Quique Mira y su mujer María Lorenzo necesitan poca presentación, pues son bien conocidos en redes sociales. Matrimonio joven, han comprobado que falta formación para quienes se casan. Sostienen que es paradójico que, mientras un sacerdote necesite años de formación, en cambio la preparación de los novios sea un cursillo más o menos breve, cuando se trata de sentar las bases de un proyecto para toda la vida. Por eso han lanzado Proyecto Caná.
Hace algún tiempo Quique y María dejaron otros trabajos para centrarse en proyectos relacionados con la evangelización. En noviembre pusieron en marcha “Kaleos”, en Valencia, un evento con ponencias, música en directo, testimonios y momentos de reflexión, que reunió a centenares de jóvenes para descubrirles la llamada de Dios. Ahora presentan Proyecto Caná, una academia online que quiere ofrecer un espacio donde crecer en el amor humano a la luz del Evangelio. “Queremos compartir nuestra experiencia. El noviazgo es un tiempo de preparación para la vocación del matrimonio”, aseguran.
El curso está dirigido a parejas, independientemente del tiempo que lleven juntas, que deseen profundizar en su relación. La formación está compuesta de diez módulos, cada uno con un video de 15 minutos en el que Quique y María comparten su experiencia y sus reflexiones. Además, cada módulo tiene materiales prácticos y dinámicas. El curso incluye una videollamada a los tres meses en grupo donde las parejas podrán compartir sus experiencias, y expresar sus dudas o cuestiones. Proyecto Caná es una academia online. El primer curso, ya en marcha, es “Noviazgo de 3”, dirigido al noviazgo. La idea es ampliar los contenidos con cursos dirigidos a otras etapas de la vida. Quique y María explican a Omnes por qué es necesario hoy un proyecto así.
¿Creéis que los jóvenes hoy no llegan preparados al matrimonio?
– Hoy en día los jóvenes —y en general toda la sociedad— experimentan una profunda sed de sentido. En medio de tanta información, velocidad, presión social y un mundo que cambia sin parar, existe un deseo creciente de volver a lo esencial: quién soy, hacia dónde voy, cómo quiero amar, cómo deseo ser amado, y qué significado tiene mi vida y lo que me rodea. Especialmente, nos fijamos en que esta búsqueda de sentido y de amor ha llevado a tantos jóvenes a relaciones desordenadas, donde el compromiso ya no es atractivo, sino que, más bien, el atractivo está en seguir las pasiones y no luchar por un amor entregado que pueda durar toda la vida.
Esta búsqueda sincera está llevando a muchos a pedir formación auténtica y humana, según el Bien y la Verdad.
Desde ahí nace la idea de lanzar estos cursos digitales que pretenden responder a necesidades reales del mundo actual, bajo la mirada de amar de verdad. Queremos ofrecer herramientas humanas y espirituales que acompañen el camino de quienes desean amar mejor y profundizar en su vocación al amor.
Pero ya existen los cursos prematrimoniales por parte de la Iglesia.
– Creemos que hay muchas lagunas en la formación que se ofrece a los jóvenes de cara al matrimonio. El cursillo prematrimonial en muchos casos se limita a unas horas de sesión donde realmente no se profundiza ni se habla del gran paso que se va a dar, y si no es una pareja que realmente busque formarse y prepararse bien para ese paso, demasiados llegan al sacramento del matrimonio sin realmente entender qué se están prometiendo.
Los sacerdotes están años y años preparándose para el sacerdocio, y los novios nos conformamos con esa mínima formación para una llamada a amarnos toda la vida.
Creemos que invertir en este tipo de formaciones, de acompañamiento, de recursos… es super importante y que puede hacer mucho bien. Los jóvenes lo necesitan, lo piden.
Después de tantos años en redes sociales hemos conocido muchos casos de personas que se acercaban a nosotros con estas inquietudes.
Según vuestra experiencia, ¿cuáles son las principales carencias en las parejas que empiezan?
– Según lo que vemos, y también por nuestra experiencia, una de las principales carencias es que muchas parejas empiezan queriéndose mucho, pero sin herramientas para mantener ese amor cuando desaparece el sentimiento.
Cuesta mucho comunicarse bien, expresar lo que uno siente sin herir, gestionar los conflictos o aprender a convivir con las diferencias.
También puede ser la falta de profundidad. La sociedad hoy en día nos lo vende todo rápido, todo superficial… No nos invita a profundizar, y muchas parejas nunca se han parado de verdad a hablar de temas importantes: heridas personales, expectativas, fe, matrimonio, hijos, formas de amar…
Y quizá otra gran carencia es la falta de referencias. Muchos jóvenes no han visto matrimonios estables o relaciones sanas a su alrededor, así que intentan construir algo grande sin apenas modelos que les enseñen cómo hacerlo.
Por eso creemos que hoy más que nunca hace falta acompañar y formar el noviazgo.
Los padres antes formaban con su ejemplo y consejo. ¿Eso ya no vale?
– Claro que sigue valiendo, y de hecho el ejemplo de los padres sigue siendo una de las cosas que más marcan la forma en la que aprendemos a amar. La manera en la que un niño ve relacionarse a sus padres —cómo se hablan, cómo gestionan los conflictos, cómo se quieren— deja una huella enorme.
Pero también es verdad que hoy muchas familias están más fragmentadas, y muchos jóvenes han crecido sin referencias claras de relaciones estables o profundas. A eso se suma que las redes sociales, las series o internet muchas veces han ocupado el lugar que antes tenían las conversaciones familiares.
El papel de los padres sigue siendo fundamental. Pero quizá hoy es bueno complementarlo con estos espacios de formación y aprendizaje.
Muchos padres nos han agradecido que existan iniciativas así, porque ellos mismos reconocen que hay temas afectivos, relacionales o espirituales que a veces no saben cómo abordar con sus hijos.
Habláis de compromiso para toda la vida. ¿Eso es posible hoy?
– Es completamente posible, es lo que en el fondo todos anhelamos. Alguien que nos ame y con quien compartir toda la vida. A todos nos emociona ver a una pareja de ancianos en la calle caminando de la mano, o bailando, o paseando… Pensar que llevan toda la vida juntos, que han vivido de todo, y que se quieren después de tantos años. En el fondo, ¡es lo que todos deseamos! ¿Por qué no iba a ser posible? Pero depende de nosotros… nos da miedo comprometernos porque pensamos que vamos a perder más de lo que podemos ganar, y en nuestra experiencia es todo lo contrario…
Hay que poner de moda el amor a la antigua. Hay que dar ejemplo de este tipo de compromiso. Parejas felices que aún con sufrimientos, dificultades… deciden quererse y permanecer juntos.
Hoy el noviazgo, en muchos casos, incluso en jóvenes que se identifican como católicos, implica irse a vivir juntos. Cuando la Iglesia no admite las relaciones antes del matrimonio, ¿está pidiendo imposibles?
– En nuestra opinión y por el camino que hemos recorrido, el matrimonio como Dios lo pensó vale la pena. La convivencia con tu pareja, compartir intimidad y entregarse plenamente tiene una fuerza y un significado muy profundos cuando llegan como fruto de una decisión definitiva y de una alianza total.
La Iglesia no propone esperar porque tenga miedo al amor o al deseo, sino porque cree que el amor humano tiene tanto valor que merece ser vivido en su plenitud y en el contexto de una entrega completa. El cuerpo también habla, y la unión física expresa algo muy grande: “me entrego totalmente a ti”. Por eso la Iglesia entiende que esa entrega encuentra su lugar pleno dentro del matrimonio.
Además, esperar también enseña a amar al otro más allá de la necesidad inmediata, del impulso o de la emoción. La espera nos enseña paciencia, dominio de uno mismo, comunicación y una forma de construir la relación sobre más pilares que solo la convivencia o el deseo sexual.
La Iglesia propone no mantener relaciones antes del matrimonio. Y no, no está pidiendo ningún imposible. Propone un camino lleno de sentido para quien quiere descubrirlo.
Exigente, sí, pero lleno de sentido. Pero hay que querer entenderlo y no quedarnos en el titular. Hay que dejar de verlo como una prohibición (porque nadie prohíbe nada), y empezar a descubrir que es una propuesta para ordenar el amor.
¿Cuál es la novedad de Proyecto Caná respecto a otras iniciativas?
– Está sobre todo en cómo responde a las necesidades afectivas y relacionales de los jóvenes de hoy, desde un lenguaje cercano y muy aterrizado a la realidad actual. De joven a joven.
No nace simplemente como un curso teórico sobre noviazgo o matrimonio, sino como un espacio para profundizar de verdad en la relación, hacerse preguntas importantes y aprender a amar mejor en medio de una cultura que muchas veces nos enseña justo lo contrario, o directamente no nos invita a hacerlo.
También creo que hay algo muy propio en unir la formación humana y espiritual con un formato accesible y cotidiano. Hoy muchos novios tienen inquietudes reales sobre esta etapa, pero no siempre encuentran lugares donde formarse o hablar de ello. El formato online lo hace muy accesible a todos, y les permite vivirlo al ritmo que ellos necesiten.
Y quizá otra novedad es precisamente esa mirada al noviazgo como una etapa que hay que cuidar y trabajar. Solemos preparar muchísimo nuestra vida profesional o académica, pero muy poco aquello sobre lo que después construiremos toda una vida, la vocación.
¿Qué peso tiene en vuestro proyecto la fe cristiana? ¿Ayuda a enfocar mejor el proyecto de vida en común o es un hándicap para quienes no tienen fe?
– La fe en Proyecto Caná y en el curso de novios es una parte fundamental. Si bien cualquier persona (aunque no viva la fe) puede hacer el curso -y estamos seguros de que les ayudará-, es inevitable que nosotros terminemos hablando de Dios y que la fe tenga un peso en el curso. Es nuestra experiencia, es lo que a nosotros nos ha ayudado.
Para nosotros la fe no es un “añadido” al noviazgo, sino el ingrediente esencial que nos enseña la forma adecuada de amar, de entregarse, de perdonar… Hemos experimentado que solos no podemos amar como nuestro corazón desea, y que es Dios quien nos enseña y sostiene en ese camino.
Pero eso no significa que sea un hándicap para quien no tiene fe. De hecho, muchas de las cuestiones que tratamos son profundamente humanas: la comunicación, las heridas, el compromiso, las diferencias, la gestión de conflictos, la entrega… temas que cualquier pareja vive. La fe da una profundidad y una mirada distinta sobre todo eso, que para nosotros se ha convertido en imprescindible.





