– Michael R. Heintein
La beatificación del arzobispo Fulton J. Sheen ya está aquí. En su calidad de delegado papal del Santo Padre León XIV, el cardenal Luis A. Tagle presidirá la misa de beatificación en San Luis, a unos 270 kilómetros al suroeste, este jueves 24 de septiembre.
A la 1:30 p. m. (hora central), comenzará la procesión para la Misa de beatificación, durante el cual se leerá una breve biografía del Arzobispo Sheen. El Cardenal Tagle leerá asimismo una carta apostólica del Papa León XIV en latín, que se repetirá en inglés, en la que declara que el Arzobispo Sheen tiene ahora el título de “beato”. Luego se presentará su reliquia para su veneración e incensación.
Sacerdote desde muy joven
Nacido en El Paso, Illinois (Estados Unidos), el 8 de mayo de 1895, el arzobispo Sheen decidió desde muy joven servir a la Iglesia como sacerdote. Conocido por su constante interés en los libros, tras su ordenación sacerdotal el 20 de septiembre de 1919, fue asignado al ministerio académico en la diócesis de Peoria. Filósofo de corazón, el arzobispo Sheen afirmó que sus objetivos para el sacerdocio eran “conocer dos cosas: qué piensa el mundo y cómo responder a los errores a la luz de la filosofía de Santo Tomás”.
Un celo extraordinario por las almas
Tras cursar estudios en Europa, le esperaba un futuro prometedor como profesor. Sin embargo, tuvo que regresar a su hogar en Peoria para servir como sacerdote auxiliar en una parroquia pobre del centro de la ciudad, una verdadera prueba de su obediencia.
El arzobispo Sheen se entregó por completo a la labor, demostrando un extraordinario celo por las almas. Como parte de su ministerio parroquial, emprendió una campaña de evangelización puerta a puerta.
En menos de un año, el arzobispo Sheen obtuvo una cátedra en la Universidad Católica de América en Washington, cargo que ocupó durante 25 años. Pronto se convirtió en uno de los profesores más populares del campus, conocido por sus clases dinámicas y estimulantes. Durante ese tiempo, escribió más de la mitad de sus casi 70 libros.

Elocuencia, programas de radio
La elocuencia del arzobispo Sheen fue un éxito, en parte, gracias a su compromiso de no usar apuntes. Su dominio del tema se forjó tras horas de preparación y memorización.
Durante las décadas de 1930 y 1940, el arzobispo Sheen se hizo muy conocido como presentador de ‘The Catholic Hour’-’, programa que se transmitía a nivel nacional desde la radio NBC en Nueva York.
Se consolidó como una voz influyente a nivel nacional: un profeta que proclamaba la verdad y que se pronunciaba sobre diversos temas, en particular sobre las amenazas que representaba el comunismo. Por ello, incluso fue objeto de una investigación por parte del FBI.
Energía para impulsar las misiones en el mundo
Tras su nombramiento como director de la Sociedad para la Propagación de la Fe en 1950, el arzobispo Sheen tuvo que abandonar su trabajo como profesor y trasladarse a la ciudad de Nueva York. Al año siguiente, fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York, ordenado en Roma el 11 de junio de 1951. El arzobispo Sheen inició su labor en favor de las misiones mundiales con gran energía, y sus innovadores esfuerzos le permitieron evangelizar simultáneamente.
Audiencias de 30 millones de personas y ganador de un Emmy
Los martes por la noche, entre 1952 y 1957, el arzobispo Sheen difundió verdades eternas a una audiencia estimada de 30 millones de personas a través de su programa de televisión ‘La vida merece la pena vivirla’. Con aparente naturalidad y una elocuencia cautivadora, ayudó a los telespectadores a encontrar el sentido de la vida y los condujo hacia lo divino, siempre con su famosa capa y su pizarra.
Además, el arzobispo Sheen ganó millones de dólares en publicidad, los cuales (junto con las ganancias de sus libros) apoyaron directamente las misiones. Dedicaba una hora a la preparación de cada uno de sus 30 minutos al aire. Al igual que en el aula, se negaba a usar apuntes; en su lugar, presentaba guiones en italiano y francés para sus lecciones televisadas.
Tras su primer año en la televisión, el arzobispo Sheen ganó un Emmy a la mejor personalidad televisiva. Al recibirlo, agradeció efusivamente a sus guionistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Predicador muy solicitado
Los escritos y la predicación del arzobispo Sheen se inspiraron en una fe viva y heroica. En sus viajes por el mundo visitando las misiones, atraía a multitudes. Era un predicador muy solicitado; sus sermones del Viernes Santo en la abarrotada Catedral de San Patricio de Nueva York se hicieron especialmente legendarios.
Como pastor de almas, el ministerio abnegado del arzobispo Sheen se caracterizó por una gran fe, esperanza y caridad. Fue un pastor atento tanto con los más ricos como con los más pobres. Una singular combinación de inteligencia, ingenio y humor lo convirtió en un evangelista eficaz. Con enseñanzas claras y sentido común, el arzobispo Sheen ayudó a las personas a comprender los problemas de la vida. Su labor en los medios de comunicación contribuyó a erradicar el anticatolicismo generalizado en Estados Unidos.
En todo lo que decía y hacía, el arzobispo Sheen recordaba que su obra era del Señor. Cuando el papa Pío XII le preguntó en cuántas conversiones había ayudado, el arzobispo Sheen respondió: “Siempre temo que si las contara, pensaría que las hice yo, en lugar del Señor”.
Hora Santa Eucarística: “La hora que me alegra el día”
Al igual que San Pablo, el arzobispo Sheen no podía transmitir lo que no hubiera recibido primero en Cristo. A lo largo de su sacerdocio, buscó conformarse más a Cristo observando diariamente la Hora Santa Eucarística, a la que llamaba “la hora que alegra mi día”.
Esta práctica lo llevó a vivir diversas situaciones, algunas incluso cómicas, como cuando se vio obligado a saltar por una ventana después de que el párroco de una iglesia de Chicago lo encerrara accidentalmente. También era profundamente devoto de la Madre de Dios.
Marcado por la Cruz
El arzobispo Sheen luchó contra diversas tentaciones y dificultades a lo largo de su vida, muchas de ellas derivadas de su fama. Entre ellas, el sufrimiento oculto que le produjo una década de hostilidad por parte del cardenal Francis Spellman, de Nueva York. Pero ante sus problemas, el arzobispo Sheen perseveró en la virtud. Comprendió sus sufrimientos a la luz de la providencia divina: “El cristianismo no comienza con la luz del sol, sino con la derrota. Durante aquellos días en que mi vida estuvo marcada por la Cruz, comencé a conocerla y a amarla más”.
En lo que sería su último sermón de Viernes Santo, el obispo Sheen reconoció haber experimentado un gran sufrimiento, tanto físico como de otra índole, que jamás debió haber ocurrido. Sin embargo, al reflexionar sobre su pasado, afirmó no haber recibido el castigo que merecía. “Dios ha sido indulgente conmigo. No me ha impuesto cargas que estén a la altura de mis faltas”, declaró.
¿Cardenal? “Me negué a pagar el precio”
Dados sus talentos e influencia, muchos esperaban que el arzobispo Sheen llegara a ser cardenal. Tras su jubilación, al preguntársele por qué no ascendió en la jerarquía eclesiástica, respondió: «Me negué a pagar ese precio… Sentí que sería una deslealtad a mis propios principios y, creo, a la práctica cristiana».
De 1966 a 1969, el arzobispo Sheen fue obispo de Rochester, Nueva York. Fue un mandato breve, considerado por muchos como un exilio. El arzobispo Sheen había participado activamente en el Concilio Vaticano II y, como obispo diocesano, trabajó para implementar algunos de sus temas principales, incluyendo la reforma de la formación sacerdotal y el aumento de la participación de los laicos.
Atento a las circunstancias, sus prioridades solían estar basadas en la conciencia social. Atendió a los pobres, trabajó para mejorar las relaciones raciales y se opuso abiertamente a la guerra de Vietnam. Pero a pesar de los esfuerzos del arzobispo Sheen, su breve mandato se topó con una gran resistencia y, según él mismo reconoció, resultó en un considerable fracaso.

Tentaciones y sufrimientos
Tras ser aceptada su solicitud de jubilación anticipada en 1969, San Pablo VI le otorgó al arzobispo Sheen el título de “arzobispo”. Durante su última década, continuó predicando extensamente, impartiendo retiros espirituales para la renovación del sacerdocio en todo el país y manteniendo una presencia activa en la esfera pública mediante apariciones regulares en los medios de comunicación.
Según sostenía el arzobispo Sheen, las tentaciones y los sufrimientos que enfrentó lo purificaron e intensificaron su unión con Cristo. Hacia el final de su vida, en su autobiografía, el arzobispo Sheen pidió disculpas por sus fallos, preguntándose: «¿Acaso inspiré a alguien a imitar a Cristo llevando su cruz cada día?».
Dos meses antes de su fallecimiento, San Juan Pablo II lo abrazó durante una visita a la catedral de San Patricio en Nueva York y le dijo: “Has escrito y hablado bien del Señor Jesús. Eres un hijo fiel de la Iglesia”.
Provocar contratiempos
Tras casi dos años entrando y saliendo del hospital a raíz de una operación a corazón abierto, el arzobispo Sheen falleció a los 85 años el 9 de diciembre de 1979 en Nueva York, en presencia del Santísimo Sacramento. Sus devotos se multiplicaron tras su muerte, y muchos acudieron a él en busca de inspiración e intercesión. En 2002 se abrió una causa de canonización. El arzobispo Sheen fue declarado venerable una década después.
Tras diversos contratiempos, el 9 de febrero de 2026, el obispo Louis Tylka de Peoria anunció que la causa de beatificación del venerado arzobispo había sido aprobada y que estaba colaborando con el Dicasterio de las Causas de los Santos del Vaticano para definir los detalles
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– Michael R. Heinlein es autor de “Glorificando a Cristo: La vida del cardenal Francis E. George, OMI”.
– Este artículo se ha publicado originariamente en OSN News. Pueden consultarlo aquí.
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