España

El Papa en su última Misa en España: «regreso a Roma reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la iglesia»

El Papa León XIV ha celebrado una multitudinaria Eucaristía en Tenerife, en su último día de su Viaje apostólico a España. Antes de finalizar la Santa Misa, ha dedicado unas palabras de despedida a todos los españoles.

Teresa Aguado Peña·12 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
Papa despide España

©EFE/ Miguel Barreto

En la celebración del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa León XIV ha celebrado su última Misa en España, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Así, su homilía comenzó dando gracias «por la fe y la caridad de las que he recibido tantos testimonios en este viaje apostólico» y concluyó la Eucaristía no sin antes dedicar unas palabras a todos los españoles.

Antes de la Misa, León XIV recorrió en papamóvil parte del recinto portuario saludando a los miles de fieles congregados. El altar estaba presidido por el Cristo de La Laguna y la patrona de las Islas Canarias, la Virgen de Candelaria, devociones que rara vez se exhiben juntas. Uno de los elementos más significativos del escenario fueron tres cayucos situados junto al área litúrgica, como recuerdo de las miles de personas que han llegado a Canarias atravesando una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Su presencia silenciosa acompañó toda la celebración.

©EFE/ Miguel Barreto

La Eucaristía contó además con una amplia participación de fieles procedentes de las distintas islas del archipiélago. Marcos, un joven de El Hierro, proclamó la primera lectura; la tinerfeña Inés puso voz al salmo responsorial; la segunda lectura corrió a cargo de María José, natural de La Palma y consagrada en el Orden de las Vírgenes; mientras que el Evangelio fue proclamado por el diácono permanente Alejandro Manuel. De este modo, la liturgia reflejó la diversidad de la diócesis nivariense y el carácter insular de una Iglesia llamada a vivir la comunión y el encuentro.

El Papa León XIV quiso dedicar unas palabras a los canarios: «gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla  en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y  comunidades fraternas».

«No reducir todo a comercio y beneficio»

Desde el inicio de su homilía, León XIV situó la solemnidad del Sagrado Corazón como una invitación a contemplar el amor de Dios por la humanidad. El Papa utilizó la imagen del mar y del cielo para hablar del anhelo infinito que habita en el corazón humano y que encuentra respuesta en Dios: «este es el secreto del corazón: la llamada íntima al éxodo y al encuentro».

Recuerda, desde el primer momento, la necesidad de dar la vida por Dios, por el otro: «hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío». Así, como dice el Concilio, el ser humano está llamado  a la comunión con Dios y “no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí  mismo»(Magnifica humanitas, 48). El Pontífice afirmó que «ningún ser humano es una isla» y subrayó que toda persona está llamada al encuentro con los demás.

El Papa subrayó la importancia de «no reducir todo a comercio y beneficio», recordando las palabras de su antecesor: «»quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan  de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada  persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple. Así son capaces de  disminuir las necesidades insatisfechas y reducen el cansancio y la obsesión» (Laudato si’, 223). Interpreten  así, queridos hermanos y hermanas, su vocación a la acogida».

La riqueza de los pobres

Haciendo alusión al Evangelio, el Papa habló sobre la paradoja de la riqueza de los pobres. Ellos «han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón. Aquellos entre nosotros que no  han experimentado situaciones similares, de una vida vivida en el límite, seguramente tienen mucho  que recibir de esa fuente de sabiduría que constituye la experiencia de los pobres. Sólo comparando  nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida «(Dilexi te, 102).

El Pontífice invitó entonces a dejarnos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, «que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne».

El Papa llama una vez más a la misión: «presten atención a los adolescentes y a los  jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser  conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus  corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino  de Dios y su justicia. Que se respire entre ustedes que «Dios es amor, y quien permanece en el amor  permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16)».

Su mensaje concluyó con una invitación a sumergirse en el corazón del Evangelio, el corazón de Cristo. Porque «quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo»: «¡Abran a todos este mar de amor! Es mi deseo y  mi oración para ustedes y para todos aquellos que encuentren en su camino». 

La Eucaristía

La celebración estuvo presidida por diversos signos vinculados a la historia y espiritualidad de Canarias. Junto a la imagen de Nuestra Señora de Candelaria se colocaron las reliquias de los dos grandes santos canarios: el Santo Hermano Pedro —del que este año se conmemora el cuarto centenario de su nacimiento— y San José de Anchieta, misionero lagunero conocido como el apóstol de Brasil.

©EFE/ Ramón De La Rocha

La solemnidad fue preparada durante semanas por numerosas comunidades de la diócesis. Entre otros trabajos, las monjas clarisas del monasterio de Santa Clara de La Laguna confeccionaron el mantel del altar y elaboraron cerca de 40.000 formas destinadas a la comunión de los fieles. La distribución de la Eucaristía corrió a cargo de unos 300 ministros extraordinarios repartidos por todo el recinto portuario.

Antes de finalizar la celebración se vivió además un momento simbólico. El cáliz utilizado por León XIV durante la Eucaristía fue entregado como regalo pontificio a la diócesis de San Cristóbal de La Laguna y recibido por el obispo Eloy Alberto Santiago Santiago, convirtiéndose desde ahora en una pieza histórica vinculada a la primera visita de un Papa a la diócesis nivariense.

El obispo agradece una visita histórica

El obispo de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna, Eloy Alberto Santiago Santiago, agradeció la presencia del Pontífice en una visita histórica: la primera realizada por un Papa a la diócesis nivariense en sus dos siglos de existencia.

El prelado destacó la posición estratégica de Canarias como punto de encuentro entre Europa, América y África, y reafirmó el compromiso de la Iglesia local con los pobres, los migrantes, la fraternidad social y el cuidado de la creación.

En un momento especialmente emotivo, aseguró que el pueblo canario considera ya a León XIV como «uno de los nuestros» y afirmó que «en estas islas tendrá siempre su casa».

Las últimas palabras del Papa a los españoles

Antes de finalizar la Santa Misa, el Papa León dedicó unas últimas palabras a los españoles:

«Hermanos y hermanas, con esta celebración eucarística concluye mi viaje apostólico a España. Doy gracias a Dios y a todos los que me han acogido y que de mil maneras han colaborado en la preparación y la realización de los distintos momentos en Madrid, Barcelona y Montserrat y aquí en las Islas Canarias. Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la iglesia, expresiones del gran corazón católico de España.

Desde este puerto que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje. ¡Alzad la mirada! Si, dirijamos la mirada a Cristo crucificado.

Su corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón, de reconciliación, para alcanzar una paz verdadera y duradera. Levantemos la mirada como lo hizo María, la madre de todos los que sufren y guiados por ella, retomemos el camino con esperanza. Queridos hermanos y hermanas, gracias de corazón, permanezcamos unidos en la oración y en la comunión en Cristo y en la Santa Iglesia».

Adiós Papa León. Como decimos los españoles: «te queremos un montón».

© EFE/ Ramón De La Rocha
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