Educación

Carlos Chiclana: «Los padres saben mucho más de lo que creen sobre educación sexual»

El psiquiatra y uno de los fundadores de TheFunSex, Carlos Chiclana Actis, defiende la importancia de recuperar el diálogo en casa y dotar a las familias de herramientas para educar en sexualidad con naturalidad, confianza y rigor.

Teresa Aguado Peña·23 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
Carlos Chiclana

Hablar de sexualidad con los hijos sigue siendo, para muchas familias, una asignatura pendiente. Muchos padres, según cuenta el psiquiatra y psicoterapeuta Carlos Chiclana Actis, saben las respuestas a las preguntas de sus hijos pero no cuentan con las herramientas necesarias para abordarlas. Mientras tanto, las redes sociales, la pornografía o los amigos ocupan con frecuencia ese espacio educativo.

De esta necesidad nace TheFunSex, un programa que busca formar a padres y educadores para hablar de sexualidad con claridad, rigor y naturalidad. Una propuesta que apuesta por acompañar en lugar de prohibir y por construir una relación de confianza que permita a los hijos acudir a sus padres cuando surjan dudas. Para ello cuenta con 15 expertos de distintos ámbitos —psiquiatría, psicología, sexología, medicina, antropología y educación— como Rafael Lafuente, María Calvo, Alejandro Villena, Pep Borrell, Clara de Cendra o Nuria Ferrer, entre otros.

Sobre los retos de la educación sexual en la familia y en la escuela, el impacto de las pantallas y la importancia de recuperar el diálogo en casa hablamos con el doctor Carlos Chiclana Actis, referente en salud mental y sexualidad. Él es uno de los fundadores de TheFunSex y director científico del proyecto.

¿Qué necesidad concreta observó que le hizo pensar que hacía falta crear TheFunSex?

–Una necesidad concreta fue la experiencia práctica de hablar con muchos padres en conversaciones de amigos, de encuentros, en los que te contaban y te preguntaban cuestiones básicas sobre la sexualidad y te planteaban problemas sobre sus hijos, preocupaciones, intereses en los que no tenían respuesta o no sabían cómo responder y por lo tanto evitaban el tema.

El interés fue el poder dotarles de un contenido práctico, experiencial y aportado por expertos académicos (de los cuales la gran mayoría son padres y madres de familia), respondiendo así las preguntas que tenían los padres a pie de calle, no en el ámbito clínico sino de modo natural.

El lema dice: «No para prohibir, sino para acompañar». ¿Qué significa exactamente acompañar en educación sexual?

–El objetivo es formar y educar en una sexualidad integral desde el inicio de la vida de los hijos. Cuando los padres están presentes desde el principio, educando y formando también en esta dimensión, se genera un acompañamiento, un modelado práctico y un ambiente de confianza. Esto permite que el niño y la niña adquieran conocimientos y se sientan acompañados en sus descubrimientos, en la explosión de la adolescencia y, más adelante, en el desarrollo de su propio proyecto de vida.

De este modo, el padre no es simplemente un vigilante, ni la madre una observadora controladora, ni la educación sexual se reduce a una educación moral restrictiva o a la preocupación por evitar contagios o embarazos. Se trata de un acompañamiento mucho más amplio, integral y natural, que se desarrolla de forma educativa, al igual que educamos en tantas otras áreas de la vida.

Lo que queremos es que la sexualidad, al ser una dimensión central del ser humano, esté también incluida de modo natural en la educación que una familia quiere dar a sus hijos.

¿Cuál es el error más frecuente que cometen los padres cuando intentan abordar estos temas?

–El primer error es no hacerlo. Y no es una creencia mía, sino algo que reflejan los datos: la mayoría de los padres no aborda la educación sexual con sus hijos.

El segundo es no escuchar. No escuchar sus necesidades ni las preguntas que tienen. Eso puede generar en los hijos desconcierto y una cierta desconfianza, no necesariamente una desconfianza negativa, sino la sensación de que sus padres no son la fuente a la que acudir para formarse y resolver sus dudas, por lo que tendrán que buscar respuestas en otro lugar.

Y el tercero es evitar implicarse a la hora de dar respuestas. Esos serían, probablemente, los tres errores principales.

En cuanto a la pornografía, unos padres que acaban de descubrir que su hijo la consume, ¿cuál crees que debería ser su primera reacción?

–La primera reacción debería ser darle un abrazo y preguntarle qué necesita, cómo ha llegado hasta ahí, cómo le hace sentir y cómo pueden ayudarle a salir de esa situación. También hay que explicarle que la pornografía no representa el modo natural de vivir la sexualidad, sino que ofrece una visión distorsionada y confusa, que puede resultar dañina tanto para su sistema nervioso como para su desarrollo sexual.

El primer mensaje debería ser: «Hijo, tienes un problema, pero podemos ayudarte. Esto no es sano para ti. ¿Cómo podemos ayudarte? ¿Qué necesitas?».

En segundo lugar, probablemente esa pornografía ha llegado a través de un dispositivo que los propios padres le han facilitado: un móvil, una tablet, un ordenador o una videoconsola con conexión a internet. Por eso, también es un momento para que los padres se pregunten cómo están diseñando su hogar digital.

Del mismo modo que procuramos que en nuestra casa no entre demasiado ruido o que la temperatura sea adecuada, y contamos con alarmas para protegerla, también merece la pena diseñar un hogar digital en el que esté bien regulada la «temperatura» ética, moral y de salud de la familia, y donde pongamos alarmas para que no entren los malos que quieren robarnos la inocencia, la sexualidad y el dinero a través de la pornografía.

Decís “lo que TikTok no enseñará a tus hijos” ¿Cómo competir contra TikTok?

–Lo primero sería no darles un móvil ni instalar TikTok. Ante esto, algunas personas pueden pensar: «Es que tú no estás en el mundo, no sabes lo que ocurre». Pero quizá sea al revés: precisamente porque estoy demasiado metido en el mundo, conozco lo que ocurre y sé cuáles pueden ser sus consecuencias negativas.

La Asociación Española de Pediatría recomienda encarecidamente que los hijos no tengan un móvil personal y que, si utilizan uno —porque tampoco queremos que sean analfabetos digitales—, lo hagan en espacios comunes, fuera de la habitación y del baño.

Cuando hablo con los padres, les digo: la Asociación Española de Pediatría propone un calendario vacunal. Vosotros decidís si lo seguís o no. Pues también propone unas pautas de educación, formación y uso de los móviles para vuestros hijos. Podéis seguirlas o no, pero es importante saber que estas recomendaciones no tienen que ver con la moral de los hijos, sino con su salud mental, su desarrollo neurocognitivo, su capacidad para controlar los impulsos, su estado de ánimo y la ansiedad.

Cada familia debe decidir cómo quiere educar a sus hijos, pero que no sea por falta de herramientas. Por eso hemos creado un programa en el que los padres pueden aprender a hacerlo de una manera sencilla, natural y confiada, junto a otros padres de familia. Con preguntas breves que pueden consultar en cualquier momento, cuestiones directas que hemos probado en distintos grupos de discusión para asegurarnos de que responden a las preocupaciones reales de los padres, directos semanales y una comunidad en la que puedan participar y plantear nuevas preguntas.

Lo que queremos es que los padres puedan decir: «Así sí sé, así sí puedo y así sí llego».

¿Qué necesitan los padres para decir «así llego»?

–Los padres saben mucho, y queremos reforzar esta idea.

Hace unos días, en una actividad de verano, dividieron a los niños, de unos diez años, y a sus padres en dos grupos. A los niños les pidieron que escribieran las preguntas que tenían sobre sexo para sus padres. Y a los padres, que escribieran las preguntas que creían que sus hijos tenían para ellos.

Los padres elaboraron preguntas complicadísimas, mientras que las de los hijos eran muy sencillas y, en realidad, los padres sabían responderlas. De manera que muchas veces se trata de dar el salto de la confianza: aprender a escuchar, saber cómo entrar en la conversación y saber esperar. Porque, efectivamente, muchos padres ya tienen buena parte del contenido. Lo que necesitan son pequeñas herramientas de acompañamiento, así como conocer modos y métodos para abordar estas conversaciones.

¿Qué papel debe asumir el colegio en cuanto a educación sexual y cuál corresponde exclusivamente a la familia?

–Según la última Encuesta Nacional de Salud Sexual, que se acaba de publicar después de 19 años sin una encuesta de este tipo, más del 90 % de la población considera que debe haber educación sexual en los colegios.

Esto tiene una parte muy positiva: refleja una clara conciencia social sobre la necesidad de la educación sexual. Pero también tiene una parte que me parece un poco negativa, porque parece dejar fuera a los padres. Es verdad que en la encuesta no se preguntaba si las personas consideraban necesario que los padres también recibieran formación en sexualidad. Quizá esa pregunta se les olvidó.

A mí me parece que ambas realidades se complementan muy bien. Por ejemplo, en el colegio, cuando un niño tiene cinco años, pueden explicarle que su cuerpo es suyo, cómo decir que no y cómo pedir ayuda en caso de riesgo. Pero, cuando llega esa clase, sus padres deberían llevar ya cinco años educándole en sexualidad y explicándole muchas cosas.

Por eso creo que la educación sexual en la escuela, integrada con las familias, es el mejor modelo. Así lo hemos comprobado también en un estudio académico que hemos publicado este año, en el que entrevistamos a padres, profesores y alumnos para conocer sus perspectivas.

Este proyecto está pensado para personas creyentes y no creyentes…

–Sí. Hemos diseñado el curso para que pueda hacerlo cualquier persona, tenga creencias religiosas o no, practique una fe o no. Lo hemos hecho así de manera consciente, procurando que lo que se explica esté fundamentado en la verdad, en la experiencia y en la ciencia.

Por eso puede ser útil para cualquier persona, padre o familia. Es cierto que muchos de los ponentes son conocidos públicamente por tener fe, pero, como director académico y científico del programa, me he preocupado especialmente de que las respuestas no estén fundamentadas en la fe ni en una moral concreta, sino en la experiencia y en la ciencia. Nuestra ilusión es que TheFunSex pueda hacerlo cualquier persona.

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