Tras la visita pastoral a la República de San Marino, al Meeting por la Amistad de los Pueblos de Rímini (Italia), en el que alentó a “amar siempre a la Iglesia”, y a la localidad de Rimini, donde presidió la concelebración de la Eucaristía, el Papa León XIV dirigió este domingo 23 de agosto la oración mariana del Ángelus en la Plaza de San Pedro, en el que animó a los peregrinos y fieles a dar una respuesta personal al llamamiento que nos hace Jesús.
El Evangelio del domingo (Mt 16,13-20) plantea una pregunta que nos interpela a cada uno en el camino de nuestra fe: ¿quién es realmente Jesús para mí?, comenzó su reflexión el Pontífice. Del relato evangélico se desprende lo decisiva que es esta pregunta para la experiencia del discipulado, señaló el Papa.
Oración por la RD del Congo, República Centroafricana y las víctimas del terremoto en Italia hace 10 años
Tras el rezo del Ángelus, el Santo Padre rezó por las numerosas víctimas provocadas por la difusión de la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo. Y animó a la comunidad internacional a dar una respuesta con un plan preventivo, que involucre a las comunidades locales, para salvar muchas vidas humanas.
El Pontífice manifestó también su cercanía a la población de la República Centroafricana, que lamenta las víctimas causadas por el colapso de una mina en Zamboyé. “Que el Señor acoja a cuantos han perdido la vida y sostenga el compromiso por la garantía de seguridad y legalidad de los yacimientos mineros”, dijo el Papa.
Entre sus intenciones, el Papa recordó asimismo a los fallecidos, familias y todas las comunidades afectadas por el terremoto que sacudió el Centro de Italia, entre Lacio, Umbría y Las Marcas hace diez años. El Papa recordó el décimo aniversario de este devastador seísmo, que provocó centenares de víctimas.
Antes de desear a todos un feliz domingo, León XIV dio la bienvenida al Coro Primacial de la Catedral de Gniezno, en Polonia; así como a los seminaristas y a los superiores del Pontificio Colegio Norteamericano; y a los jóvenes de Bormio y de la Valfurva.
Jesús nos llama a una respuesta personal
En la reflexión previa al Ángelus, tal como se ha señalado, el Papa meditó sobre el Evangelio de este Domingo XXI del tiempo ordinario, donde se narra la escena de la confesión de fe de Pedro.
A veces, en lo que respecta a la fe cristiana, nos conformamos con ‘lo que se dice’, con los tópicos, con lo que nos han transmitido, quizá incluso con buenas intenciones.
“Pero Jesús nos llama a una respuesta personal, a conocerlo de cerca, a dejarnos transformar por la amistad con Él, en un encuentro siempre nuevo que tal vez podría exigirnos recorrer caminos inéditos y tomar decisiones diferentes a las que habíamos imaginado”, prosiguió el Papa León.
Esto vale tanto para nuestro camino personal como para el camino de la Iglesia y para las decisiones pastorales, en las que a veces pensamos que basta con seguir como siempre hemos hecho. ”En cambio, es importante preguntarnos con frecuencia: ¿Quién es el Señor para mí? ¿Lo conozco realmente? ¿Qué me pide hoy su Evangelio? ¿Qué pasos y qué decisiones debería tomar?”, se preguntó el Sucesor de Pedro.

“Siempre necesitamos redescubrir el rostro de Cristo y su Evangelio”
En relación a esta pregunta de Jesús -’Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’ (Mt 16,15), el Papa dijo: “Éste es un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos y para cada uno de nosotros”.
“La fe, en efecto, no se nos da de una vez por todas; al contrario, siempre necesitamos redescubrir el rostro de Cristo y su Evangelio, profundizar en su mensaje y renovar las decisiones de nuestra vida, para que sean coherentes con lo que profesamos, venciendo la tentación de creer que ya lo sabemos todo y de convertir la fe en una mera costumbre”.
Para nosotros, ¿Jesús es sólo un gran personaje de la historia o el Cristo de Dios?
La pregunta que nos hacemos cada día —quién es Jesús para mí y cuál es el significado de su presencia en mi vida— “surge especialmente en la oración y cuando meditamos sobre el Evangelio; pero también cuando nos enfrentamos a las heridas y las necesidades de nuestros hermanos, o en las relaciones y situaciones que más interpelan nuestra conciencia”.
En definitiva, subrayó el Santo Padre, “en el ámbito de nuestra vida podemos comprobar si, para nosotros, el Señor Jesús es sólo un gran personaje de la historia que dijo e hizo cosas importantes, o bien el Cristo de Dios, Aquel que fue enviado para hacernos partícipes del amor del Padre y transformar nuestra vida y el mundo en el que vivimos”.
Invoquemos a la Virgen María, concluyó León XIV, “que en su corazón buscaba la voluntad de Dios a través de su Hijo, para que nos guíe siempre en el camino de la fe”.





