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Jovellanos: una ilustración para españoles

Jovellanos, cristiano practicante y hombre de fe, era partidario de una revisión historiográfica de la vida de los santos. Su objetivo era depurar el santoral y la vida del pueblo de elementos supersticiosos para combatir el atraso científico, pero sin romper con la esencia de su fe.

José Carlos Martín de la Hoz·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Jovellanos

El profesor y académico Benigno Pendás (Barcelona, 1956) ha redactado una magnífica biografía del ilustre asturiano Gaspar de Jovellanos, quien fuera el hombre de transición entre la “ilustración para españoles” (como se denomina en el libro) y el primer liberalismo de las Cortes de Cádiz.

Una de las señales del cambio de mentalidad la encuentra Benigno Pendás en el trabajo realizado por nuestro ilustrado tanto en Sevilla como en Madrid cuando ejerció el cargo de “Alcalde de Casa y Corte” con una gran energía, dedicación, prudencia y sentido humanitario. Esto le llevó, entre otras cosas, a pedir la desaparición del uso sistemático del tormento en los tribunales civiles y penales, tanto para averiguar el nombre del cómplice (lo cual era práctica sistemática en el derecho procesal de la época), como para prohibir el uso de lo extraído por extorsión como prueba en el juicio subsiguiente (135-136).

La indudable reaparición del carácter humanitario en el mundo del derecho y el respeto a la dignidad de la persona —en este caso de los ladronzuelos y autores de delitos menores que eran de su competencia— hacen de Jovellanos un jurista adelantado a su época (p. 227). En efecto, sus ideas lograrán la abolición del tormento en las Cortes de Cádiz de 1812, aunque él hubiera muerto poco tiempo antes; también destaca su oposición frontal al tribunal de la Inquisición, que seguía desprestigiando a la Iglesia católica en España ante el concierto europeo tras la Revolución Francesa (p. 201).

Sus destierros, especialmente el segundo a Mallorca durante siete años debido a una calumnia no comprobada y en la que nunca se juzgaron los hechos, marcarán el final del despotismo ilustrado y la aparición de la monarquía de corte liberal. En esta, los poderes del rey y de la justicia van a ser moderados por las Cortes de Cádiz y por los sucesivos gobiernos liberales, de modo que desaparecerá del gobierno de la monarquía la ejecución de acciones arbitrarias y crueles, como señala nuestro autor (p. 135).

Iglesia y estado

Un elemento común al gobierno de Carlos III y a los gobiernos liberales del siglo XIX fue la distinción entre la Iglesia católica como depositaria del tesoro de la revelación cristiana y la organización eclesiástica. Esta última, que incluía tanto a la curia como a las órdenes religiosas, se veía como una institución que requería una profunda renovación: aplicación de un numerus clausus en seminarios, reducción del número de frailes y la supresión de aquellas órdenes que no resultaran útiles al Estado o a la sociedad ilustrada.

Bastará con saber que Jovellanos, cristiano practicante y hombre de fe, era devoto lector de Gibbon y, como miembro de la Academia de la Historia, partidario de una revisión historiográfica de la vida de los santos. Su objetivo era depurar el santoral y la vida del pueblo de elementos supersticiosos para combatir el atraso científico, pero sin romper con la esencia de su fe.

Desde luego, su propuesta, que anticipa la desamortización de Mendizábal (p. 47), sugiere que esta medida ya estaba en la mente de los ministros de Carlos III, como tantas otras reformas que los Borbones no tuvieron tiempo de consolidar antes del cambio de dinastía con José I (p. 215).

Es muy ilustrativo el empeño de Campomanes y de Jovellanos por impulsar las “Sociedades Económicas de Amigos del País” para involucrar a los hombres de ciencia en el progreso de España. Gracias a ese impulso, cuando llegó el año 1898 y se perdieron las colonias, España ya había avanzado en su progreso económico, aunque este fuera todavía escaso por la falta de clarividencia de ciertos gobiernos liberales, más enfocados en sus conflictos con la Iglesia que en apuntalar la productividad de las tierras desamortizadas.

La Ilustración española

La puesta en marcha en Gijón, su tierra natal, de lo que ahora es el Real Instituto Jovellanos (un centro para el estudio de las ciencias químicas, la náutica y la mineralogía) demuestra su firme interés por las ciencias útiles (p. 232). Evidentemente, la inquietud por revalorizar las Academias nacionales llevaría a un avance inédito en la inversión de recursos públicos para la investigación y el desarrollo del país.

Estas características deben evaluarse bajo el concepto de “ilustración para españoles”, término con el que Pendás matiza las expresiones de “ilustración católica” o “española”, que resultan a menudo confusas para los estudiosos.

Otro tema de enorme interés es la propuesta de “Ley Agraria” que Jovellanos convirtió en objeto de estudio e informes públicos. La lectura de ese trabajo revela la visión de un hombre de Estado que sabe que, para impulsar el desarrollo industrial, debe primero reordenar los cultivos y dimensionar los recursos humanos, determinando cuántas familias debían trabajar el campo y cuántas debían emigrar a las ciudades para dinamizar la economía (p. 231).

Indudablemente, Jovellanos era consciente de la libertad de los ciudadanos para permanecer en sus tierras, pero también de la necesidad de abrir carreteras, construir puentes y mejorar puertos para conectar las zonas rurales con la cultura y el comercio (p. 233).


Jovellanos. Ilustración para españoles

Autor: Benigno Pendás
Editorial: Taurus
Año: 2026
Número de páginas: 566
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