En las próximas líneas vamos a sintetizar la tesis doctoral en Teología Moral de justicia y Doctrina Social de la Iglesia, redactada por el profesor Paulo Jorge Vieira Carvalho Oliveira, un inteligente y preparado portugués, empresario y economista que se ordenó sacerdote y que ha elaborado este magnífico trabajo.
Asimismo, la propia tesis es un resumen de las aportaciones de un catedrático de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos a la Doctrina Social de la Iglesia desde el ángulo de la llamada Escuela Austriaca, de la que es un importante defensor y divulgador. Lógicamente, el volumen aporta todo el magisterio papal reciente.
Método y fuentes
Espero no decepcionar ni a Paulo Jorge ni a mi gran amigo Jesús Huerta de Soto, y que este resumen del resumen del resumen no se convierta en la depauperación de una doctrina tan rica y de un espíritu tan sabio y enriquecedor, de acuerdo con el viejo principio de que “copiar empobrece”.
Ciertamente, la Escuela Austriaca, basada, como la Escuela de Salamanca, en la dignidad de la persona humana y en el humanismo cristiano propiciado desde Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Melchor Cano hasta nuestros días, añadirá, mediante la aportación de Friedrich Hayek, una crítica sistemática y exhaustiva del socialismo de los años cuarenta y actual; es decir, el control del Estado sobre la institución del libre mercado y los precios (p. 41).
La función empresarial
La aportación fundamental de Huerta de Soto la centrará el profesor Vieira en “la función empresarial en Huerta de Soto”, por lo cual explicará las características principales del empresario en la vida del mercado.
Lógicamente, las características del empresario actual tienen un perfil distinto al que pensaba Francisco de Vitoria, pues la vida de mercado de entonces no es la misma que la actual. En cualquier caso, Huerta de Soto ve al mercader como al empresario, como un hombre que ha tomado sobre sus hombros la misión de servir a la nación, a la vez que sirve a la familia y a su propia comunidad. El bien común es mucho más, por tanto, que la suma de bienes particulares (p. 49).
Ética y virtudes
Ciertamente, Francisco de Vitoria tiene una gran influencia en Huerta de Soto, puesto que concede a la libertad la característica clave, así como la de pensar en la entera sociedad en la que está trabajando y la repercusión de las obras en el conjunto de la sociedad (p. 50). En ese sentido, unirá justicia con caridad como dos virtudes esenciales para la vida social, junto con la prudencia.
Ser emprendedores significa para Huerta de Soto ser “homo sapiens” y “hombre empresario” (p. 51). Ciertamente, las nuevas tecnologías han colaborado en una nueva visión de la acción humana digna y responsable.
Es interesante la practicidad que Huerta de Soto impone en la filosofía y en la ética de una empresa, pues “la ética empresarial ha de ser empresarial. No se trata de determinar el comportamiento ideal o de encontrar la persona perfecta, sino la decisión de ser bueno aquí y ahora en unas determinadas circunstancias” (89).
Mercado, precios y competencia
Y añade: “la ética es la búsqueda de la razón de la existencia; no es una búsqueda teórica, eso sería la Antropología o Metafísica. La ética es la búsqueda de la razón de ser de la vida en la vida. La ética pretende en cada momento orientar hacia el fin último” (p. 90). Evidentemente, la ética empresarial tiene mucho de arte de lo posible, pues se mueve entre dos extremos: el relativismo moral, de un lado, y, del otro, la rigidez de las formas: “esto siempre se ha hecho así” (p. 93).
Por tanto, para Huerta de Soto el elemento clave de la ética empresarial es la decisión libre y colegiada: “sus acciones no se miden solamente por cuestiones de eficacia, pues estas son antecedidas por consideraciones de ética y de justicia” (p. 96).
Queremos detenernos ahora en la teoría del precio justo. Para Francisco de Vitoria sería el común sentir de los mercaderes cristianos. Además, añade, el Estado debe dejar que funcione la ley de la oferta y la demanda. Huerta de Soto afirmaría que se fija “a través de un proceso social, en un sistema basado en la división del conocimiento y del trabajo y aplicando la ley de la utilidad marginal” (p. 108).
Con respecto a la sana competencia y a los malogrados monopolios, el empresario debe manejarse con la máxima prudencia y mantener su interés por servir a la propia familia y a la sociedad donde vive. Enseguida señalará: “los consumidores son los grandes beneficiarios de este ajuste del mercado a sus necesidades, que mejora su calidad de vida” (p. 112).
Cuestiones actuales y conclusión
Con respecto a la expansión crediticia y a los reajustes que debieron tomarse tras la crisis de 2008, ante la abundancia de créditos y los necesarios mecanismos de control y los problemas de determinados fondos y productos tóxicos, nuestro doctor traerá la opinión de Huerta de Soto acerca de mantener el máximo nivel de libertad de actuación tanto a banqueros como a empresarios (p. 129).
Páginas más adelante, nos referirá nuestro doctor la opinión de Huerta de Soto acerca de las relaciones internacionales y la inmigración. Lógicamente, estas consideraciones son del máximo interés, pues tanto en el siglo XVI como en la actualidad están repercutiendo en el número de personas sin empleo, sin hogar y sin familia, lo que repercute en la fragilidad y descarte social, problemas de adicciones y violencias, delitos, etc. (p. 141).
Evidentemente, ni Huerta de Soto ni Francisco de Vitoria tenían otra opinión que la dignidad de la persona humana y el derecho de las naciones a regular el tráfico y la inmigración.
El último capítulo recogerá la amplia documentación del magisterio de la Iglesia sobre Doctrina Social y subrayará la convergencia con las ideas de Huerta de Soto.
Emprendimiento y Dios. La función empresarial en Jesús Huerta de Soto y su aportación a la Doctrina Social de la Iglesia



