Al día siguiente de los violentos terremotos, el Papa León XIV envió una primera ayuda humanitaria, y manifestó su cercanía a los venezolanos. Ayer pidió que “que no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esa querida nación”. Y hoy, en el Ángelus de este domingo ha vuelto a rezar y rogar oraciones por los fallecidos, heridos y sus familiares en Venezuela.
Sus palabras a los peregrinos y fieles en la Plaza de San Pedro, a los que agradeció “que hayáis venido con este calor!”, han sido los siguientes:
“Queridos hermanos y hermanas. Deseo expresar mi cercanía con las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que han provocado numerosas víctimas y heridos, además de ingentes daños materiales.
Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los heridos y a quienes han sido golpeados por esta tragedia”.
Asimismo, expreso mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las tareas de búsqueda y asistencia”.
“Que no falte la solidaridad internacional”
“Aseguramos nuestras oraciones por las víctimas, por sus familias y por todos aquellos que sufren las consecuencias de esta tragedia”, había dicho junto a los cardenales el día anterior. “Encomendamos también al Señor a todos aquellos que participan en las labores de socorro y pedimos que no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esa querida nación”.
El Pontífice se ha despedido de los fieles con un “nos vemos mañana para la solemnidad de San Pedro y San Pablo”, en la que impondrá los palios a los nuevos arzobispos.
El amor a Jesús requiere al menos tres cosas: “el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad”
En sus palabras iniciales, antes del rezo de la oración mariana del Ángelus, el Papa León ha recordado el Evangelio de hoy (Mt 10,37-42), en el que “escuchamos algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino”.
“No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él. Y para dar fruto, el amor requiere al menos tres cosas: el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad”.
Desprendimiento. El Papa ha recordado las palabras de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (v. 37).
En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura.
Y ha puesto el ejemplo de la vida matrimonial: “sólo se puede vivirla plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal”.
Y también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones. Dice san Agustín: “Es cosa triste perder lo que amas; pero a veces también el agricultor pierde lo que siembra” (Sermón 330, 2)”- Sólo “perdiendo” esa semilla, arrojada en la tierra, podrá verla florecer”, ha señalado.
“El amor da fruto sólo en la entrega”
“El amor es también pérdida. Nos cuesta comprenderlo, especialmente en un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer”.
Sin embargo, el Papa ha subrayado que “el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de comodidad para compartir una situación de dificultad. Quien retiene la vida sólo para sí mismo — dice el Evangelio— en realidad la pierde (cf. v. 39), porque ésta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril”-
Por eso Jesús nos invita a abrazar la Cruz, ha dicho el Sucesor de Pedro. “Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Es “la lógica del don”.
“Un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos”
Y finalmente, la hospitalidad, ha dicho León XIV. “El amor, en efecto, se expresa en elecciones y acciones concretas, en un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed (cf. v. 42).
“Queridos amigos, recemos a la Virgen María, que amó a su Hijo sabiendo también perderlo; que ella nos ayude a ser testigos humildes y alegres del amor de Cristo”.
Óbolo de San Pedro
La Iglesia celebra este domingo, con ocasión de la fiesta de mañana, el Óbolo de San Pedro, “un donativo que puede ser de pequeña cuantía, pero que tiene un profundo valor simbólico: expresa amor y confianza en el Santo Padre como sucesor del apóstol Pedro”, señala la agencia vaticana.





