En las zonas rurales de Isangi, en la provincia de Tshopo (República Democrática del Congo), el nacimiento de un hijo sigue siendo, para muchas familias, un momento marcado por el miedo. La falta de infraestructuras sanitarias, las largas distancias hasta los centros de salud y la pobreza obligan a numerosas mujeres a dar a luz en sus propias casas o en condiciones extremadamente precarias, sin asistencia profesional y expuestas a complicaciones que ponen en peligro tanto su vida como la de sus bebés.
En esta región, la mortalidad materna e infantil continúa siendo elevada. Muchas de estas muertes podrían evitarse con una atención adecuada durante el embarazo y el parto. Sin embargo, el deterioro progresivo del Centro de Salud Malaika, gestionado por la Oficina Diocesana de Obras Médicas (BDOM) de Isangi, redujo considerablemente su capacidad para atender a las mujeres embarazadas. Lo que durante años fue un referente para las familias más vulnerables terminó perdiendo buena parte de su actividad por el desgaste de las instalaciones y la falta de equipamiento.
Para revertir esta situación, Harambee España y Harambee Suiza, en colaboración con la diócesis de Isangi, han puesto en marcha el proyecto «Nacer con dignidad», una iniciativa que rehabilitará y equipará la sala de partos del Centro de Salud Malaika. La intervención incluye la renovación completa de las instalaciones, la adquisición de material obstétrico, la formación del personal sanitario y un programa de sensibilización para animar a las mujeres a acudir al centro en lugar de dar a luz en sus hogares.
El objetivo es mejorar la atención al parto de unas 2.000 mujeres, reducir la mortalidad materna y neonatal y devolver al centro su papel como lugar seguro para el nacimiento de una nueva vida.
La hermana Agathe Franka, directora de la Oficina Diocesana de Obras Médicas (BDOM) de Isangi, explica la realidad que viven las mujeres de esta región y cómo esperan que este proyecto transforme el futuro de miles de familias.
¿Qué viven las mujeres de las zonas rurales de Isangi cuando llega el momento de dar a luz?
–Por un lado, en las zonas rurales, solo un pequeño número de mujeres da a luz en puestos de salud, centros de salud u hospitales. Por lo general, se trata de mujeres cuyos maridos o familiares disponen de algunos recursos económicos que les permiten sufragar los gastos correspondientes y, en la mayoría de los casos, son mujeres que viven en zonas donde aún es posible encontrar un centro sanitario capaz de prestar servicios relacionados con el parto.
Por otra parte, la gran mayoría de las mujeres de las zonas rurales dan a luz fuera de la sala de partos y fuera de los centros sanitarios. Las razones son, entre otras: las dificultades para llegar urgentemente al hospital debido a la distancia y al estado de la carretera, y la pobreza económica (se prefiere recurrir a una comadrona que no cobre mucho por sus servicios). A veces, la mujer llega con un solo paño para vestirse, y no se ha preparado nada, ni ropa ni artículos de maternidad, para el recién nacido. La mayoría de las mujeres corren grandes riesgos: la cama de parto no es cómoda y el parto se lleva a cabo en el suelo, sobre una estera, sobre una mesa o sobre un jergón.
Cabe señalar que el Estado congoleño ha implantado la gratuidad de la atención materna y ha prohibido los partos en casa.
Como se puede observar, en las zonas rurales las consecuencias derivadas de una atención materna indigna son: hemorragias, rotura del cuello uterino, infecciones, complicaciones posparto, mortalidad infantil…
¿Qué consecuencias concretas están teniendo los partos sin asistencia profesional en la mortalidad materna y neonatal de la zona?
–Las consecuencias de los partos sin asistencia profesional son muy graves tanto para las madres como para los recién nacidos. Con frecuencia no se detectan a tiempo los embarazos de alto riesgo ni se toman las precauciones necesarias para evitar complicaciones como la rotura uterina. En caso de hemorragia, además, suele faltar la medicación adecuada para tratarla. También existe una escasez de conocimientos y de material para realizar maniobras de reanimación cuando el recién nacido presenta dificultades respiratorias, así como un conocimiento insuficiente sobre el desarrollo del parto y el uso de herramientas básicas como el partograma. A ello se suman prácticas inadecuadas, como romper la bolsa antes de que el cuello uterino se haya dilatado por completo, lo que puede provocar desgarros, el traslado tardío a un centro hospitalario cuando surgen complicaciones y la falta de higiene y de material sanitario adecuado, factores que aumentan la mortalidad materna e infantil.
¿Qué significaba anteriormente el Centro de Salud Malaika para las familias de Isangi y qué esperan que suponga su rehabilitación?
–Anteriormente, el centro Malaïka desempeñaba un papel muy importante para las familias de Isangi en la atención a las familias vulnerables, entre las que se encontraban las mujeres embarazadas, los niños desnutridos, los leprosos y las mujeres y hombres con dificultades para acceder a otros servicios de atención primaria de salud.
Con su rehabilitación (en lo que respecta a la sala de partos), muchas mujeres estarán encantadas de dar a luz en buenas condiciones. Esta alegría es también la de toda su familia. Creemos que la tasa de mortalidad infantil disminuirá y que desaparecerán las complicaciones posparto. Además, esto podrá suponer una enorme reducción de los partos en casa y un aumento del número de mujeres que acuden al centro para dar a luz. Estarán encantadas de dar a luz en buenas condiciones.
¿Cómo se puede conseguir que las mujeres confíen en el centro y opten por un parto atendido por profesionales en lugar de hacerlo en casa?
–Esto será posible gracias a ciertos aspectos y a determinadas prácticas del centro. De hecho, puede ganarse la confianza de las mujeres ofreciendo una buena acogida a las pacientes, sensibilizándolas adecuadamente durante las consultas prenatales (CPN) y mostrándoles o permitiéndoles palpar cómo la sala de partos está ahora bien equipada y que la higiene y el bienestar son las prioridades de dicho centro. Otro aspecto importante es también ofrecer una tarifa asequible (si es necesario).
¿Cómo se va a hacer para que el proyecto sea sostenible en el tiempo?
–Garantizamos la sostenibilidad del proyecto mediante la implicación de la comunidad local. En este sentido, la Oficina Diocesana de Obras Médicas se esforzará por movilizar a la comunidad para que asuma la responsabilidad del proyecto. Así, la apertura de una farmacia, la cría de gallinas y cerdos, la agricultura y los ingresos de este centro podrán contribuir a la sostenibilidad del proyecto.
Si tuviera que explicar en una frase por qué este proyecto es necesario, ¿qué le diría a una persona que está pensando en apoyarlo?
–«Gracias a este proyecto, mejorarán las condiciones del parto, lo que reducirá la tasa de mortalidad infantil y materna, así como los partos en casa; supone un gran alivio para la comunidad de Isangi y un motivo de esperanza».





