El pasado 5 de abril murió, en Saint-Pierre, Jean-Claude Chupin OFM, franciscano de 95 años y cofundador de la Comunidad del Cordero, una una asociación pública de fieles de la Iglesia que Jean-Claude impulsó junto a Marie-Thierry Coqueray, religiosa dominica.
Durante su funeral, el cardenal Christoph Schönborn recordó la vocación franciscana de este bretón que, a pesar de iniciar esta nueva fundación, fue fiel a su llamada según el espíritu de san Francisco de Asís: “Hasta el final ha sido fiel discípulo de San Francisco. De este San Francisco que tanto amó a Jesús que este amor transformó su vida por completo, orientó su camino de tal manera que eligió seguir a Jesús en la pobreza y la abyección”, destacó el cardenal.
Encuentro entre San Francisco y santo Domingo
Schönborn, obispo responsable de la Comunidad desde 1996 quiso señalar, además, el encuentro entre los carismas fransicano y dominico que se hizo realidad en la Comunidad del Cordero: “San Francisco y santo Domingo se encontraron. Y se encontraron en personas concretas. Había tres hermanas dominicas que yo conocía porque estudiaba en París y conocía la rue de Condé, el albergue de estudiantes donde vivían estas hermanas. Y durante las turbaciones del 68 y los años posteriores, sintieron una vocación, una llamada a una vida dominica más radical, como al principio, cuando santo Domingo vivió aquí en la región durante diez años, en la mendicidad y el anuncio del Evangelio. Entre estas tres hermanas y el hermano Jean-Claude, y especialmente con la hermanita Marie, se forjó una amistad. (…) Fue el mismo amor hacia Jesús, el Evangelio y los pobres, lo que les hizo encontrarse y caminar en paralelo por caminos similares”.
En este sentido, el cardenal apuntó que “lo importante es que el carisma permanezca en la Iglesia. Porque un carisma es un don de Dios para la Iglesia. No es el mérito de algunas personas. La cuestión es si aceptamos el carisma, el don de Dios, la gracia que se le da a la Iglesia”.
Los tres votos
Asimismo, ante los restos mortales del “hermanito Jean-Claude”, el cardenal quiso resaltar la vivencia fiel de los votos de obediencia, castidad y pobreza que vivió el cofundador de la Comunidad del Cordero, recordando además como “el hermano Jean-Claude, que practicaba mucho la confesión, ha practicado mucho la misericordia y ha ayudado mucho a no desanimarse en la búsqueda de esta cultura (de la castidad), de esta gracia, de este don de la castidad en nuestras relaciones, en nuestras vidas personales”.
La Comunidad del Cordero
La Comunidad del Cordero, que vió la luz de manera definitiva en 1981, está hoy extendida por Francia, Argentina, Austria, Chile, España, Estados-Unidos, Italia y Polonia y la Comunidad reúne a ciento sesenta hermanitas y a unos treinta hermanitos de diferentes países que viven un carisma, de raíz dominica, basado en la pobreza mendicante, la itinerancia y la contemplación.




