Hace unos días, encontré de repente un post en la red X, que decía lo siguiente: “El único obstáculo para la idolatría del totalitarismo consiste en una vida espiritual auténtica. Si no se acostumbra a los niños a pensar en Dios, se harán fascistas o comunistas por necesidad de consagrarse a algo» (Simone Weil)”.
Me llamó la atención, y fue la génesis de estas líneas sobre los usos del poder y el totalitarismo. Contacté con la autora del breve texto, la catedrática de Filosofía Moral Ana Marta Gonzalez (@anamartagg), de la Universidad de Navarra, le comenté la idea de presentar algunos filósofos/pensadores que hubieran reflexionado sobre el totalitarismo, y escribió unas líneas.
Además, Ana Marta Gónzalez es miembro ordinario de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales desde 2016, y ha organizado este año en Roma la sesión plenaria de la Academia, con una declaración final sobre el tema “los usos del poder. Democracia, legitimidad, y la reescritura del orden internacional”. El Papa León XIV les dirigió un Mensaje, como pueden ver aquí.
Llegamos a un acuerdo sobre los pensadores. Al final, la catedrática se centró en Hannah Arendt, Tocqueville, Popper y Simone Weil. Por mi cuenta, añadí al filósofo germano coreano Byung-Chul Han, por lo que verán a continuación.
La Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente
¿La Iglesia puede hablar del totalitarismo o se mete en camisa de once varas? La respuesta es de León XIV, de este mes, al comentar la Gaudium et spes del Concilio Vaticano II: La Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo que ocurre en el mundo, sino que “está llamada a caminar con la humanidad”, señaló el 2 de septiembre.
“No es posible permanecer como “espectadores desinteresados”, añadió. Los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, “sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia”.
¿Y qué ocurre en el mundo? Sin duda, muchas cosas, descritas por el mismo Papa en “Magnifica humanitas”. Una de ellas es que en todo el mundo, las autocracias (92) superan en número a las democracias (87), y vivimos en una época de regresión democrática global.
Solo el 7 por ciento de la población mundial vive bajo regímenes democráticos
Ahora, “solo el 7 por ciento vive bajo regímenes que pueden considerarse democracias liberales plenas, mientras que el 74 por ciento vive ahora en autocracias; y muchos de esos regímenes que se autodenominan democracias no cumplen con algunos de sus criterios fundamentales”, señala un informe de V-Dem Institut, citado en la declaración final de la Academia de Ciencias Sociales.
La misma declaración subraya que “no solo hemos aprendido que la democracia no es un logro irreversible, sino también que el giro de la democracia hacia el autoritarismo no siempre se manifiesta mediante un derrocamiento repentino y violento al estilo de un golpe militar. Si bien esto aún ocurre en algunos países, con mayor frecuencia se produce mediante el uso de los procedimientos existentes, debilitando el sistema y ejerciendo el poder sin controles ni contrapesos constitucionales ni límites éticos”.

Alertas de los pensadores
Estos pensadores que se mencionan, “iluminan el panorama desde posturas distintas”, a juicio de la filósofa Ana Marta González. Son los siguientes.
1. Alexis de Tocqueville “habla de ‘despotismo blando” y “alerta sobre los peligros de un régimen que valora la igualdad sin ofrecer el contrapeso de la libertad mediante la participación ciudadana”, señala González.
En ese sentido, “es un liberal clásico, a su juicio, si bien apunta una idea que Arendt desarrolla a su modo: la atomización de la sociedad, la falta de vínculos, debilita la libertad de los individuos, los deja inermes frente al poder del Estado…”.
En líneas generales, según diversos autores, las propuestas de Tocqueville (1805-1859) ante el totalitarismo pasan por la libertad de asociación, las instituciones intermedias, la descentralización, la prensa y la participación cívica.
Arendt: “el sistema totalitario persigue la dominación total”
2 y 3. Hanna Arendt (o Simone Weil), según la catedrática Ana Marta González, “podrían continuar diciendo: los desarraiga (a los individuos), los hace vulnerables a la propaganda…
La cita de Weil (1909-1943), la he tomado precisamente de su libro “Echar raíces”, revela la catedrática. “Se hablaba de totalitarismo en los años 20, para referirse al fascismo, y más tarde se usó para compararlo con el nazismo y el comunismo”.
Para Arendt (1906-1975), el totalitarismo no es simplemente una dictadura especialmente cruel. El tirano puede eliminar adversarios, gobernar arbitrariamente, abolir libertades e imponer obediencia, pero todavía gobierna sobre seres humanos a los que quiere someter.
En cambio, “Arendt habla de que el sistema totalitario hace «superfluos» e intercambiables a los seres humanos. Ella considera que esta clase de regímenes son específicamente modernos; presuponen masas desarraigadas, ideologías omnicomprensivas, técnicas modernas de organización, burocracia y propaganda. Es característico del sistema totalitario peerseguir la dominación total, de todas las esferas de la vida”, describe la filósofa.

4. Karl Popper (1902-1994) escribe ‘La sociedad abierta y sus enemigos’ un poco antes de Arendt y Weil, pero “su aproximación es distinta: desde una perspectiva epistemológica, simplemente quiere decir que nadie tiene conocimiento suficiente como para diseñar racionalmente la totalidad social…, por eso nuestra manera de vivir debe dejar abierta la puerta a la crítica y la reforma de las instituciones”, subraya la académica.
Popper critica la sociedad cerrada y defiende la sociedad abierta; “pero es importante no confundir la sociedad abierta con la sociedad desarraigada, que Weil critica”. Otros autores mencionan las reformas graduales, lo que Popper denominó ingeniería social fragmentaria, frente a las utopías revolucionarias.
5. Byung-Chul Han (1959-), filósofo alemán de origen surcoreano y premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, no se centra tanto en el totalitarismo clásico, como en formas contemporáneas de control, autoexplotación, vigilancia, transparencia obligatoria, redes y manipulación de la atención. Sus propuestas, como pueden observar aquí, van en la línea de recuperar la libertad interior, la contemplación y los espacios no sometidos al control digital.
Byung-Chul Han ha escrito, por ejemplo, que “la sociedad adicta actual es una sociedad sin atención. La percepción está controlada por la adicción y la dopamina. La adicción y la atención son fuerzas opuestas”. O también: “Las redes sociales utilizan algoritmos adictivos para hacer a las personas dependientes, para controlarlas y dirigirlas. El smartphone es una máquina digital de adicción”.





