México, 1986. Durante el mundial de fútbol, el pequeño Miguel y su hermana María juegan con los niños de otras familias en la finca Esmeralda, una plantación de café antaño próspera. Los adultos, a quienes ven discutir continuamente, se esfuerzan por revertir la situación económica y sacar a sus hijos de la miseria. Un día, Miguel descubre a Felipe, un niño secuestrado, en el zulo de una casa abandonada.
Miniserie de seis episodios producida por Netflix que adapta la novela Io non ho paura del escritor italiano Niccolò Ammaniti. En 2003, ya fue llevada al cine con el mismo título, dirigido por Gabriele Salvatore. Si tanto en la novela como en aquel largometraje la trama se desarrollaba en la Italia de 1978, tiene mucho mérito su adaptación al México de 1986. Los realizadores mantienen una neta diferenciación entre el mundo infantil, caracterizado por su inocencia, honradez y sinceridad, y el mundo adulto, repleto de egoísmo y mezquindad. La miniserie describe el despertar de estos niños a la maldad, respondiendo de manera verdaderamente virtuosa.
No tengo miedo tiene mucho de clásicos juveniles como Los Goonies, E.T. o la reciente Strangers Things, presentando aventuras que ensalzan el heroísmo y el valor de la amistad. Pero, a su vez, también expone situaciones oscuras próximas al terror, con un tono de thriller tanto en la investigación del caso como en la angustia vivida por el niño secuestrado. La plantación de café venida a menos, rodeada por extensos bosques de niebla y donde resulta fácil perderse, ofrece un marco idóneo para desarrollar la acción, y allí está el esfuerzo de la adaptación. Además, su desarrollo durante el mundial de fútbol presenta los sueños y la inocencia infantil de seguir con emoción los partidos, a la vez que el país también está pendiente de ello, mientras los secuestradores ejecutan su malévolo plan.
Los seis episodios están muy bien estructurados, con saltos temporales concretos que sitúan al espectador con toda la panorámica del secuestro. Las interpretaciones, especialmente las de los niños, resultan muy convincentes. No obstante, como nota negativa, posiblemente podría haber cerrado todos los flecos en el desenlace, en vez de dejar tantas preguntas en el aire, así como mostrar en qué situación finaliza cada personaje.
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