Evangelización

¿Cómo fomentar las vocaciones? Responde el rector del seminario con más vocaciones de EEUU

La Diócesis de Wichita sobresale por encima del resto al alcanzar un sorprendente 195% respecto a la cifra requerida para asegurar el relevo de sus sacerdotes.

Javier García Herrería·31 de agosto de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
fomentar las vocaciones

La diócesis de Wichita, en Kansas, se ha consolidado como un referente nacional en la promoción del ministerio sacerdotal al liderar con creces los indicadores de vocaciones en Estados Unidos. Según un reciente informe de Vocation Ministry, las diócesis más pequeñas y cohesionadas presentan los mejores resultados, alcanzando Wichita un impresionante 195% de la tasa necesaria para mantener su número de sacerdotes. Este panorama contrasta con la realidad de las grandes diócesis de mayor población católica, las cuales enfrentan importantes desafíos para asegurar el relevo generacional y contar con los seminaristas suficientes.

Para profundizar en los factores detrás de este notable florecimiento vocacional, conversamos con el P. Chad Arnold, sacerdote diocesano y rector del Seminario San Felipe Neri (St. Philip Neri Seminary) en la diócesis de Wichita. A través de su experiencia en la formación sacerdotal y la vida comunitaria, nos comparte las claves pastorales que han convertido a esta pequeña diócesis en un modelo de vitalidad y esperanza para la Iglesia.

La Diócesis de Wichita es considerada un modelo de el abundante número de vocaciones. ¿A qué factores atribuye esta respuesta sostenida por parte de los jóvenes?

–Las bendiciones de las vocaciones provienen de muchos factores. En primer lugar, la amplia disponibilidad de capillas de adoración eucarística. La mayoría de nuestras parroquias cuentan con adoración eucarística, algunas incluso con capillas de adoración perpetua. Esto permite a los jóvenes presentarse ante Dios en silencio cuando lo deseen y escuchar su voz. 

En segundo lugar, contamos con un presbiterio muy sano. Los sacerdotes son de todas las edades, se llevan bien entre ellos y forman una fraternidad verdaderamente solidaria. Los jóvenes ven a nuestros sacerdotes rezando juntos, riendo juntos y disfrutando de una verdadera hermandad solidaria. 

¿Qué otros aspectos crean una cultura vocacional?

–Está muy presente la idea de que todo lo que se me ha dado proviene de Dios y de que tengo la responsabilidad de utilizarlo bien, incluidos mis dones y mi vocación. Este mismo modelo también nos permite ofrecer una educación católica excepcional a cualquier católico practicante que lo desee. Nuestros jóvenes reciben una buena formación en la fe. 

Por último, cultivamos un buen liderazgo. Hemos tenido la suerte de contar con obispos cariñosos y devotos durante muchas décadas. Nos han guiado con firmeza.

¿Cómo colaboran directamente las familias y las parroquias locales a la hora de identificar y apoyar las posibles vocaciones?

–Todas nuestras parroquias reciben nuestro cartel anual sobre las vocaciones y lo exponen. Muchas de ellas animan a sus feligreses a ofrecer una hora santa por cada uno de los jóvenes. 

También contamos con cuatro clubes Serra en la diócesis. Se trata de un grupo que se reúne periódicamente para apoyar las vocaciones mediante la oración, el envío de paquetes de bienvenida a principios de curso, la redacción de cartas a los jóvenes y la organización de encuentros vocacionales en los colegios de primaria. 

Por último, intentamos que los párrocos visiten el seminario con regularidad para pasar tiempo con los jóvenes.

¿Cómo estáis abordando la implementación de la nueva etapa propedéutica exigida por la Santa Sede para los primeros años de formación?

–Afortunadamente, gran parte de lo que ya estábamos haciendo encajaba bien con la nueva etapa propedéutica. Ya habíamos desarrollado un programa local para que los jóvenes pudieran conocer la diócesis y al obispo antes de partir hacia un seminario lejano. En nuestra Casa de Formación/Seminario nos centramos en las habilidades humanas básicas tradicionales. 

No contamos con personal contratado, por lo que los jóvenes se encargan de toda la limpieza, el mantenimiento y la cocina. Tenemos cinco comidas a la semana en las que nos sentamos a la mesa, y en las que equipos de jóvenes preparan la cena. 

También impartimos clases periódicas de “habilidades prácticas” que abarcan carpintería, mecánica de automóviles, electricidad, fontanería, cocina, tiro y costura.

¿Qué consejo le darías a un director vocacional de otra diócesis que busca revitalizar la pastoral vocacional en su región?

–El mejor consejo que puedo dar es que no se desanime. No intente hacerlo solo. Ante todo, el Señor de la mies debe estar profundamente implicado, a través de la oración asidua, la súplica, el ayuno, etc, pero otros sacerdotes y laicos también deben sentirse comprometidos. Las vocaciones son asunto de todos.

Para un joven que hoy siente una llamada vocacional pero no se atreve a dar el primer paso, ¿cuál sería su mensaje principal?

–Mi mensaje principal para un joven serían las palabras que Jesús repite con más frecuencia en el Evangelio: “No tengáis miedo”. Sea lo que sea lo que le demos a Dios, Él no se quedará atrás en generosidad. Cuando le decimos “sí” a Dios, no nos arrepentimos.

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