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El V Centenario de Felipe II, «el prudente»

La historia de Felipe II, el monarca que entendió el poder como un servicio al bien común y a la Iglesia, lejos de la imagen de crueldad y fanatismo difundida por la leyenda negra.

José Carlos Martín de la Hoz·6 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Felipe II

Felipe II

El 27 de mayo de 2027 celebraremos el V Centenario del nacimiento de unos de los monarcas más universales de la historia de España. Todos recordamos la célebre frase de que en sus vastos territorios no se ponía el sol, pues en su reinado hubo un tiempo en que las coronas de Castilla y de Portugal se unieron con lo que ambos inmensos imperios abarcaban gran parte del orbe conocido.

De todas formas, desde comienzos de su inmenso poderío y espacio Felipe II siempre tuvo presente una afirmación de Francisco de Vitoria fundador de la Escuela de Salamanca y del derecho internacional, quien siempre le recordó de palabra y por escrito que convenía que todo el orbe espiritual del mundo fuera gobernado por el Romano Pontífice, pues era importante que fuéramos un solo pueblo bajo un solo Pastor; Jesucristo, rey universal de cielos y tierra.

Los límites del poder universal

Asimismo, dejó por escrito en sus Relecciones sobre el “Poder político y sus límites, que por el pecado original y, concretamente, por el egoísmo y la envidia no convenía que hubiera un solo imperio universal que gobernara materialmente el orbe de la tierra. Como efectivamente hemos comprobado posteriormente a él, e incluso después de la caída del muro de Berlín el mundo aparentemente global, está dividido en grandes bloques que pugnan por el desarrollo y el avance de la ciencia, la técnica y la antropología subsiguiente.

Ciertamente no existe un solo monarca que con sus leyes y sus instrumentos de gobierno unifique leyes e instrucciones para que haya un mando político único. En cambio, si hemos logrado el sueño de Vitoria que la dignidad de la persona humana fuera la base de un derecho internacional que es muy superior al derecho de gentes de su tiempo y que, a la vez, respetaba la autonomía local y provincial donde los hombres pueden vivir en confianza y en sus tradiciones lo que proporciona cercanía y seguridad a los más débiles y una caridad real entre los iguales.

Felipe II, un rey al servicio de Dios

El hecho es que celebramos en este próximo año el V Centenario de Felipe II, el rey católico por excelencia que fue atacado por todos y por todo porque nunca tuvo empacho de afirmar que quería ser buen hijo de Dios y de la Iglesia.

De hecho, vivió a la letra lo que ya Alfonso X el Sabio había dejado como “las reyes del reino”: en la primera partida, primer título y primera ley se afirmaba que el fin del monarca era que sus súbditos fueran al cielo. Por tanto, Felipe II puso por delante los intereses de la Iglesia que los suyos.

Gobernar para el bien común

Asimismo, buscó para los altos cargos de la magistratura del Estado a los mejores, más dotados intelectualmente, más sabios y prudentes, aunque muchos de ellos fueran religiosos, obispos o cardenales. Por ejemplo, no dudó en proponer al santo Padre a hombre de Estado para ocupar el virreinato de la Nueva España y ser a la vez el arzobispo de la primera diócesis americana de México.

Ciertamente, no era clericalismo sino buscar honradez, entrega a los ciudadanos, búsqueda del bien común. Es ilustrativa una carta de Felipe II a Diego de Covarrubias al que acababa de nombrar presidente del Consejo de Castila, presidente del Consejo de Estado y que era obispo de Segovia. En esa carta le hablaba de lo que tenía en el corazón. En primer lugar, le pedía que pusiera todo su empeño en llevar a cabo la construcción de los hospitales que se habían determinado en el Consejo de Estado y liberar las partidas económicas para ejecutar sin dilaciones el plan.

En segundo lugar, le animaba a tener cuidado con uno de los altos funcionarios del Consejo de Estado pues señalaba: “suele coger más trabajo del que puede llevar”. Es interesante este detalle pues habla de un rey que está encima de los asuntos para que se ejecuten y que sabe pedir a sus hombres de confianza lo que pueden dar y no más. Realmente, aquel inmenso imperio podía llevarse adelante solo gracias a una generación de hombres bien preparados en los Colegios mayores, sobre todo de Salamanca, que supieron tomar las riendas del Estado y orientar el gobierno de los virreyes y de las Cortes generales de cada parte del imperio.

La leyenda negra contra el rey católico

No podemos dejar de referirnos a la leyenda negra sobre Felipe II dirigida en realidad a atacar a la Iglesia, pues ciertamente era el monarca católico más importante del momento y sus territorios se mantuvieron fieles a la Iglesia católica, mientras que en otros lugares imperó la consigna “cuius regio, eius religio”, es decir que atacar a la Iglesia era atacar a Felipe II. 

Asimismo, hemos de recordar que Felipe II distinguía demasiado bien entre la Iglesia Católica, gobernada por el Santo Padre y llevada de la mano por el Espíritu Santo y el papa como señor temporal y gobernante de los amplios estados pontificios, cuestión que produjo alianzas tan rocambolescas como la unión de Francia y los turcos contra Felipe II para atacar los Estados Vaticanos.

Una nueva mirada sobre Felipe II

Ciertamente, las nuevas generaciones ya han podido conocer mucho mejor a Felipe II que nosotros, a través de las obras de los grandes historiadores modernistas americanos o europeos como, por ejemplo,  Kamen, Parker, etc., quienes han desarrollado la nueva interpretación de las fuentes y han alumbrado muchas facetas muy poco conocidas, como la ternura paterna con sus hijas, la esmerada educación que les daba, su preocupaciones por ejecutar los deseos del Santo Padre en la preparación de la batalla de Lepanto contra el turco, a la vez que defendía a través del agente de preces romano, los derechos de la corona española en materia de regalías

Ciertamente, ha cambiado la falsa imagen de un monarca “martillo de herejes”, “luz de Trento”, es decir se ha eliminado la imagen falsa de un rey adusto, vestido siempre de luto, cruel y engolado (como refleja la portada de este trabajo que ahora presentamos), clerical y más papista que el Papa. 

Terminaremos, recomendando la lectura de la reciente obra de Manuel Rivero Rodríguez sobre Felipe II para prepararnos para este centenario y ojalá que produzca tantos frutos como el centenario de su muerte.

Felipe II

Autor: Manuel Rivero Rodríguez
Editorial: Alianza editorial
Páginas: 347
Año de publicación: 2026, Madrid
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