El Papa León XIV se despidió de Madrid tras tres intensos días, llegando así a Barcelona para continuar su visita por España. A su llegada al Aeropuerto Internacional Barcelona-El Prat, el Pontífice fue recibido por representantes de la Generalitat de Cataluña y, tras un breve encuentro privado en la sala VIP, bendijo el sagrario de la capilla del aeropuerto.
Posteriormente, se trasladó a la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia para presidir la Oración de la Hora Media junto al cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, el cabildo, la curia diocesana, voluntarios, seminaristas y formadores. Antes de la celebración, el Santo Padre se recogió en oración ante el Santísimo Sacramento. Escuchó después las palabras de bienvenida del cardenal Omella y presidió la Hora Media, durante la cual pronunció una homilía que, alternando castellano y catalán, estuvo centrada en la comunión eclesial.
La primera homilía del Santo Padre en Barcelona
Tomando como referencia las imágenes de la Iglesia como “Esposa” y como “Cuerpo de Cristo”, León XIV animó a los fieles a caminar juntos, pastores y laicos, conscientes de que la comunidad cristiana nace del amor de Dios y crece dejándose amar por Él: «Él os ha elegido a vosotros para representar hoy la “comunidad de los santos” (cf. 1 Co 1,2) que está en Barcelona». Recordó también las palabras dirigidas a la Iglesia barcelonesa por el Papa Francisco, entre ellas: «No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón […]. No apaguen nunca ese fuego que los hará intrépidos predicadores del Evangelio» (Discurso a la comunidad del Seminario de Barcelona, 10 diciembre 2022).
El Pontífice dedicó también parte de su intervención a la tradición cristiana de Cataluña y de Barcelona. Citando a san Juan Pablo II, destacó el carácter acogedor de la ciudad y elogió a quienes trabajan por la armonía y la comunión “más allá de toda polarización”. Asimismo, subrayó la importancia de preservar la unidad en una sociedad cada vez más individualista y fragmentada: «Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros, «hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9), todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad».
León XIV volvió a insistir en la unidad recordando que Barcelona, conocida como “Cap i Casal de Catalunya”, posee una vocación especial para convertirse en referente de cohesión y encuentro. “Barcelona es llamada ‘Cap i Casal de Catalunya’. Lo que da a esta comunidad una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad”, afirmó.
El Papa invitó además a los cristianos a ser “testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz” en un mundo marcado por las guerras y las divisiones. Inspirándose en el ejemplo de santa Eulalia, patrona de la ciudad, llamó a «morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre».
La homilía concluyó con una invocación a la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona: “Que María, Madre de la Iglesia y Madre de la unidad, nos ayude a ser fieles a este compromiso y a esta misión: «Santa Maria de la Mercè, pregueu per nosaltres”.
Al finalizar el rezo de la Hora Sexta, el Pontífice se dirigió a la Casa Arzobispal, donde almuerza y se reúne en privado con el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, y con los miembros de la Orden Agustiniana.





