En la reciente recopilación de homilías de Benedicto XVI durante su etapa como Papa emérito, recogidas en el volumen El Señor nos lleva de la mano (Encuentro, Madrid 2025), explica -con la sabiduría teológica que le caracteriza- que la novedad cristiana no es propiamente el monoteísmo, sino la cercanía del Dios vivo y verdadero, que es relación de amor.
En efecto, el paganismo antiguo y el de las religiones primitivas creía comúnmente en un dios único, pero distante; bueno, pero ajeno a las vicisitudes de nuestra pobre existencia. Por eso, buscaban congraciarse con las que consideraban oscuras fuerzas demoníacas dominadoras del mundo mediante el recurso supersticioso a la magia. Así pretendían escapar del miedo oscuro, pero realmente no lo conseguían.
Podríamos añadir que las ideologías modernas ateas, por su parte, aceptan la divinidad como una idea -una suerte de ley suprema ordenadora del cosmos, válida en todo caso como instancia subjetiva o emotiva- pero completamente ajena al mundo. Por eso, sus muchos seguidores, para mantener el objetivo prioritario de la salud y el bienestar temporal, ponen toda su confianza en la ciencia, la economía, la política, etc. y, cuando todo esto falla, llega irremediablemente la angustia existencial.
La novedad cristiana es precisamente la revelación y la presencia de un Dios que es absolutamente trascendente, pero al mismo tiempo cercano, que se ocupa de sus criaturas, especialmente de los hombres, con entrañas de misericordia: que cuida a cada uno con providencia delicada, que se encarna en la humanidad de Jesús de Nazaret para redimirnos del mal y ofrecernos el don de la vida eterna.
La originalidad del mensaje revelado en la historia de la salvación, que culmina en evangelio de Jesucristo, consiste presentar a un Dios que es en sí mismo relación, familia, y que invita a sus hijos a entrar en su relación de amor, de amistad y de comunión interpersonal.
De este modo, el cristiano supera el miedo y la angustia existencial del pagano antiguo y del moderno, y vive con la certeza de la fe, en la plena confianza, paz y alegría interior.
Recogemos a continuación algunos párrafos magistrales de Benedicto XVI:
«La novedad de la revelación bíblica es que Dios, ese Dios tan distante, tan silencioso, nos conoce, y que el Dios lejano se hace Dios cercano».
«Este Dios grande, lejano, este Dios que se ha hecho cercano, ¡se hace tan cercano que se convierte en hombre! Se convierte en uno de nosotros: es imposible estar más cerca».
«No solo tiene relación, sino que es relación, no es solo geometría del mundo, sino que es amor, y el amor siempre indica relación, y la realidad más grande no es la geometría, sino el amor. Dios es amor y por eso es relación, y puesto que es relación, también puede tener relaciones, involucrarnos en su relacionalidad, en el misterio de su amor».
«Dios, el verdadero poder, me conoce, me ama, el poder último es bueno, y por eso sabemos que es bueno vivir, porque estamos en manos de este Dios».
«Este Dios único no es un Dios ocioso, que vive solo en sí mismo, en su eterna bienaventuranza, sino que es un Dios grande, tan grande que también nos conoce a nosotros, que se ocupa de nosotros. La novedad es que este Dios único, verdadero, es también el Dios para nosotros y con nosotros».
Dios ha salido de sí mismo y, precisamente porque ha salido de sí mismo, podemos entrar en Dios».





