto al Cardenal Arzobispo.

El patio de la Pastoral Social: casi 200 personas y cuatro historias de esperanza

En el patio de la Iglesia de Nuestra Señora de la Crucifixión, aneja al complejo del CEDIA, León XIV mantuvo un encuentro con representantes de la Pastoral Social de la Iglesia en Madrid. Casi 200 personas esperaban con muchas ganas al Santo Padre bajo un sol que no daba tregua. 

Antes de la llegada del Papa, los asistentes pudieron escribir sus mensajes de esperanza en un espacio preparado para ello, amenizado con las actuaciones musicales de Migueli y Chito Morales. El acto fue conducido por el periodista Mario Alcudia.

Ya con el Santo Padre presente, fue la Niña Pastori quien le dedicó una de sus canciones —la artista que ya participó en un encuentro con el Papa san Juan Pablo II— en un momento que emocionó profundamente a todos los presentes.

Saludo del cardenal Cobo

Durante el encuentro con el Santo Padre, el cardenal arzobispo de Madrid dio la bienvenida al Pontífice recordando que la identidad de la capital española se define por su capacidad de acogida, afirmando que «si estás en Madrid, eres de Madrid», y agradeciéndole que él también se sumara a esa ciudadanía universal. 

Cobo subrayó que la decisión de comenzar la visita en un entorno sociocaritativo es una auténtica «confesión de fe» fundamentada en la certeza de que Cristo se hace presente en los más desfavorecidos. 

Bajo el lema «Alza la mirada», el cardenal invitó a los asistentes a elevar los ojos hacia el cielo, pero con la condición irrenunciable de mantener «los pies firmes en el barro», es decir, pegados a la realidad de las calles madrileñas donde miles de personas siguen sufriendo la falta de vivienda, un empleo digno o la simple compañía.

En un segundo bloque de su intervención, Cobo tradujo esta «altura de miras» en datos concretos para radiografiar la inmensa red de fraternidad que sostiene a la archidiócesis frente a los desafíos actuales.

Como prueba del compromiso real de la Iglesia en Madrid, aportó cifras de gran impacto social: el balance de Cáritas Diocesana, que el pasado año acompañó a cerca de 90.000 personas vulnerables a través de sus parroquias y de más de 400 proyectos destinados a familias, migrantes y personas sin hogar, una labor que se ve fuertemente respaldada por otros 300 proyectos liderados por la vida consagrada en la diócesis.

Cuatro historias que representan a miles

A continuación el Papa escuchó tres testimonios para representar a unas historias entre muchas. La historia de Niurka es la de una madre que llegó a Madrid hace un año, sola, embarazada y sumida en el miedo, se transformó en un testimonio de esperanza gracias a la acogida de la Iglesia en el Hogar Santa Bárbara. Al escuchar su relato, se hizo evidente cómo el arrope diario de religiosas y voluntarios no solo alejó su soledad, sino que brindó una verdadera familia y una comunidad de fe a sus mellizos, Ares y Atenea, quienes nacieron y fueron bautizados al calor de esta institución. «Hoy miro a mis hijos y sé que podemos tener un futuro», explicó conmovida Niurka al Papa.

A continuación, Khadry, un joven senegalés que llegó a España en 2020 en el contexto de la pandemia, relató cómo se sintió inicialmente perdido y solo en un país desconocido, hasta que encontró a personas que lo miraron con respeto y lo hicieron sentir que su vida importaba, culminando su intervención con un gesto de profundo simbolismo: la entrega al Papa de una réplica de su tarjeta de residencia. «Representa mucho tiempo de espera y de esfuerzo, pero también una vida que vuelve a ponerse en pie», afirmó con gratitud, convirtiendo su documento de identidad en el reflejo vivo de la dignidad recuperada y la esperanza de un nuevo comienzo gracias a la solidaridad humana.

Por último, Alicia, del proyecto Esperanza de las Adoratrices Santo Padre, habló en nombre de los voluntarios de la Pastoral Social de la diócesis de Madrid. 

Palabras de León XIV

Durante su intervención en el CEDIA, el Papa subrayó que la labor caritativa de la Iglesia no es una simple labor filantrópica, sino un camino evangélico que sigue las huellas de un Jesús que se identificó plenamente con la debilidad humana. 

Al profundizar en el lema «Alzad la mirada», el Pontífice recordó que la caridad no admite demoras, comparándola con una cosecha madura que se pierde si no se recoge a tiempo. Esta responsabilidad, explicó, convierte cada encuentro con el necesitado en un kairós o momento de gracia irrepetible, advirtiendo contra el riesgo de dejar que la misión eclesial sea contaminada por ideologías mundanas o intereses económicos que desprecian el ejercicio de la caridad como algo secundario. 

«No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia», sentenció, situando el amor al prójimo en el centro incandescente de la fe.

La caridad es un bien para el que la ejerce

En un segundo bloque de su discurso, el Papa hizo un llamamiento a recuperar la dimensión humana y el encuentro personal en el acto de ayudar, instando a los presentes a mirar a los ojos y tocar la realidad de quienes sufren. Citando sus propias reflexiones sobre la verdadera naturaleza de la limosna, insistió en que esta no es mera beneficencia, sino un acto donde el donante recibe la mayor gracia al dejarse «mirar por los ojos del Señor» a través del hermano. 

Para el Santo Padre, amar de verdad implica ir más allá de la entrega material: requiere escucha, diálogo y un compromiso con la promoción integral de la persona. Así, la mirada que propone no es distante, sino una que busca comprender las causas de la necesidad y abrazar tanto las carencias materiales como las espirituales, consolidando la ayuda como un abrazo de fraternidad universal.

El intercambio de regalos y la bendición

Antes de despedirse, tuvo lugar un emotivo intercambio de regalos. El Papa obsequió al Centro CEDIA con un icono del «Rostro de Cristo del Amor», un regalo cargado de simbolismo para un lugar donde cada día se busca precisamente eso: el rostro de Cristo en los más vulnerables. 

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